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domingo, 28 de septiembre de 2014

Presentan “La Raíz Nazi del PAN”


cultura1
Con una advertencia a no creer en la fachada democrática del Partido Acción Nacional, el caricaturista y ahora escritor, Rafael Barajas, “El Fisgón”, presentó durante la Feria Universitaria del Libro, FUL 2014, su libro recién salido de editorial Chamuco, “La Raíz Nazi del PAN”.
El autor hizo un recuento histórico de las filias y acercamientos del partido blanco-azul con el pensamiento ultra conservador promovido en Europa antes de la segunda Guerra Mundial. Retomando propaganda y publicaciones editoriales de la época, el caricaturista destaca las coincidencias, tanto a nivel simbólico como ideológico, que perduran en los estatutos de ese partido con la corriente ideológica fascista promovida en un principio por Charles Maurras, a la que se sumaron Benito Mussolini, Adolfo Hitler y Francisco Franco.
“Es muy difícil documentar los vínculos de cualquier grupo político con el movimiento nazi, porque después de la derrota fascista todo el mundo quemó sus vínculos con los nazis. Enterraron las pruebas, las quemaron, todo desapareció. Si había fotografías, las escondieron, entonces es muy difícil que aparezcan documentos que te hablen de estos vínculos y este documento es incontrovertible”, enfatizó Barajas de su obra.
Lo único que separa al investigador de un trabajo serio es una buena fuente, afirmó “El Fisgón”, rememorando que la inspiración del libro surge del hallazgo de una colección casi completa de la “Revista La Reacción”, promovida en México por grupos conservadores y donde colaboraban todos los ideólogos fascistas y nazis.
“El impacto de Hitler en la derecha mexicana tiene vínculos muy fuertes. Tiene vínculos con la historia política de México y la reacción de varios grupos contra los movimientos liberales”, explicó Barajas durante la FUL que se realizó del 22 al 31 de agosto pasados.
Cuestionado acerca de la posibilidad de que los vínculos entre Acción Nacional y las organizaciones Pro-Nazis se tradujeran en algún momento en apoyos económicos o materiales, Rafael Barajas explicó que no existen evidencias en este sentido, sin embargo, señaló la sobrevivencia de la “Revista La Reacción”, desde la óptica del escritor una revista pro-nazi, carente de anuncios, falta de lectores y “muy probablemente financiada por la embajada alemana. No te lo puedo asegurar pero la primera hipótesis a considerar es esa, tiene que ser esa”, explicó.
Durante la conferencia dictada en el Polideportivo Carlos Martínez Balmori, el arquitecto y monero rememoró el contexto político mexicano previo a la segunda Guerra Mundial, la aparición de los dos momentos del movimiento cristero, como un enfrentamiento promovido por el clero en contra de los grupos jacobinos y un intento del sector conservador de restaurar la lógica reaccionaria.
Antes del registro del PAN como partido en 1937, apunta Barajas, éste tuvo sus orígenes en el movimiento sinarquista, el grupo de católicos vasconcelistas, las agrupaciones de estudiantes católicos y la juventud católica mexicana, “el pensamiento fascista, nazi, franquista, veía en el sinarquismo una punta de lanza para preservar la ideología conservadora y más intolerante”, explica y apunta que incluso los seguidores fascistas en algún momento registraron como partido una extensión de la Falange Española.
El autor sostuvo también que los momentos de mayor éxito para el PAN coincidieron con las mejores etapas del movimiento Nazi. “Cuando se funda el PAN, Hitler estaba en la cumbre. En 1939 Acción Nacional decide apoyar a Almazán, quien protagonizó varios movimientos pro-nazis”, señala Barajas, quien recordó también un discurso de Manuel Gómez Morín, luego de la derrota alemana durante la segunda Guerra Mundial, y donde el fundador del partido aseguró que México se había equivocado de bando al apoyar a los aliados.
