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domingo, 14 de febrero de 2016

Beneficio de unos daña a las mayorías, coinciden AMLO y el papa Francisco

A mexicanos y dirigentes corresponde cambiar la realidad
Juan Ricardo Montoya
Corresponsal
Periódico La Jornada
Domingo 14 de febrero de 2016, p. 16
Tetepango, Hgo.
Andrés Manuel López Obrador, dirigente del partido Morena, respaldó el mensaje del papa Francisco en torno a que la búsqueda del beneficio de unos pocos en detrimento de las mayorías se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión, la violencia, el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, lo cual, según el pontífice, estácausando sufrimiento y frenando el desarrollo.
En su quinto día de gira por esta entidad, el político tabasqueño sostuvo: “Es certero el diagnóstico, lo comparto. Desde luego, él no puede hacer más, porque es un dirigente espiritual, pero nosotros sí debemos seguir luchando para transformar esa realidad de opresión, de injusticias, de privilegios.
Estoy seguro de que han de haber volteado a ver para otro lado; estoy seguro de que (Enrique) Peña Nieto volteó a ver hacia arriba, para un lado, e hizo como que no era para él, como que le hablaba la Virgen. Pero el Papa los tenía a todos, dijo en entrevista para La Jornada.
Durante una conferencia magistral sobre la situación política de México, ante cerca de 500 seguidores de Morena en el municipio de Tetepango, López Obrador comentó: “Ese es el diagnóstico, por eso es la tragedia nacional de que se beneficia a una minoría, a un pequeño grupo. No hay gobierno para el pueblo; el gobierno está secuestrado por una mafia del poder y eso es lo que ha llevado a esta debacle, a esta degradación, a esta decadencia.
Por eso es nuestra lucha. Claro que coincidimos con el Papa, con su diagnóstico. Pero a nosotros nos toca cambiar esa realidad, primero como mexicanos y segundo como dirigentes sociales.
En otro tema, López Obrador denunció que el sector agrícola de México se encuentra abandonado porque en lugar de dar subsidios para alentar la producción del campo, como hace el gobierno de Estados Unidos, México compra 40 por ciento del maíz, 20 por ciento del frijol y 85 por ciento del arroz, por poner sólo algunos ejemplos, agregó.
Según López Obrador, esto representa un negocio para los funcionarios corruptos, quienes a cambio de mordidas o entres de empresas productoras del extranjero, aprueban la compra de granos e incluso de gasolina.
En Atitalaquia, López Obrador señaló el letrero de un local que anuncia la compra de maíz a 3 mil 100 pesos la tonelada: Vean, ese es un ejemplo de lo que les digo: hace 12 años pagaban 4 mil 500 la tonelada de maíz. En Zacatecas pagan a 6 mil pesos la tonelada de frijol. Cada vez se paga menos. Por ello, dijo, la propuesta de Morena es dar precios de garantía a los productores para alentar el empleo y el desarrollo regional.

