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viernes, 4 de enero de 2019

Estuvo en nómina de ‘El Mayo’ jefe de seguridad de Fox

Viernes 4 de enero de 2019, Nueva York. Un general que fue oficial mayor de la Secretaría de Defensa Nacional (Sedena) en 2007 y un coronel encargado de la seguridad personal del presidente de México en 2001 fueron identificados como colaboradores pagados de Ismael El MayoZambada, capo del cártel de Sinaloa, por su hijo Vicente Zambada Niebla, El Vicentillo, al testificar contra su compadre Joaquín El Chapo Guzmán Loera en un tribunal federal en Brooklyn.
Zambada Niebla, testigo cooperante con la fiscalía en el juicio contra El Chapo Guzmán, reveló que en 2007 un general que identificó sólo por su apellido (Antimo) solicitó una cita y se reunió con su padre en Culiacán, Sinaloa. En ese encuentro, donde El Vicentillo se hallaba presente, el general explicó que “estaba buscando a mi papá porque había rumores en la Secretaria de la Defensa” de que varios capos estaban buscando dividir a los generales, ofreciendo pagar por el arresto de “mi padre y de mi compa El Chapo”.
Dijo que, entre otros, los Carrillo Fuentes, los Beltrán Leyva y el cártel de Los Zetas estaban en ese juego. Sin embargo, “algunos generales pensaban que era mejor” estar del lado de su padre, y estaban preocupados por las guerras impulsadas por esos grupos delictivos en todo el país.
La reunión, indicó, duró unas cinco horas y al final “mi padre agradeció” la visita, quedaron en que el general los mantendría informados acerca de esos intentos en contra de ellos, como también de operativos del gobierno, y le entregó 50 mil dólares al militar, con el acuerdo de que esa cifra sería entregada cada mes.
El general Humberto Eduardo Antimo Miranda fue oficial mayor de la Sedena en esas fechas hasta el 31 de marzo de 2008, cuando fue retirado de ese cargo.
El Vicentillo también habló sobre un “coronel Adams”, a quien identificó como “contacto directo de mi padre”, quien era “encargado de la seguridad del presidente Fox” en 2001. Agregó que tuvo reuniones con su padre, donde le pasaba información. Indicó que cuando escapó El Chapo de la cárcel, él ayudó a informarle cómo evadir a los que lo estaban persiguiendo. Una de las reuniones con el coronel Adams fue en el restaurante El Lago, en Chapultepec. Su apodo era El Chicle (por la marca de chicles Adams).
Un coronel Marco Antonio de León Adams fue jefe de la guardia personal del Estado Mayor Presidencial en esas fechas.
Con esta novedad se realizó la audiencia 22 y la séptima semana del juicio contra El Chapo Guzmán, el cual se reanudó ayer después de un receso navideño con este testigo “estrella” de la fiscalía.
El Vicentillo, guiado por el interrogatorio de la fiscalía, se dedicó durante horas a trazar el universo del cártel de Sinaloa en el cual fue criado hasta su arresto (si no es que se entregó después de una negociación con la agencia antidrogas estadunidense, DEA por sus siglas en inglés) en 2009 en Ciudad de México. Poco después fue trasladado a Estados Unidos, donde a cambio de buscar la reducción de una condena por narcotrafico, además del traslado de su familia inmediata a Estados Unidos, firmó un convenio de cooperación con la fiscalía. Informó que como parte de su acuerdo, entregará casi 1.4 mil millones de dólares de su fortuna a Estados Unidos.
El testigo abundó sobre la extensa corrupción que es parte integral de la operación de los cárteles, señalando que comandantes y otros oficiales de las policías Federal, judicial, estatal y municipal en Sinaloa estaban en la nómina de su padre y de El Chapo a cambio de “protección”.
Calculó que a escala estatal se pagaba más de un millón de dólares mensuales –más bonos– a estos oficiales. Indicó que también se hacía lo mismo con otros integrantes de la organización de su padre en otros estados, desde Oaxaca y Chiapas, hasta Ciudad de Mexico y zonas fronterizas como Ciudad Juárez y Mexicali.
Explicó que él aprendió varios aspectos del negocio acompañando a su padre, a quien identificó como “el líder del cártel de Sinaloa”, llegando a ser un jefe más del cártel pero también el “hijo del líder”.
Resumió el propósito del cártel: “la meta, como todo negocio, es ganar dinero, mucho dinero… con el dinero se gana poder”. Pero alertó que con “envidias” a ese poder, se generan problemas, y por ello se requiere de protección, incluyendo la que se compra con la corrupción.
Pero la razón de su presencia en este tribunal era vincular a El Chapo a la narrativa de la fiscalía, en el sentido de que Guzmán era socio de su padre y otro líder del cártel. Cuando le preguntaron cuándo lo conoció por primera vez, respondió: “vi a mi compadre a finales de los años 80 en casa de mis papás”. Informó que Guzmán Loera es padrino de su hijo menor. A lo largo del día, lo identificó como protagonista principal en el desarrollo y negocio del cártel, de las guerras contra otros capos y la cercanía con su padre.
El Vicentillo se encontró por primera vez en por lo menos una década a unos metros de la mesa donde estaba sentado el hombre al que repetidamente llamó, con cierto cariño, “mi compa” o “mi compadre”. Al inicio intentó saludarlo con una sonrisa, pero El Chapo, vestido con un traje azul marino, no respondió y evitó intercambiar miradas con Zambada Niebla el resto del día.
Aunque implicó al jefe de protección del presidente Vicente Fox, ofreció evidencia para exonerarlo de la fuga de El Chapo de la prisión de Puente Grande, al subrayar: “no es cierto” que Fox y algunos de los integrantes de su gobierno hubieran sido sobornados, ya que ese escape fue realizado por otros.
También ofreció una versión, anteriormente comentada por otro testigo en este juicio, sobre una propuesta fracasada para usar barcos de Petróleos Mexicanos (Pemex)para trasladar droga.
Comentó que “un representante de políticos” y de Pemex, no identificado, se reunió con su padre y El Chapo para proponer el uso de una nave de la paraestatal para trasladar unas 100 toneladas de cocaína, y dado que el buque era de esa empresa, suponían que tal iniciativa sería “exitosa”. Sin embargo, dijo que no sabía qué sucedió, ya que fue arrestado poco después de estas pláticas.
Con El Vicentillo, la fiscalía continúa hilando la narrativa sobre el cártel y el papel de El Chapo que está presentando ante el jurado de este caso, incluyendo las alianzas y las guerras dentro de ese universo del narco. Estará de regreso en el banquillo de los testigos este viernes.