El segundo momento de éxito panista lo liga Rafael Barajas con la llegada del modelo neoliberal, donde Acción Nacional es identificado por las élites conservadoras mundiales como el partido ideal para implantar en México el nuevo modelo de mercado, “entonces gana el PAN, en el año 2000, y se construye la visión de este partido demócrata y de vanguardia. Fachada que se puede caer al revisar sus orígenes y constatar su participación en todos los fraudes electorales de los últimos años”.
Finalmente, consideró que el resurgimiento de grupos Neo-nazis en Europa y América Latina tiene su origen en la crisis económica mundial, sin embargo, consideró que las sociedades están más informadas y cuentan con mayores herramientas para no dejarse engañar porque el fascismo y la democracia son totalmente opuestas.

jueves, 4 de julio de 2013

La reacción nacional en Acción Nacional


Rafael Barajas, El Fisgón, responde al artículo de Bernardo Bátiz sobre las raíces nazis del PAN.
Rafael Barajas, El Fisgón
Publicado: 04/07/2013 16:06
En su artículo Romper una lanza II, Bernardo Bátiz afirma que –según su percepción, su experiencia y su trato con muchos panistas– la raíz nazi del PANno fue ni la más importante ni la más representativa de ese instituto político. Recuerda la veta social-cristiana, inspirada en el filósofo francés Jacques Maritain, el personalismo comunitario de Emmanuel Mounier y las encíclicas sociales de la Iglesia católica como la Rerum Novarum o la Populorum Progressio. Bátiz afirma que estas doctrinas humanistas inspiraron una serie de propuestas de avanzada en materia de justicia social y que fueron enarboladas en su momento por Acción Nacional.
Bátiz tiene razón cuando afirma que la verdad es una, pero no todos vemos lo mismo de cada hecho o cada cadena de hechos e interpretamos con el tamiz de nuestra formación, nuestra información y nuestras preferencias y pasiones. Él habla con autoridad de las raíces social-cristianas del PAN porque las estudió, se formó en ellas, y ha sido consecuente con ese pensamiento. Por eso mismo, cuando aborda el tema, parece hablarnos más de su historia personal que de la historia del partido fundado por Gómez Morín. Como en todos los grupos políticos grandes, en ese partido convivieron y debatieron corrientes y grupos con ideas distintas y algunos simpatizaban más con el monarquista Charles Maurras que con el humanista Maritaine.

martes, 25 de junio de 2013

Intelectuales públicos y telectuales / Rafael Barajas, el Fisgón


Desde siempre, en México, la gente del poder ha buscado a intelectuales para que le articulen sus discursos y por ello los adula, aunque los ve con cierto desprecio.
Rafael Barajas, el Fisgón
Publicado: 23/06/2013 11:10

C
uentan que, en tiempos de Luis Echeverría, un viejo gobernador priísta contrató a un joven intelectual marxista para que le hiciera los discursos. El escritor, en un acto de provocación, redactó un discurso radical que hablaba de “lucha de clases” y “explotación”, y concluía con un llamado a las masas a luchar contra el régimen. El político revisó el discurso antes de leerlo en público y le hizo al provocador una sola petición: “Ponle más de eso que no se entiende.”
Desde siempre, en México, la gente del poder ha buscado a intelectuales para que le articulen sus discursos y por ello los adula, aunque los ve con cierto desprecio.
El intelectual público
Sin duda, los intelectuales han tenido un papel muy importante en la vida de México, en especial cuando asumen la figura del intelectual público. Un intelectual público es el que desempeña un papel activo ante los problemas de la sociedad; es un ser reflexivo que descifra fenómenos complejos y puede opinar sobre ellos; es a la vez un pensador independiente, alejado del poder, un divulgador y un activista en asuntos de interés general. Tiene mucho en común con el comunicador y con frecuencia su papel se confunde con el del periodista.
Desde los tiempos de fray Servando Teresa de Mier, México ha contado con valiosos intelectuales de ese tipo. Muchos próceres de la Reforma cumplieron ese papel y, en las últimas décadas, en este rubro han destacado personalidades notables como Elena Poniatowska, con su denuncia de la represión al movimiento estudiantil y de la guerra sucia; Carlos Montemayor, con su alegato a favor de los indígenas; Carlos Monsiváis, en defensa de múltiples causas que van del respeto a la diversidad sexual a la defensa del voto; Fernando del Paso, con su plegaria contra la intolerancia del clero, y el poeta Javier Sicilia, que llama a detener la ola de violencia desatada por la “estrategia de seguridad” del gobierno.