La Iglesia no necesita de príncipes

Bernardo Barranco V.
F
rancisco ya está en México. Después de su escala en La Habana, llega a nuestro país haciendo válida su promesa expresada en el avión: voy hablar claro. Llegó al aeropuerto Benito Juárez, después de ejecutar una delicada misión, haberse acercado a la Iglesia ortodoxa rusa.
Para Francisco, el encuentro con Kiril, patriarca de Moscú, ha sido un rotundo éxito. Las perspectivas de unidad del cristianismo se abren con expectativas gigantescas. La Iglesia ortodoxa rusa será una poderosa vía para que un Papa visite Rusia; ahí Francisco también tenderá puentes entre el gobierno de Putin y el estadunidense, relaciones que se han erosionado en años recientes.
El patriarca ortodoxo ruso trae una agenda propia. Así lo afirmó en su mensaje, que las iglesias cristianas cierren filas ante el asecho del fundamentalismo islámico en Medio Oriente y África del norte.
Francisco se enfrenta en el país a diversas realidades y expectativas. Ante la clase política mexicana, en Palacio Nacional, Bergoglio fue claro y contundente al preguntar ¿qué México queremos y qué México le vamos heredar a los jóvenes? Reprocha a la élite mexicana que el bien común “no goza de buen mercado… El beneficio de unos pocos en detrimento de las mayorías se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión, la violencia, el tráfico de personas, secuestro y muerte”. El reclamo parece que no hizo mella, pues se le aplaudía con entusiasmo y todos querían estrecharle la mano y tomarse una foto con el ilustre visitante.
El siguiente mensaje de Francisco a la Conferencia del Episcopado Mexicano es una pieza que merece ser analizada con detenimiento y profundidad. Es un discurso largo, de más de 4 mil 500 palabras, denso en referencias doctrinales, teológicas y pastorales. Sin embargo, tiene duras pinceladas y reconvenciones a los obispos mexicanos. Reconoce que el Episcopado está dividido y les pide que se peleen como hombres, entiendo con lealtad y no como machos. Advierte: “sean por lo tanto obispos de mirada limpia, de alma transparente, de rostro luminoso. No le tengan miedo a la transparencia. La Iglesia no necesita de la oscuridad para trabajar. Vigilen para que sus miradas no se cubran de las penumbras de la niebla de la mundanidad; no se dejen corromper por el materialismo trivial ni por ilusiones seductoras de los acuerdos debajo de la mesa; no pongan su confianza en los ‘carros y caballos’ de los faraones actuales, porque nuestra fuerza es la columna de fuego”.
Dentro de la imponente Catedral Metropolitana de la arquidiócesis primada de la Ciudad de México, Francisco invita a los obispos a una conversión pastoral y al Episcopado a ser un factor profético frente a temas como narcotráfico, migrantes, exclusión y sobre todo ser referente de esperanza para los jóvenes. El Papa les pide a los obispos no refugiarse en condenas genéricas, tener coraje profético y un serio y cualificado proyecto pastoral para contribuir, gradualmente, a entretejer aquella delicada red humana, sin la cual todos seríamos desde el inicio derrotados por tal insidiosa amenaza. Sólo comenzando por las familias; acercándonos y abrazando la periferia humana y existencial de los territorios desolados de nuestras ciudades; involucrando a las comunidades parroquiales, las escuelas, las instituciones comunitarias, las comunidades políticas, las estructuras de seguridad; sólo así se podrá liberar totalmente de las aguas en las cuales lamentablemente se ahogan tantas vidas, sea la vida de quien muere como víctima, sea la de quien delante de Dios tendrá siempre las manos manchadas de sangre, aunque tenga los bolsillos llenos de dinero sórdido y la conciencia anestesiada.
Francisco recupera el repertorio de su teología pastoral, tratando de cimbrar la modorra y confort de los obispos mexicanos al sentenciarles: ¡ay de ustedes si se duermen en los laureles! Por tanto, les suplica que es necesario superar la tentación de la distancia, catálogo dijo, presente en esta Conferencia episcopal: la distancia del clericalismo, de la frialdad y de la indiferencia, del comportamiento triunfal y de la autorreferencialidad. Más de un alto prelado debió sentirse incómodo con el discurso espeso e intenso de un Papa que efectivamente quiere sacudir una jerarquía conservadora y demasiado complaciente con los poderes y los poderosos. El jerarca de manera irónica recurre a una de sus metáforas favoritas: la Iglesia no necesita de príncipes. Recomienda una comunidad humilde de testigos del señor. Una Iglesia con mayor comunión, con un proyecto pastoral compartido, pastores en comunión y unidad.
México, y su vasta y multiforme Iglesia, tienen necesidad de obispos servidores y custodios de la unidad edificada sobre la palabra del Señor, alimentada con su cuerpo y guiada por su espíritu, que es el aliento vital de la Iglesia.
Francisco es penetrante y suave sobre la actitud estancada de los prelados mexicanos. Intenso y sobre las condiciones de una pastoral profética de cercanía al sufrimiento del pueblo y de denuncia ante las injusticias y factores negativos de la sociedad, como lo definiera Parolín en una entrevista en Roma. Francisco es incisivo y crítico ante los defectos y deficiencias clericales, les advierte que no sean exiliados de sí mismos. Finalmente Francisco recomienda dos tareas no menores; primero, fortalecer una intelectualidad propia y profunda, por eso llama vigorizar la Universidad Pontificia como alta aspiración de búsqueda de la verdad. Y segundo, cuidar la formación y la preparación de los laicos, superando toda forma de clericalismo e involucrándolos activamente en la misión de la Iglesia, sobre todo en el hacer presente, con el testimonio de la propia vida, el evangelio de Cristo en el mundo.
Francisco ha dibujado a los obispos mexicanos todo un programa de renovación y diría hasta depuración. Me pregunto sobre la recepción de los prelados, ¿tendrán la humildad para reconocer los cuestionamientos que abordó Francisco? O actuará como a la clase política que en minutos se les resbalaron las críticas del pontífice, y sólo les ocupaba tomarse una foto con él. Los obispos mexicanos después de esta sacudida ¿podrán llevar a cabo estas grandes pautas renovadoras que el argentino les ha mandatado?


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