Mostrando entradas con la etiqueta injerencia extranjera. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta injerencia extranjera. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de marzo de 2018

Las mentiras perfectas de Vargas Llosa, el #PanamaPapers y el entusiasmo de Meade

Mario Vargas Llosa, escritor. Foto: Eduardo Miranda

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- ¿En qué momento México dejó de ser “la dictadura perfecta” para convertirse en una “democracia amenazada por el populismo”?
Nunca lo ha explicado Mario Vargas Llosa, polemista nato, político frustrado, extraordinario novelista que ganó el Premio Nobel y que esta semana se volvió Trending Topic al imitar al mercader J.J. Rendón diciendo que nuestro país está en peligro de caer en un modelo como Venezuela.
Como analista político Vargas Llosa es un hueso duro de roer. Lamenta su juventud comunista, pero nunca es autocrítico de su estalinismo neoliberal. Sólo hay buenos y malos en el esquema del escritor peruano. Aquellos que sigan el Consenso Neoliberal de Washington -que lleva 40 años de aplicarse- son “liberales y demócratas” y los que estén en contra son “populistas” y “demagógicos”. Como si el neoliberalismo no fuera populista y demagógico también.
Hace décadas dejó el discurso de la autodeterminación de los pueblos y terminó apoyando al expresidente español José María Aznar en su aventura bélica con George W. Bush y Tony Blair en la invasión a Irak en 2003.
Vargas Llosa escribió en El País una serie de lamentables crónicas propagandísticas sobre la nación árabe “liberada” por la coalición militar anglosajona. Decía que Irak ya contaba con internet y libertad de prensa. El desastre posterior a la invasión estadunidense lo dejó callado.
Su maestría para escribir grandes novelas históricas o ficciones latinoamericanas se vieron opacadas cuando en abril de 2016, el nombre de Mario Vargas Llosa apareció como accionista de una sociedad off shore creada a través del despacho Mossack Fonseca, que dio origen al escándalo multinacional de los Panamá Papers.
La compañía Talome Services fue creada por el propio Vargas Llosa y su exesposa Patricia, en 2010, y estaba radicada en el paraíso fiscal de Islas Vírgenes Británicas, territorio ajeno a la fiscalización de España y de la Unión Europea. Ahí surgió la primera verdad de la mentira del novelista peruano sobre la grandeza del capitalismo liberal.
López Obrador es “el suicidio”
Esta semana, al ser consultado sobre las elecciones presidenciales mexicanas, Vargas Llosa afirmó desde la Casa de las Américas, en España, que “hay una posibilidad de que México retroceda de una democracia a una democracia populista, una democracia demagógica. ¿Van a ser tan insensatos los mexicanos, teniendo el ejemplo de Venezuela, de votar algo semejante? Mi esperanza es que no. Y que haya lucidez suficiente”.
“En México muchas cosas andan mal, pero unas muchas bien. Hay que esperar que el populismo no gane, sino que retroceda”, abundó el autor de una reciente compilación de ensayos sobre los autores liberales, titulado La Llamada de la Tribu.
Con su estilo crudo y paternalista, Vargas Llosa nos advirtió: “algunos países prefieren suicidarse, espero que eso no ocurra en México… Yo espero que no gane López Obrador, creo que sería un retroceso para el país”.
El aspirante presidencial de Morena acusó el golpe, pero prefirió no polemizar directamente. López Obrador afirmó que Vargas Llosa “es un buen escritor, pero un mal político”, mientras que su esposa Beatriz González Mueller fue más explícita. Consideró las palabras del novelista como “una intrusión, viniendo de un extranjero; es una muestra de ignorancia, viniendo de un dogmático”.
El candidato presidencial priista, José Antonio Meade celebró hasta este 2 de marzo las diatribas de Vargas Llosa. En su cuenta de Twitter, el penta-secretario afirmó:
“Al gran Mario Vargas Llosa no sólo hay que leerlo sino también escucharlo. Sabias palabras del Premio Nobel. #YoMero”. El señor #YoMero no aclaró a qué sabias palabras de Vargas Llosa se refería: ¿a su definición del PRI como parte de la “dictadura perfecta” o a su advertencia de que los mexicanos que voten por López Obrador son suicidas?
