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viernes, 25 de marzo de 2016

Colosio, el impostor .- ÁLVARO DELGADO


MÉXICO, D.F. (apro).- Luis Donaldo Colosio es un ídolo fabricado con amnesia, ignorancia y mentiras, porque su comportamiento real como político priista y salinista fue la antítesis del demócrata.
La biografía política de Colosio –que este 23 de marzo cumplió dos décadas de haber sido asesinado por el sistema al que sirvió y del que se sirvió– está asociada a los fraudes electorales, los asesinatos políticos, los latrocinios y tantas arbitrariedades del poder priista en su expresión más siniestra: El salinismo.
Afiliarse es un acto de adhesión, no de repudio, y Colosio empezó a militar en el PRI en 1968, el año de la matanza de estudiantes en México, y su supuesto compromiso de democratizar el poder –en vísperas de su sacrificio– es la nítida confesión del régimen represor al que perteneció.
Más aún, con la arrogancia de los autócratas, Colosio daba por hecho que sería Presidente de México. ¿Cómo pensaba ganar? Como estaba acostumbrado el PRI y él mismo: A la mala.
La supuesta conversión de Colosio a la democracia sigue siendo, a dos décadas de su asesinato, una fantasía barata. Los hechos acreditan que fue un priista más sometido a Salinas, su jefe hasta su muerte.
Como coordinador de la campaña de Carlos Salinas, en 1988, Colosio fue protagonista principalísimo de una elección marcada por el fraude electoral y los asesinatos de Francisco Xavier Ovando y Román Gil, colaboradores de Cuauhtémoc Cárdenas, que fueron los primeros dos de los más de 500 cometidos en el sexenio contra simpatizantes de éste.
Presidente del PRI por decisión de Salinas, Colosio fue el responsable de todos los operativos fraudulentos en las elecciones que siguieron para imponer una “democracia selectiva”: En 1989, por ejemplo, Michoacán no y Baja California sí.
A Michoacán, Colosio envió una legión de mapaches electorales para recuperar el estado, encabezados por José Guadarrama Márquez –ahora perredista operador de Jesús Ortega–, y en Baja California cedió la primera gubernatura al PAN con Ernesto Ruffo.
En la elección de 1991, Colosio se propuso la recuperación del PRI al costo que sea. Decía Colosio: “Queremos la mayoría en el Congreso para seguir acompañando al presidente Carlos Salinas de Gortari en el cumplimiento del mandato social de transformar la vida nacional”.
Y sí: Lo logró con el recién creado Instituto Federal Electoral /(IFE) bajo el control de su partido, con Salinas como coordinador de la campaña desde el gobierno, con multimillonarios recursos del Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol) y con todas las mapacherías.
Hasta la prensa extranjera, fascinada por las reformas privatizadoras de Salinas, observó el festín de trampas: Carrusel, ratón loco, operación tamal, compra y coacción de voto, “rasuramiento” del padrón.
Aún existía el Colegio Electoral, donde los presuntos diputados defendían su triunfo y ahí  se repitió la tradición: La oposición denunció, el PRI aplastó.
Colosio, quien fue subordinado del subsecretario Manuel Camacho Solís en la Secretaría de Programación y Presupuesto encabezada por Salinas, fue también un falsario de la democratización del PRI y represor de los disidentes Rodolfo González Guevara, fundador de la Corriente Crítica quien terminó por renunciar.
Y el único intento cupular para la supuesta democratización, el Movimiento para el Cambio Democrático (MCD), muy pronto se frustró también, como lo narra el periodista Julio Hernández López, quien fue invitado por Colosio para presidir como secretario adjunto del CEN ese organismo.
En su libro “Las horas contadas del PRI, la historia real de una disidencia por la democracia”, editado por Grijalbo en 1997, Julio cuenta que, tras acciones en los estados para sacudir al PRI –que él mismo presidió en San Luis Potosí entre 1994 y 1995–, el intento se frustró.
“Colosio no podía contradecir las instrucciones de Carlos Salinas y José María Córdoba. Y la instrucción, después de la asamblea, era la de reversa completa. Marcha atrás. Media vuelta. A esperar mejores tiempos.”
Añade: “Platiqué con Colosio. Empujar sería contraproducente para el proceso en general y para el proceso en particular. No había condiciones, las circunstancias habían cambiado”.
Julio renunció a la secretaría adjunta, aunque siguió al frente del MCD, “pero todo se deshizo. A fin de cuentas éramos un movimiento cupular, dependiente de la voluntad y la protección del presidente del partido”.
Ese presidente del PRI se incorporaría, en 1992, al gabinete como titular de la Secretaría de Desarrollo Social, creada para él por Salinas, tras la recuperación electoral del año anterior. Cargado de recursos, perfilado ya para ser el ungido de su jefe, Colosio recorrió el país en una abierta precampaña.
El 5 de noviembre de 1993, tres semanas antes de su destape, Colosio descendió a la lisonja con Salinas, en Tehuacán, Puebla:
“Esta es una ocasión propicia para rendir un reconocimiento al hombre que conduce con gran acierto y compromiso los destinos del país: Carlos Salinas de Gortari.
“Creo que aquí, como en el resto del país, la obra del gobierno de la República finca las bases de un nuevo tiempo mexicano, en el que está presente de manera decisiva la labor y el desempeño de su liderazgo permanente y ejemplar, de su temple y de sus profundas convicciones (…).
“Por su liderazgo, el Presidente supo convocar, unir y construir mejores destinos para el país y anticiparse a los cambios mundiales, sin vacilar en defender su soberanía (…).
“Por la magnitud de las transformaciones emprendidas, la obra de Carlos Salinas seguirá siendo fuente de inspiración en los años venideros”.
¿Colosio un demócrata? Qué tontería…
Comentarios en Twitter: @alvaro_delgado

