viernes, 8 de julio de 2016

La inconformidad social. JOSÉ GIL OLMOS

Manifestantes durante una de las marchas de protesta en la Ciudad de México. Foto: Nick Wagner / AP

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Desde que era gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto le apostó a la mano dura y a la estrategia de una imagen atractiva en los medios de comunicación para llegar a la Presidencia.
Al principio, esta fórmula le funcionó con la ayuda de Televisa que aplicó una especie dephotoshop para darle fuerza como político moderno a pesar de la represión en Atenco.
Pero ante el fracaso de esta estrategia y el crecimiento del disgusto social en apenas dos años de su gobierno, lo que ahora le queda es la amenaza de la represión ante el movimiento magisterial disidente que ha generado un conflicto donde no lo había: el resurgimiento de la insurgencia armada en el sur del país.
Los grupos guerrilleros en México nacen y se fortalecen de la inconformidad social. Esta es su plataforma de organización y de esta rebeldía se alimentan las células combatientes diseminadas en las zonas más pobres y marginadas de los estados de mayor atraso social y económico como son Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Michoacán.
El gobierno de Enrique Peña Nieto ha fracaso en todo. Las reformas estructurales que tanto impulsó como el mejor futuro para los mexicanos no han tenido ni un solo beneficio. Todo fue una mentira.
Los precios de gasolina, luz, gas, agua, impuestos y alimentos han aumentado sin control. La violencia y el crimen organizado siguen imparables. La corrupción y la impunidad se han entronizado entre la clase política y empresarial.
Los partidos políticos, principalmente el PRI, ya no son socialmente representativos. Y la imagen de Peña Nieto es la peor que ha tenido un presidente desde hace 20 años con Ernesto Zedillo.
Operadores políticos del gobierno como Miguel Ángel Osorio Chong y Aurelio Nuño le han apostado al desgaste para debilitar al movimiento magisterial como lo hicieron con Ayotzinapa, pero los maestros disidentes han mostrado resistencia a las amenazas, represión, despidos y a la campaña mediática que se ha desplegado en algunos medios que reciben contratos millonarios de publicidad.
Nuño ha sido borrado del mapa político tras la mentira y torpeza de sus acciones de querer imponer a la fuerza una reforma dizque de carácter educativo cuando en la realidad tiene más un trasfondo laboral y político de desintegrar al magisterio como grupo de poder.
Osorio Chong no ha podido establecer una estrategia de reparación de daños ocasionada por Nuño en su afán autoritario. No ha habido ningún acuerdo en los distintos encuentros con la CNTE tras los enfrentamientos en Nochixtlán que acarrearon varios muertos y decenas de heridos.
Mientras tanto, el disgusto social en contra del gobierno de Peña Nieto sigue creciendo sin que lo puedan detener las campañas mediáticas destinadas a mostrar a un presidente despreocupado y sonriente.
Las marchas de los maestros ya no se han expresado solamente en el sur del país sino en entidades del norte y el centro donde hacía mucho tiempo no había este tipo de manifestaciones masivas de inconformidad por las acciones del gobierno.
Más que un humo social adverso, lo que el peñismo ha ido generando es una inconformidad social que se ha traducido en derrotas electorales para el PRI y en el reavivamiento de grupos insurgentes como el EPR y EZLN que ya manifestaron su apoyo a los maestros disidentes haciendo llamados de organización de lucha armada.

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