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martes, 2 de abril de 2013
La guerra de Peña Nieto
Por: Sanjuana Martínez -
Blanca abrió su consultorio dental hace una semana. Está nerviosa. Ayer decidió retirar el anuncio de la fachada luego de recibir una llamada: “Somos Zetas. Si quieres tener tu consultorio en paz, tendrás que dar la cuota”, le dijo un hombre que se identificó como “jefe de zona”.
A su amiga Mónica le pasó lo mismo en su salón de belleza. A ella la extorsionan desde hace dos meses. El sujeto supuestamente “Zeta”, llega puntualmente cada semana. Lleva una lista escrita en una libreta donde palomea a quienes se portan bien y pagan “derecho de piso”; a los que no, les corresponde el frío plomo. El binomio “plata o plomo” sigue funcionando. Para los renuentes, tarde o temprano habrá una balacera que acabe con sus clientes; o bien, el secuestro intempestivo del dueño del negocio y la consecuente desaparición. Cada semana las matanzas indiscriminadas en negocios del llamado giro negro ya ni siquiera son noticias consideradas importantes.
El otro día, Jesús compraba un pollo asado en un puesto de la avenida principal de la colonia Las Puentes en San Nicolás de los Garza, Nuevo León; cuando llegó una camioneta pick up de reciente modelo y dos hombres se bajaron con metralleta en mano.Fue testigo de cómo el dueño del puesto tuvo que pagar la cuota semanal.
El crimen organizado afianza su presencia en la vida cotidiana de los mexicanos a ritmo seguro. A diferencia del sexenio de Felipe Calderón, cuando la barbarie se extendió a todos los rincones del país con escenas apocalípticas: colgados de los puentes,decapitados, descuartizados, pozoleados, cocinados o encajuelados; en los primeros tresmeses del gobierno de Enrique Peña Nieto, la mancha delincuencial se extiende lenta ysigilosamente a lo largo y ancho del territorio.
Si antes la exhibición de la violencia era la constante, ahora el silencio de las armas se impone en ciudades como Reynosa o Nuevo Laredo, donde las balaceras duran hastanueve horas, sin que se conviertan en noticia. Aquí los periódicos hace meses callaron para sobrevivir. Es la pax del narco. Tampoco el duopolio televisivo cubre las masacres indiscriminadas entre Zetas y el cártel del Golfo o entre integrantes del mismo grupo: “Los muertos quedan tirados por la calle; nomas llegan las trocas por ellos. Los cargan en la cajuela. La semana pasada vi una camioneta llena de cadáveres. Vienen por sus muertos”, dice un vecino de Camargo, Tamaulipas.
Coches incendiados, bloqueos en importantes avenidas, persecuciones… son las escenas diarias en Reynosa, Nuevo Laredo, Matamoros, Valle Hermoso, San Fernando,etc. Nos podemos enterar por las redes sociales o bien por amigos o familiares. El silencio estremecedor de Egidio Torre Cantú lo dice todo. Ni una palabra sobre el Estado fallido que supuestamente gobierna, sobre la lucha por el control territorial de la nueva geografía del crimen organizado en tiempos de Peña Nieto.
Particularmente la guerra en Tamaulipas se centra en la supuesta escisión del cártel del Golfo. Los capos del narcotráfico hacen su propio reacomodo de fuerzas con políticos,funcionarios, gobernadores, alcaldes y empresarios. Precisamente las escisiones han provocado el nacimiento de nuevos cárteles de la droga: Sangre Z, Golfo Nueva Generación y La Corona. Los tres compiten a escala regional en zonas del Pacífico, el occidente y el Golfo de México. Compiten con los que eran sus socios del cártel deSinaloa, Zetas y del cártel del Golfo; este último actualmente en una auténtica reorganización interna.
El estira y afloje entre ellos y los poderes fácticos sigue generando una carnicería.Diariamente aparecen torturados y ejecutados decenas de personas en el norte del país.Las imágenes apocalípticas tampoco han desaparecido. El Estado de México es un buen ejemplo de los ajustes de cuentas y de la nueva repartición territorial. Los acuerdos en lo oscurito ofrecen escenas como los cuerpos dos hombres colgados en un paso a desnivel en la colonia Primero de Septiembre, en el municipio de Atizapán de Zaragoza, Estado deMéxico.
Durante la guerra de Enrique Peña Nieto, el narcotráfico se ha convertido en una multinacional capaz de ofrecer importantes fuentes de empleo. De hecho, la actividad de la delincuencia se ha convertido en el quinto empleador más grande de México.