miércoles, 23 de marzo de 2016

El ‘carpetazo’ del caso Colosio

Veintidós años después del magnicidio, la sociedad mexicana no olvida lo ocurrido y aún tiene dudas sobre lo que pasó.

colosio


En septiembre del año 2000, la Procuraduría General de la República cerró el caso del asesinato de Luis Donaldo Colosio, presentando un amplio informe, dividido en 4 tomos, que tenían como eje central lo ocurrido en Tijuana, el 23 de marzo de 1994.
Las investigaciones realizadas por la Subprocuraduría Especial de la Procuraduría General de la República exponen “el vasto cúmulo de pruebas, actuaciones ministeriales, investigaciones policiales, peritajes y documentos que obran en el expediente y en los archivos del caso”.
El encargado de elaborar los expedientes públicos fue el entonces titular de la Subprocuraduría Especial de la PGR, quien es hoy presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Luis Raúl González Pérez. 
El primer tomo, El crimen y sus circunstancias, rememora en sus más de 600 páginas los hechos ocurridos el 23 de marzo de 1994, en un mitin en la colonia Lomas Taurinas de Tijuana.
Mario Aburto Martínez resultó señalado como el responsable único del asesinato que conmocionó a México:
Sobre los hechos del 23 de marzo, el informe señala que “se practicó un examen criminalístico de las ropas que portó el licenciado Colosio el día de los hechos, se estableció que con base en las características del orificio de entrada en la ropa y considerando la presencia de tatuaje de pólvora tanto en la chamarra como en la lesión, era factible determinar que el disparo al abdomen fue realizado a “quemarropa” y que la boca del cañón del arma se encontraba a una distancia no mayor de 5 centímetros“.
“Con argumentos técnicos y científicos, se demostró que Mario Aburto Martínez fue el autor de los dos disparos que recibió Luis Donaldo Colosio Murrieta“, sostiene el documento.
El informe reveló, en el apartado sobre “Evidencias que pudieron haberse alterado o destruido e insuficiencias y omisiones”, que “se omitió examinar pericialmente e interrogar de inmediato a los testigos presenciales de los hechos que se encontraban próximos al candidato, tales como los miembros de seguridad, a quienes se les debió revisar sus armas”.
“Con estas insuficiencias se generaron carencias que después ya no se pudieron subsanar. Si se hubiera declarado de inmediato a las personas que rodeaban al candidato, probablemente de sus dichos se hubieran desprendido elementos sólidos para el más pronto esclarecimiento de los hechos, y de haberlos sometido a examen pericial se habría podido despejar con oportunidad la sospecha de que estas personas tuvieran algún tipo de participación material en el atentado; con esta omisión, además se perdió la oportunidad de obtener testimonios inmediatos con alta probabilidad de espontaneidad y veracidad”, estableció.
Lo que intentaron resolver las primeras investigaciones giró en torno, principalmente, al asesino material.
“Una de las sospechas e inquietudes más persistentes ha sido la relacionada con la identidad de quien atentó contra la vida del licenciado… La aprehensión inmediata en el lugar de los hechos del sujeto que se identificó como Mario Aburto Martínez y su detención en la entonces Subdelegación dela Procuraduría General de la República no daban lugar a duda alguna. Sin embargo, su posterior presentación a la opinión pública y a los medios de comunicación en el penal de Almoloya despertó la sospecha. Sus aparentes diferencias físicas y el corte de cabello y bigote a su ingreso al penal generaron la idea de que la persona aprehendida en Lomas Taurinas supuestamente fue sustituida por la que se presentó en Almoloya”, reconoció el informe.
En el apartado sobre “El autor material”, se considera que la sospecha sobre el asesino “tuvo su origen en las imágenes difundidas por la prensa y televisión”, por lo que las analizó técnica y científicamente para determinar que sí se trataba de un solo Mario Aburto.
Sin embargo, hace un par de años, el diario El Universal reveló que Aburto se deslindó del crimen. 
La relación con Salinas
En otro de los apartados –titulado “Entorno político y narcotráfico”– se consideró que en marzo del 94 había una “amplia gama de puntos de especulación o sospecha pública, a partir de determinados hechos, pero que tenían en común la percepción de que hubiesen sido inducidos, preparados o concebidos por el entonces presidente dela República, con el único y exclusivo propósito de perjudicar la campaña política del licenciado Luis Donaldo Colosio y sustituirlo por otro candidato presidencial, bajo la hipótesis central de que hubo una supuesta ruptura entre ambos personajes”.
