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martes, 14 de junio de 2016

Presume Nuño .- Pedro Miguel


A
sí es él: ante un auditorio de niños de primaria obligados a servir de telón de fondo de sus declaraciones semanales, Aurelio Nuño se preguntaba ayer por qué Morena y su dirigencia quieren defender a un presunto delincuente que ha robado, presuntamente, más de 130 millones de pesos. El secretario de Educación Pública se refería a Rubén Núñez Ginés, líder de la Sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, capturado un día antes con modales de dictadura y enviado a un reclusorio a miles de kilómetros de distancia de su lugar de residencia, y al anuncio de Andrés Manuel López Obrador de que Morena se movilizará en defensa de ese y otros dirigentes magisteriales encarcelados por defender sus conquistas laborales y el derecho a la educación pública y gratuita para los niños de México.
La presunción oficial externada por Nuño y por el subprocurador Gilberto Higuera, es ajena a la lógica. Si Núñez Ginés, Francisco Manuel Villalobos Ricárdez y otros líderes del magisterio democrático hubieran querido desviar recursos no habrían tenido que encabezar movilizaciones, fatigar calles y carreteras ni exponerse a la brutalidad policial y al linchamiento de la mayoría de los medios; les habría resultado infinitamente más fácil enriquecerse desde la comodidad de la burocracia sindical que encabeza Juan Díaz de la Torre, sustituto y esquirol de Elba Esther Gordillo e incondicional del propio Nuño.
Significativamente, y desde que se consumó el ajuste de cuentas de Peña Nieto en contra de Gordillo Morales, la cúpula charra del SNTE, esa que inclina la cerviz ante los dictados privatizadores y antilaborales de la reforma educativa peñista, no ha sido vuelta a tocar ni con el pétalo de una averiguación previa, como no lo han sido tampoco los caciques del sindicato petrolero, quienes aprobaron sin chistar el desmantelamiento de la industria energética nacional.
Si el celo justiciero de Nuño fuera auténtico y realmente quisiera identificar a presuntos ladrones tendría que olvidarse de los movimientos sociales y voltear la mirada al entorno presidencial: allí se encontraría mansiones que valen, esas sí, 130 millones de pesos; adjudicaciones, concesiones y contratos como los otorgados a Grupo Higa y OHL o negocios de ganancias astronómicas y utilidad social nula, como el nuevo aeropuerto; hallaría Ferraris auténticos y no Lamborghinis inventados; descubriría colecciones de arte multimillonarias en residencias de burros que no tienen la menor cultura artística, pero sí muchos vínculos con el poder; se enteraría de nombres y apellidos de protagonistas de trasiegos financieros listados en Los papeles de Panamá y sabría de una montaña de operaciones con recursos de procedencia ilícita que le cuesta al país más de medio billón de pesos al año. El secretario de Educación Pública tendría que fijarse, en suma, en su jefe, sus compañeros de gabinete, los socios externos y los peces gordos del servilismo corporativo.
Nuño presume al revés que la sociedad, pues ésta, cuando se trata de ubicar a los posibles rateros, dirige la mirada a las cúpulas del poder público. Pero así como las presunciones de la opinión pública nacional e internacional no pueden cobrar certeza jurídica porque la institucionalidad se juzga y se absuelve a sí misma por medio de funcionarios como Virgilio Andrade y Arely Gómez, las presunciones del poder, en cambio, pueden ser convertidas en órdenes de aprehensión, porque cuando se tiene el control de la policía, de la Procuraduría o de la Secretaría de Hacienda, resulta muy fácil inventar pruebas, fabricar culpables y transmutar disidentes, luchadores sociales y opositores en delincuentes comunes.
Tras la matanza de Tlatelolco decenas de estudiantes, profesores e intelectuales fueron condenados, entre otros delitos, por robo. Seguramente el secretario Nuño no ha leído los expendientes respectivos y no sabe, en consecuencia, cuan grotescamente parecidas resultan las imputaciones que fabrica el peñato a las que inventaba el régimen diazordacista.
¿Que por qué se moviliza Morena en defensa de los presos políticos magisteriales, secretario Nuño? Pues por decencia.
Twitter: @Navegaciones

