miércoles, 1 de abril de 2009

La columna de Julio Hernández

Érase que se era un Elliot Ness de petatiux que a toda costa deseaba hacer negocio con las aguas profundas mexicanas y sus intocados tesoritos petroleros. Parapetado tras oscuros cortinajes de etiqueta, y luciendo siempre una franja roja al pecho y la condecoración del Baño (antes de salir de gira, los panistas consiguieron que se aprobara a F.C. el uso de la condecoración Caballero de la Gran Cruz, en grado honorario, de la Honorable Orden del Baño, traducción ésta del bath inglés que mucho molestó a los blanquiazules por parecer emparentada con referencias de acrónimos escatológicos), el hombre disfrazado de sí mismo se dejó llevar entre boatos ceremoniales hasta el punto que realmente interesaba a sus calculadores anfitriones: el petróleo que antaño les fue expropiado por carismático presidente mexicano nacionalista y que ahora parecía volver a las arcas anglófonas mediante las graciosas concesiones que el emperifollado visitante hacía a empresas e inversionistas británicos convidados al gran banquete de letra chiquita que a pesar de todo dejó la rasurada reforma petrolera en manos felipillas.

Pomposo y efímeramente aristocrático Calderón que batallaba consigo mismo, en Aberdeen, Escocia, para garantizarse que lo escuchaban bien quienes cuando menos las miradas posaban en él. Apenas había comenzado su discurso cuando anunció: “Y, ahora, permítanme pasar al español, porque será más cómodo para mí decirlo en español, y podemos usar los servicios del intérprete presente”. Pero sólo había avanzado unas cuantas frases más cuando replanteó: “Puedo ver que ustedes no están utilizando un aparato de traducción simultánea. Por lo tanto, voy a continuar en inglés”. Y así, en esa búsqueda de la atención perdida, Zu Ecselensia se ponía de a pechito para los apetitos neocoloniales: “Tenemos un enorme potencial, pero necesitamos el apoyo de compañías, como las compañías británicas, no sólo British Petroleum, sino también muchas otras compañías medianas y grandes que acabamos de ver hace unos momentos”.

Discurso alfombra, palabras de posmouriñismo cabalgante: “Sabemos que con nuestros recursos y nuestra población podremos construir un país más seguro, más próspero”, dijo en preparación de un párrafo memorable: “Así que con nuestros recursos y con el apoyo de la tecnología y el conocimiento de las compañías británicas, y, por supuesto, con el espíritu y la voluntad del pueblo y el gobierno de México, construiremos una nación que es la que deseamos para las futuras generaciones de mexicanos, y esa es la razón por la cual estoy aquí, en Aberdeen”. Zaz: el nacimiento de la nación mexicana a partir de la tecnología y el conocimiento de las compañías británicas. Gracias (o thanks, si los lectores no usan algún aparato de traducción simultánea), Felipe British Petroleum, el jefe de la banda de los Intocables.

Mientras tanto, en casa, diversas empresas anuncian paros técnicos y el fantasma de la crisis va cobrando cuerpo. Enmedio de los problemas económicos, la política y las elecciones continúan consumiendo tiempo y recursos. Por ejemplo, el IFE dice que va a monitorear los noticieros electrónicos para ver qué tratamiento dan a los candidatos a diputaciones federales (para dar muestra de que va en serio, el mencionado Instituto del Fraude Electoral podría entrarle al tema de la propaganda disfrazada de información que continuamente pagan, sobre todo en televisión, los precandidatos presidenciales Marcelo Ebrard y Enrique Peña Nieto). Y el opositor interno, Manuel Espino, le vuelve a tundir al otro pendenciero, Germán Martínez –es decir, al jefe de éste, el condecorado con la Orden del Baño– a causa de la postulación de candidatos a puestos federales y estatales; dice el alfil de Vicente Fox -es decir, el citado Espino- que él defiende al PAN, pero al de 1939.
Las escaramuzas entre líderes partidistas llegaron incluso al escenario televiso denominado Espacio, donde Paredes, Martínez y Ortega le entraron en distintos tonos a la confrontación de ideas y proyectos, hasta que el público juvenil prorrumpió en coro pidiendo “concordia, concordia”, en extraña simplificación que resulta absolutamente impropia para un ejercicio de debate entre líderes de las tres principales porciones del pensamiento y la práctica política nacionales. En el IFE bonsai hubo también roces verbales entre representantes de PAN y PRI, a propósito de los dichos recientes de Germán Martínez con los que pretende involucrar al tricolor con el narcotráfico. En la sesión, el comisionado blanquiazul, Roberto Gil, evocó aquellos momentos tragicómicos en que el entonces candidato Francisco Labastida se quejaba de las acusaciones en su contra (“me llaman la vestida”). Ahora, Gil recordó que los priístas le han dicho a Martínez “muchacho pendenciero, esquizofrénico, mosca de carnicería”. Pura política de altura.

Astillas

La Sagrada Familia aplaudió que Carlos Aguiar Retes haya tomado posesión del obispado de Tlalnepantla. Como en los tiempos de abierta fusión de lo religioso y lo gubernamental, atestiguaron la ceremonia católica Luis Felipe Bravo Mena, Ana Teresa Aranda y Josefina Vázquez Mota. El primero es secretario particular del ocupante de Los Pinos (y fue embajador de México en el Vaticano y reconocido miembro de la directiva nacional de El Yunque), la segunda es subsecretaria de Gobernación encargada de los asuntos religiosos (también yunquista, sobre todo al frente de una agrupación de mujeres, la Ancifem) y la última es amoldable secretaria de educación pública. El mitin de toma de protesta contó con unos tres mil asistentes... Espartaco Martínez vive en Japón y platica que cuando le contó a su esposa lo mucho que los diputados mexicanos ganan “hizo una mueca, lo que es raro en los japoneses, pues normalmente no pierden la compostura, pero ante el dato, simplemente no lo creía, pues acá ganan, en un nivel bajo, tipo asambleístas, el equivalente a unos 30 mil pesos, lo que está publicado en las páginas de Internet del gobierno de cada prefectura”.

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