viernes, 16 de noviembre de 2012

Oda a los antitaurinos






Aviones militares de Israel, durante todo el día de ayer, dispararon bombas de fósforo blanco en contra de poblaciones palestinas de la Franja de Gaza y asesinaron al menos a 13 personas –entre ellas un niño de siete años, un bebé de 11 meses y una mujer encinta-- aparte de herir físicamente a 145 más y psicológicamente a miles.

    En Twitter, numerosos usuarios repitieron un mensaje similar al que publicó Moni @Toroblanco5 en mi TL: “Por un mundo libre de asesinos de inocentes #NoACorridasDeTorosenTehuacán” Muchos otros celebraron que en Quito, la capital de Ecuador, la llamada fiesta brava fue prohibida indefinidamente.

    Antenoche, mientras leía tuits procedentes de España a propósito del #14N, un taurino escribió: “Como hoy estamos de huelga, los toros bravos no comerán. ¿O los huelguistas tendrán cojones para alimentarlos”. 

    En su inmensa mayoría, los aficionados a los toros son reaccionarios, autoritarios, de mente obtusa y portadores del veneno del odio a los que no piensan como ellos. ¿En qué se diferencian de los antitaurinos? En muy poco, acaso en sus preferencias políticas. 

    Así como abundan los taurinos de derecha, existen los de izquierda, y lo mismo ocurre en el bando opuesto: ¿cómo pueden los antitaurinos de Tehuacán ser tan ciegos frente a las nuevas expresiones del terror y la furia nazi-sionista en Palestina? ¿Cómo se atreven a llamar “asesinos de inocentes” a quienes se visten de luces y hacen a fin de cuentas lo mismo que el pobre carnicero que les vende los filetes y las costillas para la taquiza?

    Hace dos años, en Montevideo, tuve una fuerte discusión con Galeano. Cuando se nos agotaron los argumentos a favor y en contra –no de la “fiesta brava”, eso ya desapareció, sino de la tauromaquia--, mepreguntó exasperado: “¿Por qué vas a las corridas?”. Mi respuesta fue la siguiente: “Porque soy marxista y nada de lo humano me es ajeno”.

    ¿Los antitaurinos defienden la vida humana? De ninguna manera. Si ésta les importara un poco, se pondrían a ver que la proliferación de más de mil 500 millones de cabezas de ganado vacuno en la Tierra genera casi 40 por ciento de los gases que provocan el efecto invernadero y, con éste, el cambio climático. Y, no obstante, ninguna de las oficinas del gobierno del mundo ha dictado una sola disposición para que se reduzca el número de toros y vacas en el planeta.

    ¿Los antitaurinos son amantes de la naturaleza? Falso. ¿Cuándo se han tomado la molestia de manifestarse en contra de la mega minería tóxica? Nunca. ¿Por qué? ¿Porque las montañas no ladran, no ronronean, no aúllan si algo les duele y por lo tanto no los conmueven?

    Los antitaurinos son muy estudiosos. A cada rato nos explican detalladamente la forma en que el estoque daña los órganos vitales del toro bravo. ¿Entonces por qué guardan silencio ante la destrucción de montañas enteras –como el cerro de San Pedro en San Luis Potosí-- que sufren explosiones de dinamita a diario, y las rocas que les arrancan son trituradas y reducidas a polvo, para que ese polvo sumergido en una mezcla de millones de litros de agua y toneladas de cianuro rinda nanopepitas de oro que las compañías extranjeras se llevan al mercado mundial, dejando aquí campos arrasados, mantos freáticos envenenados, desaparición de flora y fauna endémica y nuevos tipos de cáncer que matan a la gente con la máxima impunidad? 

    Entiendo a los antitaurinos de las nuevas generaciones y los compadezco. Son hijos de padres golpeadores, fachos, impresentables y repugnantes. Y pésimos divulgadores por añadidura, pues no supieron transmitir a sus herederos los secretos inherentes a la ética y la estética de la tauromaquia, sin duda porque ellos mismos los desconocen. 

    ¿Y por qué los desconocen? Porque al igual que sus hijos son víctimas de la máquina que fabrica ignorantes a escala industrial. Desde que Televisa se apoderó de la Plaza México para convertirla en una lavadora de dinero, por ejemplo, lo primero que suprimió fue la crítica taurina, cuyo papel educativo fue suplantado por los elogios lambiscones de una pandilla de muertos de hambre que todo lo aplauden.

    Seamos justos: ni taurinos ni antitaurinos tienen la culpa de representar papeles tan patéticos en la tragedia humana. Pero mientras Israel bombardea a Palestina, que por un poquito de pudor, de consideración, de respeto a sí mismos, no vengan a jodernos con sus minúsculas tonterías. Hoy también estaré en Twitter, en @Desfiladero132, esperando una convocatoria para ir a apedrear la embajada de Israel. 
    
    
 Jaime Avilés

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