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sábado, 18 de septiembre de 2010

UN CANCUN, MUCHOS CANCUNES Víctor M. Quintana Silveyra

Si en septiembre de 2003, organizaciones rurales de todo el mundo, ante la Reunión Ministerial de la OMC en Cancún gritaban “Fuera la OMC de la agricultura”, ahora claman “Campesinos y campesinas enfriamos el planeta”. Si hace 7 años lograron un buena medida descarrilar la cumbre librecambista, ahora lo que pretenden es encarrilar la 16ª.Conferencia de las Partes (COP16) de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático, a celebrarse en este puerto del Caribe mexicano, del 29 de noviembre al 10 de diciembre próximos. Encarrilarla dentro de los marcos de los derechos de los pueblos y de la madre tierra y no del capitalismo que cada vez más revela su carácter devastador de la naturaleza, de las comunidades, de los saberes, del espíritu de las personas.

Hace dos semanas las organizaciones de la Vía Campesina, región Norteamérica, se reunieron en El Paso, Texas. Ahí delinearon un claro programa de movilizaciones rumbo a la COP16 de Cancún. El objetivo de sus acciones es múltiple:

Se proponen desmantelar las falsas soluciones al cambio climático propuestas por el gran capital y los gobiernos a él subordinados. Denunciar el mercado en que se han convertido las negociaciones climáticas: subasta de pagos para seguir contaminando, especulación con los bonos de carbono, venta de falsas soluciones por empresas como Monsanto.

Buscan difundir ampliamente los cinco factores por los que la agricultura industrial contribuye al cambio climático: el transporte mundial de alimentos a largas distancias; la imposición de los medios industriales de producción agropecuaria: la mecanización a ultranza, los agroquímicos, la geoingeniera. Consecuentemente, la destrucción de la biodiversidad y capacidad para captar carbono y la conversión de tierra y bosques en zonas no agrícolas. Así, la actividad agrícola se transforma de productora a consumidora de energía.

Al mismo tiempo, la Via Campesina se propone plantear a la opinión pública global ofrecimiento muy claro: si se apoya a la agricultura campesina, ésta puede ser uno de los factores decisivos para enfriar al planeta. La agricultura campesina además de contribuir positivamente al equilibrio de carbono, proporciona dos mil 800 millones de puestos de trabajo en el mundo, a la vez que va construyendo soluciones a la crisis alimentaria actual. La investigación científica demuestra que los pueblos campesinos e indígenas pueden reducir las emisiones globales actuales al 75%, gracias a su producción diversificada a pequeña escala, la expansión de los mercados locales y el manejo integral del suelo, el bosque y el agua.

El referente de las movilizaciones de la Vía Campesina es la Confererencia Mundial sobre el Cambio Climático y los derechos de la Madre Tierra, celebrada en Cochabamba, Bolivia, en abril pasado. En ella, 35 mil representantes de organizaciones rurales de todo el mundo, construyeron el Acuerdo de los Pueblos. Sus pilares son el respeto a los derechos de los pueblos campesinos e indígenas, y los derechos de la Madre Tierra, así como la soberanía alimentaria. Su colaboración, las miles de soluciones al cambio climático, a la pobreza y a la desnutrición con base en modelos producción y consumo alternativos al capitalista, basados en la justicia, la solidaridad, el fortalecimiento de las comunidades y el cuidado del medio ambiente. Por todo esto proponen que la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático adopte las demandas de este Acuerdo de los Pueblos y no el Entendimiento de Copenhage, mediocre documento de compromiso, de muy débil exigencia.

Para exponer a la opinión pública global sus críticas y sus propuestas, es que la Vía Campesina ha organizado este ciclo de movilizaciones. Comenzará con caravanas de toda Norteamérica que partirán del centro y el occidente de México hasta Cancún. En este puerto, junto con muy diversas organizaciones organizará el Foro Alternativo Global “Por la vida, la justicia ambiental y social” en los mismos días del evento oficial.

Pero, la discusión de este tema que compromete el presente y el futuro cercano de la humanidad y toda la comunidad de los seres vivos, no puede circunscribirse a Cancún, ni a las solas organizaciones campesinas e indígenas. Es necesario que, ante las informaciones oficiales y oficialistas sobre la conferencia, las organizaciones que buscan otro mundo posible, desplieguen un intenso esfuerzo de comunicación y de diálogo, para que la ciudadanía de todo el planeta vaya entendiendo lo que está en juego y las alternativas que se proponen. Para lograrlo, es necesario organizar miles de Cancún, como señala la Vía Campesina. Abrir foros paralelos de información y discusión en las más localidades posibles. Converger el 7 de diciembre con acciones de protesta en rechazo a las falsas soluciones, que lucran con el calentamiento global y la destrucción de especies vivientes. Promover por todos lados encuentros y articulaciones de personas y de comunidades para generar, desde abajo, la conciencia que detenga el cambio climático y haga posible una nueva tierra.

