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sábado, 15 de septiembre de 2018

Con el priismo herido, la torta no llena, y pocos acarreados llegan al Zócalo



Pocos acarreados llegan al Zócalo de la Ciudad de México para presenciar el último Grito de Enrique Peña Nieto. Hace un año la fiesta era diferente: el Partido Revolucionario Institucional (PRI) había logrado retener el Estado de México. Pero hoy, y tras la derrota electoral frente a Andrés Manuel López Obrador, la torta no llena.  

Ciudad de México, 15 de septiembre (SinEmbargo).- Todavía hace un año, cientos de personas caminaban con destino al Zócalo de la Ciudad de México, con sus características playeras color rojo, con un rostro festivo e incluso gritando vivas al Presidente Enrique Peña Nieto.
Hace un año, el priismo estaba de fiesta: había logrado conservar el Estado de México y justo ese día tomaba protesta Alfredo del Mazo Maza. Lo habían logrado a pesar de un resultado que avisaba que había ya un partido que le pisaba los talones.
Hoy la fiesta es distinta. Donde hace un año faltaba espacio para estacionar camiones, hoy hay un espacio vacío, silencioso. A un costado del SAT, sobre la calle Valerio Trujano, no hay matracas y trompetas.
De un camión bajan personas provenientes de Cuautitlán, Estado de México. No son más de 30. El hombre que lidera al grupo admite que este año hay menos gente. Apenas suelta palabras y se ríe. “¿A qué crees que se deba que hoy hay menos invitados al grito?”, se le pregunta. Ríe otra vez y dice que no sabe.
Pocos acarreados. El PRI agoniza
Rezagados, dos hombres del mismo grupo dicen que son trabajadores del Ayuntamiento de Cuautitlán.
Más adelante, la señora María Luisa Reina Flores, quien también venía de Cuautitlán, se mostró más sincera. Dijo que sí, que evidentemente había menos “de los suyos” este año, “pero estamos los que somos fieles al partido y aquí estamos”.
Acompañada de sus dos hijas, la señora “Ma Luisa”, como le gusta que le digan, regresará a su casa a las 2 de la madrugada. Vive en la comunidad de El Machero. Junto con otros vecinos rentó una combi que los esperará donde los deje el camión. Luego les espera otra hora de camino.
Dice que viene a despedir a Peña Nieto, con el que no está contenta.
“Venimos a despedirlo pero no le aplaudimos todo lo que hizo… aunque ¿quién dice que Peña no será mejor que otros?”.
Los rostros de los que caminan hacia el Zócalo son inexpresivos. Con el Grito de Independencia del día de hoy se cumplen seis años de esta misma coreografía a la que se le fue acabando la chispa. Con el Grito del día de hoy, el priismo se despide para refugiarse en los espacios que logró conservar.
Hoy habrá tres conciertos en la plancha del Zócalo para esperar a que la familia presidencial salga al balcón de Palacio Nacional.
Es una incógnita el precio que el tradicional acarreo costó al país, es más, ni siquiera se sabe de dónde salieron los recursos para esta logística que incluye transporte ida y vuelta, alimentos y hasta artículos patrios.
Pero de que se necesitan recursos para la logística es evidente: cada camión tiene la misma cartulina, cada persona tiene una pulsera y una etiqueta en el pecho que no se debe confundir porque es su llave de acceso a la parte del Zócalo más cercana al balcón donde estarán Peña y familia. Todo eso es trabajo, dicen los del Estado Mayor Presidencial, que se hizo desde los municipios.
Solo de esta manera el Presidente Peña logró tener cuórum para dar su grito. Poco valieron los 46 mil millones de pesos que se invirtieron -hasta el momento- en publicidad en medios. El quiebre que hubo luego de la desaparición de los 43 normalistas y el caso “casa blanca”, no logró sanar a tal grado que la proyección del grito por televisión, se hace con imágenes muy cuidadas, mostrando gente feliz, y con un sonido, que no es de ambiente, sino sobre puesto.
Aún es muy temprano para saber cómo pasarán a la historia estos eventos de septiembre de los últimos seis años en los que el PRI secuestró este cuadro de la Ciudad.
Hoy se nota que es el grito del adiós. Hace un año los priistas acaparaban los alrededores del Zócalo. Hoy ya no.
El día de ayer hubo otros gritos en los que también salió a tema el Presidente Peña Nieto. En los diálogos por la paz que organizó el equipo de Andrés Manuel López Obrador con familiares de las víctimas de la violencia, una madre que tiene a su hijo desaparecido gritó: “estamos viviendo un dolor que no tiene nombre […] no hay nombre. Día y noche, de rodillas rogándole a dios para saber qué hicieron con mi hijo. […] De frente le dije a Peña Nieto que hiciera algo por mi hijo. Le di el expediente y lo tiró a la basura. Ese presidente nos dejó hechos una ruina. Dejó al país convertido en un maldito cementerio”.
Eso fue ayer. Hoy, el Zócalo se va llenando a marcha forzada.
Ya ni los acarreados siguen al moribundo PRI.

