Felipe hace berrinche .- Julio Hernández López

 Amaga con salir del PAN
 Inviabilidad de Margarita
 Mancera, candil de la calle

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CELEBRACIÓN POR EL DÍA DEL TRABAJO. En Los Pinos, el presidente Enrique Peña Nieto saluda al líder de los trabajadores petroleros, Carlos Romero Deschamps, durante la ceremonia por el Día del Trabajo y la cancelación de la estampilla postal conmemorativa de los 100 años de la entrada en vigor del artículo 123 constitucionalFoto Cristina Rodríguez
E
l berrinche sabatino de Felipe Calderón, en una reunión de consejo nacional del PAN, confirma la textura artificiosa de la precandidatura que se ha esmerado en impulsar, la de su esposa, Margarita Zavala Gómez del Campo.
El áspero choque del político michoacano con el presidente del comité nacional panista, Ricardo Anaya Cortés, y con el consejero de origen tabasqueño Juan José Rodríguez Prats (quien incluso habló de problemas de bebida de FCH), y el amago de renunciar al PAN, constituyen signos inequívocos de lo ya sabido, pero hábilmente ocultado por el matrimonio Calderón-Zavala: ese grupo, en el que predominan los familiares y amigos, carece de fuerza en la estructura que toma las decisiones dentro del partido de blanco y azul, y por eso se ha volcado en la construcción de una imagen externa para Margarita, fundada en el manejo de encuestas de opinión y en la difusión mediática, pero sin la aritmética suficiente para ganar por las vías internas, controladas hasta ahora por el grupo de Gustavo Madero y Ricardo Anaya (a pesar de los pleitos entre éstos, en vías de reconciliación).
Calderón perdió el control del PAN cuando aún estaba en Los Pinos y, hasta la fecha, ni lo ha recuperado ni ha incrementado su porcentaje de acercamiento a alguna posibilidad de recuperarlo (es decir, sus probabilidades de hacer candidata presidencial a su carta conyugal dependen de palancas externas). Luego de una primera temporada desde la mal habida silla presidencial, en que impuso por sus pinoleras pistolas a Germán Martínez Cázares y a César Nava Vázquez en sendas presidencias del comité panista (en una redición del estilo PRI-gobierno), al esposo de la señora Margarita le fue imposible instalar a quien había sido su secretario particular, el chiapaneco Roberto Gil Zuarth (a quien luego hizo senador, como parte de un paquete de familiares y amigos a los que Calderón benefició con cargos legislativos como premio de consolación), y se topó con un personaje desfachatado y muy práctico, Gustavo Madero.
Desde aquel diciembre de 2010 en que Madero le ganó a Calderón, éste no ha podido paladear un triunfo. No pudo imponer a su delfín, Ernesto Cordero, como candidato presidencial en 2012 y tuvo que aceptar a regañadientes a Josefina Vázquez Mota, a la que luego negoció con EPN para sellar un pacto de impunidad mutua y de presunta transexenalidad en turnos. Madero se afianzó con Peña Nieto al participar con entusiasmo en el Pacto por México y, a la hora de elegir sucesor, dejó sin problemas a su favorito, el joven queretano Anaya Cortés, aunque luego sobrevinieron pleitos entre estos dos, sin que el calderonismo pintara para nada, ni siquiera cuando pretendió el grupo conyugal que Zavala Gómez del Campo fuera diputada (obviamente, por la vía plurinominal, pues Margarita nunca ha participado en una elección directa; todo por la vía de las listas de representación proporcional, como asambleísta en el Distrito Federal y como diputada federal).
La inviabilidad estructural del calderonismo en su partido llevó a impulsar con premura la precandidatura presidencial de la cónyuge y, a estas alturas, a presionar para que ya se defina el método para decidir esa candidatura, con impugnaciones centradas en el manejo del padrón de votantes que, obviamente, controla la estructura bajo el mando de Anaya, quien, además, ha aprovechado su condición de dirigente para promoverse en espacios mediáticos correspondientes a su partido.
No le queda al matrimonio Calderón-Zavala mucho espacio hacia dónde hacerse, si es que el jefe del grupo decide salirse del PAN. La propia Margarita coqueteó tiempo atrás con la idea de ser candidata independiente, pero el fuelle de esa figura novedosa se ha agotado con rapidez. Podría ser que Calderón renunciara al PAN o que simplemente se declarara en receso, y que Margarita, para tratar de posicionarse como figura propia, no secundara la postura de su marido. Eso ayudaría mucho a Zavala, pues Felipe se ha convertido en un lastre evidente, necesitado de mostrar que es él quien lleva las riendas de la campaña conjunta, tuitero impertinente que suele meter en problemas a la precandidata a la que dice defender.
Pero, por más maniobras que haga ese grupo de familiares y amigos, por más retorcimientos propagandísticos que ideen, la realidad política es muy adversa para Zavala Gómez del Campo. Su apuesta original, en busca de ser la Hillary Clinton mexicana, perdió en la mesa de juego del casino Trump. Sus escasas presentaciones ante periodistas incisivos, como Jorge Ramos, en una cadena televisiva de Estados Unidos, la han mostrado argumentalmente débil y mentalmente inconexa.
Y, en una especie de repetición de la tragedia de Josefina Vázquez Mota, en aquel mitin de campaña de 2012 en el estadio Azul, cuando la gente comenzó a irse mientras la candidata presidencial hablaba frente a tribunas desoladas (incidente que los josefinistas atribuían a trampas de los felipistas), Zavala Gómez del Campo discurseó este domingo en la Plaza de Toros Monumental Arizpe, de Piedras Negras, Coahuila, ante algo así como una cuarta parte del lleno posible. Recuérdese que los Calderón-Zavala tienen especial interés en que el PAN triunfe en aquella entidad, pues su compadre, Guillermo Anaya Llamas, es el candidato a gobernador por segunda vez (en la primera, que perdió, Calderón también tenía el poder, desde Los Pinos, pero los Moreira lo derrotaron, como Gustavo Madero lo había hecho ya en el plano interno del PAN en 2010).
Y, mientras Miguel Ángel Mancera sigue de viaje en sus días de descanso, como sucedió en este puente vacacional en que fue a Nueva York (a presumir la embargada Constitución de la CDMX y a ofrecer apoyo a paisanos), a Hermosillo (a pedir apoyo al beltronismo para presidir la Conago) y a Acapulco (aquí prometió regalar al gobierno municipal perredista algunas patrullas de las que sobran en la capital del país), mientras en Ciudad de México se multiplicaban los asaltos en comercios, calles, plazas y domicilios particulares, ¡hasta mañana!
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