domingo, 6 de septiembre de 2009

La calumnia como proyectil

José Agustín Ortiz Pinchetti
Cada semana se extiende un certificado de muerte política de Andrés Manuel y de su movimiento. Y a la vez se lanza una nueva campaña de calumnias que lo desmiente. No se ataca a un perro muerto. Se ha dicho que Andrés Manuel tiene una residencia en La Toscana, ranchos en Tabasco, un palacete en Morelia, etcétera. A pesar de que es el líder más austero de México, es enlodado por mentirosos profesionales.

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Un ejemplo reciente. El periódico Excélsior, en primera plana y a ocho columnas, reveló que la última fracción de diputados del PRD tomó del presupuesto 50 millones de pesos para el movimiento de López Obrador. Y que además se obligó a 127 legisladores perredistas hacer aportaciones. Esta nota, firmada por Andrés Becerril, demuestra que el nuevo Excélsior es tan irresponsable y tan venal como el de Regino Díaz Redondo.

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La verdad: la fracción del PRD se negó rotundamente a apoyar al movimiento. Se hizo presión para que los diputados perredistas dejaran de dar las aportaciones a las que se habían comprometido, a pesar de que llegaron a sus curules por el impulso de Andrés Manuel en 2006.
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Siguiendo una consigna, muchos comunicadores convirtieron la patraña en verdad. Denise Maerker, de El Universal (en otra hora periodista dura e independiente), confirmó la “noticia” y, moralista, clamó “contra los diputados que ensucian su reputación por el bien de todos”.

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La calumnia ha sido desmentida con energía. Andrés Manuel; Javier González Garza, coordinador de la fracción aludida; Alejandro Encinas, nuevo coordinador; Jesús Ortega, presidente del PRD, la han refutado, pero sus declaraciones no aparecen en los medios.

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Así funciona la conspiración del silencio que permite que las mentiras continúen sus efectos. Un poder autónomo es el que decide estas campañas negras y las impone a la opinión pública. El gobierno es beneficiario, aliado y cómplice, pero quienes mandan son otros.

jaorpin@yahoo.com.mx

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