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martes, 3 de octubre de 2017

LITEMPO: Los ojos de la CIA en Tlatelolco

Por Jefferson Morley
(Columnista de washingtonpost.com y autor de una biografía sobre el ex jefe de estación de la CIA en la Ciudad de México, Win Scott, que será publicada el año próximo. Su correo electronico es jeff.morley@wpni.com.)
Posted - 18 octubre 2006
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Para leer las notas de pie, favor de consultar la versión en Inglés.
Documentos del gobierno de Estados Unidos recientemente desclasificados, y entrevistas, han arrojado una nueva luz sobre lo que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) sabía -y no sabía- sobre los terribles acontecimientos de 1968 en la Ciudad de México.
Winston Scott, el principal hombre de la CIA en esa época en México, era un encantador norteamericano de 59 años, que operaba desde la Embajada de Estados Unidos en Reforma. Los documentos de la CIA, ahora públicamente disponibles en los Archivos Nacionales en Washington, muestran que Scott se basó en su amistad con el presidente Gustavo Díaz Ordaz, el entonces secretario de Gobernación, Luis Echeverría, y otros altos funcionarios para informar a Washington sobre el movimiento estudiantil, cuyas demandas desafiaban el monopolio gubernamental del poder.
Los documentos, dados a conocer aquí por primera vez, muestran que, entre 1956 y 1969, Scott reclutó en los niveles más altos del gobierno mexicano a un total de 12 agentes. Sus informantes incluyeron a dos presidentes de México, y a dos hombres que posteriormente fueron enjuiciados por crímenes de guerra.
El nombre codificado de la CIA para la red de espías de Scott era LITEMPO. Las letras LI representaban el código de la Agencia para las operaciones en México; TEMPO era el término dado por Scott a un programa que, en palabras de una historia secreta de la Agencia, era "una productiva y efectiva relación entre la CIA y un selecto grupo de altos funcionarios en México". Iniciada en 1960, LITEMPO sirvió como "un canal extraoficial para el intercambio de información política selecta y sensible que cada gobierno deseaba obtener, el uno del otro, pero no a través de intercambios de protocolo público".
En los archivos de la CIA, los agentes de Scott eran identificados con números específicos. LITEMPO-1, por ejemplo, era un hombre llamado Emilio Bolaños, sobrino de Gustavo Díaz Ordaz, secretario de Gobernación y presidente en los 60s. Diaz Ordaz era LITEMPO-2. Como su predecessor en los Pinos Adolfo López Mateos, era amigos personales de Scott. Asistieron a la boda con su tercera esposa, en diciembre de 1962, con López Mateos fungiendo como padrino, o testigo principal, en la ceremonia.
En los registros no se revela cuánto pagaba Scott a sus informantes de LITEMPO, pero por lo menos un alto oficial de la CIA pensaba que era excesivo. En una revisión del programa de LITEMPO de 1964, el jefe de Scott en Washington criticaba que "se les paga demasiado a los agentes y sus actividades no son debidamente reportadas". Uno de collegas de Scott dijo que los agentes de LITEMPO eran "poco productivos y caros."
Scott ignoraba estos reclamos. Frecuentemente se encontraba con sus agentes, a los que llamaba LITEMPOs, y reportaba a Washington sobre sus contactos. En octubre de 1963, le dio a LITEMPO-1, es decir a Bolaños, un "regalo personal" de 1,000 piezas de munición automática de Colt .223 para ser entregados a Diz Ordaz. En su reporte mensual al cuartel general de la CIA, comentó a sus superiores que en 1964, "cuando LITEMPO-2 [es decir Díaz Ordaz] se convierta en candidato presidencial, se podrían requerir cambios al programa de LITEMPO".
Scott también cultivó una relación con Fernando Gutiérrez Barrios, quien era conocido como LITEMPO-4, en la Dirección Federal de Seguridad (DFS). Scott conocía a El Pollo por lo menos desde 1960. Gutiérrez Barrios asistió a Scott en los días de pánico posteriores al asesinato del presidente John F. Kennedy, en noviembre de 1963, al interrogar a mexicanos que habían tenido contacto con el acusado como asesino, Lee Harvey Oswald.
Otro de los agentes de Scott, según los registros de la CIA, era Luis Echeverría, subsecretario de Gobernación a principios de los años sesenta, y quien es identificado como LITEMPO-8. Echeverría empezó a manejar solicitudes especiales del gobierno norteamericano para dar visas a viajeros cubanos que buscaban escapar de la revolución socialista de Fidel Castro. Cuando Echeverría ascendió en la jerarquía mexicana, también lo hizo en la importancia que le daba su amigo norteamericano. Se convirtió en un invitado ocasional a las cenas que Scott daba en su casa de las Lomas de Chapultepec.
En 1966, un subordinado no identificado de Gutiérrez Barrios, conocido como LITEMPO-12, comenzó a tener reuniones diarias con George Munro, uno de los oficiales de confianza de Scott, para traspasar copias de reportes provenientes de sus agentes de DFS sobre subversivos. De acuerdo con un documento de la CIA, LITEMPO-12 se convierto en la fuente mas productiva de inteligencia sobre "el PC [Partido Comunista], Cubanos en exilio, Trotskistas, y grupos culturales de bloque Soviético."
Cuando en el verano y otoño de 1968 un movimiento estudiantil espontáneo convulsionó las calles de la capital, LITEMPO cobró todavía mayor importancia en la Ciudad de México y en Washington. Scott se apoyó en sus aliados en la cúspide del gobierno mexicano para monitorear y comprender los eventos que se desarrollaban, y que culminaron en la noche de la balacera que, el 2 de octubre de 1968, cobró innumerables vidas en la Plaza de Tlatelolco.
La historia de LITEMPO es una dimensión previamente desconocida a este trágico crimen.
Una noche de verano de 1968, uno de los hijastros de Scott salió a cenar al centro de la Ciudad de México con su madre y su padre, a quien llamaba "Scottie".
"Después que terminamos", recordó el hijo en una entrevista años después, "íbamos caminando de regreso hacia el coche cuando Scottie dijo, 'miren, ahí hay música'. Pasábamos frente a lo que llamaban una peña, una especie de cafetería. Entonces dijo, 'vamos a escuchar'."
Aunque políticamente era conservador, socialmente era muy abierto, adepto a hacer amigos y a conversar.
"Así que ahí estábamos, bebiendo nuestras cervezas, mientras alguien cantaba una canción sobre Castro que era muy popular en esa época. El coro decía, "¿Fidel, Fidel, qué tiene Fidel/Que los Americanos no pueden con él?".
"Scottie gozaba del momento así que también empezó a cantar, levantando su cerveza: "¿Fidel, Fidel, qué tiene Fidel/Que los Americanos no pueden con él?".
De acuerdo con su hijo, la esposa de Scott dijo: "¿Scottie, sabes lo que están diciendo?
"Oh, algo sobre Fidel", respondió.
Ella dijo, "sí, están diciendo que ustedes no pueden manejarlo".
Scottie dijo algo así como que sólo era una canción, a lo que ella replicó, "sabes, si alguien no te conociera tan bien y te viera aquí cantando, pensaría que eres una especie de comunista".
Scott tan sólo se rió, recuerda el hijo.