viernes, 16 de noviembre de 2018

La bomba de Zambada

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Raymundo Riva Palacio

El testimonio de Jesús Zambada, El Rey, en el segundo día del juicio en contra de Joaquín El Chapo Guzmán, está lleno de cargas nucleares. Como testigo de la Fiscalía contra quien fue su socio durante lustros, reconoció en la Corte Federal de Brooklyn cómo controló, durante casi toda la primera década de este siglo, el Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Ciudad de México, mediante el pago de sobornos a funcionarios de la PGR y de la Policía de Caminos. No lo reveló Zambada, hermano del líder del Cártel del Pacífico, Ismael El MayoZambada, pero su testimonio, si se quiere llegar al fondo de lo que dijo, podría llegar a tocar a los exprocuradores Eduardo Medina Mora, actualmente ministro de la Suprema Corte de Justicia, y a Marisela Morales, que recientemente presentó su renuncia como cónsul en Milán.
Para entender la raíz de estos vínculos hay que remontarse al 22 de octubre de 2008, cuando en un operativo en Lindavista, agentes de la Policía Federal detuvieron a El Rey Zambada, junto con su hijo y 15 miembros del cártel. Los agentes seguían su pista como el jefe de plaza que había puesto precio a la cabeza de varios de los comandantes de la Policía Federal. Asesinos de bandas contratados por el Cártel del Pacíficomataron, en mayo de ese año, a Roberto Velasco, director de Investigaciones Criminales de la Secretaría de Seguridad Pública, que llevaba años tras la pista de El Chapo Guzmán. Ese mismo mes ejecutaron a Édgar Millán, coordinador de Inteligencia y Operativos contra el Crimen Organizado de la misma dependencia. En la lista funcionarios sentenciados se encontraban Luis Cárdenas, coordinador de Inteligencia de la Policía Federal, y Gerardo Garay, quien reemplazó a Millán.
Garay le ganó la carrera a Zambada y encabezó el operativo que lo detuvo. Las intercepciones de su teléfono mostraron que El Rey pidió, en el momento del enfrentamiento con los federales, que lo rescatara Édgar Bayardo, un mando medio en la Policía Federal que recibía 25 mil dólares mensuales del Cártel del Pacífico por protección. Bayardo no pudo hacer nada porque Garay y su equipo actuaron con mayor velocidad e impidieron que intercediera por Zambada. Una semana después, Bayardo fue detenido por su presunta vinculación con la organización criminal.
Bayardo se convirtió en testigo protegido de la PGR y le reportaba directamente a Medina Mora. El entonces procurador y Morales, quien en ese entonces era subprocuradora para Investigaciones Especiales contra la Delincuencia Organizada, utilizaron a Bayardo para que declara contra Garay y lo inculpara de estar ligado a El Rey Zambada. La PGR lo detuvo por esa declaración en diciembre de ese año, hasta que cuatro años después un juez lo exoneró por falta de pruebas. Bayardo corrió con diferente suerte. El 1 de diciembre de 2009, todavía como testigo protegido bajo el manto de Medina Mora, fue asesinado en un Starbucks en la colonia Del Valle. Un mes antes había aparecido muerto –dijeron que fue suicidio– el hijo de El Rey Zambada.
Eran ajustes de cuentas contra Zambada, que formaba parte de algo más grande, la implosión en el Cártel del Pacífico, que comenzó cuando los hermanos Arturo y Héctor Beltrán Leyva, que trabajaban para El Rey Zambada, rompieron con él y con el resto de los líderes criminales, incluido Guzmán, a quienes acusaron de haber delatado a su hermano Alfredo, El Mochomo, detenido en Hermosillo en enero de 2008. Los Beltrán Leyvaarrebataron al Cártel del Pacífico el control del aeropuerto y todo el lucrativo corredor del trasiego de drogas sintéticas y cocaína que cruzaba Morelos y Guerrero. Aquella guerra tuvo su pico en mayo de ese año, cuando en un solo fin de semana hubo más de 60 asesinatos de miembros y familiares del Cártel del Pacífico, adjudicados a Los Beltrán Leyva.
Esa escisión redefinió los territorios y las batallas de las organizaciones criminales en México, y tras la captura de Zambada, Los Beltrán Leyva, que tenían alto poder de fuego, se quedaron con la plaza. De ellos nacieron Guerreros Unidos y Los Rojos, y el fortalecimiento de Los Zetas, sus enemigos históricos con quienes se aliaron para enfrentar al Cártel del PacíficoEl Chapo nunca rompió con El Mayo Zambada, quien lo protegió y financió durante muchos de sus años en fuga, pero su hermano y sus sobrinos son ahora testigos de los fiscales en Estados Unidos.
La implosión en el Cártel del Pacífico alteró también las redes de protección institucional que recibía a nivel federal y estatal. Dentro de la cadena de detenidos a finales de 2008, tras la captura de El Rey Zambada, estuvo Javier Herrera Valles, excomisionado de la Policía Federal, que había salido de la Policía de Caminos. Herrera Valles fue acusado de trabajar para El Mochomo Beltrán Leyva y lo encarcelaron durante tres años, hasta que también fue puesto en libertad por falta de pruebas por parte de la PGR. Herrera Valles reapareció públicamente como secretario de Seguridad Pública de Nayarit, en 2017, pero duró escaso un año en el cargo. Desde entonces, no se sabe nada de él.
El testimonio de El Rey Zambada abarca una década fundamental en la historia de los cárteles mexicanos. Fueron los años de la consolidación del Cártel del Pacífico, que reclutó a funcionarios en todos los niveles, inclusive en la Presidencia de la República bajo el mandato de Vicente Fox, y su expansión en ese sexenio que llevó a que, a finales de 2006, el presidente Felipe Calderón iniciara la guerra contra las drogas. Esta historia probablemente terminará de escribirse en Brooklyn.

