Jenaro Villamil
“Soy el ángel de la muerte de los panistas voladores”. Esa es la presentación de la cuenta @Mareoflores, del joven ilustrador Mario Flores Vargas. El viernes 11 de noviembre, el mismo día de la muerte de los 8 tripulantes del Súper Puma que trasladaba al secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora, Flores twiteó:
“No salía tan temprano del trabajo desde que se cayó la avioneta de Mouriño. Anden con cuidado funcionarios voladores”.
“¿Algún día volarán libres los secretarios de Gobernación?”.
“Me dan ganas de comprar todos los secretarios de Gobernación, abrir sus jaulas y dejarlos volar en libertad con los otros secretarios”.
Por estos mensajes, 6 agentes de la Procuraduría General de la República lo detuvieron sin orden de aprehensión el domingo 13 de noviembre. Lo llevaron a las instalaciones de la dependencia en la Plaza de la República, del Distrito Federal, y después de varias horas de comparecer, lo dejaron libre. Según la PGR, Mario Flores declaró “en calidad de testigo”.
¿Testigo de qué? Nadie sabe, nadie supo. Sólo se especuló que estos mensajes lo hacían probable responsable de algún delito que los agentes ministeriales quieren inventar. ¿Será que piensen que los mensajes en redes sociales desploman helicópteros?
El propio Mario Flores informó en su cuenta de Twitter que ya había salido de las instalaciones de la PGR y emitió este mensaje:
“Quiero agradecer al delegado de la PGR Noe Rodríguez por la disculpa que le hizo a mi familia. Al parecer el problema vino de la PGJDF”.
En Twitter decenas de usuarios, amigos y seguidores protestaron a las afueras de las instalaciones de la PGR exigiendo la liberación de Flores.
Se suma esta detención, por más disculpas que se hayan pedido a la familia, a una serie de medidas que las autoridades federales y estatales han adoptado contra usuarios de las redes sociales que sólo confirman una tendencia: criminalizar, vigilar y perseguir a quienes se salgan del “guión” de la información controlada.
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lunes, 14 de noviembre de 2011
sábado, 12 de noviembre de 2011
“En México los accidentes parecen atentados y los atentados parecen accidentes” : El País
La Redacción de Proceso.com
12 de noviembre de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- En un artículo publicado este sábado en la edición electrónica del periódico El Mundo de España, el periodista Jacobo G. García aborda la muerte del secretario de Gobernación, Francisco Blake, y pone en tela de juicio las causas del accidente en el que fallecieron el funcionario y siete colaboradores.
García también cuestiona al presidente Felipe Calderón en sus declaraciones hechas ayer en el sentido de que investigará las causas del siniestro, aun cuando la muerte de Juan Camilo Mouriño, en 2008, siguen sin esclarecerse.
A continuación se reproduce una parte del artículo publicado por El Mundo, titulado “México vive de nuevo bajo la sombra del sospechosismo”.
Fue el ex presidente Vicente Fox el que inventó el término “sospechosismo”, un concepto tan disparatado gramaticalmente como muchas de sus frases, pero que trataba de definir el ambiente de duda permanente que rodea la gestión del Gobierno.
Y es que México tiene la habilidad para que los accidentes parezcan atentados y los atentados parezcan accidentes. Del asesinato de Colosio a la muerte de Blake Mora, el listado de dudas, da igual quien ocupe la silla del Águila, es más largo que el de certezas.
A pesar de que toma fuerza la hipótesis de la mala climatología como causa del siniestro, pocas veces como ésta, el término “sospechosismo” cobra sentido tras la muerte del secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora, fallecido al estrellarse el helicóptero en el que viajaba junto a siete de sus más íntimos colaboradores.
Tres ministros muertos en accidentes aéreos en seis años: Huerta en 2005, Mouriño en 2008 y Blake en 2011, son muchos para digerirlos sin más explicación que la del “trágico accidente”.
Ni siquiera para el presidente Felipe Calderón, que apareció desecho ante todo el país.
Otra vez Calderón volvió a llorar por la muerte de un amigo, un leal colaborador. Un tipo de Tijuana criado en sus pechos que no se desmarcó ni un ápice de la línea marcada por Calderón. Porque la lealtad, y no otro, fue el principal mérito tanto de Blake Mora como de Mouriño, fallecido tres años antes cuando su avión se desplomó en medio del Distrito Federal. Otra vez Calderón vuelve a quedarse sólo en lo personal y en lo político.
