domingo, 5 de octubre de 2008

Calderón : el autoritario. Jorge Carrasco A.

MÉXICO, D.F., 3 de octubre (apro).- Superado no sólo por la crisis de inseguridad, sino por las malas perspectivas económicas del país, Felipe Calderón muestra cada vez más síntomas autoritarios.

La detención por parte del Estado Mayor Presidencial (EMP) de los jóvenes Andrés Leonardo Gómez Emilson y Marco Virgilio Jiménez Santiago es un grave signo de la desesperación en que se encuentra, cuando ni siquiera ha cumplido dos años en la Presidencia de la República.

En un hecho agraviante para el régimen de libertades democráticas, elementos de ese enclave autoritario que es el EMP detuvieron a los dos jóvenes por protestar en contra de Calderón durante la ceremonia que se realizaba en el Palacio Nacional, a propósito de la entrega del Premio Nacional de la Juventud.

Uno de los galardonados, por mérito académico, Andrés Leonardo, de 17 años y becado en Noruega, fue detenido por gritarle "espurio", mientras que Marco Virgilio, quien se encontraba entre el público, al darse cuenta de la detención gritó: "¡No hay libertad en este país!". El EMP también arremetió contra él.

En los países democráticos, es común que los jefes de Estado o de gobierno o cualquier alta autoridad sean impugnados por sus actos en el ejercicio público.

Le ha ocurrido, desde luego, a George Bush en Estados Unidos, a Nicolas Sarkozy en Francia, a José Luis Rodríguez Zapatero en España, a Ignacio Lula Da Silva en Brasil, o a Michelle Bachelet en Chile. Es decir, tanto a gobernantes conservadores como a quienes se les identifica con ideas progresistas.

Es parte del ejercicio del poder, independientemente de las razones o sinrazones de la protestas.

Las dictaduras o totalitarismos no soportan la disidencia. Arremeten contra ella. Lo hizo Pinochet durante la dictadura militar chilena; ocurre en la Cuba castrista, lo mismo que en la pragmática China de partido único

En México parecían superados esos tiempos. Justo cuando se conmemoran los 40 años de la represión del movimiento estudiantil de 1968, punto de quiebre en la democratización del país, Calderón se encargó de recordar que aún existen actitudes y bolsones autoritarios que atentan contra la democracia en el país.

Por si su llegada al poder no estuviera marcada por la violación al equilibrio de la competencia democrática, la detención de los jóvenes muestra el verdadero talante de quien habita Los Pinos.

Desde luego, el EMP no actuó por sí mismo. Su función está limitada a la salvaguarda del Presidente de la República y a algunas otras actividades relacionadas con el protocolo y la visitas de dignatarios extranjeros.

La detención de los jóvenes no pudo ser más que con previo acuerdo con su jefe. No era la primera vez que Calderón era increpado, por lo que ya no estaba dispuesto a soportar más disidencia.

La Presidencia explicó el proceder del EMP en el "cumplimiento de las obligaciones contenidas en la legislación que regula el funcionamiento" de ese numeroso y costoso cuerpo de cerca de dos mil efectivos del Ejército y la Marina, y civiles que están al servicio del presidente.

Nada más alejado de la realidad, pues la razón de ser del EMP es la de salvaguardar la seguridad del Presidente de la República. ¿En qué amenazaban la integridad de Calderón las consignas en su contra?

Un día antes de ese grave precedente contra la libertad de expresión, Calderón se había llenado la boca en nombre de la democracia.

En un auditorio integrado por niños, dio clases de democracia y fustigó con alusiones a su principal opositor, Andrés Manuel López Obrador.

"Hay quienes teniendo ya muchos años y diciéndose muy demócratas, la verdad no respetan las ideas de la democracia y podrían hacerle mucho daño al país".

¿Acaso sus actitudes autoritarias no le hacen daño al país?

El Estado Mayor Presidencial es, precisamente, uno de esos bolsones del autoritarismo. Se trata de una costosa estructura que no obedece a nadie más que al presidente en turno. Por eso se le conoce como "un ejército dentro del Ejército".

No son pocos los militares, tanto en activo como en retiro, que reconocen la obsolescencia de esta fuerza que, por lo demás, termina como "sirviente" del presidente y su familia. ¿Acaso ese cuerpo sin contrapesos es propio de la democracia?

Durante una hora y media no se supo de los jóvenes detenidos hasta que fueron presentados en una agencia del Ministerio Público del DF "por la probable realización de conductas sancionadas penal o administrativamente".

De esa manera, le endilgó a la justicia del Distrito Federal la responsabilidad de castigar o exonerar a los jóvenes que increparon a Calderón.

Al final, un juez cívico los dejó en libertad porque la Presidencia no levantó ningún cargo en contra de ellos. No era necesario, el mensaje a los mexicanos ya había sido dado: Calderón no sólo no está dispuesto a soportar la discrepancia, sino a castigar a quien lo impugne.

jcarrasco@proceso.com.mx

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