martes, 25 de julio de 2017

El PRI y Peña, en ruta de confrontación para el 2018

Enrique Peña Nieto, titular del Ejecutivo. Foto: Octavio Gómez
Jenaro Villamil
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La Asamblea Nacional del PRI, el 12 de agosto próximo, se realizará en el peor escenario posible para el partido gobernante: la reciente encuesta del periódico Reforma confirmó que el 80% de los consultados se oponen a la continuidad del tricolor en la presidencia de la República, no tienen un candidato sólido e indiscutible al interior del gabinete de Enrique Peña Nieto y ahora ya se ventila la posibilidad de abrir los “candados” estatutarios para abrir el abanico de aspirantes.
No hay nada peor para los priistas que la incertidumbre. Acostumbrados a los rituales sexenales del “destape”, el “tapado” y la “cargada”, el peñismo ha sido tan anticlimático en este punto como en prácticamente todos. Las alianzas, las finanzas, las trampas y las candidaturas a diputados federales, senadores y gobernadores se mueven a partir de la elección del sucesor presidencial.
El problema es que ante la ausencia de un aspirante claro, muchos militantes priistas se han unido a “la cargada” a favor de Andrés Manuel López Obrador, aunque no lo digan públicamente. Y, en otros casos, están concentrados en salvar sus cotos de poder ante la posibilidad de que Peña Nieto designe al peor de los aspirantes posibles.
La incertidumbre es un aliento también para incrementar la corrupción, de por sí desatada en este sexenio. La falta de certezas en el futuro transexenal es un incentivo para que alcaldes, gobernadores y legisladores priistas decidan adelantar el “año de Hidalgo”. Tienen, además, el ejemplo de su propio presidente de la República que no remueve a ninguno de los funcionarios acusados de corrupción. Ahí está el caso escandaloso de Gerardo Ruiz Esparza, titular de la SCT, contra quien no ha podido ni el mismo Luis Videgaray.
Los laberintos de la candidatura del PRI se agravan ante los siguientes datos, reflejados en la encuesta a domicilio entre mil 200 personas, publicada este domingo 23 de julio por el periódico Reforma:
-El 80% de los mexicanos rechazan que el PRI gobierne un sexenio más y sólo 13% respalda la continuidad. El PRI se ha colocado como tercera fuerza electoral, por debajo de Morena (28%) y del PAN (23%). El PRI tiene sólo el 17% de preferencias. Ni con el 5% del Verde alcanza a rebasar a Morena y al PAN.
-La “caballada” priista está tan flaca como débil. Quien encabeza las preferencias del lado priista, según todas las encuestas, es el secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong. En el caso de Reforma registra un 20% de preferencias en población general y 30% entre priistas. Muy lejano, en segunda posición, está el gobernador mexiquense saliente, Eruviel Ávila con 9 y 16%, respectivamente, entre población abierta y simpatizantes priistas; el canciller Luis Videgaray tiene apenas 4% en ambos casos y el titular de la SEP, Aurelio Nuño, registró 2%. Ni todo el dinero invertido en la campaña de medios de Nuño ha logrado que se eleve un poco más el “consentido” de Peña Nieto.
-Otros precandidatos ni siquiera figuran en el imaginario demoscópico: el exrector de la UNAM y secretario de Salud, José Narro, es desconocido por el 74% de los consultados; José Antonio Meade, secretario de Hacienda, tiene apenas el 4% de nivel de reconocimiento; y el secretario de Turismo, Enrique de la Madrid, a quien algunos lo proyectan como aspirante, es desconocido por el 74% de la población.
-A esto hay que agregar que los aspirantes que no forman parte del entorno “peñista”, como el exdirigente nacional Manlio Fabio Beltrones, y la exgobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega, están por debajo de las preferencias de los otros candidatos del PAN y del PRD.
-De los aspirantes “independientes”, el gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez El Bronco, registró 13% de menciones, seguido por el periodista Pedro Ferriz de Con, quien tuvo el 12% y el senador guerrerense Armando Ríos Piter, con 8%. El PRI ni siquiera ha perfilado a un candidato “independiente” cercano a sus filas.
-En medio de este panorama, el coordinador de los priistas en la Cámara de Diputados, César Camacho, declaró este lunes 24 de julio que un “simpatizante” podría ser candidato presidencial del PRI. Es decir, no tendría que llenar el candado estatutario de 10 años mínimos de militancia.
El exgobernador mexiquense, que nunca dice nada fuera del guión presidencial peñista, afirmó que, en 2013, en la XXI Asamblea del PRI, se abrió la opción “a que muchos de nuestros candidatos puedan salir de entre ciudadanos simpatizantes del partido”.
-Por otro lado, el exgobernador de Oaxaca, José Murat, ha hecho una ronda de declaraciones con un claro objetivo de reforzar a su aliado, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. En entrevista con La Jornada, Murat advirtió que “hay intentos de personas y grupos que buscan arrebatarle la candidatura presidencial” al PRI, pero que la XXII Asamblea Nacional “no será un traje a la medida y mucho menos la unción de una candidatura”.
A buen entendedor pocas palabras: “ya pasaron los tiempos de los ungidos y de la nomenclatura que todo decidía”.
-¿Quién es el candidato del Grupo Atlacomulco? Todo parece indicar que entre ellos se están arrebatando la nominación. Y Peña Nieto ha alentado esta fragmentación dentro de su propia casa matriz. Lo peor es que el peñismo y las redes de corrupción del Grupo Atlacomulco acaben por optar por un candidato presidencial priista débil para reforzar a un candidato “opositor” y funcional, que les garantice su continuidad. Ahí están en fila Margarita Zavala y el exgobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle.
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