A su cuestionada estrategia de combate al ‘narco’ que ha dejado casi 50,000 muertos, se suma ahora la desdicha de que “todos los hombres del presidente”, que conforman el círculo intimo de Calderón, han fallecido en negligentes “accidentes” aéreos, lo que irrita aún más.
Calderón explicó que los pilotos eran expertos y que el Puma de 1987, de fabricación francesa, había recibido mantenimiento. También que la aeronave estuvo siempre vigilada por el Estado Mayor antes de despegar y que la zona presentaba una gran nubosidad a esa hora de la mañana.
De hecho los funcionarios que esperaban en Cuernavaca la llegada del Ministro confirmaron que recibieron una llamada desde el helicóptero avisando que llegarían tarde porque estaban buscando rutas alternativas debido al mal tiempo, así lo confirmó el gobernador de Morelos, Marco Adame. También el alcalde del Distrito Federal, del opositor PRD, Marcelo Abrard.
Calderón no descarta ninguna hipótesis
El propio presidente Calderón habló de “accidente” pero añadió que no descarta ninguna hipótesis y advirtió que su estrategia de seguridad sigue adelante.
“Como me pasó con Juan Camilo Mouriño hace tres años, extrañaré y necesitaré mucho a Francisco Blake. Pienso en ellos y, al margen de la amistad que nos unía, pienso en los ideales que compartimos. Con ellos compartí la idea de hacer un México más seguro donde impere el Estado de Derecho y donde los mexicanos puedan vivir en libertad”, dijo frente a las cámaras en un mensaje a los mexicanos.
“No me desmayaré y redoblaré la lucha por la construcción de un México mejor. Tenemos que ser fuertes…”, añadió en televisión.
La paradoja es que aunque Calderón ofreció una investigación “exhaustiva” y “transparente” sobre las causas del siniestro, la muerte de Mouriño, en 2008, sigue sin esclarecerse y el Gobierno decretó el “secreto” sobre la misma por un periodo no menor a 12 años.
12 de noviembre de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- En un artículo publicado este sábado en la edición electrónica del periódico El Mundo de España, el periodista Jacobo G. García aborda la muerte del secretario de Gobernación, Francisco Blake, y pone en tela de juicio las causas del accidente en el que fallecieron el funcionario y siete colaboradores.
García también cuestiona al presidente Felipe Calderón en sus declaraciones hechas ayer en el sentido de que investigará las causas del siniestro, aun cuando la muerte de Juan Camilo Mouriño, en 2008, siguen sin esclarecerse.
A continuación se reproduce una parte del artículo publicado por El Mundo, titulado “México vive de nuevo bajo la sombra del sospechosismo”.
Fue el ex presidente Vicente Fox el que inventó el término “sospechosismo”, un concepto tan disparatado gramaticalmente como muchas de sus frases, pero que trataba de definir el ambiente de duda permanente que rodea la gestión del Gobierno.
Y es que México tiene la habilidad para que los accidentes parezcan atentados y los atentados parezcan accidentes. Del asesinato de Colosio a la muerte de Blake Mora, el listado de dudas, da igual quien ocupe la silla del Águila, es más largo que el de certezas.
A pesar de que toma fuerza la hipótesis de la mala climatología como causa del siniestro, pocas veces como ésta, el término “sospechosismo” cobra sentido tras la muerte del secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora, fallecido al estrellarse el helicóptero en el que viajaba junto a siete de sus más íntimos colaboradores.
Tres ministros muertos en accidentes aéreos en seis años: Huerta en 2005, Mouriño en 2008 y Blake en 2011, son muchos para digerirlos sin más explicación que la del “trágico accidente”.
Ni siquiera para el presidente Felipe Calderón, que apareció desecho ante todo el país.
Otra vez Calderón volvió a llorar por la muerte de un amigo, un leal colaborador. Un tipo de Tijuana criado en sus pechos que no se desmarcó ni un ápice de la línea marcada por Calderón. Porque la lealtad, y no otro, fue el principal mérito tanto de Blake Mora como de Mouriño, fallecido tres años antes cuando su avión se desplomó en medio del Distrito Federal. Otra vez Calderón vuelve a quedarse sólo en lo personal y en lo político.
A su cuestionada estrategia de combate al ‘narco’ que ha dejado casi 50,000 muertos, se suma ahora la desdicha de que “todos los hombres del presidente”, que conforman el círculo intimo de Calderón, han fallecido en negligentes “accidentes” aéreos, lo que irrita aún más.