El Telectual
Desde hace años, en México, los dueños de los consorcios masivos de comunicación han entendido la importancia del intelectual que actúa y tiene voz pública. Así, hemos visto cómo muchos de los grandes consorcios mediáticos han buscado crear sus propias figuras y para ello impulsan la carrera de gente que tuvo, en un momento dado, cierto prestigio académico o intelectual. Lo único que piden estos consorcios es que estos intelectuales entiendan y le den forma al discurso del poder económico y político. Estos personajes, al igual que los intelectuales públicos, asumen una postura activa ante los problemas de la sociedad, son activistas en asuntos de interés público, su papel se confunde con el del periodista y son figuras públicas por su alta exposición mediática. Sin embargo, no hay que confundirse. Estos informadores no son intelectuales públicos, sino intelectuales orgánicos del poder con exposición mediática, voceros de intereses poderosos, locutores de consorcios. Los empresarios los llaman “comunicadores”, pero como trabajan más para la televisión que para el intelecto, la gente ha dado por llamarles los telectuales. En la era neoliberal, estos señores han hecho de su habilidad para construir discursos un negocio muy sólido, y elaboran discursos a la medida del poder en turno.
Algunas perlas de la telectualidad nacional
A diferencia de los intelectuales públicos, los telectuales no son figuras éticas en la medida en la que defienden intereses y manejan, casi siempre, una agenda oculta; no son entes independientes (sin la tele o la radio se desvanecen); no cultivan ideas más que en la medida en la que le sirven al sistema; no buscan hacer avanzar la libertad y el conocimiento humanos, y cuando dicen “hablar por la sociedad”, en realidad expresan la opinión de los poderes fácticos.
Suelen ser gente brillante y por eso se sienten con la autoridad de defender las tesis más insostenibles. Por ejemplo, en su ensayo Un futuro para México, Héctor Aguilar Camín y Jorge Castañeda diagnostican que hoy México padece de “soberanismo defensivo”; poco después, los cables diplomáticos de la embajada de Estados Unidos filtrados por Wikileaks documentaron que la actual clase gobernante mexicana tiene la compulsión por ceder voluntariamente la soberanía.
Enrique Krauze no se queda atrás y publica, después de las elecciones de 2010, un texto en El País de España, en el que afirma que México está al fin entrando en la normalidad democrática: “elecciones presidenciales y legislativas limpias; un Instituto Federal Electoral confiable […] una Suprema Corte de Justicia independiente, cuyos fallos han sido respetados de manera universal […] libertad de expresión sin cortapisas en medios impresos y electrónicos”, y concluye: “Ahora la democracia mexicana podrá seguirse consolidando.” No hay peor analista que el que no se quiere enterar. Si no fuera por los asesinatos de varios candidatos, por la intromisión del narco que llevó a la prensa a hablar de narcoelecciones (¿Y tú, por qué cártel vas a votar?”), por las amenazas de atentados en las casillas de votación, por las incontables denuncias de fraude, por el financiamiento ilegal y abierto de empresarios a ciertos candidatos, por los dictámenes del Tribunal Electoral que dieron por buenos votos de casillas que no fueron instaladas, por la intromisión del Ejecutivo en las elecciones internas de un partido ajeno al suyo, por el monopolio informativo que ejercen Televisa y TVAzteca y por muchas, pero muchas otras lindezas semejantes, Krauze podría tener razón.