Oficialmente existe medio millón de personas dedicadas al narcotráfico. Un dato curioso,porque representan, nada más y nada menos, que cinco veces más que el total de los ocupados por las empresas madereras y tres veces más que el personal de Pemex. Se entiende, si los ingresos derivados del narcotráfico son más de 40 mil millones de dólares anuales.
En la guerra de Peña Nieto han sido asesinadas tres mil 157 personas. No está mal para un gobierno que se niega a abordar el tema de la seguridad con visión de Estado. Lo único que ha dicho el Ejecutivo es que hay que esperar un año para ver los resultados de su gobierno en este aspecto crucial de la vida nacional.
Mientras tanto, el ejecutometro no para: 200 muertos la semana pasada, 180 la antepasada; 300 antes, y así sucesivamente. El goteo incesante de sangre continúa igualo peor; con el agravante, que ahora ni siquiera se habla del tema. El Pacto por Méxicoseguramente incluye el manto de silencio.
La guerra de Peña Nieto es mucho más letal que la de Felipe Calderón. La del ex Presidente acusado de crímenes de lesa humanidad y actual investigador e ilustre conferencista de la Universidad de Harvard era visible; pero está es la guerra oculta, la típica guerra de baja intensidad. Y lo que es peor, una guerra ignorada por una buena parte de la prensa que mira a otra parte mientras diariamente asistimos a este teatro del absurdo: un ejecutado por aquí, dos colgados por allá, cuatro secuestrados a la luz deldía, dos asesinados de manera extrajudicial, cuatro balaceras diarias, cobro de piso generalizado, más centros clandestinos de detención, incremento de número de cárteles de la droga, nuevos acuerdos en lo oscurito….
En fin, si Enrique Peña Nieto quiere que los mexicanos esperemos un año para ver resultados de su gobierno en materia de seguridad, que nos diga también el lugar que resulta seguro para vivir.
SINEMBARGO.MX
lunes, 4 de febrero de 2013
Pemex, reforma energética y explosión
Por: Sanjuana Martínez - febrero 4 de 2013 - 0:00 COLUMNAS, Daños colaterales -
¿Bombazo, accidente o autoatentado?… Son las hipótesis que siguen en la opinión pública mientras el gobierno continúa con su política de ocultamiento y falta de transparencia en materia de información. El martirologio petrolero aumenta, mientras rumores y especulación crecen en torno a la tragedia del edificio B2 de Pemex, una tragedia anunciada y fomentada por la falta de medidas de seguridad y mantenimiento del extenso complejo administrativo de la paraestatal. “El incidente”, como al principio lo llamó Enrique Peña Nieto, está envuelto de más preguntas y dudas, que certezas. ¿Cuántos desaparecidos hay? ¿Por qué han prohibido a los trabajadores de Pemex hablar de las razones del siniestro? ¿Cuáles son las líneas de investigación en las que trabajan después de cinco días de labores? Mientras decenas de familias sufren por la pérdida o desaparición de sus seres queridos en la Torre de Petróleos Mexicanos, el señor Peña Nieto decidió tomarse unas vacaciones con su numerosa familia en Punta Mita, Nayarit, luego de decretar Luto Nacional. Lo peor no fue que se ausentara para hospedarse en el lujoso hotel St. Regis, sino que, ante las críticas, volviera de su asueto sólo para hacerse una foto en el lugar de la tragedia y luego volver nuevamente a la playa.
La tranquilidad y falta de reacción inmediata del nuevo inquilino de Los Pinos, contrasta con la gravedad de los sucesos en Pemex y en otros lugares de la República, como el motín de las Islas Marías o el ejecutometro generado por la narcoviolencia que no cesa y ha avanzado rápidamente durante los dos primeros meses de su gestión: 1,524 personas fueron asesinadas. La indolencia y falta de sensibilidad de Peña Nieto se ha dejado sentir desde el principio de la explosión en Torre Pemex. Primero, porque suspendió el primer día su visita a los heridos internados en distintos hospitales. Y luego porque no ha tenido el valor de dar la cara a los mexicanos para exponer una explicación coherente de lo que sucedió. Los testimonios que hablan de una bomba crecen en las redes sociales.