Calderón explicó que los pilotos eran expertos y que el Puma de 1987, de fabricación francesa, había recibido mantenimiento. También que la aeronave estuvo siempre vigilada por el Estado Mayor antes de despegar y que la zona presentaba una gran nubosidad a esa hora de la mañana.
De hecho los funcionarios que esperaban en Cuernavaca la llegada del Ministro confirmaron que recibieron una llamada desde el helicóptero avisando que llegarían tarde porque estaban buscando rutas alternativas debido al mal tiempo, así lo confirmó el gobernador de Morelos, Marco Adame. También el alcalde del Distrito Federal, del opositor PRD, Marcelo Abrard.
Calderón no descarta ninguna hipótesis
El propio presidente Calderón habló de “accidente” pero añadió que no descarta ninguna hipótesis y advirtió que su estrategia de seguridad sigue adelante.
“Como me pasó con Juan Camilo Mouriño hace tres años, extrañaré y necesitaré mucho a Francisco Blake. Pienso en ellos y, al margen de la amistad que nos unía, pienso en los ideales que compartimos. Con ellos compartí la idea de hacer un México más seguro donde impere el Estado de Derecho y donde los mexicanos puedan vivir en libertad”, dijo frente a las cámaras en un mensaje a los mexicanos.
“No me desmayaré y redoblaré la lucha por la construcción de un México mejor. Tenemos que ser fuertes…”, añadió en televisión.
La paradoja es que aunque Calderón ofreció una investigación “exhaustiva” y “transparente” sobre las causas del siniestro, la muerte de Mouriño, en 2008, sigue sin esclarecerse y el Gobierno decretó el “secreto” sobre la misma por un periodo no menor a 12 años.
martes, 6 de septiembre de 2011
No fue accidente, fue atentado....
Ataque a camión de la marina deja 6 víctimas mortales
Un camión de la Marina que circulaba sobre Avenida Insurgentes Norte y Acueducto, con dirección al Estado de México recibió varios disparos, lo que provocó que el vehículo perdiera el control y volcara sobre la vialidad
Reportes preliminares de la Secretaría de Seguridad Pública del DF señalan que el vehículo circulaba rumbo a la autopista México-Pachuca
El procurador capitalino, Miguel Ángel Mancera informó que son seis las víctimas mortales, los primeros cinco son elementos de la Marina y el sexto es un civil, cuyo cuerpo aún permanece en el interior del vehículo aprisionado por los fierros del automóvil.
Además, reportan dos vehículos particulares severamente dañados, por lo que las autoridades señalan preliminarmente que el número de fallecidos podría incrementarse.
En estos momentos, tres helicópteros de la SSP-DF descenden en las inmediaciones para auxiliar a las víctimas y el tráfico en Ticomán y Acueducto está detenido.
Hasta el momento, no hay signos visibles de que se haya tratado de un ataque con armas de fuego, pero elementos de las fuerzas armadas están impidiendo la labor periodística en la zona, amedrentando con fusiles a los reporteros.
domingo, 9 de noviembre de 2008
¿Atentado?
Carlos Montemayor
Por fortuna, el secretario de Comunicaciones y Transportes, Luis Téllez Kuenzler, no está al frente de ninguna oficina de comunicación social, porque su desempeño para el país sería más peligroso ahí que en las dos secretarías que ha ocupado. Su gran insistencia en que los ciudadanos mexicanos le creamos que la tragedia aérea ocurrida el pasado martes 4 de noviembre fue sólo un accidente despierta más sospechas que certidumbre. No es conveniente para el país y para el gabinete al que pertenece que esa versión oficial se presente con tanta insistencia e intolerancia. No es momento, no es prudente dirigirse así al país en un asunto de tal trascendencia.
No me propongo defender ni rechazar la posibilidad de que la tragedia del día 4 de noviembre pudiera considerarse un atentado. Sólo me propongo explicar que, a diferencia de la postura enfática de Luis Téllez, muchas acciones del gobierno federal indican que el gobierno parte de la hipótesis del atentado.
Primero, no fue la PGR ni la PFP ni la policía judicial del Estado quien ocupó las instalaciones del aeropuerto de San Luis Potosí al momento de conocerse la caída del Jet XC-VMC, sino el Ejército Mexicano. ¿Por qué una medida como ésta? Es lógico que con esta acción militar se buscaba conocer el movimiento de personal que pudiera haber tenido acceso a la aeronave durante el tiempo que estuvo en tierra. Es decir, la hipótesis de esta acción militar no parte de un accidente inesperado.
