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jueves, 15 de abril de 2021

Y el glorioso Pueblo Cubano volvió a ganar




La importancia de lo que no ocurrió



El 15 de abril de 1961 comenzaron los bombardeos aéreos en La Habana. Dos días después, mil 200 mercenarios cubanos dirigidos por la Agencia Central de Inteligencia estadunidense intentaron desembarcar por Playa Girón, una pequeña franja en el centro-sur de Cuba. El 19 de abril iban casi todos camino a la cárcel.

Eduardo Galeano, que en esa época ya escarbaba en las noticias, escribió: Los invasores eran parásitos y verdugos, jóvenes millonarios, veteranos de mil crímenes. Nadie asume la responsabilidad de Playa Girón ni de nada; todos eran cocineros en la expedición. Ramón Calviño, célebre torturador de los tiempos de Batista, sufre amnesia total ante las mujeres por él golpeadas y pateadas y violadas, que lo reconocen y lo increpan. El padre Ismael de Lugo, capellán de la brigada de asalto, busca amparo bajo el manto de la Virgen. Él había peleado del lado de Franco en la Guerra Española, por consejo de la Virgen, y ahora ha invadido Cuba para que la Virgen no sufra más contemplando tanto comunismo.

Lyman Kirkpatrick, inspector general de la CIA, preparó una evaluación de los hechos en 150 páginas impiadosas e involuntariamente irónicas. En octubre de 1961 reprochó a la agencia que pasara de organizar guerrillas clandestinas a emprender una operación militar abierta, no sin antes preocuparse por los gastos de la invasión: el presupuesto inicial de 4.4 millones de dólares terminó en una inversión de 46 millones. Se quejó de sus espías por haber fallado en reunir información adecuada sobre las fuerzas del régimen de Castro y el verdadero alcance de la oposición y falló en evaluar correctamente la información disponible.

En los extensos anales de la política exterior de Estados Unidos, no hay ningún fiasco más completo, ningún fracaso más total que el intento de la CIA de invadir a Cuba. El historiador Arthur Schlesinger, asesor del presidente John Kennedy, lo llamó el fallo perfecto y también reconoció que Cuba no es un asunto de política exterior para Estados Unidos; es una cuestión de política interior.

Han pasado 60 años de aquellos hechos y siguen las amenazas, las conspiraciones, los espías, los vendidos, los mercenarios, la danza de los millones, las verdades a medias, las mentiras completas, el blanco y el negro, los bloqueos y la retórica anticomunista, y también la pequeña historia y la gran historia. Ha pasado mucho tiempo desde que un muchacho de nombre Silvio y apellido Rodríguez decidió subirse a un barco que llevaba por nombre Playa Girón, y desde ahí compuso una de sus canciones más estremecedoras, que habla entre líneas del heroísmo de abril del 61 y explícitamente de los héroes de la cotidianidad dura e invisible en un país que ha sido rehén por demasiado tiempo de los asuntos interiores de una política imperial. “Compañeros de historia, tomando en cuenta lo implacable que debe ser la verdad, quisiera preguntar –me urge tanto–, ¿qué debiera decir, qué fronteras debo respetar? Si alguien roba comida y después da la vida, ¿qué hacer? ¿Hasta dónde debemos practicar las verdades? ¿Hasta dónde sabemos? Que escriban, pues, la historia, su historia, los hombres del Playa Girón.

La canción de Silvio está dedicada al héroe (y la heroína) puro, fuerte y silencioso, aquel que resistió todo lo que vino después, el que pasa sigilosamente, el que comete errores y luego suele estar a la altura de las circunstancias, el que hizo posible que la revolución cubana tenga tan largo aliento. Los que escriben la historia, su historia, no son superhéroes, sino personas que emprenden un proceso de transformación social de manera colectiva. De otro modo no se entendería lo que pasa en Cuba, incluso ahora, con colas, desabastecimiento y más castigada que nunca, pero con cinco vacunas propias contra la Covid y Congreso del Partido Comunista este fin de semana, convocado al son de dos palabras: unidad y continuidad.

La importancia de Girón no está en la magnitud de la batalla, de los combatientes, de los hechos heroicos que allí tuvieron lugar; la gran trascendencia histórica de Girón no es lo que ocurrió, sino lo que no ocurrió gracias a Girón, diría Fidel Castro a propósito de los acontecimientos de hace 60 años. O como canta Silvio, que haya trascendido esa epopeya se debe a lo que escribieron, pues, la historia, su historia: a las mujeres y los hombres del barco-isla Playa Girón.

sábado, 20 de julio de 2013

¿Qué es esa cosa llamada soberanía popular?