En su trabajo, Scott se encontraba obsesionado sobre una posible influencia del comunismo y de Cuba en México, pero renuentemente concedía que el movimiento estudiantil no estaba controlado por los comunistas. Aquel verano, la embajada de Estados Unidos compiló una lista de 40 incidentes aislados de agitación estudiantil desde 1963. Veintitres de los incidentes fueron motivados por carencias escolares; ocho protestas concernían a problemas locales. Seis fueron inspiradas por Cuba y Vietnam. Cuatro de las manifestaciones plantearon demandas relacionadas con el autoritarismo del sistema mexicano.
En junio de 1968, el embajador norteamericano Fulton "Tony" Freeman convocó a una reunión con Scott y otros miembros del equipo de la embajada. Francia acababa de ser desbordada por manifestaciones estudiantiles tan masivas, que hicieron caer al gobierno. Freeman quería discutir si lo mismo podía ocurrir en México. Debido a sus contactos en Los Pinos, las opiniones de Scott tenían un gran peso.
Scott y sus colegas llegaron a la conclusión de que Día Ordaz podía mantener la situación bajo control.
"El gobierno cuenta con diversas formas de medir e influir la opinión de los estudiantes y, cuando cree que los desórdenes exceden los límites que considera aceptables, se ha mostrado capaz y dispuesto a intervenir de manera decidida, hasta ahora con efectos positivos", reportó Freeman en un cable al Departamento de Estado después de la reunión. "Más aún, los desórdenes estudiantiles, pese a la amplia difusión que reciben, simplemente carecen del músculo para crear una crisis nacional".
Scott frecuentemente hablaba con Díaz Ordaz. Ferguson Dempster, un alto oficial de la inteligencia británica destacado en México, y amigo de mucho tiempo de Scott, contó a uno de los hijos de éste, que Scott entregaba un reporte diario al presidente mexicano sobre los "enemigos de la nación".
Phillip Agee, entonces un joven oficial del operativo de Scott, contó más o menos la misma historia cuando rompió con la Agencia algunos años después, y publicó un libro en el que expuso sus operaciones. Agee describió el servicio de Scott a Los Pinos como "un resumen diario de inteligencia", con una sección sobre actividades de las organizaciones revolucionarias mexicanas y las misiones diplomáticas comunistas, y una sección sobre acontecimientos internacionales, basada en información proveniente del cuartel general de la CIA.
A cambio, Scott transmitía al embajador Freeman y a la central de la CIA las opiniones de Díaz Ordaz y otros altos funcionarios. La postura pública de las autoridades mexicanas "frente a los disturbios, es que fueron instigados por agitadores de izquierda con el propósito [de] crear [una] atmósfera [de] inquietud", decía Freeman en un cable a Washington. "La Embajada coincide con esta estimación general".
Pero la inclinación de Scott a ver el movimiento estudiantil como una rebelión controlada por los comunistas, no surgió de los reportes que hacían sus numerosos informantes a la estación. Registros desclasificados de la CIA muestran que Scott tenía una red de fuentes de información en la UNAM y otras escuelas, llamada LIMOTOR, que lo mantenía bien informado sobre las políticas en el campus universitario. Anotó, que los estudiantes de la UNAM disputaban el control de las actividades estudiantiles al sector de las juventudes comunistas, al crear un nuevo Consejo Nacional de Huelga. "Aquellos que propugnan la acción violenta son todavía minoría", reportó.
En conversaciones con sus agentes de LITEMPO, Scott se dio cuenta de que el afán de los altos funcionarios mexicanos de culpar a los comunistas de las crecientes protestas en las calles, coexistía con una especie de incertidumbre pasiva sobre lo que realmente estaba ocurriendo.
A fines de agosto, Díaz Ordaz designó a Echeverría para encabezar un nuevo "comité de estrategia", creado para diseñar la respuesta gubernamental a los disturbios estudiantiles. Pero el jefe de la DFS, Fernando Gutiérrez Barrios, confesó que el gobierno no contaba con ningún plan para enfrentar los desórdenes estudiantiles, de acuerdo con un cable confidencial de la CIA.
El propio Scott se mostraba inseguro. Sus frecuentes "reportes de situación", conocidos informalmente como Sitreps, hacían énfasis en la filiación comunista de los profesores que dirigían el movimiento estudiantil. En un reporte de agosto de 1968, titulado Los estudiantes escenifican desórdenes mayores en México, argumentó que los disturbios en el Zócalo representaban "un clásico ejemplo de la habilidad comunista para transformar una manifestación pacífica en un disturbio mayor".
¿Pero qué comunistas? Díaz Ordaz estaba seguro de que el Partido Comunista Mexicano y la Unión Soviética estaban involucrados. Scott quería creerlo, pero no podía encontrar evidencias.
"Pese a que el gobierno pretende tener sólidas evidencias de que el Partido Comunista maquinó el alboroto del 26 de julio, y aparentes indicios de complicidad de la Embajada soviética", reportó al cuartel general de la CIA, "es improbable que los soviéticos socavaran así sus cuidadosamente cultivadas relaciones con los mexicanos".
Dentro de las fuentes de información de LITEMPO, observó Scott, la incertidumbre sobre el movimiento estudiantil estaba cediendo el paso al enojo.
"La oficina de la Presidencia se encuentra en un estado de agitación considerable, por la anticipación de nuevos disturbios", escribió Scott a principios de agosto. "La presión para que Díaz Ordaz restaure la calma es particularmente intensa, debido al deseo de México de proyectar una buena imagen internacional".
A partir de sus conversaciones con Díaz Ordaz, Scott empezó a tener un cuadro de cómo el Presidente iba a responder. Los intereses turísticos y comerciales llamaban a una "acción rápida", le reportó a Washington. Scott sospechaba que el Presidente podía estar planeando utilizar al regente de la Ciudad de México, Alfonso Corona del Rosal, como un chivo expiatorio. Corona del Rosal era un ex general con reputación de duro. Para disgusto de Díaz Ordaz, ahora defendía una postura conciliatoria hacia los estudiantes. A partir de su larga experiencia, Winston sabía cómo operaba Díaz Ordaz.
"La incapacidad de un político para mantener la paz en el área a su cargo, ha proporcionado más de una vez al Presidente una excusa para abortar una carrera política", escribió Scott. "Corona del Rosal ha sido mencionado como posible sucesor de Díaz Ordaz, y es posible que el Presidente haya decidido 'quemarlo'."
La siguiente manifestación fue la más grande hasta ese momento - pero también pacífica. Reforma fue tomada por una jubilosa multitud que se dirigía hacia el Zócalo. La gente gritaba, aplaudía, reía y lloraba al mismo tiempo. Las campanas de catedral repicaron y, aun dentro de la prisión de Lecumberri, los presos pudieron escuchar a los manifestantes. Los mexicanos se estaban liberando del miedo hacia su gobierno.
"No queremos las Olimpíadas", cantaban los marchistas, "queremos la Revolución". Scott informó al embajador Freeman que Díaz Ordaz estaba profundamente ofendido de que los estudiantes hubieran izado la bandera rojinegra de huelga en el Zócalo. Había ordenado a la policía antimotines y a la policía regular que utilizaran la fuerza, si era necesario, para disolver todas "las actividades y reuniones ilegales".