El cártel de Sinaloa mandaba en el AICM y los Beltrán Leyva en el de Toluca

Auge, entre 2010 y 2013
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Periódico La Jornada
Viernes 16 de noviembre de 2018, p. 7
Mientras el cártel de Sinaloa se apoderaba del control del Aeropuerto Internacional de Ciudad de México, los Beltrán Leyva lo hacían del de Toluca. Aunque todavía operan, sus mejores años para recibir y mandar cargamentos por esas vías fue entre 2010 y 2013, comentan fuentes de inteligencia.
Bajo el cobijo y protección de mandos policiacos y trabajadores del aeropuerto, el cártel de Sinaloa, con Joaquín El Chapo Guzmán e Ismael El Mayo Zambada, trasegaban heroína, cocaína, metanfetamina y dinero en efectivo.
Tan grandes fueron las cantidades de droga que movieron los cárteles(hasta el momento continúan operando en distintos aeropuertos), que las mismas autoridades federales no han podido dimensionarlas.
De acuerdo con las fuentes consultadas, entre los años antes mencionados, elementos de la Policía Federal adscritos al Aeropuerto Internacional de Ciudad de México (AICM) recibieron enormes cantidades de dinero por parte del cártel de Sinaloa, que los hicieron millonarios.
Mencionaron que en junio de 2012, cuando se enfrentaron entre sí policías Federales en la Terminal 2 del AICM, fue porque ese día se iban a repartir una fuerte cantidad de dinero, en dólares, que había pagado Sinaloa; pero hubo desacuerdos en la repartición, lo que originó el tiroteo, con un saldo de tres efectivos muertos. Los federales involucrados operaban para que la cocaína pudieran ser enviada a Europa.
La versión oficial fue que uniformados realizaban trabajos de investigación relacionados con el tráfico de drogas. Se trataba de una red de funcionarios que estaban involucrados con la organización.
En la investigación la Procuraduría General de la República (PGR) detectó que los cargamentos para El Mayoprovenían de Perú, Colombia, Argentina y Brasil. Llegaban al Aeropuerto Internacional de Ciudad de México y de ahí podían salir a Estados Unidos, España o Italia.
Para detectar la red de funcionarios en el Aeropuerto de la Ciudad de México, Estados Unidos, mediante la Agencia Antidrogas estadunidense (DEA) también ha colaborado con las autoridades mexicanas; sin embargo, el recinto continúa siendo uno de los principales puntos de tráfico de drogas.

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