Las vacaciones de Peña

JOSÉ GIL OLMOS
En febrero de 2013 captaron a Peña Nieto en un campo de golf en Yucatán. Foto: @vickyyylopez
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La procrastinación es un hábito muy recurrente en la residencia oficial de Los Pinos. A Enrique Peña Nieto, por ejemplo, le gusta irse de fin de semana a la playa o a jugar golf, mientras que los asuntos importantes los posterga cada vez que puede o, en todo caso, se los deja a su equipo cercano para después tomar él las decisiones.
El 28 de diciembre, su gobierno anunció el aumento de la gasolina que ha generado expresiones de enojo social en todo el país, las cuales no han parado como tal vez pensaban en el equipo presidencial, estimando que durarían unos cuantos días o un par de semanas.
Ese día, Peña pasaba unas confortables vacaciones en el puerto de Mazatlán, jugando golf, paseando por las playas y consumiendo viandas dignas de la nobleza, como acostumbra la clase política mexicana.

Así, mientras tomaba el palo de golf con firmeza para mandar con un swing perfecto la bola a algunos de los hoyos, esperando que la fuerza y el arrastre estuvieran a su favor, quizá pensó que la decisión de aumentar el precio de la gasolina tendría el mismo comportamiento y causaría solo una reacción en contra pasajera, como el viento que a veces detiene la esfera blanca rumbo a su destino.
El entretenimiento principal de Peña y sus allegados en la residencia oficial es agarrar fines de semana, puentes o vacaciones cada fin de año sin importar la crisis que vive el país.
Es bien conocido dentro de Los Pinos que a Peña no le gustan las reuniones de trabajo de su gabinete, todo lo contrario a sus antecesores quienes cada semana, por lo menos, tenían una reunión de trabajo para analizar las acciones que tomarían en cada área de gobierno.
Si es que reúne a su gente, Peña no resiste mucho tiempo y abandona la sala de juntas en la casa presidencial para ocupar su tiempo en otras actividades administrativas o en preparar encuentros consulares o ver la agenda de viajes dentro y fuera del país.
Es el presidente que más ha viajado al extranjero con más de 50, con un costo mayor a los 10 millones de dólares, pues no va solo sino que en algunas ocasiones está acompañado de amigos, familia, masajista, estilista, etc.
Podría decirse que a Peña Nieto le gusta darse la buena vida mientras deja a un lado que otros tomen el timón y tomen a su albedrío decisiones que después tiene consecuencias fatales, como fue el manejo de la economía por Luis Videgaray o la administración de Pemex por parte de Emilio Lozoya, quien compró unas plantas fertilizantes que resultaron un fraude y ahora están vendiendo.
La procrastinación, que no es otra cosa que eludir responsabilidades, postergarlas, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables. Esa es la conducta que ha definido a Peña al encabezar un gobierno de reformas estructurales que han tenido un impacto social negativo y cuyas consecuencias y responsabilidades las viene evitando y pasando a otras administraciones pasadas.
Así, mientras juega golf y pasea por las playas doradas de Mazatlán, Punta Mita o Acapulco, siempre resguardado por un barco de la Marina-Armada de México, el presidente deja que su equipo arme las estrategias de gobierno y también de reparación de daños, como fue el aumento de la gasolina y la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

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