Sin embargo, en el apartado sobre “Relaciones de Luis Donaldo Colosio con Carlos Salinasde Gortari”, con base en entrevistas a diversos priistas, se estableció que ambos tuvieron una buena relación.
Por ejemplo, el hoy dirigente del PRI, Manlio Fabio Beltrones, declaró en aquel entonces: “Siendo enormemente hermético Luis DonaldoColosio conversaba con la mayoría de sus interlocutores, según me consta, solamente de cuestiones muy específicas, buscando optimizar su reducido tiempo y con ello lograr darle más consistencia a sus acciones políticas… en alguna ocasión me manifestó su molestia sobre las diversas versiones periodísticas que buscaban dejar en la opinión pública la sensación dediferencias o distancia con el entonces Presidente Carlos Salinas”.
El informe refirió un documento denominado “Memoria y Estadística”, en el que “constan las siguientes visitas del licenciado Luis Donaldo Colosio a la Residencia Oficial de Los Pinos: el 9 de diciembre de 1993, así como el 3 y 19 de febrero de 1994, aunque en dicho documento no se registraban las actividades del licenciado Luis Donaldo Colosio de los sábados por la tarde y domingos, por considerarse privadas”.
En ese sentido, el documento recuerda que “en cuanto a la relación que el candidato a la presidencia de la República tenía con el licenciado Carlos Salinas de Gortari, durante la campaña, este último manifestó que en su calidad de candidato o precandidato del PRI a la presidencia de la República:
“Nos reuníamos regularmente. Las reuniones se hacían en la residencia de Los Pinos. Yo diría que dos veces por mes personalmente, y conversación telefónica una vez por semana”.
El propio Salinas agregó que la temática abordada en dichas conversaciones era la siguiente: “…Era compartirle al Lic. Colosio mi apre-ciación sobre los principales problemas nacionales,mis orientaciones para su solución y ocasionalmente, él comentaba aspectos de su campaña, pero eran sobre todo diálogos alrededor de la temática nacional”.
El ex presidente abundó: “El licenciado Colosio, al conversar con él, me preguntaba sobre la forma como se estaba apoyando los trabajos del licenciado (Manuel) Camacho, a lo que respondía comentándole las diversas acciones para que el Comisionado pudiera tener éxito en su gestión, que estaba en el interés de todos que esto se alcanzara porque significaba diálogo para la paz. Él externaba cuál era su tema de preocupación o duda y siempre escuchaba con interés y concentración mis argumentos y razones; si no lo convencía lo decía, si no volvía a preguntar y plantear, no hubo tema fundamental en el que el licenciado Colosio y yo no nos hayamos puesto de acuerdo”.
El informe revela que la relación Salinas-Colosio cambió cuando éste último ya era candidato::
“De igual forma, el licenciado Carlos Salinas de Gortari afirmó que sí hubo un cambio en las relaciones entre él y el licenciado Luis Donaldo Colosio: “En tanto que cambia la relación entre el Presidente y un colaborador, frente a la relación entre el Presidente y el candidato del PRI a la presidencia. Nunca perdió su cordialidad, pero tenía otro nivel y otra dimensión”. 
Salinas recordó: “En marzo de 1994 me comentó que tenía previsto hacer cambios en su equipo de campaña sin precisarme el detalle de los mismos y era uno de los temas que íbamos a conversar en la cena que se había previsto para el regreso de la etapa de su campaña en la que fue trágicamente asesinado”. 
Salinas habló con Colosio un día antes de su asesinato. Era el 22 de marzo de 1994.
“En dos o tres ocasiones ese mismo día, para comentar con él varios acontecimientos muy favorables para su campaña… un día antes el  Secretario de Gobernación había anunciado que se había llegado a una culminación positiva del acuerdo político para realizar de manera ordenada y consensual  la elección presidencial de agosto; asimismo, los mercados financieros estaban reaccionando muy favora-blemente a ese anuncio y al anuncio del Comisionado para la Paz en el que sin ambigüedades precisaba que no optaría por ninguna candidatura…confirmando la realización de la cena en su casa a la que me había convidado con anterioridad”.
La cena ya no llegó.

