jueves, 16 de septiembre de 2010

Prisión y muerte de los jefes insurgentes - Víctor Orozco

El 21 de marzo de 1811, los insurgentes encabezados por Allende y entre los que venían los principales dirigentes del movimiento, entre ellos Miguel Hidalgo, llegaron a las Norias de Baján, rumbo a Monclova para atravesar Texas hasta Estados Unidos.

Sorprendidas, las sedientas tropas insurgentes que habían encontrado cegadas las norias, fueron cayendo en la emboscada tendida por Ignacio Elizondo, quien fingiéndose partidario de la insurgencia llegó hasta los carruajes de Hidalgo y Allende, para aprehenderlos.

Empezó así el vía crucis de los jefes de la revolución que los llevaría hasta Chihuahua.

Por lo pronto, la tropa de realistas los sometió a vejámenes sin cuento. Un oficial sobreviviente dejó un relato de los hechos, del que incluyo algunos pasajes: “...a muchos los dejaron como los parieron sus madres, sin escapar por pudor ni el bello sexo”.

Distinguiéronse en este procedimiento los indios comanches que venían con la tropa de Elizondo, los que después de hacer el despojo de ropa asesinaban a los prisioneros...serían las seis de la tarde cuando se hizo una gran salva acompañada de desaforada grita....Viva Fernando VII y mueran los insurgentes.

Los generales fueron de allí pasados a una casa que se tenía dispuesta para su prisión y de ella salieron al tercero día para Chihuahua. Los demás prisioneros continuaron su marcha hasta el hospital, donde se reunieron con los otros de la noche anterior.

La habitación era reducidísima; y así que para que cupieran fue necesario que todos se acomodaran parados pecho y espalda, en términos que no podían reclinarse ...El día que amanecimos suplicamos a los soldados que nos diesen agua ...pero aun este socorro se nos negó a pesar de correr el agua a distancia de tiro de pistola...

Algunos de nosotros lograron por fortuna salvar una que otra prenderilla y dinero: diéronselas para que a trueque de aquellas les trajesen pan o tortillas ...pero se lo cogieron despiadadamente...

Por último, el segundo día se dispuso que nos hicieran un rancho; se trajeron reses, su carne se puso a cocer en peroles: no había sal con que condimentarla y suplieron por ella con tequesquite, mezclárosle maíz y he aquí un pozole que ni para cerdos: el efecto que produjo fue el de una purga; llámonos pronto la gana de evacuar el vientre en gran cantidad, ¿pero donde hacer esta apestosa operación? Allí mismo, y henos aquí habitantes en un lago de excremento humano; por tanto llegamos a familiarizarnos con él: ¿de que no es capaz el hombre puesto en el conflicto de ejecutar alguna cosa? Nuestros verdugos no nos permitieron que siquiera entrara el aire...”.

Después de esto, Elizondo mandó fusilar a numerosos oficiales y a los soldados de tropa los repartió como gañanes o naboríos, esto es como esclavos, entre los hacendados de la comarca.

La guerra civil que vivía la Nueva España al igual que muchas otras de su género, se manifestaba con crueldades infinitas, por ambos bandos.

Desde Baján, los prisioneros emprendieron el camino hacia la sede de la Comandancia General.

En el camino, a excepción del cura Hidalgo, separaron a todos los clérigos, quienes fueron conducidos a Durango, por encontrarse allí la sede del obispado.

Mucho se ha debatido sobre las razones por las cuales fueron enviados a la villa de Chihuahua. Existen varias posibles: la primera es que el sitio donde se verificó la aprehensión se consideró ubicado dentro de la jurisdicción de las Provincias Internas de Occidente, la segunda es que Chihuahua representaba una plaza segura para el gobierno virreinal y la tercera, de orden personal, que no debe descartarse, es el parentesco entre Manuel de Salcedo, gobernador de Texas y Nemesio Salcedo, el comandante general de las Provincias Internas, a quien su sobrino deseó quizá reservarle el honor de juzgar y fusilar a tan peligrosos enemigos de Su Majestad.

Tal mérito fue sin embargo fue disputado por Félix Calleja quien aún cuando llegó tarde, se apresuró a ordenar al mariscal Bernardo Bonavia segundo en jefe del Comandante, que remitiera a Miguel Hidalgo a la ciudad de Zacatecas, en donde él mismo se encontraba, pensando que los prisioneros habían sido conducidos a Durango, “...aún sin esperar las órdenes del Comandante general.

Decretos de guerra y amnistía

El 23 de abril de 1811, llegaron a la villa de Chihuahua, donde los esperaba otro duro decreto del comandante Salcedo, promulgado en prevención dos días antes y dirigido “A todos los vecinos estantes y habitantes en esta Villa de San Felipe de Chihuahua, de cualquier estado, calidad y condición que sean”.

Después de congratularse por la captura de los jefes insurgentes en territorio de las Provincias Internas, atribuyó a la providencia divina el que Hidalgo “...ni aún llegase a sospechar un secreto que tantos sabían”, esto es, la trampa y la traición de Elizondo, aludiendo a un hecho que efectivamente ha sido señalado por varios historiadores decimonónicos, pues al parecer la esposa de Mariano Abasolo, doña Manuela Rojas Taboada sabía del complot y puso al tanto a los generales insurgentes, que desdeñaron la información por las simpatías hacia los realistas que se le atribuían a la señora. La infeliz mujer en realidad sólo trataba de salvar a su marido, para lo cual había hablado con medio mundo tratando de conseguirle un indulto y persuadirlo de que emigraran a Estados Unidos .

Finalmente consiguió salvarlo y en medio de penurias sin fin lo acompañó en la prisión en España, donde a poco aquel falleció.

Agregaba Salcedo: “De un momento a otro vais a ver en medio de vosotros como reo, al mismo que acaso temisteis como Tirano feroz, rodeado de ladrones y forajidos destrozando nuestros bienes, saqueando y profanando nuestros templos, atropellando la honestidad de nuestras esposas y de nuestras hijas, armando al padre contra el hijo, al hijo contra el padre, al marido contra la mujer, a la mujer contra el marido, al vasallo contra el vasallo, rompiendo los vínculos sagrados que nos unen a Dios, al Rey y a la Patria, trastornando, en fin, y confundiendo todo el orden social, todo lo divino y lo humano”

Cuando pasó la collera de prisioneros, los vecinos pudieron contemplar al monstruo pintado por las autoridades virreinales. A todos se les confinó en las celdas preparadas y se inició la instauración del proceso penal.


1 comentario:

vurashima dijo...

esta informacion es amplia y consisa

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