Tultepec ardía y en Palacio Nacional el brindis seguía

PROCESO 2095

La tarde del martes 20 el Palacio Nacional estaba de fiesta. Como a las 15:00 horas, el gabinete legal y ampliado, junto con otros colaboradores, se dieron cita en el Patio Central para participar del brindis de fin de año con el presidente Enrique Peña Nieto.
Las primeras imágenes de Tultepec y su desastre empezaban a viralizarse en redes sociales. Bastaba ver el video de la explosión en el Estado de México –entidad natal y origen político del mandatario– para anticipar un saldo trágico que, al cierre de esta edición, contabilizaba 35 muertos, unos 70 heridos y 12 personas desaparecidas.
Minutos antes de que se iniciara la celebración presidencial, el mercado pirotécnico de San Pablito, en Tultepec, estalló. El incendio estuvo fuera de control hasta cerca de las 17:00 horas y arrasó con los 300 puestos del sitio.
Peña Nieto se reunió para brindar con la alta burocracia por el cierre de 2016 y el próximo 2017. Su brindis no fue otra cosa más que una recitación de cifras y logros de su gobierno, pero afirmaba que no eran mérito personal sino de todos los servidores públicos “que se la rifan por México”.
“Nos aprestamos para que llegue 2017 resueltos, decididos, bien comprometidos, por encima de los intereses personales que cualquiera pueda tener”; y añadió: “Lo importante es seguir cumpliendo con esta honrosa responsabilidad que hoy tenemos de servirle a México desde la tarea del servicio público”.
La explosión en Tultepec no fue tema de discurso ni siquiera a las 16:00 horas, cuando los portales informativos daban cuenta de la noticia, ya circulaban imágenes y se habían emitido los primeros reportes oficiales.
En las últimas semanas, el mandatario ha insistido en que el desánimo no debe afectar a los mexicanos. Emplea una jerga motivacional, de superación personal. Nunca admite que hay problemas, sino “retos y desafíos” que deben superarse, de ahí que se haya permitido bromear (según la columna “Bajo Reserva” de El Universal) respecto de la impuntualidad del secretario de Educación, Aurelio Nuño, y de una secretaria de Estado el miércoles 21: Peña Nieto dijo que se notaba “el desánimo de algunos”.
Rostros festivos de sonrisa ensayada posaron para selfies que se presumieron más tarde en cuentas de redes sociales. En los timelines de Twitter y en los muros de Facebook, esos retratos del “México bonito” aparecieron al lado de los videos de Tultepec. La burocracia del más alto nivel se despidió como suele hacer la clase política, con sonoras palmadas en la espalda, verbalización de parabienes y sonrisas complacidas.
Entre las 16:30 y las 17:00 horas, los convocados fueron desalojando el Patio Central y sólo hasta las 17:23, cuando ya había concluido el ágape, la cuenta de Peña Nieto en Twitter emitió su primer mensaje respecto del siniestro: “El Gobierno de México trabaja en coordinación con el gobierno del Estado de México para atender a los heridos y afectados en Tultepec”.
En dos micromensajes más informó que el Ejército y Protección Civil apoyaban en la atención de la emergencia y, finalmente, expresó sus condolencias a los deudos de los fallecidos.
Peña Nieto, en el desastre
En poco más de cuatro años que lleva al frente del gobierno, Peña Nieto ha suspendido en diferentes ocasiones sus actividades para atender contingencias o desastres.
Uno de los hechos más conocidos ocurrió la noche del 15 de septiembre de 2013, cuando la tormenta tropical Manuel golpeó Guerrero. Obstinado en pronunciar desde Palacio Nacional la arenga tradicional conmemorativa del alzamiento armado de 1810, el Ejército y la Policía Federal desalojaron por la fuerza el plantón que el magisterio inconforme con la reforma educativa mantenía en el Zócalo –violencia gratuita, pues los manifestantes ya se estaban retirando.
Así, Peña Nieto pudo dirigir su primera ceremonia del Grito de Independencia. El Centro Histórico capitalino fue cercado por un enorme dispositivo de seguridad y el Zócalo se llenó con acarreados procedentes de localidades mexiquenses, entre otras, Tultepec.
Con el gabinete legal y ampliado, así como con invitados especiales acomodados para la cena del Patio Central, el presidente dirigió un breve saludo y se disculpó para ir a atender los daños del huracán.
En los días siguientes suspendió otras actividades, incluida una gira internacional por Nueva York, Estados Unidos, cuya cancelación se anunció el 19 de septiembre, es decir, dos días después del paso del meteoro.
El 23 de octubre de 2015, Peña Nieto canceló también todas sus actividades públicas ante el desastre que se anticipaba por el ciclón Patricia. No obstante, el fenómeno perdió fuerza y los daños fueron menores.
En otras ocasiones, Peña Nieto acudió a zonas de desastre. El 31 de enero de 2013 visitó la Torre de Pemex, donde aquel día hubo una explosión que mató a 37 personas y dejó más de un centenar de heridos. Estaba en Colima, donde puso en marcha el Programa Nacional Forestal, pero a su regreso a la Ciudad de México visitó las instalaciones siniestradas. Al día siguiente, decretó duelo nacional de tres días.
Un tornado devastó Ciudad Acuña, Coahuila, el 25 de mayo de 2015. El saldo: 14 muertos y miles de damnificados. Ese día, Peña Nieto canceló sus actividades, visitó la zona, caminó entre la destrucción, saludó gente y se mantuvo hasta el día siguiente en el lugar.
Y este año el mandatario visitó el Complejo Petroquímico Pajaritos, que explotó en abril, aunque entonces se puso en duda su asistencia porque las fotografías difundidas por la Presidencia parecían fotomontajes. También supervisó las afectaciones en Huauchinango, Puebla, por el paso del huracán Earl, en agosto.
Tultepec no mereció la misma atención. Peña Nieto sólo emitió tres tuits; al día siguiente, el miércoles 21, la Presidencia difundió un comunicado en el que infomó que el mandatario cancelaría actividades durante 10 días, para tomarse vacaciones.
El brindis no se suspendió, como tampoco su agenda, que transcurrió con normalidad: el miércoles 21 fue a Tlaxcala, donde pidió un minuto de silencio por los fallecidos y, hasta el jueves 22 decidió visitar a algunos heridos en el Hospital de Alta Especialidad de Zumpango –por cierto, construido durante su administración y concesionado desde entonces a Grupo Higa, propiedad de Juan Armando Hinojosa Cantú, el polémico contratista vendedor de la Casa Blanca, el escándalo que marca la administración de Peña Nieto.
Luego continuó con su agenda en Ecatepec, donde recordó los 201 años de la ejecución de José María Morelos y Pavón. Desde ahí “reiteró su apoyo” en la atención médica y anunció apoyos para reconstruir el mercado de San Pablito.

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