La verdad de las mentiras
Uno de los grandes ensayos literarios de Vargas Llosa se tituló precisamente La Verdad de las Mentiras. En ese libro, el Premio Nobel argumenta que gracias a las mentiras de la ficción se puede conocer mejor la verdad de la naturaleza humana.
Esta ecuación en la literatura logra grandes obras, pero en la política convierte al declarante en un demagogo.
La primera verdad en la mentira reciente de Vargas Llosa es que, efectivamente, existe un riesgo de retroceso en México, pero no por el populismo, sino por la cleptocracia disfrazada de democracia que busca prevalecer un sexenio más.
Ahí están los datos escandalosos del robo y del vínculo entre gobernantes mexicanos con el crimen organizado, que siempre ignora el autor de El Sueño del Celta.
La segunda verdad en la mentira de Vargas Llosa es que los mexicanos no son tan insensatos, aunque existan muchos que prefieren continuar con “la dictadura perfecta” que él mismo acuñó cuando habló del régimen priista en los años 90.
La tercera verdad en la mentira de Vargas Llosa es que, es más fácil endilgarle una caricatura de mesiánico, populista, izquierdista a López Obrador y a sus seguidores, en lugar de hacer un verdadero análisis.
Si caricaturizas, ya no hay posibilidad de diálogo y menos de polémica.
Vargas Llosa ya no quiere acordarse que más peligroso que el modelo venezolano es el modelo fujimorista que prevaleció en Perú: una mezcla de autoritarismo, neoliberalismo y corrupción a gran escala que dejó a su país devastado y con una guerra civil.
Vargas Llosa prefiere retroceder el reloj histórico hacia el 2006 para recetarnos, de nuevo, la idea del “peligro para México” como si fuera una réplica de Venezuela. Ya sabemos lo que ha pasado en 12 años con estos discursos de odio y polarización.
Ojalá Vargas Llosa, un hombre culto sin duda, volviera a releer a Karl Popper y a otros liberales para darse cuenta que la principal amenaza para la democracia en México es el discurso del miedo.

viernes, 20 de marzo de 2015

Caballeros Templarios, entrenados por Estados Unidos, Egipto e Israel

Integrantes de los Caballeros Templarios, el cártel que surgió en el seno de La Familia Michoacana en mayo de 2006, fueron capacitados por los gobiernos de Estados Unidos, Israel y Egipto en el arte de la guerra y de la inteligencia que utilizan como estrategia para el trasiego de drogas, lavado de dinero, infiltración de las estructuras militares y gubernamentales y realizar operativos de asalto. Se trata de un cuerpo de elite que incluso cuenta con un tipo de armas a las que no tienen acceso los militares mexicanos. Un expediente abierto en la PGR –al que Contralínea tuvo acceso– da cuenta de la historia y estructura de La Familia Michoacana y los Caballeros Templarios. Martín Rosales Magaña y el testigo protegido Emilio, dos de los fundadores de esas organizaciones delictivas, revelan en sus respectivas declaraciones ministeriales de 2011 la composición de ambos cárteles de la droga

Integrantes del cártel de los Caballeros Templarios cuentan con el adiestramiento necesario para realizar “despliegues rápidos por tierra, mar y aire; de hacer operaciones de emboscada, de realizar incursiones, de organizar patrullas. Son francotiradores especializados. Pueden asaltar edificios y realizar operaciones aeromóviles y de búsqueda y de rescate de rehenes; poseen armas del uso exclusivo de las Fuerzas Especiales que ninguna otra unidad militar posee, como las pistolas HKP-7 y los fusiles G-3 a los que se les puede incorporar granadas .203”, revela la documentación del proceso penal 121/2011, en contra de Martín Rosales Magaña o Juan Cervantes Espinoza, alias el Terry o la Borrega, a la que Contralínea tuvo acceso.
Según el expediente, algunos miembros de la organización sucesora de La Familia Michoacana recibieron entrenamiento militar y capacitación en operaciones especiales de los gobiernos de Estados Unidos, Israel y Egipto, cuando eran parte de las Fuerzas Armadas. De ello se desprende que el cártel sea en la actualidad un grupo de elite que ha puesto en jaque a los gobiernos panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón, y al del actual presidente, Enrique Peña Nieto.
La formación de los líderes, sicarios y operadores de los Caballeros Templarios fue similar a la que obtuvieron los miembros del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (Gafes) del Ejército Mexicano, quienes pasaron a formar parte del Cártel del Golfo, de Osiel Cárdenas Guillén, y después se independizaron para constituir el cártel de Los Zetas.