También la posibilidad de un autoatentado, bajo el argumento de visibilizar a Pemex como una paraestatal vulnerable y en mal estado que requiere un proceso de privatización urgente, un objetivo nada oculto del nuevo gobierno priísta. La falta de información fidedigna, clara y expedita del gobierno, genera todo tipo de leyendas de ficción y no ficción. Lo que está claro, es que la explosión fue en el sótano de las oficinas centrales de Pemex, justo donde estaban los archivos, que contienen auditorías de órganos internos de control. ¿Fue para destruir estos y otros archivos comprometedores? ¿Es el nitrato de amonio el elemento de la potente explosión, lo que nos oculta el Estado? Más allá de las teorías de la conspiración que circulan, debido a la falta de transparencia informativa del gobierno, habría que dejar de lado los distractores y centrarnos en la próxima Reforma Energética que el gobierno peñanietista pretende hacer. Ya lo dijo el senador David Penchyna, presidente de la Comisión de Energía del Senado: “Lo que pasó en el edificio administrativo de Pemex no tiene por qué ser vinculado con la reforma energética, son dos eventos diferentes. La necesidad de una reforma estructural al sector energético no puede variar ni depender de eventos fortuitos”. El PRI en el poder con sus aliados no han dejado claro si lo que pretenden es apertura o privatización de Pemex, pero los mexicanos podemos imaginar que el gran botín negro de la riqueza nacional sea un dulce anhelo para llenar los bolsillos de unos cuantos y empobrecer más al pueblo. El secretario de Hacienda, Fernando Aportela, nos ha dejado claro que el gobierno peñanietista tiene prisa por realizar su reforma: “No hay razón por la cual esperar. Al final del día lo que se quiere es tener un nivel de desarrollo más amplio y es mejor empezarlo; ya hay un calendario”. Y aunque el Ejecutivo ha insistido que no hay intención de “privatizar” Pemex, todo indica que la explicación no pedida es justamente la “acusación manifiesta” que nos anuncia el futuro incierto de Pemex. La “gran transformación” de México incluye por tanto la venta de Pemex: “Por qué seguir anclados a los dogmas, a este debate anacrónico, obsoleto, cuando otros países como Brasil, como Colombia, como Cuba, han hecho reformas precisamente para volverse más productivos”, dijo el señor Peña, mientras los familiares velaban a los fallecidos de la explosión. La reforma peñanietista incluye la exploración y producción de hidrocarburos y la explotación de gas seco o no convencional; y la asociación privada en procesos de la industria petrolera. El PRD en el Senado de la República ya tiene el borrador de la iniciativa en materia energética que Cuauhtémoc Cárdenas coordinó. Entre otras cosas, proponen que la Secretaría de Hacienda no controle las adecuaciones presupuestales de Pemex y sus organismos subsidiarios y que el Consejo de Administración de Pemex avale dichas adecuaciones. Ya veremos en qué termina. Los ciudadanos somos convidados sin voz ni voto a este paso trascendental de transformación del sistema económico y político nacional. Y no existen casualidades. La explosión de la Torre Pemex es una señal de alerta que proporciona en lenguaje cifrado muchas de las claves en torno al futuro de Pemex. El señor Peña nos deja claro que 35 muertos y decenas de lesionados, son lamentablemente los daños colaterales de las ambiciones gobiernistas del PRI y sus aliados, en torno al oro negro.
Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX en la siguiente dirección: http://www.sinembargo.mx/opinion/04-02-2013/12332. Si está pensando en usarlo, debe considerar que está protegido por la Ley. Si lo cita, diga la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. SINEMBARGO.MX
¿Bombazo, accidente o autoatentado?… Son las hipótesis que siguen en la opinión pública mientras el gobierno continúa con su política de ocultamiento y falta de transparencia en materia de información. El martirologio petrolero aumenta, mientras rumores y especulación crecen en torno a la tragedia del edificio B2 de Pemex, una tragedia anunciada y fomentada por la falta de medidas de seguridad y mantenimiento del extenso complejo administrativo de la paraestatal. “El incidente”, como al principio lo llamó Enrique Peña Nieto, está envuelto de más preguntas y dudas, que certezas. ¿Cuántos desaparecidos hay? ¿Por qué han prohibido a los trabajadores de Pemex hablar de las razones del siniestro? ¿Cuáles son las líneas de investigación en las que trabajan después de cinco días de labores? Mientras decenas de familias sufren por la pérdida o desaparición de sus seres queridos en la Torre de Petróleos Mexicanos, el señor Peña Nieto decidió tomarse unas vacaciones con su numerosa familia en Punta Mita, Nayarit, luego de decretar Luto Nacional. Lo peor no fue que se ausentara para hospedarse en el lujoso hotel St. Regis, sino que, ante las críticas, volviera de su asueto sólo para hacerse una foto en el lugar de la tragedia y luego volver nuevamente a la playa.