Parafraseando aquel viejo comercial, la Vía Campesina nos convoca a que, si no podemos ir a Cancún, cuando menos hagamos nuestro Cancún hasta en la azotea.

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martes, 17 de agosto de 2010

El qué y el hasta cuándo...


Víctor M. Quintana Silveyra

Cómo se estará deteriorando la situación de inseguridad que hasta Felipe Calderón abre la puerta para reconsiderar su estrategia de lo que ya no llama pomposamente guerra al narcotráfico sino, con más modestia, recuperación de la legalidad. Ya llega a 28 mil la cifra de asesinatos en el sexenio, según el Cisen. En Durango y en muchos estados de la República, la CNDH reporta penales controlados por el narco. Los periodistas son acribillados, secuestrados o amenazados por todo el país. El crimen organizado quita mandos policiacos que lo combaten o favorecen a sus adversarios, mediante amenazas de bombas o masacres de inocentes. El gobierno de Estados Unidos, sin reducir para nada el consumo de drogas en su territorio, ni dar golpes eficaces al contrabando de armas o el lavado de dinero, nos presiona cerrando consulados y ultramilitarizando la frontera.

Ante esto, en Chihuahua, como seguramente en varias entidades, dos preguntas redoblan en las conciencias: ¿qué es esto que estamos viviendo?, y ¿hasta cuándo se acabará esta pesadilla?

Para definir lo que estamos viviendo se ensayan diversas respuestas. La del solo enfrentamiento entre cárteles, que ya a nadie convence. La de una agudización de la violencia debido a los éxitos del gobierno en combatir al crimen organizado, que sólo los más devotos felipistas-panistas suscriben. La de los prolegómenos de una guerra civil, con deterioro en todas las esferas de la vida pública…

A la pregunta ¿hasta cuándo se acabará esta pesadilla?, las respuestas dependen mucho de lo que se conteste a la anterior cuestión. Unos señalan que habrá paz al lograrse la victoria militar sobre la delincuencia organizada, pero no dicen cuándo ésta será posible. Otros, más pragmáticos, señalan que el país se tranquilizará cuando se pacte con los cárteles, se les distribuyan sus zonas de influencia y éstos las acepten. No son pocos quienes no ven luz al final del túnel, a partir de que plantean que Ejército y policías están en el umbral de una derrota militar.

Nuestra opinión al respecto es que asistimos a la descomposición violenta del régimen político que se ha venido conformando como una societas sceleris, es decir, sociedad de crimen. Para producirla convergen las acciones de las mafias económicas, de las mafias políticas y de las mafias criminales que, mediante la corrupción, se infiltran y se apoderan de importantes segmentos de las dos anteriores. Dicha descomposición, además de expandirse a diversos sectores del tejido social, se ha tornado extremadamente violenta. Y no puede combatirla con eficacia un Estado que se ha ido debilitando por su propia corrupción, por el sometimiento de muchas de sus instituciones a los poderes fácticos y por la infiltración del crimen organizado en ellas mismas.

En esta etapa de descomposición, aun las acciones que se realizan para la supuesta democratización son parcialmente recuperadas de inmediato por la lógica perversa de las mafias: captura de organismos electorales, acotamiento de organismos de transparencia, subordinación de instancias como la Cofetel. Las participaciones federales a gobiernos estatales y municipales se emplean para fortalecer cacicazgos regionales. Incluso esfuerzos como el del nuevo sistema de justicia penal en Chihuahua se ven rebasados por la poca eficiencia de quienes persiguen el delito o la corrupción de los encargados de la readaptación de los pocos que son aprehendidos y juzgados. El poder no se democratiza, se mafiocratiza.

El actual estado de cosas no va a solucionarse con medidas meramente policiacas, o incluso jurídicas, aun cuando no tengan el lastre de la infiltración criminal. Tampoco va a solucionarse con la militarización, que diversos sectores ya demandan ante la corrupción y atropellos, peores en la Policía Federal que en el Ejército. Ni éste, ni los cientos de efectivos de la Guardia Nacional recién destacados en la frontera por el gobierno estadunidense, serán eficaces para acabar con los cárteles o los contrabandistas de armas o los robacoches, aunque, sin duda, amedrentarán a la población cada vez más llena de motivos para la revuelta. Quienes aplaudieron que comenzáramos el sexenio con un presidente vestido de militar aplaudirían con satisfacción el terminarlo con unos militares vestidos de presidente.

La pax calderoniana que nos prometen se parece a los estertores de la pax porfiriana. Por eso no hay que hacerse ilusiones: la pesadilla sólo se puede acabar si se le deja de dar respiración artificial a este régimen agónico. Los pactos, las políticas sociales de fondo, la discusión sobre la despenalización a las drogas, las políticas de Estado para prevenir y atender adicciones, no son eficaces bajo la mafiocracia. Veremos paz duradera en el horizonte cuando cambiemos las formas, las instituciones y los valores que regulan el acceso y el ejercicio del poder, cuando logremos diseñar y poner en práctica formas efectivas de regulación social de ese poder

Green Go