Winston Scott no era un hombre que careciera de confianza en su habilidad para enfrentar situaciones difíciles. Había sido jefe de la oficina de la CIA en la Ciudad de México desde 1956, hablaba un español aceptable y sabía cómo manejarse dentro del mundo oficial mexicano. Uno de sus hijos adolescentes tuvo un destello de la autoridad de su padre cuando se vio involucrado en un accidente de tránsito en Reforma, y acabó en la estación de policía del Bosque de Chapultepec. Los agentes le sugirieron al joven que hiciera una llamada telefónica para conseguir un poco de dinero para la mordida que le aseguraría su liberación. El hijo llamó a Scott, quien dijo que llegaría en un momento.
"De repente, Scottie llega en su gran Mercury negro", recuerda su hijo… "Tenía esas grandes placas diplomáticas rojas que habían dado para las Olimpíadas, lo que significaba que era el coche de alguien importante; y de él desciende un norteamericano alto con una chica adolescente. Scottie, por alguna razón, había traído consigo a mi hermana. Los policías mexicanos empezaron a repensar su postura. "Ah Chihuahua, ¿quién es ese?"
"Scottie le pone al primer policía que ve un billete de cien pesos en la mano. Luego, al segundo que ve, le pone otros cien pesos. Me pregunta si yo estoy bien y si el coche está bien. Yo le digo que estoy perfectamente y que lo único que tiene que hacer es pagarle al jefe. Pero él no hizo caso. Fue de un lado al otro de la habitación, estrechó la mano de todos y a todos les dio un billete de cien pesos. Al jefe le dio alrededor de cuatrocientos. Luego miró alrededor y dijo, "¿Todos contentos?"
"Todo mundo estaba muy contento. Ese era Scottie por antonomasia, el norteamericano que podía resolverlo todo".
Conforme las manifestaciones estudiantiles se hicieron más grandes, la información de Scott proveniente de los agentes de LITEMPO daba cuenta de que los cables del embajador Freeman a Washington eran cada vez más alarmantes, informando que Díaz Ordaz y la gente alrededor de él se expresaban con creciente dureza. El gobierno "implícitamente acepta que, como consecuencia, esto va a acarrear víctimas", escribió el Embajador. "Los dirigentes de la agitación estudiantil han sido y están siendo llevados a la cárcel… En otras palabras, la ofensiva [gubernamental] contra los desórdenes estudiantiles se ha abierto hacia frentes físicos y psicológicos".
Scott sabía que Díaz Ordaz pensaba que la aplicación de la fuerza era la única solución. "La política gubernamental que está actualmente en curso para desactivar los levantamientos estudiantiles, hace un llamado a la inmediata ocupación por el ejército y/o la policía de cualquier escuela que esté siendo ilegalmente utilizada como centro de actividad subversiva. Esta política continuará siendo aplicada hasta que prevalezca la calma total", participó a sus superiores en Washington.
A fines de septiembre, Scott reportó que el gobierno "no está buscando una solución de compromiso con los estudiantes, sino más bien poner fin a todas las acciones estudiantiles organizadas antes de que empiecen los Juegos Olímpicos… Se cree que el objetivo del go[bierno] es cercar a los elementos extremistas, y detenerlos hasta que pasen las Olimpíadas", programadas para su inauguración a mediados de octubre.
Los dirigentes del movimiento de los estudiantes convocaron a una reunión pública. Mermados por los arrestos, confrontados con un gobierno de línea dura, y teniendo frente a sí la inauguración de los Juegos Olímpicos en menos de dos semanas, en la tarde del 2 de octubre, en la Plaza de las Tres Culturas en el complejo habitacional de Tlatelolco, deseaban una convocatoria amplia para anunciar su siguiente paso. Esa mañana, Scott reportó que la determinación del gobierno mexicano de llevar a cabo unas Olimpíadas exitosas, probablemente evitaría incidentes mayores. Sin embargo, advirtió que hechos repentinos e insospechados no podían ser descartados.
"Cualquier estimación como ésta, de la probabilidad de actos intencionales diseñados para alterar el curso normal de los acontecimientos, debe tomar en cuenta la presencia de radicales y extremistas, cuya conducta es imposible de predecir. Y personas y grupos como estos existen en México", escribió el 2 de octubre.
Ésta puede haber sido la voz de la considerable experiencia de Scott en México. Pero también puede ser producto de una información que le fue proporcionada por amistosos LITEMPOs, que tenían sus razones para creer que "radicales y extremistas", cuya conducta "es imposible predecir", estaban a punto de actuar.
La manifestación en Tlatelolco se inició alrededor de las cinco de la tarde. Tanques rodeaban la plaza y, sentados en ellos, los soldados limpiaban sus bayonetas, pero no había una situación particularmente tensa. Al atardecer, se habían reunido ahí entre cinco y diez mil personas.
Los jefes militares sobre el terreno acababan de recibir la orden de impedir que el acto se llevara a cabo. Las órdenes indicaban el aislamiento y la detención de los dirigentes, y su entrega a la DFS. Un grupo de oficiales vestidos de civil, conocido como el Batallón Olimpia, llevaba sus propias instrucciones. Debían llevar ropa civil con un guante blanco en la mano inzquierda, y apostarse en los pasillos del edificio Chihuahua que miraban hacia la plaza. Cuando recibieran la señal, en forma de una bengala, debían impedir que cualquiera entrara o saliera de la plaza, mientras los dirigentes estudiantiles eran detenidos. Finalmente, un grupo de oficiales de policía recibió la orden de arrestar a los líderes del Consejo Nacional de Huelga.
Lo que prácticamente nadie supo sino hasta treinta años después, fue que Luis Gutiérrez Oropeza, el jefe de Estado Mayor del ejército mexicano, había apostado en el piso superior del edificio Chihuahua a diez hombres armados, y les había dado órdenes de tirar sobre la multitud. Actuaba por órdenes de Díaz Ordaz, según una reveladora historia publicada en Proceso, en 1999.
De acuerdo con el libro de Jorge G. Castañeda sobre la presidencia mexicana, Oropeza era el enlace entre Díaz Ordaz y Echeverría. Oropeza también era amigo de Scott y cenó por lo menos una vez en su casa, de acuerdo con un libro de invitados conservado por su familia. No existe evidencia de que Oropeza haya sido un agente de LITEMPO o que haya actuado bajo indicaciones de la CIA el 2 de octubre.
Justo en el momento en que un orador de los estudiantes anunciaba que la programada marcha hacia el Casco de Santo Tomás, en el campus del Politécnico, no se llevaría a cabo por la amenaza de violencia armada, aparecieron repentinamente bengalas en el cielo y todo mundo miró automáticamente hacia arriba. Fue cuando se inició la balacera.
Una ola de gente corrió hacia el otro extremo de la plaza, sólo para toparse con una fila de soldados que venía en sentido opuesto. Corrieron entonces hacia el otro lado, a la zona de fuego. En palabras del historiador Enrique Krauze, fue "un círculo infernal cerrado", una "operación de terror".
