Enrique, el "bien dispuesto" .- Julio Hernández López

 Enrique, el bien dispuesto
 Trump confirma injerencismo
 Peña, en la escenografía
 Cárdenas y las candidaturas

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"LA NACIÓN ESTÁ A PRUEBA": EPN. Al encabezar en Querétaro la ceremonia por el centenario de la Constitución de 1917, el presidente Enrique Peña Nieto advirtió que nuestra nación, como pocas veces en su historia reciente, está a prueba. Son momentos cruciales en que se han conjuntado desafíos del exterior con retos del interior, que demandan la unidad en lo esencial, como sociedad y como nación, señaló el jefe del EjecutivoFoto Presidencia
E
n lo esencial, Donald Trump ha confirmado a Fox News las controvertidas versiones sobre el agresivo telefonema que sostuvo con Peña Nieto el pasado 27 de enero. Mientras el ocupante de Los Pinos y su representante en Estados Unidos, Luis Videgaray Caso (el canciller de Troya), tratan de negar las intenciones intervencionistas del magnate gringo, éste ha dicho a una cadena estadunidense de televisión que el Ejecutivo mexicano está muy dispuesto a recibir tropas y ayuda para enfrentar al crimen organizado, porque no puede controlar este problema.
Elogios y benevolencia con veneno, lo propinado por Trump a Peña: es un muy buen hombre, y tenemos una buena relación; pareció muy dispuesto a recibir nuestra ayuda. Y, en otra frase: Me encanta la gente (de México), me gusta mucho esta administración, él es un buen hombre y nos llevamos muy bien (esta columna barriobajera se queda largo rato reflexionando sobre la interpretación que en esos ámbitos no académicos se da a la etiqueta de buen hombre, cuando la pronuncia el pendenciero del rumbo). Todo, en el contexto de que el gobierno mexicano tiene “problemas controlando algunos aspectos de su país, no hay duda sobre ello, y yo diría que las drogas y los cárteles de la droga son lo primero”.
Así pues, el ( bad) hombre de pensamiento lineal y obsesivo, Donald Trump, ya ha decidido que México no puede con el problema del crimen organizado y que, por tanto, es necesaria la amistosa intervención estadunidense. Y, porque tal sea la postura de Enrique Peña Nieto, o porque así quiere asumirlo el propio Trump, éste considera que el desplomado ocupante de Los Pinos está amablemente predispuesto a aceptar tal ayuda extranjera.
La amistosa consideración de Trump, para ayudar al vecino incapaz, tiene consecuencias prácticas en curso. México está en camino de aceptar más intervención gringa descarada que nunca, a través de los miembros de las agencias estadunidenses de inteligencia, espionaje y combate al narcotráfico. Una administración mexicana débil, sin apoyo social mayoritario (apenas poco más de 10 por ciento de aceptación a sus políticas, según algunas casas encuestadoras), está aceptando lo que el vecino expansivo exige, con un agregado que podría significar más violencia y abusos contra la población civil, pues el trumpismo condiciona su ayuda a que el combate al crimen organizado sea a fondo, que el exterminio de los “ bad hombres” sea real y no simulado como hasta ahora lo han permitido los gobiernos de todos los tiempos regidos por el narco, sobre todo en las etapas de Calderón y de Peña.
Mención aparte merece una de las líneas de lo dicho ayer por Trump a Fox News: “yo diría que las drogas y los cárteles de la droga son lo primero”, es decir, el jefe de la operación mundial denominada Estados Unidos primero estima que hay una lista de asuntos que debe corregir y resolver en el país vecino, pues la actual gerencia local no lo puede hacer. Habrá de verse si entre los asuntos de la agenda intervencionista de Trump hacia México está la definición del curso electoral y los resultados de la elección presidencial de 2018. Al fin que, ya encarrerado Trump...
Peña Nieto, mientras tanto, cumplía con un ceremonial de pompa y discursos absolutamente distantes de la realidad nacional. La clase política mexicana cumplió, con festejos de oropel, el primer centenario de la Constitución federal que ha sido utilizada como parapeto de la violación cotidiana de la legalidad. El ocupante de Los Pinos insistió en su llamado a una unidad nacional que pretende usar para beneficio personal y grupal, mientras en el país persisten el gran enojo social y las protestas, que ayer incluso llegaron al Querétaro de los festejos constitucionalistas.
Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano está de vuelta en el escenario electoral. Tal vez no necesariamente él, en lo personal, como futuro candidato, pero sí como aspirante a influir en el procesamiento de postulaciones de cierto sector de la izquierda mexicana. El sábado recién pasado, en un centro cultural de la capital del país, encabezó la presentación del proyecto denominado Por México hoy. En esa reunión, luego de consideraciones generales sobre la difícil situación nacional, el tres veces aspirante a la Presidencia de la República mencionó que 2018 está a la vista y, en ese contexto, planteó abiertamente: formulemos un programa común, agrupémonos en torno a él y, si efectivamente, con objetividad, constituimos una mayoría, veamos quiénes pueden encabezarla y quiénes pueden, en el momento oportuno, formar las candidaturas que formalicen el cambio.
Más allá de lo compartible de las consideraciones y el análisis general de lo que sucede en México (por ejemplo: luchar para salir del pozo al que se ha llevado al país), el nuevo lance del ingeniero michoacano significa en el terreno concreto un intento de sujetar a compromisos programáticos a la candidatura presidencial que fuera viable y añadirle postulaciones de otros participantes, algunos emanados de esta especie de nueva corriente de izquierda.
Esta agrupación de voluntades no va mayoritariamente en el carril específico de apoyo a Andrés Manuel López Obrador (aunque ha de suponerse que las circunstancias podrían hacerla desembocar, negociada y condicionadamente, en esa candidatura morena, tan adelantada y tan necesitada de un anclaje ideológico que frene su espiral de pragmatismo de retacería). En realidad, está más cercana a los intereses de Miguel Ángel Mancera (el propio Cárdenas ha sido funcionario del Gobierno de la Ciudad de México, en el área internacional) y, en general, del perredismo (en la reunión estuvieron la comisionada de Mancera para presidir al PRD, Alejandra Barrales; el acomodaticio senador perredista Miguel Barbosa y el concesionario del partido Movimiento Ciudadano, Dante Delgado). ¡Hasta mañana!
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