domingo, 29 de noviembre de 2009

Adiós el ministro, bienvenido el maestro

El despertar

José Agustín Ortiz Pinchetti
Buena imagen la de Genaro Góngora cuando posa en el que ha sido su despacho de ministro de la Suprema Corte. Se le ve saludable, seguro de sí mismo y de buen humor. Y con razón; pocos funcionarios podrían hoy retirarse así. Nuestras instituciones, incluyendo la Corte, están pasando por un muy mal momento. En cambio, Góngora recibe elogios de todas partes: Solidez en sus argumentos, elegancia y concisión en su estilo, excelente filosofía judicial, valentía y eficacia como ministro y como presidente de la Corte y, ¡no poca cosa!, sentido del humor.

Los abogados en México somos muy acartonados. Un estudio reciente de la ONU concluye que las leyes y los aparatos de aplicación de México están distorsionados por la influencia de la plutocracia. El exceso de formalismo es coartada para defender a los poderosos. Góngora y otros ministros trataron de superar la interpretación mecánica de la ley para obedecer el espíritu de justicia.

Ernesto Zedillo empezó bien su reforma política reorganizando a la SCJN. Juristas prestigiados e independientes se incorporaron a ella. Dos buenos presidentes: Vicente Aguinaco Alemán y el propio Góngora, así como un equilibrio entre ministros conservadores y progresistas dieron al máximo tribunal del país prestigio en poco tiempo. Pero Vicente Fox pervirtió este órgano permitiendo que Carlos Salinas interviniera en el nombramiento de algunos de los nuevos ministros. Hoy la Corte está dominada no sólo por los conservadores, sino por aquellos que se ajustan a las líneas del gobierno y sus aliados. No ha podido frenar los abusos de los gobernadores y del Poder Ejecutivo. Su imagen está gravemente dañada.
La idea-fuerza de la presidencia de Góngora fue que la Corte como poder tiene que hacer alta política, equilibrar la acción de los demás poderes y orientar a que un auténtico estado de derecho haga verdadera justicia en una sociedad de desiguales. La clase política no se atrevió a aprovechar las virtudes de Góngora y promoverlo para que fuera presidente del IFE o el ombudsman. Tuvieron miedo a su independencia y valentía.

La elección de dos nuevos ministros estará determinada por los grupos de intereses políticos y económicos y (ojo) por la Iglesia católica. El resultado puede ser desastroso.

Góngora saldrá con honores por las puertas de bronce de la Suprema Corte para ir a su querida UNAM, a impartir clases, escribir libros y sus memorias, que darán claves para entender el naufragio de la transición. Aún en plenitud de vida, Don Genaro tiene muchas oportunidades para seguir sirviendo a México.

jaorpin@yahoo.com.mx

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