martes, 17 de febrero de 2009

Marcela Gómez Zalce . A puerta cerrada

• Gerardo y su prepotencia
• Y más catastrofistas…

La palabra, mi estimado, es tan valiosa como el dinero. Exquisito comienzo de semana con la friolera de más de 40 ejecuciones en diversos estados —que suman más de los tres mencionados por la siempre cándida y obediente Patricia Espinosa—, que evidencian no sólo el cada vez más axiomático Estado fallido, sino el rotundo fracaso de la mal llamada guerra contra el narcotráfico cuyos grupos criminales, según el achispado discurso presidencial, se encuentran desesperados e intentan aminorar las acciones (¿?) que desarrolla el pobre presidente de este (des)gobierno al que hay que ayudar (Servitje dixit) para que no le vaya tan mal.

Sin duda en el término acierta Felipe aunque… los desesperados son millones de mexicanos, my friend, que ven la incompetencia, complicidad, ineficiencia y corrupción que siguen impulsando los motores para el colapso rápido de una administración de improvisados sátrapas que siguen navegando el barco de gran calado en las aguas del optimismo, mientras los jinetes de la tormenta se emocionan ante la escalofriante adversidad…

La misma que ha desencadenado una serie de señales catastrofistas que siguen in crescendo entre la cúpula empresarial, que no ve las acciones del estupendo equipo económico para enfrentar la crisis, cuyas manifestaciones de agravio aumentan y que el Gymboree y su jefecito no ven ni oyen.

Aunque para atractivas técnicas para que a uno lo escuchen deberían ser impartidas por esa lacra incrustada en Economía, Gerardo Ruiz Mateos —quien sigue con sus frívolas declaraciones, ahora desde París, donde escupe que los despidos rondarán los 300 mil en este año y es evidente que vamos a tener cierta pérdida de empleos—, que dio una lección de (how to be a complete fuckhead) cómo perder la figura en foros que valgan la pena. Y nada como reuniones con selectos invitados donde sumen un monumental porcentaje del PIB nacional.

Ahí donde el vino entró y la verdad salió...

¿Listo para escupir su drink mañanero? ¿Listo para atestiguar que los desperados están en el interior del infernal calderón…? ¿Listo para comprobar que como su jefe, no pueden… así que renuncien, esta bola de inútiles funcionarios vividores (cortesía again, del Lorenzo en Bimbo) en el poder (del no poder)? Ahí le va.

Turns out que el domingo de la fiesta brava en la Plaza de Toros México —la misma donde a Margarita la aclamaron, le brindaron el toro y le aplicaron el aplausómetro popular digno de una primera dama como Marta Sahagún— hubo una divertidísima cena organizada para el torero español, Enrique Ponce, en conocido lugar donde se dieron cita poderosos apellidos (aunque hay niveles) como Slim, Azcárraga, Alemán, Espinoza Iglesias y Arango, entre otros, en un alegre convivio para festejar a quien cortó rabo en la Monumental esa animada tarde.

Va de más decirle que los asistentes iban vestidos con cierto toque de formalidad y distinción, y todo transcurría en armonía hasta que… llegó Gerardo Ruiz Mateos… tarde, of course, y con ese toque de distinción en el vestir que caracteriza al Gymboree presidencial —incluido el vocero Cortázar— del look casual que raya en andar de guarros cual ridículos juniors.

En fin que al buen Gerardo, a quien todos los asistentes saludaron con cortesía, como llegó comenzó a chupar, para después comenzar a perder las formas y a vociferar (sí, my friend, a gritar) no sólo la interminable letanía de sus 25 guaruras (who gives a fuck), haciendo gala de su estulticia mental, sino de que los empresarios ahí reunidos eran unos traidores (léase catastrofistas) a los que el (des)gobierno de su súper cuate, amigo y brother del alma… Felipe, ya andaba investigando, y aventó hasta la cocina el nombre de la Interpol para que… ¿aprendan a respetar?

El etílico oso obligó a que a Gerardito le dieran dos veces el mismo consejo de que adiós, so long, next, te ves, yes?

El problema es múltiple por la sencilla razón de quien lo dijo… cómo lo dijo… dónde lo dijo… y a quién(es) se los dijo.

Aunque seguramente su etílica estupidez que se suma a tantas maravillosas historias del sexenio quedará como una anécdota. Como un insignificante detallito que sustenta el ánimo de ese inner circle de pusilánimes cómplices que entronizaron a Calderón. Sobre todo porque Ruiz Mateos jugó un rol fundamental con aquellito de las maletas… así como el mastín Lozano, pues.

Pero lo importante, my friend, es que los aludidos… acusaron recibo. Ahora sume el catastrofista timing and do the math…

gomezalce@aol.com

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