De acuerdo con el análisis de la agente ministerial Rubí Esbeidit Anduaga Goicochea, contenido en el proceso penal 121/2011 instaurado en contra de Martín Rosales Magaña (brazo derecho de Jesús Méndez Vargas, el Chango Méndez, uno de los fundadores de La Familia Michoacana), los miembros de la organización delictiva destacan por su alta capacidad de entrenamiento militar y de técnicas de inteligencia.
Al solicitar el arraigo de Martín Rosales Magaña y coacusados, la agente ministerial Anduaga Goicochea consideró a la entonces Familia Michoacana y a los Caballeros Templarios como grupos delictivos “de alta capacidad de entrenamiento militar en operaciones de logística, [que cuentan con] armamento sofisticado, tecnología, y cuyos líderes recibieron entrenamiento de gobiernos de Estados Unidos, Israel y Egipto”, según se asienta en la foja 560, tomo III del proceso penal 121/2011.
“Los cabecillas, sicarios, operadores financieros, halcones y escoltas del cártel poseen ametralladoras M-16, fusiles MGL, ametralladoras M249, calibre 5.56, las cuales fueron usadas por primera vez por elementos del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE) en 1994, en Chiapas, en contra del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
“Cada uno de ellos lleva una miniametralladora SAW 5.5 con capacidad de 700 tiros, un fusil Rémington 700 para franco-tirador y una M72 LAW, bazuca sudafricana que usa el tubo antitanque, entre otras armas, toda vez que se actualizan con armas más potentes cada día.
“Esta organización criminal –prosigue– es un grupo radical que actúa a través de la violencia como su carta de presentación. Este grupo es el encargado de ejecutar los trabajos que le son encomendados, y que notoriamente lo hace de forma muy violenta. Entre sus múltiples operaciones destacan las siguientes:
“De protección y extorsión como principal actividad de lucro; ejecución de enemigos y asesinatos de políticos; custodia y traslado de drogas; operaciones de seguridad para sus miembros; secuestros y ejecuciones, algunas en plena vía pública y otras mediante el plagio y posteriormente, desmembramiento de sus cuerpos en ácidos para desintegrarlos, a lo cual le denominan ‘cocinar’, es decir, los meten a un tambo desmembrados y los desintegran.”
La Familia Michoacana, cuyo poder casi absoluto en el estado heredó a fuerza de guerras intermitentes a los Caballeros Templarios dominó en forma total amplias regiones de Michoacán, Guerrero, Guanajuato, Estado de México, Morelos, en donde amedrentaron a los funcionarios de las procuradurías de justicia, corrompieron a los cuerpos de seguridad pública, a empresas de seguridad privada, presidentes municipales y lograron un sinfín de renuncias de todos los mandos, tanto bajos, medios, altos e incluso pertenecientes a los tres Poderes de la Unión en dichos estados.
De igual manera, los aspirantes a un cargo público han renunciado a dichas nominaciones por temor a ser heridos de muerte por estas células de la organización criminal.
La representante social Rubí Esbeideit dice en la foja 261 de la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDCS/435/2011 que miembros de La Familia Michoacana han ejecutado a modo de venganza a diversos elementos policiacos de seguridad pública, presidentes municipales, síndicos procuradores y los señala de haber sido los responsables de lanzar contra civiles las granadas de fragmentación el 15 de septiembre de 2008 frente al Palacio de Gobierno de Michoacán, cuando se llevaba a cabo una verbena popular previa a la ceremonia del Grito de Independencia.
Cita como miembros de la organización delictiva, entre otros, a Saúl Solís Solís, Hilario López Morales, Martín Rosales Magaña, Santiago Geovani Equihua Peñaloza, Jaime Ulises Fernández Alarcón, quienes supuestamente se dedican como su principal actividad al tráfico de drogas como mariguana, cocaína y metanfetaminas, además de secuestrar a empresarios y de contar con gente encargada de vigilar las operaciones, denominados halcones, y con sicarios para asesinar a miembros de organizaciones contrarias.
La representante social argumenta al juez de la causa que, con base en las indagatorias realizadas por los agentes investigadores, “se puede establecer que Martín Rosales Magaña y sus cómplices José Chávez Moreno, Santiago Geovani Equihua Peñaloza y Jaime Ulises Fernández Alarcón, de manera dolosa forman parte de una organización criminal con la finalidad de introducir narcóticos en el estado de Michoacán, a otros estados de la República y a Estados Unidos.