Win Scott envió su primer reporte alrededor de la medianoche. Fue procesado en el cuartel general [de la CIA] y transferido a la Casa Blanca, donde fue leído a la mañana siguiente. Algo gordo había pasado en Tlatelolco.
"Un adulto [fuente clasificada] contó ocho estudiantes y seis soldados muertos, pero un puesto cercano de la Cruz Roja recibió 127 estudiantes y treinta soldados heridos".
"Una fuente clasificada dijo que los primeros tiros fueron disparados por estudiantes, desde departamentos del edificio Chihuahua".
Una fuente clasificada norteamericana "expresó la opinión de que fue un enfrentamiento premeditado provocado por estudiantes".
Otra fuente clasificada dijo que "la mayoría de los estudiantes que se encontraba sobre la plataforma del orador estaba armada, alguno con una ametralladora … las tropas sólo habían respondido al fuego de los estudiantes".
Ninguno de los reportes de Scott resulto cierto. Su única observación atinada fue que "éste es el incidente más serio de la racha de disturbios estudiantiles que se inició a fines de julio".
Su siguiente reporte de situación citó a "observadores entrenados" que creían que los estudiantes instigaron el incidente. Dijo que el incidente de Tlatelolco levantaba cuestionamientos sobre la capacidad de México para proporcionar seguridad durante las Olimpíadas.
Agentes del FBI norteamericano en la Ciudad de México, que trabajaban de cerca con Scott, reportaron que estudiantes trotskistas habían formado un grupo llamado Brigada Olimpia, para provocar el ataque. Estos estudiantes presuntamente estaban vinculados con comunistas de Guatemala y, supuestamente, habían disparado los primeros tiros.
El FBI reportó que Díaz Ordaz había dicho a un "visitante norteamericano", que podría haber sido el propio Scott, que creía que los disturbios habían sido "cuidadosamente planeados".
"Muchísima gente ha entrado al país", habría comentado el Presidente. "Las armas usadas eran nuevas y tenían borrado el número de registro. Los grupos de Castro y del comunismo chino estaban involucrados en el esfuerzo. Los comunistas soviéticos tendrían que ponerse a la altura para evitar que se les llamara gallinas".
En Washington, Walt Rostow, asesor de seguridad nacional del presidente Lyndon B. Johnson, intentó clarificar los contradictorios reportes. Le mandó una serie de preguntas a Scott, quien fue a ver a Díaz Ordaz. Regresó de ahí con respuestas que evidenciaban lo poco que sabía.
¿Los estudiantes mexicanos estaban utilizando rifles nuevos, con números sacados de registros chinos?
No hay verificación hasta el momento, dijo Scott.
¿Individuos provenientes de fuera de México participaron en el movimiento estudiantil?
Tres estudiantes, un chileno, un francés y un norteamericano fueron arrestados el 26 de julio y deportados. Dos otros estudiantes franceses no fueron aprehendidos, subrayó.
En otras palabras, no había un solo reporte de involucramiento extranjero en las ocho semanas previas. Mientras la prensa mexicana jugaba constantemente la carta de la injerencia extranjera, Scott decía que "ninguna evidencia concluyente a este respecto ha sido presentada".
¿Podía verificar la historia del FBI sobre una izquierdista Brigada Olimpia que había provocado la balacera?
Un pequeño grupo de estudiantes universitarios trotskistas había formado una agrupación llamada "Brigada Olimpia", dijo. Una fuente dijo que planeaban volar transformadores para interferir con los eventos olímpicos, y secuestrar autobuses que transportaran atletas participantes en los Juegos.
La Casa Blanca y el cuartel general de la CIA no dejaron de advertir que Scott parecía saber muy poco sobre lo que había pasado en Tlatelolco, que los reportes sobre el involucramiento cubano y soviético estaban inflados y que el alegato gubernamental de una provocación izquierdista no podía ser probado.
Wallace Stuart, un consejero de la embajada de Estados Unidos en la Ciudad de México, dijo más tarde que la estación de la CIA había presentado 15 diferentes, y en ocasiones flagrantemente contradictorias, versiones de lo que había ocurrido en Tlatelolco, "¡todas provenientes de 'fuentes en general confiables' o de 'observadores entrenados' en el terreno!"
Scott había caído en una clásica trampa de espías. Se había vuelto demasiado dependiente de sus fuentes bien colocadas. No tenía forma independiente de allegarse información sobre un acontecimiento político sumamente importante.
La masacre de Tlatelolco, dice el historiador Sergio Aguayo, divide "las aguas de la historia mexicana. Acentuó la turbulencia de aquellos años, y sirvió para concentrar el poder en los servicios de inteligencia, dominados por un pequeño grupo de hombres, duros e incontrolables".
Con la asistencia de Win Scott, a lo largo de un decenio esos hombres se incrustaron en el poder, actuando con impunidad contra una oposición que, en palabras de Aguayo, era "débil pero cada vez más belicosa y ansiosa de rebelarse contra la apatía de una indiferente, si no complaciente, comunidad internacional".
Una semana después de la matanza, Win se tomo el tiempo para escribir una carta de agradecimiento a Luis Echeverría. El secretario de Gobernación acababa de darle un regalo: un gran mapamundi electrónico enmarcado, que proporcionaba la hora correcta en cada huso horario del mundo.
"Todos los que lo ven, se admiran ante el maravilloso reloj que me envió recientemente", escribió Win en una nota que Aguayo encontró en el Archivo General de la Nación.
En estos importantes momentos, después de la matanza de Tlatelolco, sus más confiables agentes habían entregado historias de ficción y, luego, hecho una jugada. El amo de LITEMPO se había vuelto su prisionero. El titiritero se había convertido en títere.
Ocho meses después, Scott fue obligado a retirarse de su trabajo como jefe de estación de la CIA. Su salida nada tuvo que ver con los acontecimientos de octubre de 1968, de acuerdo con William Broe, el jefe de la división de la CIA para América Latina en ese entonces.
"Él era uno de nuestros oficiales más destacados. Era una estación fuerte. Él hacía una buena labor", dijo Broe en una reciente entrevista telefónica. El motivo de su remoción, explicó, "fue su estancia de tanto tiempo. Fue lo que decidimos hacer, empezar a cambiar a la gente. No es que haya hecho algo mal. Simplemente creímos que no era adecuado tener a una persona en un lugar tanto tiempo. Trece años son muchos".
En junio de 1969, Scott fue al cuartel general de la CIA, en Washington, para recibir uno de los honores más altos de la Agencia, la Medalla a la Inteligencia Distinguida. El texto que acompañaba a la medalla se refería al programa de LITEMPO como uno de sus más grandes logros. Según se dijo, Win Scott "inició e hizo fructificar una alianza internacional en este hemisferio, que constituye un hito para logros de gran significado".
Scott murió de un ataque al corazón en su casa de las Lomas de Chapultepec, el 26 de abril de 1971. Tenía 62 años.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Echeverría debería estar en la cárcel: Álvarez Garín entrevistado en 2013