La tranquilidad y falta de reacción inmediata del nuevo inquilino de Los Pinos, contrasta con la gravedad de los sucesos en Pemex y en otros lugares de la República, como el motín de las Islas Marías o el ejecutometro generado por la narcoviolencia que no cesa y ha avanzado rápidamente durante los dos primeros meses de su gestión: 1,524 personas fueron asesinadas. La indolencia y falta de sensibilidad de Peña Nieto se ha dejado sentir desde el principio de la explosión en Torre Pemex. Primero, porque suspendió el primer día su visita a los heridos internados en distintos hospitales. Y luego porque no ha tenido el valor de dar la cara a los mexicanos para exponer una explicación coherente de lo que sucedió. Los testimonios que hablan de una bomba crecen en las redes sociales.
También la posibilidad de un autoatentado, bajo el argumento de visibilizar a Pemex como una paraestatal vulnerable y en mal estado que requiere un proceso de privatización urgente, un objetivo nada oculto del nuevo gobierno priísta. La falta de información fidedigna, clara y expedita del gobierno, genera todo tipo de leyendas de ficción y no ficción. Lo que está claro, es que la explosión fue en el sótano de las oficinas centrales de Pemex, justo donde estaban los archivos, que contienen auditorías de órganos internos de control. ¿Fue para destruir estos y otros archivos comprometedores? ¿Es el nitrato de amonio el elemento de la potente explosión, lo que nos oculta el Estado? Más allá de las teorías de la conspiración que circulan, debido a la falta de transparencia informativa del gobierno, habría que dejar de lado los distractores y centrarnos en la próxima Reforma Energética que el gobierno peñanietista pretende hacer. Ya lo dijo el senador David Penchyna, presidente de la Comisión de Energía del Senado: “Lo que pasó en el edificio administrativo de Pemex no tiene por qué ser vinculado con la reforma energética, son dos eventos diferentes. La necesidad de una reforma estructural al sector energético no puede variar ni depender de eventos fortuitos”. El PRI en el poder con sus aliados no han dejado claro si lo que pretenden es apertura o privatización de Pemex, pero los mexicanos podemos imaginar que el gran botín negro de la riqueza nacional sea un dulce anhelo para llenar los bolsillos de unos cuantos y empobrecer más al pueblo. El secretario de Hacienda, Fernando Aportela, nos ha dejado claro que el gobierno peñanietista tiene prisa por realizar su reforma: “No hay razón por la cual esperar. Al final del día lo que se quiere es tener un nivel de desarrollo más amplio y es mejor empezarlo; ya hay un calendario”. Y aunque el Ejecutivo ha insistido que no hay intención de “privatizar” Pemex, todo indica que la explicación no pedida es justamente la “acusación manifiesta” que nos anuncia el futuro incierto de Pemex. La “gran transformación” de México incluye por tanto la venta de Pemex: “Por qué seguir anclados a los dogmas, a este debate anacrónico, obsoleto, cuando otros países como Brasil, como Colombia, como Cuba, han hecho reformas precisamente para volverse más productivos”, dijo el señor Peña, mientras los familiares velaban a los fallecidos de la explosión. La reforma peñanietista incluye la exploración y producción de hidrocarburos y la explotación de gas seco o no convencional; y la asociación privada en procesos de la industria petrolera. El PRD en el Senado de la República ya tiene el borrador de la iniciativa en materia energética que Cuauhtémoc Cárdenas coordinó. Entre otras cosas, proponen que la Secretaría de Hacienda no controle las adecuaciones presupuestales de Pemex y sus organismos subsidiarios y que el Consejo de Administración de Pemex avale dichas adecuaciones. Ya veremos en qué termina. Los ciudadanos somos convidados sin voz ni voto a este paso trascendental de transformación del sistema económico y político nacional. Y no existen casualidades. La explosión de la Torre Pemex es una señal de alerta que proporciona en lenguaje cifrado muchas de las claves en torno al futuro de Pemex. El señor Peña nos deja claro que 35 muertos y decenas de lesionados, son lamentablemente los daños colaterales de las ambiciones gobiernistas del PRI y sus aliados, en torno al oro negro.
Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX en la siguiente dirección: http://www.sinembargo.mx/opinion/04-02-2013/12332. Si está pensando en usarlo, debe considerar que está protegido por la Ley. Si lo cita, diga la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. SINEMBARGO.MX
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