Hace unos días, en el periódico Reforma, Krauze escribió contra “la intolerancia política […] presente en los correos electrónicos, los blogs, las redes sociales […] en la política editorial de algunas publicaciones” y articulistas, y ahí alerta que esta intolerancia “se ha convertido en odio”. En su texto, Krauze afirma: “El odio proviene directamente de la impugnación (injustificada, en mi opinión) que se hizo al resultado de aquellas elecciones [y de los que rechazan] a la actual política de seguridad” en su “esencia” y que, al hacer esto, diluyen o relativizan la culpa de los criminales. Así, para Krauze, lo preocupante de la violencia en el país no es la ola de terror y sangre que asuela a ciudades como Juárez o Culiacán, sino la intolerancia política de ciertos articulistas (¿para qué hablar de 35 mil muertos, si podemos ir a esencias como el odio? ¿Quién rechaza la “esencia” –no los métodos y la estrategia– de la actual política de seguridad? ¿Quién diluye o relativiza la culpa de los criminales? ¿Qué tan infiltrados están los criminales en el poder?)
Si no hubiera tantas pruebas del fraude de 2006 (que van desde llamadas telefónicas de la Gordillo a gobernadores para negociar el voto, hasta actas adulteradas); si no estuviera tan documentada la alianza que urdieron el PRI y elPAN a espaldas de los electores; si Fox no hubiera declarado que “cargó los dados” –desde la Presidencia– contra López Obrador, tal vez se podría opinar –como Krauze– que la impugnación de esas elecciones es injustificada. Pero lo que es incuestionable es que el entonces ocupante de Los Pinos se negó a hacer un recuento de votos a pesar de que nunca pudo demostrar que ganó limpiamente esas elecciones.
Cuando Krauze plantea que el odio proviene “del rechazo a la actual política de seguridad”, está acusando de irracionales y violentos a los que cuestionan la estrategia del gobierno. Si la violencia del gobierno no hubiera desatado la de la delincuencia; si no hubiera miles de denuncias contra el Ejército por violaciones a los derechos humanos; si la ONU no hubiera pedido sacar al Ejército de las calles; si no hubieran sido asesinados tantos defensores de derechos humanos; si no hubiéramos tenido tantos “daños colaterales” que lamentar; si los ciudadanos que denuncian a los delincuentes no fueran entregados a ellos por quienes juraron preservar su anonimato; si el plan de seguridad combatiera el lavado de dinero; si las policías, el gobierno y la clase política no estuvieran infiltradas por el crimen organizado; si tantos analistas no hubieran advertido desde un principio de los riesgos de militarizar al país; si esa militarización no fuera anticonstitucional; si no hubiera decenas de denuncias (entre ellas las del relator de la ONU) de que se combate a todos los cárteles menos a uno; si el propio Calderón no hubiera reconocido que equivocó la estrategia pero no la cambió; si esa política no tuviera relación alguna con las decenas de miles de muertos, los miles de “levantones” y otros tantos miles de desaparecidos, entonces la acusación de Krauze podría tener algún sustento.
Pero eso no parece importarle a Krauze, pues su discurso es el del poder y el poderoso no tiene por qué argumentar. Las críticas contra la intolerancia política de la izquierda radical son viejas, han sido también bandera de un sector de la izquierda y, en gran medida, las compartimos. Sin embargo, usar hoy ese discurso contra los críticos del plan de seguridad se traduce en una acusación maniquea e infundada: “Quien no está con la política de seguridad de Calderón, está con el crimen organizado.” Ese sí que es un discurso de intolerancia política, una declaración de odio que nadie merece y lleva implícitas una amenaza y un chantaje inaceptables. Son dignas de un intelectual orgánico que opera para el poder.