“Los indiciados cuentan con una estructura de células o de grupos para la administración, dirección, supervisión, así como la fuerza de trabajo para transportar, extraer, comercializar y elaborar narcóticos, así como para la introducción o extracción del país de estupefacientes o sicotrópicos que comercializa el grupo delictivo en el extranjero y en México.”
Señala que los principales líderes de La Familia Michoacana, comandada entonces por Nazario Moreno González, el Chayo, eran: Jesús Méndez Vargas, el Chango Méndez; Nicandro Barrera Medrano, el Nica; Servando Gómez Martínez, la Tuta; Dionisio Loya Plancarte, el Tío; Saúl Solís Solís, el Lince; y los jefes de plaza como Hilario López Morales, el Gato; el Arqui; Jorge Luis Valencia Arzate, el Chuky; Pablo Magaña, la Morsa; y el Toni Montana, entre otros.
Los acusa de haber cometido delitos del orden federal, “incluso han logrado infiltrarse en esferas de poder donde les proporcionan información, corrompiendo a servidores públicos de los tres niveles de gobierno, para el control del tráfico de drogas, secuestrar empresarios, vigilar en los estados donde operan, utilizar sicarios para matar a la gente contraria a la organización y acciones de custodia y vigilancia”. Además, dice, cuenta con sujetos que realizan operaciones bursátiles sospechosas.
Por ello, la agente ministerial solicitó (en octubre de 2011) al juez la medida cautelar de arraigo por 40 días, en tanto la entonces Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) integraba la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDCS/435/2011 en contra de Rosales Magaña, Equihua Peñaloza y Fernández Alarcón por los delitos de delincuencia organizada, contra la salud, portación de armas de fuego de uso exclusivo del Ejército. Testimonio de Rosales Magaña
Rosales Magaña se incorporó a La Familia Michoacana a principios de la década de 1990 a través de Antonio Arcos Martínez, el Toñón, encargado de la plaza de Apatzingán, quien a su vez fue el contacto para que se reuniera con el jefe de la banda, Jesús Méndez Vargas, el Chango Méndez.
A petición de Arcos Martínez, Martín Rosales preparó una comilona con barbacoa en su casa de Pizándaro, Michoacán, donde recibió a Jesús Méndez Vargas, a su escolta el Toñón y a ocho lugartenientes más. “El Chango Méndez me preguntó si podría con la plaza de Buena Vista. Así fue como empecé a trabajar. El Chango me envío a 14 hombres para que me apoyaran a cuidar que no se metieran los contras, y vigilar que no hubiera presencia de ningún tipo de autoridades.
“Duré 2 años como responsable de la plaza de Buena Vista. Durante ese periodo mataron a un hermano de Jesús Méndez. Fue Nemesio Farías Oseguera, el Mencho, quien lo mató. A raíz de su muerte, el Chango Méndez se fue para Apatzingán y luego a Jalisco en busca de apoyo del Cártel del Milenio, comandado en ese tiempo por el Lobo Miranda”, dice Martín Morales.
En su declaración ministerial del 15 de octubre de 2011, Rosales dijo que el Chango Méndez les propuso a los líderes del Cártel del Milenio trabajar juntos y les pidió apoyo para tomar la plaza de Apatzingán. Fue esa acción lo que desató el rompimiento de la Familia Michoacana y dio paso al surgimiento del cártel de los Caballeros Templarios, encabezados por Kike Plancarte.
“Otro motivo fue que la gente de Nazario Moreno Hernández se dedicaba a la extorsión, secuestro y cobro de piso en los negocios, tiendas de abarrotes, ferreterías, tortillerías, etcétera, con lo que Jesús Méndez y yo no estábamos de acuerdo”, refiere Martín Rosales.
Fue en mayo de 2006 cuando definitivamente se formaron los Caballeros Templarios, quienes le declararon la guerra a La Familia Michoacana. Repartieron volantes y pegaron mantas con amenazas de aplicar la pena capital a quienes apoyaran a los miembros de La Familia Michoacana, quienes eran acusados de “traidores a la patria”.