Segundo, el discurso del presidente Felipe Calderón leído en el hangar presidencial no hizo referencia a ningún accidente, lo cual hubiese allanado el camino al discurso oficial de Luis Téllez. Esa omisión en una persona como él, tan dado a apresurarse en sus conclusiones, sugiere que la información que se le entregó antes o durante su vuelo a la ciudad de México también contenía una opción más que la del solo accidente.
Tercero, Lorenzo Chim, corresponsal de La Jornada, informó que “a las 20:30 horas, llegaron efectivos militares vestidos de civil fuertemente armados” a la casa de Carlos Mouriño Terrazo, y que entre ellos había “elementos del Estado Mayor Presidencial”. La mansión de Juan Camilo, del barrio de San Román, y su rancho Villa Geli, en la zona suburbana de Imí, se encontraban vacíos, pero también contaban con vigilancia. Esto sugiere que el Ejército trató de anticiparse a algún posible “percance” que pudiera sufrir el hermano del secretario de Gobernación. Es decir, partían de una hipótesis diferente a la de sólo un lamentable accidente.
Cuarto, el Learjet 45 se encontraba en perfectas condiciones, según informó el 6 de noviembre Fabiola Martínez en La Jornada, pues “fue sometido recientemente a un mantenimiento integral en Estados Unidos para asegurar su correcta operación (…) La rigurosa revisión de la aeronave se inició a finales de julio de este año y fue entregado hasta los primeros días de octubre pasado (…) existen evidencias acerca de los cuidados extremos a que era sometido el Learjet como asunto de seguridad nacional, debido a que estaba asignado al responsable de la política interna del país.” En estas condiciones, hablar de “fallas mecánicas” es aventurado y requiere de un tratamiento más abierto y prudente por parte del secretario Luis Téllez.
Quinto, y vinculado con el punto anterior, el asunto debe centrarse, pues, en el tipo de accidente. Por ejemplo, una aeronave como ésta es capaz de volar con una sola turbina; no es un aparato que pueda desplomarse fácilmente, sobre todo si había sido sometido a un mantenimiento minucioso. La ruta de vuelo era la correcta y la velocidad de su acercamiento al aeropuerto para tomar la pista indicada por la torre de control también era correcta. En estas condiciones, ¿qué tipo de falla mecánica podría sugerirse como explicación plausible? O mejor, ¿qué inusitada falla mecánica podría explicarnos lo ocurrido?
El punto sexto se conecta con el anterior: ¿para aclarar una falla técnica, por muy compleja que sea, no es natural que el ciudadano mexicano considere excesivo el asesoramiento de expertos extranjeros? Tal asesoría sugiere que el gobierno federal parte de la idea de que el “accidente” puede ser más complejo de lo que afirma el secretario Téllez.
Séptimo, es riesgoso, por incompleto y sesgado, que el secretario Téllez proponga como demostración de que se trató de un accidente una hipótesis insuficiente: creer que el único tipo de sabotaje posible es el de una bomba que despedace la aeronave. Aquí está el punto más débil de la argumentación del secretario Téllez. Los sabotajes pueden prepararse de diversas maneras: por ejemplo, por un desajuste o desperfecto en los instrumentos de control de la aeronave. En este caso, las hipótesis también pueden ser diversas: desde un sabotaje “mecánico” hasta un sabotaje de tipo electrónico; en este último caso, el sabotaje pudo haberse consumado tecnológicamente desde un teléfono celular.
Es natural que, a diferencia del secretario Téllez, las autoridades del gobierno federal manejen otras hipótesis y requieran de expertos extranjeros. Un sabotaje de tipo electrónico requiere, evidentemente, para su aclaración y confirmación de la asesoría de expertos extranjeros como los que visitan nuestro país en estos momentos.
Por fortuna, el secretario de Comunicaciones y Transportes, Luis Téllez Kuenzler, no está al frente de ninguna oficina de comunicación social, porque su desempeño para el país sería más peligroso ahí que en las dos secretarías que ha ocupado. Su gran insistencia en que los ciudadanos mexicanos le creamos que la tragedia aérea ocurrida el pasado martes 4 de noviembre fue sólo un accidente despierta más sospechas que certidumbre. No es conveniente para el país y para el gabinete al que pertenece que esa versión oficial se presente con tanta insistencia e intolerancia. No es momento, no es prudente dirigirse así al país en un asunto de tal trascendencia.