domingo, 9 de junio de 2013

La raíz nazi del PAN


Rafael Barajas, el Fisgón
Durante los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón, los hombres que fundaron el Partido Acción Nacional (PAN) en 1939 –Manuel Gómez Morín, Efraín González Luna, Gustavo Molina Font, Manuel Herrera y Lasso, Aquiles Elorduy, Pedro Zuloaga Irigoiti y Luis Calderón Vega, entre otros– fueron retratados como hombres de sacrificado heroísmo que tenían fe en el futuro democrático de México. Para la derecha mexicana, Gómez Morín, el ideólogo y primer dirigente panista, es una figura ética y sus biógrafos lo recuerdan como un sabio, un humanista, un defensor de libertades, el heredero espiritual de José Vasconcelos, un creador de instituciones que luchó incansablemente por los valores de la democracia, el Estado de Derecho y la justicia social.1
Esta imagen idealizada oculta que los fundadores del PAN tenían fuertes vínculos políticos e ideológicos con movimientos de ultraderecha nacionales y extranjeros. No podemos olvidar que en la década de los años treinta del siglo pasado, en especial durante el cardenismo, la derecha radical mexicana creció de manera significativa y fue muy beligerante. La Unión Nacional Sinarquista (UNS) llegó a tener más de 500 mil afiliados y la Falange cerca de 50 mil.2 En este período se conformó un grupo pronazi, armado, pequeño, violento, anticomunista, antisemita y antichino llamado los Camisas Doradas, el cual era dirigido por un tal Nicolás Rodríguez. Diversos grupos reaccionarios apoyaron la rebelión de Saturnino Cedillo de 1938 y la candidatura de Juan Andrew Almazán en las elecciones presidenciales de 1940. Finalmente, durante la segunda guerra mundial, en nuestro país circularon varios periódicos afines al Eje Berlín-Roma-Tokio, entre ellos, TimónRevista Continental (dirigida por José Vasconcelos, mentor de Gómez Morín), Omega y El Hombre Libre.
La cercanía de los primeros hombres del PAN con ideas y personajes de la derecha radical era notoria. De hecho, los servicios de inteligencia estadunidenses de la época sostenían que había una relación muy estrecha entre la UNS, el PAN, el clero conservador, la Falange Española y los nazis.3 Sin embargo, esta versión ha sido desdeñada por la derecha con el argumento de que se trata de una interpretación errada, hecha por un funcionario extranjero. En México, como en todo el mundo, es muy difícil probar las ligas de cualquier individuo, grupo o institución con el movimiento internacional que encabezaban Adolfo Hitler y Benito Mussolini. Los involucrados niegan sistemática y vehementemente cualquier liga con el fascismo, y los documentos y testimonios directos de este período escasean (muchos fueron destruidos) o resultan tan delirantes que terminan siendo cuestionables. Incluso las publicaciones profascistas, que circularon profusamente entre 1938 y 1945, hoy son difíciles de encontrar ya que muchas fueron destruidas al término de la guerra. Faltan muchas piezas de este rompecabezas histórico, pero cuando alguna aparece, aporta información muy valiosa.
Hace unas semanas pude consultar una colección casi completa del semanario de opinión titulado La Reacción (?), un tabloide de doce páginas que circuló entre 1938 y 1942.4 Esta revista fue pronazi. Los artículos, las columnas y las caricaturas daban por hecho “la naturalísima admiración” que provocan los “fulminantes triunfos alemanes” en “toda persona no cegada por la pasión o influenciada por otros motivos menos confesables”.5 Elogiaban el valor y el liderazgo militar del Führer: “Hitler habla poco, y cuando lo hace es porque las circunstancias lo obligan a ello. En todo caso, obra militarmente más de lo que habla. Está en el frente de la lucha y como director de ella…”.6 El semanario era anticomunista y veía en los avances nazis la promesa de un futuro mejor para el hombre: “Alemania, con sorpresa general, le declaró la guerra a Rusia y procedió a invadirla. Seguramente con ello ha señalado nuevos derroteros de progreso a los destinos humanos.”7 Para justificar las agresiones militares alemanas, los colaboradores de esta revista hacían suyas las versiones más delirantes de Goebbels: “esta faz de la lucha iniciada en 39, es un acto de defensa del Tercer Reich contra la democracia y el comunismo, feudos de la judería internacional”.8
Los colaboradores eran racistas; uno de ellos aprobó la incursión alemana en los Balcanes con el argumento de que “¡La Grecia actual no es siquiera helénica de raza, sino una mezcla de eslavonio, albanés, dálmata, turco, veneciano…!”.9 Por supuesto, la revista justificaba la persecución de los judíos: “Los judíos, con su espíritu de mafia racial se apoderaron, fácilmente de todos los puestos de dirección [de Alemania]… Es natural, pues, que el nacional-socialismo les declarase la guerra más enconada.”10 Por supuesto, el semanario protestó cuando México le dio asilo a 30 mil israelitas que huían del exterminio.11
A nivel nacional, La Reacción (?) era anticardenista, anticomunista, antilombardista y veía en los Camisas Doradas la salvación de la patria.12 Denunciaba las “falsedades” de la prensa “anglófila” monopolizada por las potencias “saxojudías” y se mofaba de quienes denunciaban la existencia de una Quinta columna fascista o una conjura nazi en México (conjura documentada recientemente por Juan Alberto Cedillo en su reportaje Los nazis en México). En 1941, el semanario le exigió una y otra vez al gobierno de Ávila Camacho que se mantuviera neutral en el conflicto mundial; que no siguiera los pasos de Washington, que le había declarado la guerra a Alemania.
