sábado, 15 de junio de 2013

Carta pública a Mancera. Jaime Avilés




Abrumado doctor Miguel Ángel Mancera:

Anoche soñé que me encontraba con Kafka y Cioran y me cantaban aquella espantosa tonadilla publicitaria: “Únete a los optimistas”. Que los reyes del pesimismo hayan acudido en mi auxilio para levantarme el ánimo, me obliga, en primerísimo lugar, a pedirle una disculpa pública por los insultos que publiqué contra usted tras los hechos del pasado 10 de junio en el Zócalo.

    Los enemigos de su gobierno, que son también enemigos de la inmensa mayoría de habitantes de esta ciudad, me pusieron una trampa y caí redondo. No fui el único. Pero por mi ingenuinad nublada por la furia, muchas personas más se hicieron eco de mis arengas contra usted.

    Permítame ofrecerle una breve composición de lugar, para que mejor me entienda y tome providencias. Hace tres años dejé de ver televisión. Expulsé de mi casa a lacras como López-Dóriga, Loret y demás etcéteras. Mi aparato digestivo aún me lo agradece. Después de las pasadas elecciones de 2012 dejé de comprar periódicos; la única publicación impresa que pago para leerla y conservarla es la maravillosa revista El Chamuco.

    Podría intentar engañarlo y decirle que vivo en Madagascar y que me entero de lo que pasa en México gracias a Twitter. Pero mentiría. La verdad es que vivo en Twitter. Y por el ojo de esa claraboya veo el mundo, me informo y me comunico con quienes residen  en la misma dimensión, en la que usted, perdóneme la franqueza, está más solo que un torero detrás del telón de acero.

    Alguien, no sé quién pueda ser, lo ayuda silenciosamente en YouTube, pero no en Twitter. El pasado 31 de mayo, la organización Anonymous convocó mediante mensajes directos (DM en inglés) a desarrollar la Operación Desobediencia (#opdesobediencia), quizá para medir fuerzas con el ejército de computadoras controladas por Los Pinos que sistemáticamente lanza por decenas de miles un mismo tuit: ya sea en apoyo de Peña Nieta o, sobre todo, en contra de Andrés Manuel López Obrador.

    Ese 31 de mayo, en punto de las 8 pm, todos los conjurados empezamos a tuitear contra los políticos, los tecnócratas, los magnates y los matones de la olinarquía que nos oprime, y lo hicimos con la etiqueta #MexicoSOS. Considero que fue un éxito. Sin embargo, el plan incluía al día siguiente una marcha a la residencia oficial de Peña para establecer un campamento que se llamaría “Ocupa Los Pinos”. 

    Menos de 500 personas acataron esta segunda convocatoria. Sin guardar las proporciones marcharon sobre Reforma hasta que la policía preventiva los frenó en la glorieta del Angel. Era sábado. De pronto aparecieron en Twitter fotos indignantes: granaderos con escudos, cascos y toletes, desalojando violentamente un convoy del Metro en la estación Tacubaya, y reduciendo a palos a un grupitode manifestantes, que viajaban embozados con trapos rojos con la misma falta de discreción que le costó la vida a José Martí, cuando el prócer de la independencia de Cuba, rigurosamente vestido de negro, montó un caballo blanco y al frente de sus tropas de negros y zambos armados con machetes, dio la orden de “¡al ataque!”, y fue el primero en caer. Sólo le faltó ponerse una diana en el pecho y pedir: “¡apúntenme!”. 

    Así estos jóvenes. Las imágenes que los mostraron rodeados en un andén por una muralla de granaderos desató la indignación en Twitter. ¿Por qué una protesta contra Peña se convirtió, gracias a la policía del GDF, en una protesta contra usted? Yo lo descubrí horas más tarde. Un silencioso camarógrafo grabó la caminata de los jóvenes desde el Angel hasta la Zona Rosa, donde se introdujeron en la estación del Metro Insurgentes con la intención de trasbordar en Tacubaya y bajarse en Constituyentes. Nada más práctico, verdad, con esos disfraces y máscaras de Anonymous y esas banderas rojas envueltas en palos.

    Bien, pues el camarógrafo silencioso viajó con ellos de Insurgentes a Tacubaya y, al llegar el tren a este punto y abrirse las puertas del vagón, registró el asalto de los granaderos a los manifestantes e incluso el detalle del policía que recoge del suelo una navaja abierta  y lista para picar a alguien. 