No me propongo defender ni rechazar la posibilidad de que la tragedia del día 4 de noviembre pudiera considerarse un atentado. Sólo me propongo explicar que, a diferencia de la postura enfática de Luis Téllez, muchas acciones del gobierno federal indican que el gobierno parte de la hipótesis del atentado.
Primero, no fue la PGR ni la PFP ni la policía judicial del Estado quien ocupó las instalaciones del aeropuerto de San Luis Potosí al momento de conocerse la caída del Jet XC-VMC, sino el Ejército Mexicano. ¿Por qué una medida como ésta? Es lógico que con esta acción militar se buscaba conocer el movimiento de personal que pudiera haber tenido acceso a la aeronave durante el tiempo que estuvo en tierra. Es decir, la hipótesis de esta acción militar no parte de un accidente inesperado.
Segundo, el discurso del presidente Felipe Calderón leído en el hangar presidencial no hizo referencia a ningún accidente, lo cual hubiese allanado el camino al discurso oficial de Luis Téllez. Esa omisión en una persona como él, tan dado a apresurarse en sus conclusiones, sugiere que la información que se le entregó antes o durante su vuelo a la ciudad de México también contenía una opción más que la del solo accidente.
Tercero, Lorenzo Chim, corresponsal de La Jornada, informó que “a las 20:30 horas, llegaron efectivos militares vestidos de civil fuertemente armados” a la casa de Carlos Mouriño Terrazo, y que entre ellos había “elementos del Estado Mayor Presidencial”. La mansión de Juan Camilo, del barrio de San Román, y su rancho Villa Geli, en la zona suburbana de Imí, se encontraban vacíos, pero también contaban con vigilancia. Esto sugiere que el Ejército trató de anticiparse a algún posible “percance” que pudiera sufrir el hermano del secretario de Gobernación. Es decir, partían de una hipótesis diferente a la de sólo un lamentable accidente.
Cuarto, el Learjet 45 se encontraba en perfectas condiciones, según informó el 6 de noviembre Fabiola Martínez en La Jornada, pues “fue sometido recientemente a un mantenimiento integral en Estados Unidos para asegurar su correcta operación (…) La rigurosa revisión de la aeronave se inició a finales de julio de este año y fue entregado hasta los primeros días de octubre pasado (…) existen evidencias acerca de los cuidados extremos a que era sometido el Learjet como asunto de seguridad nacional, debido a que estaba asignado al responsable de la política interna del país.” En estas condiciones, hablar de “fallas mecánicas” es aventurado y requiere de un tratamiento más abierto y prudente por parte del secretario Luis Téllez.
Quinto, y vinculado con el punto anterior, el asunto debe centrarse, pues, en el tipo de accidente. Por ejemplo, una aeronave como ésta es capaz de volar con una sola turbina; no es un aparato que pueda desplomarse fácilmente, sobre todo si había sido sometido a un mantenimiento minucioso. La ruta de vuelo era la correcta y la velocidad de su acercamiento al aeropuerto para tomar la pista indicada por la torre de control también era correcta. En estas condiciones, ¿qué tipo de falla mecánica podría sugerirse como explicación plausible? O mejor, ¿qué inusitada falla mecánica podría explicarnos lo ocurrido?
El punto sexto se conecta con el anterior: ¿para aclarar una falla técnica, por muy compleja que sea, no es natural que el ciudadano mexicano considere excesivo el asesoramiento de expertos extranjeros? Tal asesoría sugiere que el gobierno federal parte de la idea de que el “accidente” puede ser más complejo de lo que afirma el secretario Téllez.
Séptimo, es riesgoso, por incompleto y sesgado, que el secretario Téllez proponga como demostración de que se trató de un accidente una hipótesis insuficiente: creer que el único tipo de sabotaje posible es el de una bomba que despedace la aeronave. Aquí está el punto más débil de la argumentación del secretario Téllez. Los sabotajes pueden prepararse de diversas maneras: por ejemplo, por un desajuste o desperfecto en los instrumentos de control de la aeronave. En este caso, las hipótesis también pueden ser diversas: desde un sabotaje “mecánico” hasta un sabotaje de tipo electrónico; en este último caso, el sabotaje pudo haberse consumado tecnológicamente desde un teléfono celular.
Es natural que, a diferencia del secretario Téllez, las autoridades del gobierno federal manejen otras hipótesis y requieran de expertos extranjeros. Un sabotaje de tipo electrónico requiere, evidentemente, para su aclaración y confirmación de la asesoría de expertos extranjeros como los que visitan nuestro país en estos momentos.
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