File:StormingBastille.jpg

“La soberanía no se puede compartir […]. Es preciso elegir entre el principio electivo y el principio hereditario. Es preciso que la autoridad se legitime mediante la voluntad de todos, libremente expresada, o mediante la supuesta voluntad de Dios. ¡El pueblo o el papa! ¡Elegid!” Louis Blanc
*Ricardo Bernal
Publicado: 20/07/2013 11:17

Esta famosa frase de Loui Blanc, pronunciada en 1808, nos coloca en el centro de la disputa teórico-política más importante de su época. Para los republicanos franceses de principios del siglo XIX, la efectividad de una verdadera revolución dependía de la respuesta a una pregunta que durante siglos había constituido el centro de los debates político-jurídicos de toda Europa, a saber: ¿De dónde proviene la legitimidad del poder político? La crisis de legitimidad del Ancien Régime derivó en la conceptualización de un sujeto político emergente que debía erigirse como la nueva fuente de la autoridad política: el pueblo.

Sin embargo, no pasó mucho tiempo para corroborar que el principio de soberanía popular resultaba insuficiente. Si quedaba claro que el pueblo debía ser considerado como fuente del poder político, no quedaba tan claro qué debía entenderse por pueblo. Ya en el crepúsculo del siglo XIX la idea rousseauniana de la “voluntad general” provocaba múltiples problemas teóricos, entre ellos el cuestionamiento sobre la posibilidad de una voluntad unánime en una sociedad marcada por la disimilitud.
Además de los impasses teóricos, el principio de soberanía popular tuvo que enfrentarse con una serie de problemas prácticos importantes relacionados con la viabilidad de su aplicación. No paso mucho tiempo para que comenzara a hacerse evidente la naturaleza bifacética de la soberanía popular. En efecto, decir que el pueblo gobierna puede significar al menos dos cosas: por una parte la soberanía popular sirvió como fundamento teórico y filosófico de la legitimidad del orden republicano y, por ende, de la forma de gobierno democrática; pero, por otra parte, desde sus inicios este principio representó un problema procedimental de gran calado: ¿Bajo qué mecanismos prácticos se vuelve plausible que la romántica alusión a un gobierno del pueblo pase de ser una mera ilusión a una práctica real?
De manera semejante a lo ocurrido en los albores del siglo XIX, en la actualidad vivimos una crisis referente a la legitimidad del poder político. Sin embargo, esta crisis ya no descansa en el problema del origen del poder, sino en la ineficacia de los procedimientos para hacer de ese origen teórico una realidad práctica. A lo que hoy nos enfrentamos es a una crisis en la aplicación procedimental del principio de soberanía, crisis provocada por múltiples factores, entre ellos el agotamiento de los instrumentos institucionales que otrora pretendían cumplir la función de la “representación” popular y, sobre todo, la aparición y el crecimiento de fuerzas suprademocráticas incapaces de circunscribirse al mandato popular.
Esta precisión explica por qué la invocación a la voluntad del “pueblo” como estrategia política para investirse de legitimidad no puede resultar sino ideológica, ingenua o francamente manipuladora. Sea por parte de la clase política, sea por parte de grupos políticos de ultra izquierda o ultra derecha, la arrogación inmediata de la voluntad popular obvia que el problema actual no consiste en precisar el origen de la fuente del poder, sino en establecer los complejos mecanismos, tanto institucionales como no institucionales, que permitan se aplicación.
Las recientes elecciones locales en México han mostrado el desgaste que el mecanismo de representación a través de partidos ha generado en el país. En buena medida esto se debe a la ineficacia y la inmensa corrupción existente en la llamada clase política nacional, pero este factor no explica la problemática en su totalidad. Si observamos bien, la crisis de representatividad de los partidos políticos de las democracias liberales se ha generalizado en todo el orbe.
Los movimientos sociales emergentes en los últimos años en todo el planeta han mostrado una faceta extremadamente novedosa de esta crisis de legitimidad. Además de la corrupción y la ineficiencia de los representantes políticos, buena parte de quienes participamos en ellos tenemos la convicción de que las decisiones más importantes en lo tocante a la política económica no son tomadas por los gobiernos nacionales de manera soberana, sino a partir de la presión de las antedichas fuerzas suprademocráticas y de los organismos que las sustentan (FMI, OMC, BM). Fuerzas ajenas a toda regulación social y amparadas en un discurso ideológico que hace de los poderes del gran capital entes intocables que se presentan a sí mismos como paradigmas de la libertad y el desarrollo..
Desde el 15-M, hasta las recientes protestas en Brasil, pasando por el movimiento #YoSoy132, se puede ver con claridad que, a las legítimas demandas coyunturales, los jóvenes hemos agregado una crítica frontal a esos poderes situados “más allá del bien y del mal”, sean estos organismos financieros, empresas transnacionales, emporios de comunicación u organismos deportivos internacionales. Tanto en España, como en Estados Unidos, México o Brasil, existe una toma de conciencia clara sobre uno de los problemas decisivos para la subsistencia de las democracia modernas: si las sociedades actuales son incapaces de hacer frente a los excesivos privilegios de esos poderes situados encima de cualquier pacto social, el principio de soberanía popular no será otra cosa que una ilusión, un ideal teórico o una mera ficción jurídica.
Así, se dibuja un problema de tres cabezas para los movimientos sociales modernos deseosos de reivindicar un ideal de democracia distinto. En primer lugar es necesario afrontar seriamente la crisis de legitimidad de los sistemas partidistas de representación buscando vías para avanzar hacia una participación social directa y una representatividad más vigilada en los casos que ésta sea necesaria; en segundo, es indispensable denunciar con frontalidad las políticas económicas de corte neoliberal que favorecen el crecimiento y la desregulación de poderes suprademocráticos, los cuales no sólo vulneran el principio de soberanía popular, sino que incrementan la desigualdad social; por último, pero no por ello menos importante, es necesario que nos replanteemos el problema de la legitimidad de los movimientos sociales. Si, en efecto, la representación política vive una crisis de esta índole resulta válida la pregunta: ¿Qué hace que estos movimientos representen con mayor legitimidad las necesidades sociales que aquellos personajes que fueron uncidos de poder por la vía de las urnas? La respuesta a esta última pregunta no es obvia ni autoevidente, de ahí que resulte indispensable responderla de manera colectiva para evitar que aquellos movimientos que se plantean a sí mismos como formas alternativas para hacer efectivo el principio de soberanía popular no se vuelvan antidemocráticos ellos mismos y contradigan en la práctica lo que defienden en la teoría.
*Estudiante del Doctorado en Filosofía Política UAM-I e integrante de #RevistaHashtag
@RHashtag