El líder del movimiento estudiantil de 1968 afirmó que fue un avance, que el ex presidente de México estuviera arraigado por la matanza de jóvenes en Tlateloclo, porque "quedó admitido que sus delitos son de genocidio y no prescriben".
  1. Raúl Álvarez Garín muere (Foto: Cuartoscuro)
  2. Fotos: Raúl Álvarez Garín, líder del 68 y luchador por la democracia En octubre de 2008 Raúl Álvarez Garín, del Comité del 68 participó en la presentación del libro“1968 la Historia También está Hecha de Derrotas“ en el ...
  3. Fotos: Raúl Álvarez Garín, líder del 68 y luchador por la democracia Raúl Álvarez Garín, Gilberto Guevara Niebla y Eduardo Valle, El Búho, detenidos en Lecumberri Foto Revista Rino, octubre 1998, Hemeroteca Nacional. UNA...
  4. Fotos: Raúl Álvarez Garín, líder del 68 y luchador por la democracia El movimiento estudiantil del 68 resulta ser una de las referencias clave y dentro de ellas el ejemplo de Raúl, uno de aquellos sigue hoy manteniéndose...
  5. Fotos: Raúl Álvarez Garín, líder del 68 y luchador por la democracia En junio del 2000 Raúl Álvarez Garín, quien era director del semanario Corre La Voz, presentó una demanda de tipo penal en contra de Vicente Fox, ya qu...
  6. Fotos: Raúl Álvarez Garín, líder del 68 y luchador por la democracia En julio del 2005 durante el Consejo Político Nacional del PRD, Raúl Álvarez Garín y Gerardo Fernández protestan en contra de la manera de tratar los t...
  7. Fotos: Raúl Álvarez Garín, líder del 68 y luchador por la democracia (Foto: Cuartoscuro)
  8. Fotos: Raúl Álvarez Garín, líder del 68 y luchador por la democracia (Foto: Cuartoscuro)
  9. Fotos: Raúl Álvarez Garín, líder del 68 y luchador por la democracia (Foto: Cuartoscuro)
  10. Fotos: Raúl Álvarez Garín, líder del 68 y luchador por la democracia (Foto: Cuartoscuro)
  11. Fotos: Raúl Álvarez Garín, líder del 68 y luchador por la democracia Febrero 2007. Álvarez Garín con integrantes de diversas organización sociales y defensoras de los derechos humanos, en conferencia de prensa sobre el m...
  12. Fotos: Raúl Álvarez Garín, líder del 68 y luchador por la democracia (Foto: La Jornada)
  13. Fotos: Raúl Álvarez Garín, líder del 68 y luchador por la democracia (Foto: Cuartoscuro)
  14. Fotos: Raúl Álvarez Garín, líder del 68 y luchador por la democracia (Foto: Cuartoscuro)
  15. Fotos: Raúl Álvarez Garín, líder del 68 y luchador por la democracia (Foto: Cuartoscuro)
  16. Fotos: Raúl Álvarez Garín, líder del 68 y luchador por la democracia (Foto: Cuartoscuro)
  17. Fotos: Raúl Álvarez Garín, líder del 68 y luchador por la democracia (Foto: Cuartoscuro)
  18. Fotos: Raúl Álvarez Garín, líder del 68 y luchador por la democracia Su magnitud de ser humano, solo puede medirse por su integridad: Comité 68
  19. Fotos: Raúl Álvarez Garín, líder del 68 y luchador por la democracia (Foto: Cuartoscuro)
  20. Fotos: Raúl Álvarez Garín, líder del 68 y luchador por la democracia (Foto: Cuartoscuro)
  21. Fotos: Raúl Álvarez Garín, líder del 68 y luchador por la democracia (Foto: Cuartoscuro)
  22. Fotos: Raúl Álvarez Garín, líder del 68 y luchador por la democracia (Foto: Cuartoscuro)
  23. Fotos: Raúl Álvarez Garín, líder del 68 y luchador por la democracia (Foto: Cuartoscuro)