sábado, 29 de marzo de 2014

Caso Colosio: los nexos de Aburto con el Cisen

colosio


La relación de Aburto con el agente del Cisen, Jorge Sánchez Ortega, podría dar luz al caso Colosio, difundida en 1994 por familiares del asesino y luego negada por ellos y por la PGR
La familia Aburto primero la afirmó y años después se desdijo, en tanto que las investigaciones concluyeron que no había nexos entre ambos pese a evidencias que dicen lo contrario. Mario sigue siendo el corcho del caso. Hubo dos complots: uno para asesinar al candidato presidencial y otro para ocultar la verdad.


Por Francisco Mendoza / Laeducacion.us

LOS ANGELES, Cal.- Los Aburto estaban perplejos, angustiados. De súbito, habían sido colocados en el centro de una situación extraordinaria. ¿Cómo que Mario era acusado de haber matado a Colosio? Era la pregunta que los acosaba como tormento. No lo creían: si él era tan bueno. Y se reunían en las noches para platicar sobre sus últimos tiempos en Tijuana, desde que despertaba hasta que dormía. Querían encontrar respuestas. De pronto, de ese entramado surgió un nombre: Jorge Sánchez Ortega, agente del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen). Concluyeron: tenía relación con él. Mario, pues, es el corcho del caso. Un corcho no destapado, aún a 20 años del magnicidio.
El que esto escribe –hoy presidente de la editorial La Educación- estuvo en esas reuniones. Los padres, María Luisa y Rubén , los hijos: Rubén, Rafael, José Luis y Elizabeth querían desentrañar misterios, encontrar verdades y aclarar turbiedades. El asesinato del candidato presidencial conmocionaba a México y para los Aburto el involucramiento de Mario contradecía la inmejorable imagen que tenían de él. Le endosaban el calificativo de hijo y hermano excepcional y lo colmaban de atributos morales. Era estupendo, remachaba su padre, y por eso lo dejaron al frente de la familia en Tijuana, mientras que él y Rafael vinieron a Los Angeles a trabajar en una fábrica de muebles por el rumbo de Carson. Mario, pues, suplía la figura paterna. Lo asumían como protector por responsable y líder por amoroso.
Cuando Rubén vio por television a Mario ensangrantado, arrestado, entre una multitud enardecida y confundida, entró en schock profundo. La familia estaba perpleja, dolida por el trance y enardecida, porque creía –a pies juntillas- en la inocencia de Mario. “Es chivo expiatorio”, gritaba con voz de trueno el padre. Un padre que desde ese momento el trauma le empezó a cobrar factura en su salud: la tribulación le quita sueño hoy parece anciano enfermo, a sus 70 años y los ha perseguido tanto la pobreza que han llegado a recoger botes de aluminio en la basura y han acudido a Iglesias por alimento gratuito, por el área de Long Beach
En esas condicones de sobresalto, a la familia, centro de miradas nacionales e internacionales, llegó Jorge Mancilla, uno de los más importantes líderes mexicanos y latinos de Los Angeles. Era, además, director del instituto de neurobiología molecular de la Universidad de California-Los Angeles (UCLA, siglas en inglés). Dos años antes, había encabezado una huelga de hambre con una docena de estudiantes, que duró 14 días en esa Alma Mater para lograr el establecimiento del Centro de Estudios Chicanos, lo cual lograron. Fue todo un acontecimiento, celebrado por unas 10 mil personas que marcharon un sábado de la iglesia de La Placita, en el centro, a Westwood, unos 15 kilómetros, donde está enclavado ese centro escolar.
Este reportero, radicado en Los Ángeles, colaboraba con el diario Unomásuno, la cadena de radio Acir y la revista La Crisis. Aquella tarde del 23 de marzo, recibió una llamada del jefe de información, Mario Alberto Reyes, quien le comunicó que Colosio había sido agredido con un palo en la cabeza , que lo llevarían al hospital Scrips de San Diego y le pidió que se trasladara a ese sitio cuanto antes. Al llegar, no vio movimiento alguno en el nosocomio, se reportó al diario y le comentaron: “ Colosio ya murió. Ahora véte a Tijuana”. Y allá estuvo dos semanas cubriendo lo relacionado con el asesinato.
Al regresar a los Ángeles, aprovechando la amistad con Mancillas, le pidió que transmitiera a los Aburto la solicitud para estar con ellos tanto tiempo como fuera posible. Accedieron de buen agrado. Sabían perfectamente que era periodista.
En torno a la mesa, en la sala, cada uno exponía sus observaciones sobre el diario vivir de Mario en los úitimos tiempos. Los hermanos, Rafael, el mayor, y Rubén decían que lo habían notado “raro”, huidizo. “Cuando hablaba – en un teléfono público- yo estaba a su lado, escuchaba lo que decía y a Mario no le importaba, pero en sus últimas llamadas, antes de hablar me decía: ‘Házte para allá’. No quería que oyera”, comentaba Rubén.
La madre fue la que empezó a hacer alusión a Sánchez Ortega. Mario le comentó que había conocido a una persona “muy poderosa”, que era agente, de chamarra de cuero negra, que portaba pisola y que iba a México con cierta frecuencia.
Le había impactado la figura de Sánchez Ortega.
Como todos los días, aquel 23 de marzo de 1994, Mario Aburto Martínez salió de su casa, en la colonia Buenos Aires Norte, a las 5:30 de la mañana, para dirigirse a su empleo, en la empresa Gameros Magnéticos, en La Mesa, donde operaba una máquina y gozaba de buena reputación por ser tranquilo y buen trabajador.
Hay evidencias que Mario salió de trabajar a las 2:30 de la tarde y se dirigió a la calle Revolución a comerse una torta en un tienda y luego ahí vio un letrero que anunciaba el mitin de Colosio. Como era temprano para regresar a casa, fue a esa reunión aprovechando que llevaban gratis a las personas , según contó su padre, Rubén Aburto, de 62 años.
Esa tarde, sus progenitores, Rubén y Maria Luisa, se enteraron, al través del extinto periodista tijuanense Jorge Rocha y de la televisión, que su hijo había sido aprendido en Lomas Taurinas, Tijuana, acusado de haber acribillado al candidato presidencial Luis Donaldo Colosio.

