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jueves, 20 de octubre de 2016

Apresan a Cunha; provoca pánico político en Brasil

Tras la destitución de Rousseff, en 12 días perdió su escaño parlamentario y en 40 su libertad
Cunha, artífice del impeachment, detenido en Brasilia; enfrenta una montaña de cargos
Si opta por la delación premiada vendrá el desastre para numerosos políticos brasileños
Al momento del arresto el juez Moro ordena la incautación de unos 70 mdd de su patrimonio
Foto
Eduardo Cunha, ex presidente de la Cámara de Diputados de Brasil (al centro), logró un acuerdo para no aparecer esposado en ninguna foto de su detención, ordenada por el juez Sergio Moro, que lo acusa de lavado de dinero y evasión fiscal, entre otros delitos. En la imagen es escoltado por agentes federales que lo trasladaron de Brasilia a CuritibaFoto Ap
Eric Nepomuceno
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Jueves 20 de octubre de 2016, p. 27
Río de Janeiro.
Poco después de la una de la tarde de ayer, el ex presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, fue detenido por la policía federal en Brasilia. La orden de aprehensión fue decretada por el juez de primera instancia Sergio Moro. Como de costumbre, el juez cometió un equívoco.
Esta vez, sin embargo, no se trató de un error jurídico, sino geográfico: la dirección que Moro dio en la orden de arresto indicaba un edificio en una calle de Río de Janeiro, departamento 205, cuando en realidad Cunha tiene una de sus residencias en el 204.
En todo caso, no hubo problemas con el vecino; además, Cunha estaba en Brasilia, no en Río. Al contrario de algunas de las tantas transgresiones jurídicas, esta vez el error geográfico del juez no causó mayores daños.
Tan pronto se conoció la noticia hubo una convulsión en los medios políticos brasileños. Alguien comentó que el rivotril, poderoso ansiolítico, había desaparecido de las farmacias de Brasilia.
Es que Cunha es guardián de un sinfín de secretos que podrán poner en riesgo la supervivencia política de más de un centenar de diputados y senadores, y causar una devastación en el gobierno. Más que corrupto, y lo fue, Cunha actuó también como corruptor.
El presidente Michel Temer, quien se encontraba en visita oficial en Japón, anticipó más de 20 horas su regreso a Brasil. No se difundió ningún comunicado oficial explicando la urgencia en volver, pero fue necesario: al fin y al cabo, es público y notorio que Cunha, ejecutor del golpe institucional que depuso a la presidenta constitucional Dilma Rousseff, ha sido un fiel y eficaz aliado no sólo de Temer, sino de todos los que con él treparon al poder sin haber obtenido un solo voto popular.
Desde que tuvo el mandato parlamentario suspendido por sus pares, el 12 de septiembre, se sabía que, sin sus foros privilegiados, Cunha podría ser detenido en cualquier momento. Sobre él recae una montaña –en realidad, toda una cordillera– de acusaciones y denuncias, que hicieron que se transformase en el símbolo más luminoso de la corrupción en Brasil.
Aun así, una aplastante mayoría de diputados decidió expulsarlo de la Cámara, abriendo una nueva temporada de tensiones. Es que si Cunha decide recurrir al recurso de ladelación premiada, o sea, denunciar por doquier a cambio de una rebaja en sus sentencias cuando sea condenado, será un desastre sin límites. Y no parece existir ninguna alternativa, a menos que el ex todopoderoso conspirador se resigne a una larguísima condena por lavado de dinero, evasión fiscal, corrupción activa y pasiva, entre otros delitos. Además, pende sobre su esposa y una de sus hijas la amenaza concreta de prisión, lo que podría apresurar la decisión de alcanzar un acuerdo y empezar a denunciar.
Cunha se mostró cual genio del mal, acorde con la catarata de denuncias que ahogaron su oscura carrera de diputado: no sólo practicaba extorsiones contra empresas públicas y privadas, sino también facilitaba a varios de sus pares el acceso a esquemas de financiamiento ilegal de campañas electorales.
Con eso, guarda secretos que podrán fulminar la carrera de un número indeterminado de políticos en activo. Los dos mayores partidos: el PMDB de Temer y el PSDB del ex presidente Fernando Henrique Cardoso, serían los más devastados.
El problema para Michel Temer es que entre la mayor parte de esos políticos cuya vida política está en riesgo no sólo se encuentran aliados en el Congreso, sino que muchos de ellos son figuras claves en su gobierno.
Hay denuncias, incluso, de que Cunha intercedió, en al menos tres ocasiones, para esquemas de sobornos destinados al propio Temer, además de su canciller, José Serra, y una de las figuras más poderosas de su gestión, el secretario del Programa de Privatizaciones, Moreira Franco.
El ahora detenido siempre aseguró que no denunciará a nadie. Pero igualmente dejó claro que se sintióabandonado por Temer y su grupo. De ahí el pánico que ayer se apoderó de Brasilia, cuyos reflejos llegaron a Japón, al otro lado del mundo.
Cunha responde a seis investigaciones judiciales. Junto a la orden de arresto se decretó la incautación de 220 millones de reales –unos 70 millones de dólares– de su patrimonio.
Hasta hace unos seis meses, y pese al acúmulo de denuncias ya existentes, Cunha era bien tratado por los medios hegemónicos de comunicación impulsores de la destitución de la presidenta, y por todos los involucrados en el golpe institucional contra Dilma Rousseff, incluso sus verdaderos artífices: el senador Aecio Neves, que perdió las elecciones en 2014 y jamás se resignó, y el ex presidente Fernando Henrique Cardoso.
Tan pronto Dilma fue destituida, Cunha sintió que ya no era necesario. En 12 días perdió su escaño parlamentario, y en menos de 40, su libertad.
Quienes lo conocen reiteran que él no es de los guerreros que caen solos. Y que a partir de su detención el gobierno de Michel Temer está en jaque. Todo dependerá del tiempo que Cunha necesitará para llegar a algún acuerdo con la justicia y empezar a hablar.
Brasil parecía, ayer, decididamente condenado a un escenario de turbulencia permanente.