“La tarea que tenemos enfrente es meter a la cárcel al ex presidente Luis Echeverría, porque sería un hecho político indeleble”, dijo Raúl Álvarez Garín, en agosto del 2013, en una entrevista con La Jornada. El líder del 1968, quien falleció este viernes 16 de septiembre en su casa de Coyoacán.
“No es cierta la idea de que los juicios en su contra no sirvieron para nada. En México quedó admitido que sus delitos son de genocidio y no prescriben, e incluso estuvo en arraigo domiciliario”, dijo.
Pero también aclaró: “No es cierto que está exonerado, está libre bajo reservas de ley, y mañana mismo se le podría procesar”, afirmó
Se reproduce la entrevista completa de Arturo Jiménez, una de las últimas realizadas al luchador social.
Entrevista/ En la lucha nos veremos: Álvarez Garín
Por Arturo Jiménez
Entrevista publicada el 5 de agosto de 2013.
Una de las fortalezas de México ante los muchos problemas nacionales se encuentra en su masivo, amplio y diverso movimiento social, de resistencia popular y antineoliberal, considera Raúl Alvarez Garín, uno de los principales líderes históricos del movimiento estudiantil de 1968, el cual a su vez, agrega, detonó tremendos procesos civilizatorios en el país.
En una larga entrevista en su casa de Coyoacán, en la que recibe a La Jornada descalzo y en compañía de María Emilia Caballero, su esposa, Álvarez Garín se describe y se muestra como un ciudadano comprometido, con moral y nacionalista al estilo Lázaro Cárdenas, además de optimista ante los actuales procesos de cambio en América Latina tras la llegada de diversos gobiernos de izquierda.
De excelente ánimo y platicador, pese a lidiar con problemas de salud, también aclara divertido que, aunque muchos lo describen como de muy mal carácter, eso no es cierto. Quizás uno de los motivos de su buen talante es el Homenaje a Raúl Álvarez Garín y a la generación del 68, 45 aniversario, que se realizará el viernes 9 a las 5 de la tarde en la sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario.
Álvarez Garín fue delegado del Consejo Nacional de Huelga por la Escuela Superior de Física y Matemáticas del Instituto Politécnico Nacional; es matemático, autor de libros como La estela de Tlatelolco e integrante del Comité 68, que promueve el esclarecimiento de la memoria histórica de aquellos acontecimientos y el encarcelamiento de los responsables de la represión, la matanza y los presos políticos.
–Muchos consideran que, además de la parte oscura, represiva, el 68 también fue una victoria, la fractura de un régimen autoritario. ¿Usted qué piensa?
–Esa manera de verlo se dio por consideraciones de lo que fue el movimiento juvenil en el mundo, especialmente en Europa, con fenómenos de cambio generacional como los rebeldes sin causa o la moda, los jeans y el rock. La nueva generación eran los niños de la guerra, 20 años después, y todo el futuro que se prometía tenía elementos de desesperanza.
“Se señaló en términos generales que en el mundo se había dado un movimiento lúdico. Esas cosas se interpretaron de una manera trivializada por algunos sectores en México, como si fuera un movimiento sin referencias políticas fuertes. Sin embargo, el movimiento mexicano, a diferencia de los demás, fue de confrontación muy fuerte con un Estado autoritario y con un desenlace tremendo. Ambas interpretaciones tienen elementos de realidad y de verdad.
Pero lo que ha sido perdurable es la conmemoración y el reclamo anual del 2 de octubre: es un crimen, no se olvida, tiene que ser juzgado. Eso le da continuidad en estos 40 y tantos años. Es una herida abierta que no ha cicatrizado, sino al contrario. Más allá de Tlatelolco y las demandas específicas, lo que reclamamos es que México tenga una vida política sin violencia legal ni extrema ni tampoco arrebatos de cólera e imposición de los gobernantes.
–En ese sentido, ¿el movimiento del 68 generó procesos civilizatorios?
–Tremendos. Entre los efectos inmediatos y como un ejemplo está la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG), que fue un proyecto muy inspirado en el 68, igual que las prepas populares, aunque asediado por el gobierno. Cada vez que se daba un acto de violencia brutal contra la UAG, ésta hacía una sesión del Consejo Universitario en el lugar en que se había perpetrado.
–¿El 68 también detonó una transformación cultural?
–Hubo varios cambios sociales. El primero fue en la relación familiar, porque los muchachos adquirieron una experiencia tremenda que no se correspondía con la figura del padre autoritario. Afortunadamente en México no se dio como conflicto, sino como los padres reconociendo la experiencia y autoridad de los hijos. Eso es importantísimo. También cambió la jerarquización de intereses, pues era más importante vivir con los demás que tener un éxito individual. Además, se reivindicó el origen humilde de muchos estudiantes y se debilitaron las actitudes clasistas.
Destaca la creación de los Colegios de Ciencias y Humanidades por el rector Pablo González Casanova, quien buscaba que los jóvenes tuvieran una experiencia de vida en un ambiente escolar de investigación, libre y democrático, lo cual operaba contra la enseñanza autoritaria.
–¿A 45 años, ¿cómo observa a la generación del 68, cuál fue su aporte? ¿Cumplió?
–Sí, cómo no. Además, ha sido protagonista de momentos importantes en la vida del país. La segunda mitad del siglo XX está muy determinada por acciones de esa generación. Por ejemplo, el asunto de la opción electoral es una consideración teórico-política de cómo modernizar y civilizar la vida nacional: que sea por elecciones, no por violencia, que haya instrumentos. Es una generación consistente, de principios y muy fuerte.
Destaca además algo que considera incontrovertible: Hoy el movimiento social en México tiene componentes muy significativos en términos políticos y de masas. Si uno ve desde fuera al país, se observa que el movimiento de resistencia popular es masivo: el Ejército Zapatista, los electricistas, los sindicalistas, los maestros, el movimiento indígena. El movimiento antineoliberal en México es tremendo, en dimensiones y en diversidad.
La siguiente pregunta surge de modo natural.
–¿Qué es para usted el 68?, ¿qué le viene a la mente al escuchar esa referencia?
–Como soy un poco obsesivo, la tarea que tenemos enfrente es meter a la cárcel al ex presidente Luis Echeverría, porque sería un hecho político indeleble. No es cierta la idea de que los juicios en su contra no sirvieron para nada. En México quedó admitido que sus delitos son de genocidio y no prescriben, e incluso estuvo en arraigo domiciliario. No es cierto que está exonerado, está libre bajo reservas de ley, y mañana mismo se le podría procesar.
No me ando construyendo imágenes
–¿Cómo se ve a sí mismo?, ¿quién es para usted Raúl Alvarez Garín?
–Me veo poco en el espejo. Lo que sí puedo decir categóricamente es que no me ando construyendo imágenes. Eso lo reflexioné en 1994-95, cuando dejé el Comité Ejecutivo Nacional del PRD. Me pregunté por qué andaba en esas cosas políticas. Por megalomanía no, porque eso no me causa mayor interés. Es más bien como una obligación civil frente a los demás, una cuestión moral, de qué hacer.
–¿Así se ve, como un ciudadano comprometido?
–Sí, porque eso ha sido de toda la vida. ¿Por qué te metiste al movimiento del 68?, me preguntan. Pues no me metí, ahí estaba.
Sin embargo, dice divertido que, para atenuar y justificar pleitos, él mismo se construyó la imagen de que es enojón. Me tomaron la palabra y difundieron por todos lados que yo tenía un carácter de perros. Y la verdad es que no.
–¿Qué sentimiento le genera México?
–Mucho orgullo, realmente; el país y los mexicanos, quienes tenemos una manera muy peculiar de enfrentar situaciones: con ironía, diplomacia, formas y tiempos.
–¿Es nacionalista?
–Sí, del nacionalismo que construyó el país, al estilo Lázaro Cárdenas, con la creación de instituciones como el Politécnico, las normales rurales, el sistema de salud pública.
–¿Cómo observa los procesos de cambio en América Latina?, ¿le generan optimismo?
–Sí, claro. Evo Morales es un maestro de la diplomacia compleja, tiene una sobriedad impresionante. En el 68 teníamos mucha relación con los brasileños revolucionarios, en particular la organización de Dilma (Rousseff, actual presidenta): Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares.
Al principio las varias corrientes revolucionarias hicieron críticas muy duras e injustas a Lula y luego a Chávez y a Kirchner, pero ahora hacen una reflexión común muy importante sobre las diferentes vías y el socialismo.
Al final, aún con ánimo tras dos horas de charla, Raúl Alvarez Garín propone una despedida como antes lo hacían él y sus com-pañeros: En la lucha nos veremos. Y enseguida añade: Está buena, ¿verdad?.