1 padres
LAS VISITAS DE SANCHEZ ORTEGA A MARIO
María Luisa recuerda que a menudo Sánchez Ortega iba por Mario en las tardes. A veces se dirigían a un gimnasio “cerca de la línea” , o sea, en zonas próximas a la colindancia con San Diego, California. Practicaban con pesas. Hubo ocasiones en que lo llevaban a prácticas de tiro a terrenos baldíos.
Este testimonio lo repetía ella, porque era la que más se percató de esos movimientos de Mario y cuando llegaba Sánchez Ortega por él. Los otros parientes aludían a este pasaje, pero no con la vehemencia que María Luisa.
Y también agregaron otro nombre: Héctor Javier Hernández Thomassiny,otro agente del Cisen, con quien se reunían Mario y Sánchez Ortega.
Estas declaraciones fueron difundidas en su momento por los medios con los que colaboraba Mendoza, pero con mayor detalle en la revista La Crisis.
EL PARECIDO FÍSICO
La noche del 23 de marzo de 1994, María Luisa fue conducida a las oficinas de la Procuraduría General de la República (PGR) para ver a Mario, aprehendido por haber disparado en contra del candidato presidencial priista, en la colonia Lomas Taurinas.
“Hijo, qué hiciste”, expresó a uno de ellos, quien se encontraba con la vista gacha. Estaba seguro que era su vástago, pero cuando alzó la cabeza se dio cuenta que no era Mario, sino Sánchez Ortega, quien llevaba la ropa manchada con la sangre de Colosio y había resultado positivo a la prueba de la parafina, lo que equivale a que ese día había disparado una arma. El había estado en el mitin.
De ese tamaño era el parecido de Sánchez Ortega, que María Luisa lo confundió con su hijo.
Y no salía del asombro cuando después vio en otra oficina a Ernesto Rubio Mendoza, de mayor parecido a Mario.
“Los dos se parecían a Mario”, refirió María Luisa, en ese entonces de 60 años, quien vivía con él y con otros de sus hijos en la colonia Buenos Aires Norte, en Tijuana.
Horas más tarde, Rubio Mendoza fue encontrado muerto a balazos en un en un taller mecánico de la colonia Azteca. El hecho se difundió en medios de comunicación pero no se vinculó al caso Colosio.
Este es uno de los hechos no contemplados ni en la investigación ni en el juicio a Aburto, de acuerdo a los entrevistados.
Sánchez Ortega fue dejado en libertad, Rubio Mendoza,sepultado en Tijuana y Mario fue sentenciado a 45 años de cárcel, al ser señalado como responsable del homicidio de politico sonorense, “quien iba a ser un buen presidente”, como lo expresó Rubén Aburto, quien sigue alegando la inocencia de su hijo.

2 elizabenth, ruben y maria luisa

LA FOTO DELATORA
La cercanía con los Aburto permitió al reportero que Rubén, el padre, accediera a ser entrevistado ampliamente en la cadena de radio ACIR. Previamente ofrecía conferencias de prensa en los muelles del puerto de Long Beach, pero sin mayor tiempo ni cuestionamientos de diversa índole. Aquella tarde de la charla radial, el nivel de audiencia fue tan alto, que el mismo titular de Acir habló con este reportero en términos elogiosos.
Y así corrió el tiempo. Mancilla recogiendo evidencias del caso, recibiendo videos y documentos hasta de Argentina.