    Para colmo de colmos, la oficina de comunicación social del GDF emitió un boletín y dijo que la presencia de los granaderos en el Metro no fue solicitada por usted sino por el director del Metro. Está usted muy solo, doctor, muy solo, y su debilidad nos pone en peligro a los ocho millones que vivimos aquí, rodeados por los 12 millones que viven en la periferia. 

    Pero volvamos al 10 de junio. La dinámica fue la misma. Salieron en Twitter fotos de civiles golpeados por civiles apoyados por granaderos. Y la población tuitera se inflamó distribuyendo exponencialmente esas imágenes, acompañadas de la etiqueta #RenunciaMancera. 

    Esa noche, más bien casi en la madrugada, cuando terminaba yo de trabajar, abrí mi cuenta de Twitter y me encontré un mensaje de la cuenta @MeCargaGestas que decía: “@Desfiladero132 Por si ocupa: pic.twitter.com/RzYKP8vRos”. Le di clic y en la pantalla surgió un collage formado por tres imágenes: en la mitad superior un hombre de pelo blanco rodeado de jóvenes con pañuelos en la cara o al descubierto y una leyenda: “Pedro Bello y sus muchachos”.

    En la mitad inferior, dividida en dos fotos, salen los jóvenes que rodeaban a Pedro Bello atacando a los granaderos. Y lo que me sacó de quicio fue que al tratar de retuitear esa imagen, ésta desaparecía. ¿Quién puede controlar el flujo de información en Twitter? La gente que opera la red, si recibe una petición de ayuda del gobierno. Ergo, retraté la foto y la difundí desde mi cuenta a diversos amigos periodistas, no sólo en México sino en Europa. Con la finalidad de preservarla.

    ¿Quién es Pedro Bello? El fotomontaje lo delataba como jefe de los atacantes. Al día siguiente empecé a rastrear a este presunto engendro del mal y en YouTube encontré un video de 25 minutos, grabado tal vez también por el camarógrafo silencioso, en el que reconocí fácilmente a los supuestos “muchachos de Pedro Bello” lanzando rocas contra los granaderos, pintando en los escudos la palabra PUTOS, y gritando: “Esto es político, culeros”. “Sáquense a la verga, no estén chingando.” Etiquetados por la prensa como “anarquistas”, estos jóvenes con su lenguaje evidenciaban un profundo conocimiento de Bakunin y del príncipe Kropotkin, así como sus “nobles” ideales revolucionarios.

    Metros más adelante, el video capta el momento en que Pedro Bello, director de Concertación del GDF, es rodeado por los delincuentes (uno de los cuales lleva en la mano un aparato de radiocomunicación), zarandeado y finalmente golpeado. Peor aún, el video revela que al acto conmemorativo del halconazo del 10 de junio de 1971 este año no asistieron más de mil personas.

    En síntesis, doctor Mancera: en el marco de nuestro maravilloso Zócalo, los porros y la incompetencia de la policía, generaron una especie de crisis en un circo de pulgas, que engañó y predispuso contra usted a miles y miles en Twitter. Pero déjeme agregar algo más: investigando a los seguidores de @MeCargaGestas descubrí que el montaje contra Pedro Bello lo puso en órbita un tal @Maez, cuya cuenta ya desapareció.

    Por último: estudiando el video en que fue detenido Pedro Bello por los halcones de la derecha, identifiqué al joven de bermudas que una foto presenta tirado en el suelo al tiempo que lo patea un civil, lo observan dos granaderos y un fotógrafo lo retrata. Cuando retuitié la escena escribí al pie: “Esta es @ManceraMiguelMX la foto que te hunde”. Imagine el tamaño de la vergüenza que me embarga ahora al descubrir que esa “pobre” víctima fue uno de los que arrojaron más proyectiles contra los granaderos, pero no fue tan listo como para escapar cuando éstos cargaron contra la gente que nada tenía que ver y se llevaron a 21, de los cuales 7 sí tenían que ver y están presos.

    Es obvio, doctor Mancera, que quienes golpean el suelo del Zócalo con martillos para obtener rocas y lanzarlas contra los granaderos, actúan, lo sepan o no, para pulverizar la mermada imagen pública de usted, mientras los cárteles que ya se apoderaron de Garibaldi y la Zona Rosa ahora, claramente, van por la Condesa, donde empiezan a proliferar los after hours e incluso hay ya prostitutas en la vía pública. Por favor, el DF está en llamas. Póngase las pilas, doctor Mancera. Yo intentaré hacer lo propio cada vez que de ahora en adelante me manifieste en Twitter, en la cuenta @Desfiladero132 

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