miércoles, 11 de junio de 2014

Castigo a Luis Echeverría, un reclamo de 43 años


10 DE JUNIO DE 2014 
DESTACADO

Conmemoran 43 años del Halconazo. Foto: Octavio Gómez
Conmemoran 43 años del Halconazo.
Foto: Octavio Gómez
MÉXICO, D.F. (apro).- La marcha conmemorativa al 10 de junio de 1971 fue nuevamente ocasión para exigir juicio y castigo en contra del expresidente Luis Echeverría Álvarez por la masacre perpetrada bajo su mandato hace ya 43 años, entre otras “atrocidades” que no han podido borrarse.
“Alto a la guerra contra el pueblo. Venceremos”, decía una manta sostenida por miembros del Comité 68, que cada junio encabeza en las calles esta protesta.
“¡Echeverría, asesino, la cárcel tu destino!”, coreaban y, en pancartas, hombres y mujeres de distintas generaciones comparaban al represor con distintos sucesores de éste:
“En México los crímenes de Estado no se castigan: Díaz Ordaz-Tlatelolco, Echeverría-Casco de Santo Tomás, Zedillo-Acteal, Peña Nieto-Atenco”, se leía en letras rojas.
Las consignas quedaron establecidas desde la convocatoria previa: juicio y castigo a Luis Echeverría Álvarez; alto a la criminalización de la protesta social; libertad para presos políticos; presentación con vida de los detenidos-desaparecidos; alto a las reformas estructurales, y defensa de la educación pública y gratuita.
A los integrantes del movimiento estudiantil de esos años se sumaron alumnos de escuelas públicas y algunos de instituciones privadas, sindicalistas, maestros, trabajadores del campo, organizaciones sociales y activistas.
No pudieron percibirse los casi 2 mil policías ni las más de 100 patrullas ni el helicóptero que había anticipado Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal (SSPDF) para custodiar la protesta. Algunos celebraron la discreción uniformada. Otros, dijeron que las cifras anunciadas habían sido un mecanismo para infundir el miedo e inhibir la participación ciudadana.
Hubo sí granaderos apostados a los alrededores y policías vestidos de civiles, cabello a rape e intercomunicadores en mano, mismos que aparecen en cada marcha y en cada una son negados públicamente por las autoridades.
El control de la marcha sólo se vio comprometido por un grupo de presuntos anarquistas que arrojó bombas molotov contra un edificio del PRI capitalino y a unos metros del cruce entre Juárez y el Eje Central Lázaro Cárdenas, después de que apedrearan un banco, donde algunos encapuchados agredieron a cinco periodistas. Por momentos se enfrascaron en una riña.
Minutos más tarde, anarquistas autoproclamados se defendieron al decir que había infiltrados en ambos lados que habían provocado la trifulca.
Aseguraron no ser violentos y se explicaron: “Algunos (policías) vienen infiltrados con la prensa y cuando se acercan con las cámaras nos golpean y nos intentan separar. Se nos amontonan y nos atacan. Nosotros nos defendemos”, dijo un joven que, con solo los ojos al descubierto, no escondía más de 16 años.
Otra joven, con un paliacate ocultando el rostro, dijo que sus “acciones directas” no son otra cosa que “un rasguño al capital”, que no pretenden perjudicar a la ciudadanía. “Nosotros no somos violentos, reaccionamos al gobierno que tenemos”, fueron sus palabras.
No obstante y ya en el Zócalo, los organizadores de la marcha se desmarcaron de ellos: “Queremos deslindar esta marcha de actos violentos, que en nada manchan nuestro propósito aquí”, se escuchó de los altavoces al finalizar el mitin.
“Cuando hay represión nosotros siempre metemos las manos por ellos, pero a nosotros nos excluyen”, dijeron los encapuchados para después retirarse.
Al término del evento, la voz de todos regresó al origen: “¡Cárcel para Echeverría! ¡Fin a la impunidad de los poderosos!”, se repetía.

martes, 7 de mayo de 2013

WikiLeaks y “el martirio” de los medios mexicanos



WikiLeaks ha desatado, sin duda, el más importante de los procesos de transparencia global que hemos vivido en los últimos años. Es difícil encontrar un paralelo sólo en la cantidad y calidad de información revelada sobre el ejercicio y las relaciones de poder entre gobiernos de todo el planeta.
Al tener como origen y fuente diferentes archivos del gobierno de Estados Unidos (diplomacia, aparatos de inteligencia, etcétera), la información que se ha filtrado desde 2007 ha alcanzado a todos los países, y México no ha sido la excepción.
Hace unos días, WikiLeaks lanzó una segunda temporada de revelación de cables diplomáticos, exponiendo en esta ocasión uno de los periodos más complejos de la historia reciente de México: 1973-1976. Los tres últimos años del gobierno de Luis Echeverría Álvarez. Años
de la Guerra Fría en el mundo y de la Guerra Sucia en América Latina. Varias y variadas han sido las lecturas dadas a estos cables.
Aunque fragmentadamente, las comunicaciones diplomáticas reabren temas como la ofensiva del gobierno contra los “subversivos”, por lo tanto, enemigos del Estado (guerrillas urbana y rural); y han recordado los días en que las organizaciones guerrilleras recurrieron al secuestro de diplomáticos extranjeros y de políticos mexicanos.
Otro de los temas que WikiLeaks ha colocado de nuevo en la agenda pública es el de las relaciones entre prensa y poder en México durante esos años.
En una colaboración para El País (14 de abril de 2013), escribí que era muy probable que los cables de WikiLeaks pudieran asombrarnos en los próximos días con informaciones que fueran más allá de lo ya conocido en México.
Una de esas revelaciones es precisamente de la que de las piezas en que la historia nos deja ver entre sus rendijas algo más que destellos. Piezas que develan historias hasta el momento desconocidas sobre el origen de la presencia y las operaciones de la DEA en nuestro país.