Rosales asegura que fue en este periodo cuando supuestamente se produjo la muerte de Nazario Moreno, el Chayo, en un enfrentamiento con la Policía Federal, y cuando Kike Plancarte convocó a una reunión para exponerle al Chango Méndez que iban a cambiar de nombre a la organización, llevando ya consigo sellos, pancartas y emblemas de los Caballeros Templarios.
“La mayoría de los jefes de plaza –prosigue Martín Rosales– se pasaron al bando de los Caballeros Templarios, y los que quedamos de La Familia Michoacana, al mando del Chango Méndez y yo como segundo de abordo, nos retiramos a nuestras plazas a resguardarnos”. En junio de 2006, Jesús Méndez Vargas fue detenido por policías federales en la ciudad de Aguascalientes.
Fue una encarnizada guerra de 2 años entre los dos bandos. Dos de las más cuentas batallas entre ambas organizaciones se produjeron en Vicente Guerrero, y en el Puente del Terreno, Michoacán.
“Fui jefe regional de plaza de los municipios de Buena Vista, Apatzingán, Tancítaro, Los Reyes, Zamora, Paracho, La Piedad, precisamente 3 meses antes de que se diera la división entre ambas organizaciones”, destaca. La estructura
La organización de los Caballeros Templarios quedó conformada, dice Martín Rosales, por Nazario Moreno Hernández, el Chayo, como jefe de la organización; Enrique Plancarte, Kike o la Chiva, segundo; y, como tercero al mando, Servando Gómez Martínez, la Tuta. Como cuarto al mando quedó la Matraca.
La estructura de los Caballeros Templarios quedó integrada, además, por Silvestre Valencia Hernández, el Chivo, como jefe de plaza en Buena Vista; en la Ruana, el Maní; en Apazingán, el Pantera y el Ratón; en Tancítaro, el Nene; en Uruapan, el Troyano, e Ignacio Rentería Andrade, el Cenizo.
En Morelia, Jorge Luis Valencia Arzate; en Los Reyes, el Chiguán; en Zamora, el Pinto; en Zicuirán, Miguel Ángel Gallegos Godoy, el Migueladas, productor de Ice, “mueve cocaína y es uno de los principales operadores financieros de los Caballeros Templarios”.
En Lázaro Cárdenas, Julio Omar Tafolla Sánchez, el Tío; en Coacolman, el Flaco; en Tepalcatepec, el Toro; en Antúnez y el Estado de México, el Gallito, primo del Chayo; en La Huacana, Saúl Solís Solís, el Lince, Miguel Ángel Jiménez Tinoco, el Cepillo y el Pony.
En Arteaga, Timbuscatío, La Presa e Infiernillo, Servando Gómez, la Tuta, responsable también de la plaza de Guerrero, que abarca La Unión, Petacalco, Zihuatanejo, Petatlán, donde controlaba la región junto con Gabino Santana, el Inge, y el Gavilán.
Otros miembros de los Caballeros Templarios que fungían como operadores financieros y productores de droga Ice son: Samer José Servín; Rafael Sánchez Moreno, el Pollo, y Jesús Torres. Todos ellos, pertenecientes a La Ruana, Michoacán, que tienen sus laboratorios en la línea del Río Grande que divide a Michoacán y Jalisco.
El centro de reunión de los Caballeros Templarios está en San Fernando, La Cofradía y Holanda, municipio de Apatzingán.
Testigo protegido Emilio
Exmiembro de La Familia Michoacana a la que perteneció desde febrero de 2007 a diciembre de 2008, cuando se acogió al programa de testigos protegidos de la Procuraduría General de la República (PGR), Emilio testificó ante el Ministerio Público el 15 de noviembre de 2011 en el proceso instaurado en contra de Rosales Magaña y coacusados por delitos de delincuencia organizada y otros.
“Pertenecí a la organización criminal conocida como La Familia Michoacana desde febrero de 2007 hasta diciembre de 2008, para la que trabajé en los estados de Michoacán, Guanajuato, Querétaro, San Luis Potosí, Chiapas, Estado de México, Guerrero, Tamaulipas, Jalisco, Zacatecas, y en Tijuana y Ciudad Juárez.”
En su declaración ministerial (PGR/ SIEDO/UEIDCS/AP/435/2011), de la que Contralínea tiene copia, el testigo protegido con clave de identificación Emilio dijo conocer las entrañas y la estructura de La Familia Michoacana, de acuerdo con lo asentado en la foja 203, Tomo I, del proceso penal 121/2011, a cargo del juez federal Roberto Hoyos Alponte.