Explotando los sentimientos antiyanquis del pueblo mexicano, La Reacción (?) hizo una campaña constante contra el presidente de Estados Unidos, Franklin Delano Roosvelt, a quien acusaba de entrar en guerra contra Alemania “obedeciendo al impulso de la sangre judía que corre por sus venas y a las influencias de sus consejeros (semitas)”.13 De hecho, La Reacción (?) es responsable de la publicación de los tres volúmenes del libro Los judíos sobre América, del Dr. Atl, la obra cumbre del antisemitismo mexicano.
Por todo lo anterior, se puede afirmar que La Reacción (?) fue una herramienta de propaganda del Eje en México. Ahora bien, en todo el mundo, el nazismo tuvo aliados estratégicos que esperaban el triunfo del Tercer Reich para tomar el poder en sus respectivos países. La llamada Quinta columna estaba organizada a varios niveles; entre otras cosas, solía mantener frentes de propaganda que solían estar ligados a partidos o grupos políticos concretos. México no fue la excepción a esta estrategia y en las páginas de La Reacción (?) se puede rastrear fácilmente qué agrupación política estaba detrás de este proyecto propagandístico.
Para empezar, entre 1941 y 1942 (los años consultados), ese semanario nazi fue dirigido por el licenciado Aquiles Elorduy, fundador y líder importante del PAN (fue uno de los primeros diputados federales de ese partido; después, en 1947, fue expulsado por declarar contra el clero), pero Elorduy no actuaba de motu proprio. En siete de los sesenta números estudiados, la revista ostentaba, en la contraportada, con grandes letras –a veces a página entera– un listado de colaboradores que conformaban una suerte de comité de redacción, de aval editorial. Esta lista permaneció prácticamente inalterada durante el tiempo que circuló el semanario y los enlistados jamás se deslindaron de la línea de la revista. Entre los personajes que “daban la cara” por el semanario estaban los más connotados escritores fascistas mexicanos: Nemesio García Naranjo (ministro de Educación de Victoriano Huerta y abogado de compañías petroleras estadunidenses), el Dr. Atl (seudónimo del pintor Gerardo Murillo, prolífico autor de textos antisemitas y pronazis), Rubén Salazar Mallén (comunista converso al fascismo) y Alfonso Junco (representante de la derecha regiomontana). Entremezclados con ellos estaban los nombres del padre fundador del PAN, Manuel Gómez Morín y de otros tres destacados fundadores de ese partido: Gustavo Molina Font, Manuel Herrera Lasso y Pedro Zuloaga. De hecho, Elorduy y Zuloaga colaboraban regularmente en el semanario. Elorduy estaba consciente del autoritarismo hitleriano, pero justificaba así su posición:
…el triunfo de Alemania ha de significar la propagación de hábitos tan benéficos y de normas tan útiles, ¡cómo no suspirar por el triunfo de una causa que pueda influir en México para convertir a su pueblo apático, vicioso, holgazán, ignorante y degradado en pueblo trabajador, técnico, económico, culto, y digno? (...)  considero necesario el mal del nazismo alemán para llegar a ser nación y después ser nación libre…14
Pedro Zuloaga era tan “germanófilo” y pronazi que sus artículos bien podrían haber sido escritos por el ministerio de propaganda alemán.