martes, 26 de marzo de 2013

Por no consultarles obras, zapotecos encarcelan a alcalde y síndico



Indígenas zapotecos durante una protesta en el palacio de gobierno en marzo de 2012. Foto: Ezequiel Leyva
Indígenas zapotecos durante una protesta en el palacio de gobierno en marzo de 2012.
Foto: Ezequiel Leyva
OAXACA, Oax. (apro).- Indígenas zapotecos encarcelaron al presidente municipal de Santa María Zaniza, Nemorio Martínez López, y al síndico Lucas Cruz, por realizar obras en la región de la Sierra Sur sin consultar previamente a la comunidad, confirmaron fuentes oficiales.
Luego del arresto, el presidente de Bienes Comunales, Luis Hernández Vásquez; el representante del Consejo de Vigilancia, Flavio Vásquez García, y el alcalde, Vidal  López, solicitaron la intervención de las autoridades gubernamentales para atender el caso.
Sin embargo, nunca pudieron entablar comunicación con el secretario general de Gobierno, Jesús Martínez Álvarez, y tampoco con los subsecretarios, José Silva Pineda y Javier Jiménez Herrera.
Por lo pronto, la comunidad convocó a una asamblea general en la cual determinará la situación de las autoridades municipales que permanecen detenidas.
Asimismo, pidió que la policía estatal que realiza recorridos de vigilancia en la región por los conflictos agrarios intercomunitarios, se mantenga alejada de Santa María Zaniza mientras se resuelve la situación de su autoridad municipal.
El alcalde y el síndico municipal cumplieron casi 24 horas de permanecer recluidos en la cárcel pública municipal, en espera de lo que resuelvan los pobladores.

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