Emilio declaró que la organización delictiva se dedica a la elaboración y tráfico de drogas como el cristal, la cocaína, las metanfetaminas, la heroína y la marihuana; también se dedica al secuestro de personas, extorsiones, al cobro de plazas y a la venta de droga al menudeo en tienditas, protegidas por distintas autoridades de los tres niveles de gobierno en dichas entidades, las cuales están comprometidas desde sus campañas electorales, ya que los apoyaron con varios millones de dólares.
Al mando de la Familia Michoacana, dice, estaban Jesús Méndez Vargas, el Chango Méndez y Nazario Moreno González, el Chayo. El primero ejercía su poder en los municipios de Buena Vista, Los Reyes, Zamora, Tepalcatepec, El Ahuaje, La Ruana, Felipe Carrillo Puerto, Ejido de Holanda en Michoacán, y en todo el Estado de México; mientras que al Chayo le correspondían Apatzingán, Parácuaro, Nueva Italia, Lázaro Cárdenas, Arteaga, Aquila, Lombardía, Uruapan, Pátzcuaro y Morelia.
El Oriente de Michoacán estaba a cargo de Hilario López Morales, el Gato, responsable de las plazas de Zitácuaro, Benito Juárez, Jungapeo, Angangeo, Tuxpan, Ciudad Hidalgo, Maravatío, Susupuato, Tuzantla, Tiquicheo, Limón de Papatzingán.
Los tres grupos contaban cada uno con una estructura piramidal y su respectiva división del trabajo delictivo como la venta de drogas, la producción de cristal; sicarios para levantar a miembros de otros grupos criminales, para llevar a cabo las ejecuciones y los cobros de piso; halcones que hacían trabajo de inteligencia para ubicar a los contras dentro de las distintas plazas y monitorear los movimientos de las autoridades, de la Policía Federal, de los militares y los marinos; y personal de administración, que llevaba el control del dinero de las plazas para reportar a sus respectivos jefes.
Emilio formó parte de la escolta de Jesús Méndez Vargas y, según su relato, acudió a dos cumbres nacionales –en mayo y junio de 2007– de jefes de plazas y altos mandos de la organización criminal celebradas en un centro de convenciones ubicado en Arteaga, Michoacán.
Fue en esa época cuando conoció a Martín Rosales Magaña en el rancho las Palmas, propiedad de Nazario Moreno González, el Chayo, uno de los líderes fundadores de La Familia Michoacana.
“Lo conocí cuando el Chango Méndez me ordenó que tendría que acompañar y apoyar a Martín Rosales en una reunión en un rancho de la sierra ubicado entre los poblados de Tejupilco y Luvianos, en el Estado de México, para organizarnos y salir rumbo a Metepec y Toluca a levantar a los que vendían droga en las tienditas, a los que se les decomisaba la droga y el dinero para dejarlos con vida y tenían que trabajar para La Familia Michoacana.”
En esa ocasión, Emilio salió en caravana por la ruta de Zitácuaro a Huetamo, y de ahí al rancho del Estado de México, en la zona que se conoce como el “triángulo dorado del Sur”, junto con Michoacán y Guerrero por su similitud por el trasiego y producción de drogas con el triángulo dorado del Norte, ubicado en los límites de Sinaloa, Coahuila y Chihuahua.
Emilio y Rosales Magaña iban al mando de cuatro grupos de quince sicarios cada uno encabezados por el Pantera; Saúl Solís Solís, el Lince; el Himan y Héctor. Todos juntos entraron al rancho mexiquense por la Cuesta del Venado, a través de un camino de terracería. En el rancho fueron recibidos por el Conta y/o el Gazca, quien resguardaba el cargamento de armas que serían utilizadas en las operaciones contra los enemigos de la organización.
Los detenidos en las plazas de Metepec y Toluca eran entregados en Zitácuaro al jefe de la plaza Oriente de la organización, Hilario López Morales, el Gato, quien decidía si los ejecutaban o los dejaban en libertad.
Emilio dijo reconocer a Rosales Magaña porque éste “le entregaba personalmente a Héctor, jefe de plaza de Chalco, Estado de México, siete kilogramos de cocaína a la semana para su venta al menudeo por órdenes directas de Jesús Méndez Vargas”.
http://www.voltairenet.org/article185487.html

Green Go