En Acir eran frecuentes las entrevistas, de hasta 15 o 20 minutos, con Rubén Aburto y Jorge Mancillas, en los que fijaban su posición y actualizaban la información. Esto ocurría en los segmentos matutinos o vespertinos. En una ocasión, el conductor Pepe Cárdenas, quien esa tarde estaba de gira con el presidente mexicano, dejó a Mendoza , Mancillas y Aburto al aire, porque debía ir al aeropuerto para continuar su cobertura periodística. Y así estuvieron los tres libremente durante unos 15 minutos.
Los Aburto asumían a Mario como chivo expiatorio y, asimismo, se manejó la idea de varios “Aburtos” en la escena del crimen, hasta que un día Mancilla recibió una secuencia de fotos – enviadas anónimamente- de una persona que asistió al mitin y en las que se ve claramente el momento en que Mario pone su mano izquierda sobre el hombro de Colosio y le dispara a quemarropa. Esta gráfica fue publica en La Crisis.
Mancillas, quien había sido la persona que más visitó a Mario en el penal de Almoloya, por parte de los Aburto – hasta en seis ocasiones-, le comentó la foto a Mario. A su regreso a Los Angeles, los Aburto le hicieron saber que dejaba de ser su representante.
Mancillas tenía amplia información del caso. Luego sufrió dos atentados y fue a radicar a Europa.
El director de Unomasuno, Luis Gutiérrez, llamó a Mendoza y le dijo que debido a la inflación, al alza en el precio del papel, había menguado su reserva de 5 millones de dolares y que ya no tenían recursos para pagar sus servicios.
De la gerencia administrativa de radio Acir le hablaron a Mendoza para decirle que hacían ingeniería administrativa y que no era posible tenerlo como su corresponsal.
Los Aburto empezaron a negar que hayan expresado relación alguna de Mario con Sánchez Ortega.
En las pesquizas del caso, no se ha tocado a fondo la relación Aburto-Sánchez Ortega. En el Informe de la investigación del homicidio del licenciado Luis Donaldo Colosio Murrieta, en el capítulo Posibles cómplices y encubridores, se lee:
“Esta Subprocuraduría acredita que la versión de alguna participación de Jorge Antonio Sánchez Ortega no tiene sustento, ya que no existe prueba testimonial o gráfica de que el agente del Cisen se encontrara junto al licenciado Colosio al momento del atentado, ni de que haya tenido alguna relación con Mario Aburto Martínez o con el homicidio que se investiga”.
Mancillas decía que Aburto es el corcho del caso Colosio. Al destaparlo fluirán verdades y luz.
Y remataba: hubo dos complots: uno para matar a Colosio y otro para esconder la verdad.
Rubén permitió a este reportero escuchar las grabaciones que hacía cuando Mario le llamaba –por cobrar- del penal. En una de ellas, le comenta que había visto varias fotos del momento en que se produce el asesinato.
Y Mario le pregunta:
“¿Se ve quién le dispara?”
Rubén y María Luisa Aburto, con la foto de su hijo Mario.
Rubén Aburto muestra documentación escolar de Mario. Atrás, su esposa, María Luisa Martínez.
Elizabeth, Rubén y María Luisa Aburto.

