MONTERREY, NL.— En febrero, lujosas camionetas irrumpieron en las polvorientas colonias marginales de la zona metropolitana de Monterrey.
Sus tripulantes tenían como objetivo reclutar a gente para protestar contra la presencia del Ejército. Regalaban celulares, despensas, juguetes, mochilas, útiles escolares y dinero en efectivo. A las señoras les darían mil pesos, más 500 si llevaban a sus niños, y para los jóvenes la oferta variaba entre 200 y 500 pesos. La operación fue un éxito.
Desde su aparición, la legitimidad de la movilización estuvo cuestionada. Si hay corporaciones que acumulen denuncias por violación de derechos humanos, son la estatal y la municipal.
martes, 3 de marzo de 2009
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