Pero esto no es todo. La revista le daba espacio a organizaciones filopanistas, como la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF)15 y sirvió como tribuna y portavoz delPAN de manera abierta. El número del 29 de septiembre de 1941 de La Reacción (?) reproduce, íntegro y en exclusiva, el informe de Gómez Morín en el segundo aniversario de la fundación del PAN. Este discurso estaba escrito en un lenguaje elíptico y elusivo, pero encajaba con la línea de la revista: criticaba el agrarismo, la educación socialista, los “malos líderes obreros” y campesinos; arremetía contra “el crudo y primario materialismo, el marxismo político de última hora” del cardenismo. Para rematar, exigía la neutralidad de México en la segunda guerra mundial y, en un momento en que el triunfo nazi parecía inevitable, concluía con un llamado a reconstruir el mundo a partir de los valores tradicionales:
La paz que todos ansiamos y que deseamos justa, humana y generosa, habrá de celebrarse para dar comienzo a la inmensa tarea de reconstrucción (…) Pero en este torbellino de ahora o en el mundo en ruinas que lo sucederá, sólo pueden salvarnos la fé en los valores eternos y la esperanza de que los hombres y los pueblos podrán siempre entenderse con lealtad generosa, al amparo de esos claros valores del espíritu.
Por todo lo anterior, se puede afirmar que La Reacción (?), fundada en 1938, y elPAN, fundado en 1939, fueron dos órganos de un mismo cuerpo político, y que en el momento en que Alemania va ganando la guerra, el semanario nazi fue portavoz de Acción Nacional. De modo que, más que sabios humanistas que tenían fe en el futuro democrático de México, una buena parte de los políticos y escritores que fundaron elPAN en 1939 –el año en que dio inicio la segunda guerra mundial– eran simpatizantes del nazismo.16 Cabe suponer que el nombre de Acción Nacional pareciera estar inspirado en el de dos importantes partidos fascistas: Action Française (partido de restauración monárquica, fundado por Charles Maurras en 1898) y el Partido Nacional Socialista de Hitler.
Hasta donde sabemos, la vocación democrática es incompatible con el fascismo. Si los panistas invocaban la libertad de expresión y la democracia no era para implantarlos, sino como parte de una estrategia para imponer un orden fundado en la religión y los valores “superiores” de la tradición. Esta cultura política que apela a los valores de la democracia como mera estrategia formal para tomar el poder e instaurar un nuevo orden estaba muy expandida en la década de los años treinta, tanto en la derecha como en la izquierda (sólo que los comunistas buscaban imponer el comunismo y la derecha un orden tradicionalista).
Con razón, la derecha le ha reclamado a la izquierda mexicana su pasado estalinista, autoritario y sectario, pero si bien es cierto que en México estuvieron muy activos grupos estalinistas impresentables, también lo es que los trotskistas y los anarquistas denunciaron los horrores de la dictadura de Stalin, que en 1968 el Partido Comunista Mexicano criticó la represión soviética en Checoslovaquia, que los estalinistas se hicieron una fuerte autocrítica antes de la caída del muro de Berlín y que la gran mayoría de la izquierda mexicana hoy defiende la vía democrática y los derechos democráticos.
A lo largo de su historia, Acción Nacional atrajo a ciudadanos que creían en los valores de la democracia (entre ellos, los miembros del Foro Doctrinario), pero la estrategia de usar la democracia como mera fachada siguió viva en el PAN mucho después de la derrota mundial del fascismo. En 1955, en una carta a un correligionario, Gómez Morín escribe:
En México, la autoridad debe instaurarse por el sufragio. Por el sufragio universal. Esa es nuestra realidad formal. Más tarde veremos o verán nuestros hijos si se da un voto calificado al jefe de familia, si deben tener representación como tales, los claustros universitarios, los intereses económicos, las comunidades profesionales, las jerarquías eclesiásticas…17
Esta utilización pragmática de la democracia sigue viva en la derecha mexicana y explica el caso de Los Amigos de Fox en el 2000, los fraudes electorales de 2006 y 2012, y las redes clientelares que el PAN le pelea al PRI en 2013.