miércoles, 10 de diciembre de 2014

La plaza pide sangre


Aurelio Nuño, jefe de la Oficina de la Presidencia. Foto: Benjamin Flores
Aurelio Nuño, jefe de la Oficina de la Presidencia.
Foto: Benjamin Flores
MÉXICO, D.F. (apro).- ¿Sabe usted quien es Aurelio Nuño? Es muy probable que no sepa quién es este personaje a pesar de que vive del erario, habla en nombre del presidente de la República a pesar de que no tiene ni ha sido electo para ocupar un cargo popular y habita en Los Pinos la mayor parte de su tiempo.
Su carrera política siempre ha transcurrido en la oscuridad de las asesorías políticas y quizá su gran logro es haber sido amigo del actual secretario de Hacienda, Luis Videgaray, lo que le permitió estar cerca de Enrique Peña Nieto desde que era gobernador del Estado de México.
Bueno, pues a pesar de que no tiene ninguna representatividad política o electoral se ha dedicado a ejercer actividades de gobierno e incluso hablar a nombre del Presidente dando entrevistas a medios extranjeros ante los cuales aparece como el hombre detrás del poder.
Nuño, de 37 años, a diferencia de sus antecesores como jefe del gabinete presidencial, le gusta el protagonismo y en una entrevista al periódico ibérico El País, emitió expresiones que rebasaron por mucho su papel y que ningún otro funcionario ha hecho.
El amigo del presidente dijo: “No vamos a sustituir las reformas por actos teatrales con gran impacto, no nos interesa crear ciclos mediáticos de éxito de 72 horas. Vamos a tener paciencia en este ciclo nuevo de reformas. No vamos a ceder aunque la plaza pública pida sangre y espectáculo ni a saciar el gusto de los articulistas. Serán las instituciones las que nos saquen de la crisis, no las bravuconadas”.
No podían ser más desacertadas y anticlimáticas las expresiones del segundo en Los Pinos al referirse a los últimos casos que han sometido a Peña Nieto a la dura prueba de crisis de gobernabilidad y de credibilidad.
Tomando un papel que no le corresponde, a nombre del gobierno federal, Nuño descalifica las críticas que ha recibido el presidente por su incapacidad de resolver el caso de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa desde el 26 de septiembre, de dar una respuesta clara a la compra de la millonaria casa de Angélica Rivera y de los cuestionamientos a las reformas estructurales, principalmente la energética.
Calificar de “actos teatrales” y de “ciclos mediáticos de 72 horas” a las críticas y protestas sociales de miles que han llenado las calles exigiendo justicia para los normalistas de Ayotzinapa y un mejor rumbo para el país que se encuentra estancado en su economía, empantanado en la corrupción y estacionado en la impunidad, no ayuda en nada al gobierno de Peña que necesita sumar y no restar ante los gritos desesperados de la sociedad.
Al referirse a la crisis de confianza de Peña Nieto – 60% de los mexicanos desaprueban su gobierno–, con una miopía propia de quien es parte del problema lo evade y acusa que se trata de un mal funcionamiento de la estrategia de comunicación que, por cierto, es una de sus responsabilidades.
Y tras deslizar que habrá cambios suelta una frase que revela una vez más su falta de experiencia política: “No es fácil cambiar las llantas con el coche en marcha”. Se le olvida que él no es el conductor, que el responsable de manejar tiene que hacer una pausa en el camino para revisar el auto y luego cambiar las llantas sólo si es necesario porque quizá lo que no está funcionando es el motor.
Nuño es el Jefe de la Oficina de la Presidencia de la República y, de acuerdo con el reglamento emitido por Peña Nieto en abril del 2013, no está autorizado a emitir declaraciones que sólo le corresponden al jefe del poder ejecutivo.
De ahí que llame la atención las atribuciones que se está abrogando como secretario de estado al hacer declaraciones tan graves y comprometedoras a medios de comunicación nacionales y extranjeros, asumiendo un papel que recuerda el protagonismo de Martha Sahagún, quien siendo vocera y pareja sentimental de Vicente Fox, llegó a tomar acuerdos de gobierno y emitir posiciones como si ella fuera la presidenta de la República.

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