* * *

No hay duda de que los cables de WikiLeaks suscitan un grado relevante de interés, sobre todo si partimos de la nada favorable tesis para la investigación periodística de que todo lo generado por los órganos de inteligencia y del gobierno de Estados Unidos es siempre secreto y, por tanto, siempre importante.
Sin ánimo de descalificar la información de WikiLeaks, lo que hasta ahora se ha revelado en esta segunda temporada —en particular de temas específicos como la relación prensa y poder— es poco o nada comparado con lo que desde hace años se puede consultar en los archivos mexicanos, tanto de la Secretaría de Gobernación como de los dos principales aparatos de inteligencia: la Dirección de Investigaciones Políticas y Sociales (DIPS) y la Dirección Federal de Seguridad (DFS).
De los dos cuerpos de inteligencia mexicanos, la DFS sería la encargada del trabajo más fino y, al mismo tiempo, más sucio. Dos de sus directores, Fernando Gutiérrez Barrios y Miguel Nazar Haro, dejaron sembradas cientos de historias de miedo. A su cuenta personal hay que anotar gran parte de los más de 500 desaparecidos de esa época.
De ese trabajo de inteligencia y de espionaje político de la DFS quedaron miles de expedientes. Frente a ellos, los cables de WikiLeaks aportan poco sustancial.
Los ejemplos sobran. Uno de ellos, que ha recibido atención desigual de los medios nacionales, es la relación prensa y poder en el México de esos años.
Dice uno de los cables (1976MEXICO06463_b) que casi al final de su gobierno, el presidente Luis Echeverría se interesó en adquirir la cadena de periódicos de El Sol de México e incluso El Universal, así como canales de televisión para mantener su poder en el siguiente sexenio, el de su sucesor José López Portillo.
Otros más dan cuenta de la “difícil” y ampliamente documentada relación entre el periódicoExcélsior, dirigido entonces por Julio Scherer, y Luis Echeverría. Si bien es cierto que Scherer fue presionado por el poder, también es cierto que pocos, muy pocos periodistas como él pueden presumir (sus libros son la mejor prueba) de haber estado tan cerca del presidente Echeverría y de los hombres del poder político y económico de esa época. No fue el único, por supuesto.
El asunto es que en los cables de WikiLeaks hasta ahora difundidos prevalece la idea de que el gobierno presionaba y controlaba de malas maneras a los medios y a los periodistas de esa época. Si nos asomamos un poco a lo que se lee en los archivos mexicanos, esa tesis no se sostiene del todo.
Lo que mencionan los cables de WikiLeaks es, precisamente, la parte de la historia que a los mismos medios y a muchos periodistas les conviene mostrar: la de víctimas de una tiranía que asfixiaba a la libertad de expresión. Nada más falso que eso. La historia de esa relación no fue solamente de victimarios y víctimas. No en esa lógica.
En La otra guerra secreta. Los archivos prohibidos de la prensa y el poder (Debate, 2007) se documenta a detalle lo que difícilmente aparecerá en los mismos archivos del gobierno estadunidense y por tanto de WikiLeaks: la cercana y conveniente relación entre prensa y poder en esos años. Las reuniones privadas, los acuerdos con el secretario de Gobernación, la connivencia a la que se llegó en busca de un objetivo: seguir siendo también un gran poder. El cuarto poder.
Es cierto, el poder presionaba, apretaba, pero las más de las veces no fue necesario usar los recursos de presión. Lo que se dio fue una legitimidad en doble sentido: los medios legitimaban al poder y éste a los medios.
Ambos, medios y gobierno, confiaban en que su poder no tendría fin y que, además, nadie se atrevería a guardar las huellas de esa relación: pagos, acuerdos, pactos, favores, obsequios, las sutiles y abiertas formas de colaboracionismo de periodistas con el poder, etcétera.
Por ejemplo, en un memorando de julio de 1969 la sociedad de editores había acordado por unanimidad, y así lo informaban al gobierno, un “pacto de honor” para que sus medios no aceptaran publicar escritos que afectaran el “buen nombre de otros socios y que por su índole se refieran a asuntos de orden privado e interno de las empresas… el punto fue abordado con motivo de ciertas publicaciones pagadas que recientemente se han venido haciendo y que afectan a nuestro socio Excélsior, puesto que aluden a cuestiones internas y de índole privada que prevalece entre dicha editorial y otras personas”. El documento es más amplio y descansa entre las miles de cajas de la Galería 2 del Archivo General de la Nación.
Así como éste, miles de folios yacen en los archivos mexicanos y dan cuenta del nivel de silencio que los medios asumieron frente a muchos problemas nacionales. En ellos hay una constatación plena de la autocensura que adoptaban sin queja, del retiro de programas de radio y televisión que incomodaban al poder.

* * *

Desde hace unos años temas como el poder presidencial, el Ejército Mexicano, los empresarios e incluso la Virgen de Guadalupe, dejaron de ser intocables, no así los medios de comunicación. Encargados de registrar y contar la historia, la mayoría de los medios ha eludido realizar una revisión crítica de sí mismos y, por tanto, de sus propias responsabilidades en ese periodo de la historia, que WikiLeaks trae nuevamente a cuento.
Sigue siendo preferible la mitificación y el martirio.
El papel de víctimas del poder absoluto. La nueva temporada de la serie WikiLeaks, en lo que a medios en México se refiere, ha venido a reforzar la fórmula que nunca falla de culpar de todo al poder político y evadir el pasado. Una coartada perfecta para evadir la corresponsabilidad: el poder lo podía todo y lo hacía todo.
WikiLeaks es sin duda el fenómeno más importante en cuanto a procesos de transparencia global, pero en el caso de México los medios nos quedamos deslumbrados con esa información, sin dar importancia a lo que, a diferencia de otros países, sí existe en México: nuestros propios archivos de esa época, abiertos al público desde 2002.
Ahí continuarán, en el Archivo General de la Nación, miles de historias por contarse, aunque para muchos medios seguirá siendo más fácil esperar la próxima temporada de WikiLeaks.
La memoria es incómoda.

Green Go