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domingo, 17 de julio de 2016

Crecimiento desmedido de la deuda pública con Calderón y Peña -


http://www.forbes.com.mx/crecimiento-desmedido-de-la-deuda-publica/#gs.LyefqPI

Si bien México no tiene los problemas fiscales que si tienen las naciones desarrolladas, es verdad que ahora en día nuestro país tiene la deuda pública más alta de su historia, lo cual puede no representar un problema en el presente con tasas de interés bajas, pero si puede serlo una vez que éstas aumenten dentro de uno o dos años.

De acuerdo con cifras publicadas por el Banco de Información Económica (BIE) del Inegi, al mes de diciembre de 2012 la deuda neta total del sector público ascendió a 5.222 billones de pesos (bdp), de los cuales 3.634 bdp correspondieron a deuda interna y 1.588 bdp fueron deuda externa.  Cabe señalar que estas cantidades son considerablemente más altas que las observadas en diciembre del año 2006, mes en el que la deuda neta total del sector público sumó 1.697 bdp, de los cuales 1.172 bdp fueron deuda interna y apenas 0.525 bdp eran deuda externa.

Así, en un plazo de seis años la Administración de Felipe Calderón aumentó la deuda total en 207.7%, la deuda interna en 210.1% y la deuda externa en 202.2%. Desde luego que estos porcentajes de incremento son descomunales, sobre todo si se considera que la inflación en el periodo fue de apenas 28.5%.

Claro que a muchos no les preocupa el incremento desmedido de la deuda pública en México porque éste se dio en un contexto de disminución en las tasas de interés tanto domésticas como externas, por lo que los pagos por el servicio de la deuda no se han disparado; pero el problema permanece latente y se agravara una vez que las tasas de interés aumenten.

Para poner las cosas en contexto tomemos en cuenta lo siguiente: una buena referencia del costo que paga el gobierno federal por sus colocaciones de deuda nos la da los Certificados de la Tesorería, conocidos coloquialmente como Cetes. Así, en diciembre de 2006 la tasa de interés de los Cetes a plazo de 28 días fue de 7.04% anualizado, mientras que la tasa de los Cetes a 91 días fue de 7.16%. Por su parte, en diciembre de 2012 la tasa de interés de los Cetes a 28 días fue de 4.05% y la de los Cetes a 91 días fue de 4.21%.

Esto nos permite inferir de forma simplista que en el periodo de 2006 al 2012, la tasa de interés que paga el gobierno federal por su deuda interna disminuyó en 42.5%, por lo que el aumento en la deuda interna de 210.1% no se ha sentido presupuestalmente en el gobierno federal por los ahorros en tasa.

Y la cuestión de la deuda externa también ha tenido un beneficio, ya que las tasas de interés de los países desarrollados han bajado de forma sustancial en el periodo en cuestión lo que ha permitido obtener créditos con el sistema bancario de dichos países a tasas más bajas y de igual forma ha permitido que las colocaciones de deuda nacional en otras divisas sea también a tasas más bajas.

A este respecto, como ya lo mencioné, el riesgo para las finanzas federales es que suban las tasas de interés en uno o dos puntos porcentuales tanto en México como en el resto del mundo, ya que eso obligaría al gobierno a refinanciar sus adeudos de corto plazo a un costo mayor. Y es que con una deuda de 5.222 billones de pesos, pues un aumento de un solo punto porcentual en la tasa de interés se ve reflejado en un costo financiero mayor en 52.2 mil millones de pesos al año.

Para finalizar es muy importante hacer hincapié en el hecho de que si bien México no tiene los problemas de endeudamiento que si tienen los Estados Unidos y los países de la Unión Europea, el ritmo en que ha aumentado la deuda es muy preocupante y por lo tanto se le debe poner un freno. En ese sentido, es digno de aplaudirse que el Paquete Fiscal 2013 que envió el Ejecutivo Federal y fue aprobado por el Congreso no contempla déficit fiscal y por lo tanto no tendría por qué seguir creciendo la deuda pública nacional.

Esperemos que para el nuevo gobierno federal el equilibrio en las finanzas públicas sea una prioridad y si hay contratación de deuda, ésta sea utilizada en proyectos importantes de infraestructura que eleven la competitividad del país, y no sea utilizada para compensar el aumento desmedido que se observó en el gasto corriente en el pasado sexenio.