lunes, 17 de febrero de 2014

En grabaciones telefónicas con sus padres, Mario Aburto dice que la PGR lo hizo pasar por el asesino de Colosio

En grabaciones telefónicas con sus padres, Mario Aburto dice que la PGR lo hizo pasar por el asesino de Colosio

Este lunes el diario El Universal ha dado a conocer un centenar de casetes que poseen los padres de Mario Aburto, María Luisa Martínez y Rubén Aburto, y “que resguardan como si fuera un tesoro”.
Son los casetes de las conversaciones que sus padres han tenido con el único culpable oficial de haber asesinado a Luis Donaldo Colosio.
Son casetes que la familia Aburto ha tenido resguardados durante 20 años.
Basada en esos casetes, la familia Aburto sostiene que a Mario lo “agarraron de chivo expiatorio porque sabían que yo era inocente y no me iban a probar nada, mientras ellos iban a aprovechar para borrar todas las huellas”.
Expresiones como esas las ha dicho Mario Aburto a sus padres todo este tiempo. En las charlas Aburto asegura que durante las investigaciones del magnicidio las autoridades “utilizaron a otra persona que se parecía a mí, inclusive se lo llevaron a la PGR en Tijuana y lo hicieron pasar por Mario Aburto”.
Con autorización de la familia de Mario Aburto, El Universal escuchó la totalidad de las pláticas telefónicas.
Las charlas, dicen notas periodísticas, “dan cuenta de un Mario Aburto enterado de las noticias sobre la vida política del país. A lo largo de dos décadas, el teléfono ha sido el único contacto que ha tenido con su familia”.
Sobre el supuesto “otro Aburto”, Mario dice: “Y cuando le hicieron la prueba de pólvora en las manos le salió con bajo porcentaje de pólvora en las manos. Y cuando le hicieron un reconocimiento médico, y eso está en el expediente, presentaba un golpe del lado derecho de su cabeza y estaba todo golpeado, y a mí me dieron un golpe en la cabeza pero del lado izquierdo”.
El Universal precisa que “la familia Aburto guarda casi todas las conversaciones, pero las tiene desorganizadas, sin fechas precisas de cuándo ocurrieron”.
En las grabaciones dice Aburto: “A mi madre le demostraron a una persona que se parecía a mí, que llevaba pantalón café, chamarra negra con hombreras, pelo chino y de estatura diferente, moreno claro y estaba todo golpeado, y creo que estaba hasta fumando… Primero, mi mamá dijo que ese no era su hijo; segundo, mi chamarra no tenía hombreras; tercero, yo no tengo el pelo chino; cuarto, mi estatura es de 1.70 y no tengo 30 años, tenía 22 años y los primeros informes reconocieron que la otra persona (la que declaró) tenía aproximadamente de 28 a 32 años; cinco, yo soy un poco güerito; seis, yo jamás en mi vida he tomado ni fumado; siete, los rasgos de esa persona eran totalmente diferentes a mí; ocho, en la PGR de Tijuana me desvistieron y me dieron otra ropa que no era la mía, y cuando pasaron a mi mamá a la otra oficina a mí ya me habían puesto una inyección. Yo no me acuerdo de muchas cosas, pero lo que sí me acuerdo es que yo dije que era inocente”.
Por lo demás, en los casetes “Mario Aburto asegura que el verdadero homicida fue Ernesto Rubio Mendoza, un hombre de facciones muy similares a las de él, asesinado el mismo 23 de marzo de 1994 en el taller mecánico Autoservicio Azteca”.

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