martes, 13 de septiembre de 2016

Brasil: diputados expulsan de cámara baja a aliado de Temer

"Todo esto es porque yo abrí el proceso de juicio político. El Partido de los Trabajadores desea un trofeo para decir que esto fue un golpe de Estado", considera.

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El otrora poderoso presidente de la Cámara brasileña de Diputados se convirtió el lunes en el último político que pierde su puesto por los enormes escándalos de corrupción que han causado un descontento generalizado entre los brasileños.
En una votación por 450 a 10 el lunes por la noche, la cámara baja despojó de su escaño a Eduardo Cunha, quien ha sido acusado de corrupción y obstrucción a la justicia. Nueve legisladores se abstuvieron.
Fiscales brasileños lo han acusado de recibir millones de dólares en sobornos vinculados al escándalo de corrupción en la paraestatal Petrobras. Pero sus colegas legisladores sólo consideraron en la votación si mintió acerca de cuentas bancarias secretas que tendría en Suiza. Él ha dicho que las cuentas pertenecen a un fideicomiso.
El parlamentario se vio presionado para que renunciara a la presidencia de la cámara tras conocerse la existencia de las cuentas, pero se había negado a dejar su escaño. Estaba en su cuarta legislatura y se le consideraba como uno de los hombres más poderosos de Brasil.
Como presidente de la Cámara de Diputados hasta que surgieron las acusaciones, fue el principal impulsor del proceso de juicio político que derivó en la salida de la izquierdista Dilma Rousseff de la presidencia de Brasil. Rousseff fue acusada de incumplir las normas fiscales para ocultar problemas en el presupuesto del gobierno.
Cunha ha sido un aliado clave del nuevo presidente, Michel Temer, que era el vicepresidente de Rousseff. Pero tras la votación acusó al gobierno de Temer de sumarse a la campaña por castigarlo por la destitución de Rousseff.
“Todo esto es porque yo abrí el proceso de juicio político. El Partido de los Trabajadores desea un trofeo para decir que esto fue un golpe de Estado”, afirmó Cunha, en referencia al partido de Rousseff. “Este gobierno delincuente ya se ha ido gracias a mí”.
Cunha dijo que tiene previsto publicar un libro contando los acuerdos en la sombra que llevaron a la impugnación de la expresidenta.
Al perder su escaño, Cunha pierde la inmunidad parcial que lo protegía de ser enjuiciado. En Brasil, sólo el máximo tribunal del país puede decidir si acusa y juzga a legisladores federales. Ahora las acusaciones en su contra se investigarán en un tribunal menor considerado como más duro que el supremo, que gestionaba los casos hasta ahora.
La fiscalía acusa a Cunha de estar implicado en el escándalo de Petrobras, por supuestamente negociar contratos para barcos de prospección y recibir un pago ilegal de cinco millones de dólares.
Por su parte, los fiscales suizos lo acusan de tener cuentas secretas en Julius Baer Bank por un valor que los medios estimaron el pasado diciembre en 2,4 millones francos suizos (2,5 millones de dólares). Los investigadores brasileños creen que también tuvo cuentas no declaradas en Estados Unidos desde 1990 que supondrían más de 20 millones de dólares. Cunha ha negado cualquier mala práctica.
En medio de la peor recesión que sufre Brasil en décadas, el escándalo de Petrobras ha golpeado a algunos de los legisladores y empresarios más poderosos del país. La fiscalía cree que se pagaron más de 2.000 millones de dólares en soborno para obtener contratos inflados para la firma de energía.
Si hubiera conservado el puesto de presidente de la cámara, Cunha hubiera sido el primero en la fila ocupar la presidencia si algo le ocurriera a Temer.
El legislador llegó a la política en la década de 1990 como recaudador de fondos para Fernando Collor de Melli, el primer presidente brasileño elegido de forma democrática tras el fin de la dictadura militar en 1985. Cunha empezó a perder poder a mediados del año pasado, desde que se vio relacionado con cuentas multimillonarias en Suiza. (AP)

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