Contacto:

alejandro@gaeap.com


sábado, 22 de noviembre de 2014

Advertencia insólita del Banco Mundial a México

sdf

No debería asombrarnos que Enrique Peña Nieto siga al frente del Ejecutivo, no obstante los costosos conflictos de intereses en que están involucrados él y su esposa, puescon ese fin, no demandar justicia, se mantiene en la indigencia educativa y concreta a la gran mayoría de la población. Por eso la élite gobernante hasta puede darse el lujo de regañar a quienes osan protestar, tal como lo hizo la señora Angélica Rivera al pretender justificar la adquisición de sus propiedades. Sin embargo, si aquí no pasa nada que afecte al jefe del Ejecutivo, a nivel internacional las repercusiones para el país son muy graves, y las habrá de pagar el pueblo como lo advirtió el presidente del Banco Mundial (BM), Jim Yong Kim.
​Al hablar durante una ceremonia en la que se dio a conocer un préstamo de 350 millones de dólares para la operación del programa “Prospera”, exigió justicia para las familias de los 43 desaparecidos de la normal de Ayotzinapa y afirmó: “Tragedias tan terribles como éstas, socavan la necesidad de continuar invirtiendo en el futuro de los más vulnerables, mejorar su bienestar y proveerles mejores oportunidades y empleos”. En otras palabras, no tiene caso seguir destinando recursos dizque para beneficiar a los más vulnerables, si en los hechos siguen sucediendo crímenes tan abominables como los de Tlatlaya y Ayotzinapa.
​Es obvio que para el mandamás del BM el gobierno federal está fallando, lo dice entre líneas pero sin circunloquios. Jim Yong Kim debe saber claramente que lo que sucede en México no es un problema derivado de una insurgencia nacida de grupos guerrilleros fuera de control, sino de los abusos de una camarilla gobernante corrupta y voraz que no tiene empacho en seguir por esa ruta, aunque las consecuencias sean cada vez más dramáticas y repercutan negativamente a nivel internacional. Sabe asimismo que de no actuar el Ejecutivo con la debida prudencia, la situación del país se saldría realmente de los cauces institucionales.
​De ahí su insólito llamado en favor de una elemental justicia para las familias de los estudiantes desaparecidos, pues sabe que de seguir actuando como lo está haciendo la camarilla en el poder, México podría arder y sería mucho más difícil para los organismos internacionales recuperar sus créditos y seguir manteniendo a nuestro país bajo su férula.
Por eso el 20 de noviembre fue crucial; las marchas terminaron sin incidentes que lamentar, para que en el exterior quede claro que el pueblo no es el que promueve la violencia ni pretende desestabilizar nada. Esto lo saben muy bien en Los Pinos, por eso trataron de ensombrecerlas, darles un cariz “anarquista”.
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Es la última carta que le queda a Peña Nieto: justificar el endurecimiento de su desgobierno para no recibir duras críticas del exterior que socaven aún más el derrumbamiento de la economía. Al precio que sea pretende mantener una paz “porfiriana”, con el fin de seguir adelante con su “proyecto” entreguista que acabará con la soberanía energética de la nación. Eso es lo único que le importa a la camarilla gobernante, y acusan hasta de traidores a la patria a quienes nos oponemos a lo que es realmente una verdadera traición a los intereses nacionales. Es una premisa falsa decir que sin las reformas el país se habrá de hundir, como lo afirman los voceros de Peña Nieto en el Congreso; se hundirá sin duda en la medida que se pongan en marcha.
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Es una crueldad terrible que sea el pueblo el que siga pagando el absurdo enriquecimiento de la oligarquía, socia minoritaria de las grandes trasnacionales petroleras. En la pésima conducción económica no tiene nada que ver la sociedad mayoritaria, lo saben los organismos internacionales y lo confirmó el presidente del BM con su advertencia. También saben que la caída estrepitosa del producto interno bruto (PIB) en México, se debe a la ineptitud y voracidad de las élites. Así que no tiene caso que el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, eche la culpa a “factores externos”. Menos caso tiene que Luis Videgaray diga que México “está acelerando claramente su crecimiento”. Eso es lo que más indigna a la gente: tanto cinismo y desvergüenza.


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