lunes, 12 de junio de 2017

Cerdos


Pobres cerdos degollados. Ellos qué culpa tienen. Foto: Archivo
–Para Dani, Vero y Jorge
Solíamos decir que los mexiquenses son culpables de su propia tragedia por mantener a un grupo de lacras en el poder. Solíamos acusarlos de permitir a ese puñado de individuos gobernar, desde una caverna, a millones de mexicanos. Los culpamos porque sus votos daban presencia nacional a esos parásitos infumables.
Solíamos señalar a los mexiquenses porque, durante décadas, salieron a aplaudir a sus verdugos; a celebrarlos, a votarlos. Solíamos decirles borregos, ignorantes, vendidos. Corruptos.
Pero, creo, debemos cambiar ese discurso de reclamo.
Creo que los mexiquenses han dado una muestra de civilidad que, ahora, debemos aplaudir.
Con los datos que hay –aún con esos, todos en sospecha–, se puede decir que en las pasadas elecciones una mayoría de los mexiquenses optó por un cambio. No importa por cuál partido votaron: se lanzaron a las urnas por un cambio.
Un cambio que no es menos: un cambio que permite decir que hemos llegado a la normalidad democrática en México.
¿Y qué pasó? Que décadas después seguimos sospechando fraude. Las dos fuerzas más importantes del país, Morena y el PAN, coinciden en que hubo una elección de Estado. Afirman que el Gobierno federal participó en el robo de la voluntad popular para imponer a Alfredo del Mazo, hijo del sistema, primo del Presidente Enrique Peña Nieto.
Todos vimos a secretarios de Estado repartiendo dádivas antes de las elecciones. Al menos dos actores de la sociedad civil, Emilio Álvarez Icaza y Paulo Díez Gargari, acusan un desvío de miles de millones de OHL México al PRI, para comprar votos. Hubo irregularidades en las casillas y en el cómputo, y se le negó a los partidos y a los ciudadanos un recuento voto por voto y casilla por casilla.
Y aún así, a pesar de todo el cochinero, el PRI no ganó en Edomex. Quizás Alfredo del Mazo sea el Gobernador con ayuda de los partidos satélites (y de un fraude de Estado, parece), pero su partido no logró la mayoría. Los mexiquenses hicieron la hazaña.
Solíamos decir que los mexiquenses son culpables de su propia tragedia, pero ahora no podemos acusarlos más.
Y tendremos bien identificados a los verdaderos culpables de que el PRI mantenga ese coto por seis años más.
Son las autoridades electorales.
Quizás no así, en abstracto; quizás es un puñado de burócratas que pone en duda a las instituciones. Ellos, que no permiten el recuento voto por voto; que no abren la boca mientras se realizan actos ilegales que van desde repartir despensas hasta alterar actas.
Son las autoridades electorales a las que debemos ver, ahora. Y decirles borregos, ignorantes, vendidos. Corruptos.
Porque es una vergüenza que los ciudadanos, que pagan el salario de eso burócratas, sí hicieran su trabajo. Y ellos no.
***
La más grande perversión de las sociedades modernas se acomoda en México: el crimen organizado se apodera del Estado para hacer negocios desde allí.
Con esa “legitimidad” que da “la democracia”, puede compartir a otros del pastel. Sobre todo a los grandes corporativos, deformación de la sociedad de consumo, que toman el tajo que les corresponde y, para confirmar que las cosas están bien así, dicen que las cosas van bien a través del mercado financiero.
Entonces las empresas son boyantes porque el sueño es redondo. Pero si caen las acciones, es consecuencia de que las cosas no van bien. Y las cosas no van bien, en esa lógica, cuando algo se les atraviesa en su camino. Y lo que se les atraviesa, son los votantes.
El mercado aplaude que el partido en el gobierno, el que reparte dinero sin controles –porque es igual de corrupto que las empresas–, gane elecciones.
Y el sistema es redondo: OHL México gana durante una semana completa porque su padrino, el PRI, ganó las elecciones.
El crimen organizado ha enseñado a las empresas corruptas que su destino va unido. Y cuando los votantes ponen en riesgo los cotos de los criminales, se viene la hecatombe, dicen.
La más grande perversión de las sociedades modernas opera en México. Y esa perversión vota por Presidente, Gobernador, Alcaldes. Los impone.
Y vende, a través de sus medios, la idea de que es mejor la “estabilidad” que el cambio porque el cambio arrastra pérdidas.
Las pérdidas de OHL y similares.
Las pérdidas que sólo le importan a un puñado de hijos de la tiznada.
***
Le dije a gente que quiero que debía votar en 2017. Que hiciera un esfuerzo, en contra de su propio instinto.
Le dije que era por el bien del Edomex, por su propio bien y por el bien de México.
Le dije que había autoridades electorales más modernas y, parecía, más morales, éticas.
Le dije, a esa gente que quiero y que vive en Edomex, que saliera a las urnas y diera su voto por quien quisiera.
Y ahora, amargamente, le ofrezco una disculpa.
No son ellos, los mexiquenses, los culpables de su propia tragedia: los mexiquenses dijeron NO al PRI, y allí están los números.
Fueron las autoridades electorales las que fallaron.
Y ahora, con cara de chancla, no tengo más opción que decirle otra vez a esos que quiero que salgan a votar.
Que en este país hay que luchar una y dos y tres y cuatro décadas para que algo medianamente cambie.
No hallo cómo decirles que voten en 2018. Por favor, por favor, por favor. Hay que seguir luchando.
Uno ya no sabe quiénes son los cerdos, aquí: si esos que aparecieron degollados por todo Edomex en el día de la elección –para intimidar a los votantes– o los que son capaces –desde un escritorio– de desalentar a un pueblo que se levanta y dice NO, por primera vez, con mucha valentía, a sus verdugos.
Bienvenidos a la decepción, mexiquenses. Pero desde ahora, ni un paso atrás; ni siquiera para agarrar vuelo.
No se abandonen, mexiquenses, porque si se abandonan, nos abandonan a todos los demás.

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