Origen es destino. No podemos olvidar que, entre los fundadores del PAN, al lado de Elorduy y Zuloaga estaba Luis Calderón Vega, el padre de Felipe Calderón. En el PANprofascista de 1939-1942 –el de La Reacción (?)– parecen estar las raíces de la cultura política que imperó en el sexenio calderonista: la promesa democrática como medio para imponer una visión autoritaria, tradicionalista y clerical, el discurso humanista que encubre la disposición a sacrificar a miles de personas por un fin superior (ya sea acabar con el comunismo, el populismo o las drogas), el recurso de convertir el odio a un enemigo en una causa sagrada (llámese Stalin, Cárdenas, Lombardo Toledano o López Obrador), la idea de que hay grupos humanos inferiores que no tienen derecho alguno (ya sean judíos, chinos, nacos o delincuentes)  y la disposición a someterse a las lógicas de un imperio (llámese el Tercer Reich o Washington).
La derecha mexicana nunca ha practicado la autocrítica; niega y esconde sus horrores y errores. Ha hecho lo imposible por enterrar las pruebas de su pasado nazi, pero conserva su esencia dogmática y autoritaria. Mientras no se haga una revisión profunda y una autocrítica sincera, no podemos esperar nada mejor de esta derecha que el fanatismo, el atraso, la hipocresía y la crueldad. Esta autocrítica debería de comenzar por una revisión de su pasado nazi.
1 Ver María Teresa Gómez Mont. Manuel Gómez Morín, 1915-1939: raíz y simiente de un proyecto nacional, FCE, 2008 y Carlos Castillo Peraza, Discurso en el centenario de Gómez Morín, Nexos, enero de 1997.
2 Datos en Hugh G. Campbell. La derecha radical en México.1929-1949. México, Secretaría de Educación Pública, 1976, p. 104. Apud. El Sinarquista, mayo de 1941, en Juan Ignacio Padilla.Sinaquismo: contrarrevolución. México, Editorial Polis, 1948.
3 Ver Informe de Harold P. Braman, agregado naval de la Embajada de EU, citado por Juan Alberto Cedillo, Los nazis en México.
4 Por el título del periódico, se puede pensar que pudo ser fundado por el ultraconservador Jesús Guisa y Azevedo, autor del libro La Doctrina Política de La Reacción, pero no hemos podido comprobar esta hipótesis.
5 Pedro Zuloaga. En defensa de la barbarie. La Reacción (?), 28 de abril, 1941, p. 7.
6 Eduardo Pallares. Patrullas y convoyes. La Reacción (?), 5 de mayo, 1941, p. 3.
7 Daniel Jiménez. Tudescos frente a moscovitas, La Reacción (?), 7 de julio de 1941, p. 5.
8 Dr. Atl. Estupefacción, La Reacción (?), 30 de junio de 1941, p. 5
9 Pedro Zuloaga. Esa dignidad cívica. La Reacción (?), 5 de mayo, 1941, p. 5.
10 E. Márquez Gómez. ¿Son un peligro los judíos? La Reacción (?), 28 de abril, 1941, p. 7.
11 Daniel Jiménez. México y el problema judío. La Reacción (?)9 de marzo de 1942, p. 2
12 Antonio R. Bello, Los Dorados, La Reacción (?), 9 de junio de 1941.
13 Dr. Atl. Roosvelt, el gángster de América, La Reacción (?) 1 de agosto de 1941, p. 9.
14 Aquiles Elorduy, Criterio simplista, La Reacción (?), 12 de mayo de 1941.
15 Manifiesto de la UNPF, 22 de diciembre de 1941.
16 Esto implica que los informes de los servicios de inteligencia norteamericana no estaban errados y que los historiadores deben tomarlos más en serio y revisarlos exhaustivamente.
17 Gómez Morín. Carta inédita, Letras Libres, agosto de 2000.

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