lunes, 8 de agosto de 2011

El Alcalde, documental sobre un magnate y la guerra contra el narco

Mauricio Fernández, alcalde de San Pedro.
Foto: AP
MÉXICO, D.F. (apro).- En la guerra declarada por Felipe Calderón contra el narco, Mauricio Fernández Garza, un alcalde de su misma filiación partidista, decidió tomarse atribuciones metaconstitucionales para blindar su municipio, San Pedro Garza García, el feudo donde viven los millonarios norteños, como el mismo munícipe.
Fernández Garza se ha propuesto luchar contra molinos de viento, arrollando competencias, leyes y reglamentos que, en la vorágine, tuvieron costos para la ciudad y el futuro político del propio alcalde.
El día de su toma de posesión, el 31 de octubre de 2009, Fernández Garza anunció:
“Los problemas no se arreglan solos, se que tenemos un problema sumamente difícil. Se los digo… no sé si sea un lugar adecuado o no: se que las atribuciones están muy claras en la Constitución, a mi me competen unas, al estado otras y a la federación otras. Yo simplemente les anuncio que me voy a tomar atribuciones que no tengo y que vamos a agarrar el toro por los cuernos”, dijo, mientras los asistentes, incluido el gobernador Rodrigo Medina de la Cruz, aplaudían celebrando la bravata.
Ahí mismo, Fernández Garza dio a conocer la muerte de Héctor “El Negro” Saldaña, un presunto secuestrador y extorsionador que operaba en su municipio. El anuncio se convirtió en un escándalo, porque hasta ese momento no habían sido encontrados los cuerpos del maleante y sus cómplices en la Ciudad de México.
La primicia del alcalde –leída por muchos como una autoincriminación—desató el beneplácito de la poderosa elite regiomontana y por esos meses, hasta llevó a Fernández Garza a despuntar en encuestas nacionales que ya medían su popularidad como presidenciable.
El episodio está contenido en el documental “El Alcalde” que el periodista Diego Enrique Osorno, está realizando y cuyo trailer fue adelantado a www.proceso.com.mx
En el film, se observan los aspectos urbanos del municipio con mayor poder adquisitivo de México y también el poderío económico del propio munícipe, cuya fortuna se estima por Osorno en 900 millones de dólares, cuenta con una enorme colección de arte y piezas arqueológicas y paleontológicas, expuesta en su mansión, llamada La Millarca.
El documental, producido por Carlos F. Rossini, Emiliano Altuna y Diego Enrique Osorno, es una producción de Bambú Audiovisual, patrocinado por Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), mediante una beca obtenida del Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad (FOPROCINE), mediante concurso.
El documental muestra el pensamiento de uno de los panistas más legendarios del empresariado mexicano, hijo de un militante fundacional y de Margara Garza Sada, por lo tanto descendiente del clan emblemático del empresariado norteño, por vía materna.
A partir de su toma de posesión, Fernández Garza ha decidido lo que a su juicio, mejor conviene a su municipio: formó un “grupo rudo” y otro de “inteligencia”, a fin de combatir al crimen organizado; clausuró los dos casinos que operan en la ciudad, a pesar de que había amparos, y encausó un censo de trabajadoras domésticas a quienes se otorga una credencial, una especie de pasaporte para poder ingresar al municipio.
Los amparos han frenado algunas de sus decisiones por ser inconstitucionales; sus grupos, “El Rudo” y el de inteligencia, fueron desintegrados cuando la Marina detuvo a sus integrantes, acusándolos de trabajar para el narco; y él mismo, ha tenido que comparecer acusado de vínculos con el hampa.
Su opinión sobre la especie humana es el punto de partida para justificar sus tropiezos. En el documental, revela:
“(El ser humano) es mediocre, agresivo, destructivo, envidioso y mucho más”, para luego exponer que, “alguien que trata de hacer algo diferente, lo tratan de fumigar.
“Yo estoy tratando de arreglar broncas. No seguiré los métodos más tradicionales”, dice, para luego anticipar lo que sería el grito de batalla de Javier Sicilia: “los ciudadanos están hasta la madre de los políticos”.
En El Alcalde, aclara:
“Yo no soy político. La política me importa madre… lo que me interesa es mi patria”.
Así, plantea su belicosidad:
“Yo no creo que las guerras las ganen ni las monjitas ni nadie por el estilo. Las guerras son duras, yo creo que no hemos entendido que esto es una verdadera guerra”.
Osorno, autor de los libros Oaxaca Sitiada; El Cartel de Sinaloa y Todos somos culpables, los tres publicados por editorial Grijalbo, logra extraer en la entrevista para El Alcalde, un pasaje de su infancia, desarrollado durante una cacería, con que justifica su sentido bélico:
“Había gente muy molesta con el cacique del pueblo que era dueño de todo, del cine, de la tienda y de todo. Me acuerdo les dije que la única alternativa era que lo mataran. Y curiosamente me salí de esa cacería y luego alguien me escribió que lo habían matado. Yo agarré un vuelo bruto. Y dije, ahora sí ya encontré mi vocación: me voy de guerrillero a matar a estos cabrones”.
Trailer: El Alcalde / The Mayor (5 min.) from bambú|audiovisual on Vimeo.

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