2017: convulsiones por venir Julio Hernández López

Astillero
 Urgencia de los militares
 ¿Por qué? ¿Para qué?
 Senado apresura sesiones
 2017: convulsiones por venir
Julio Hernández López
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IMPULSA EL IMSS LA PREVENCIÓN DE ENFERMEDADES. El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) organizó ayer la Carrera Navideña 2016, en la que participaron 4 mil 500 personas, como parte de las acciones para promover el ejercicio físico y prevenir enfermedades. En un comunicado, el organismo informó que el director, Mikel Arriola, realizó el recorrido de 10 kilómetros y también asistió Francisco Guzmán Ortiz, jefe de la Oficina de la Presidencia de la RepúblicaFoto La Jornada
E
l golpe sobre la mesa muestra a un poder civil doblegado. Ayer, los conductores de los trabajos en el Senado de la República (el máximo jefe, el priísta Emilio Gamboa, y el presidente de la Junta de Coordinación Política, el panista Fernando Herrera) y los tres principales partidos en constante coalición (PRI, PAN y PRD) se allanaron a las exigencias planteadas de manera insólita, días atrás, por el general Salvador Cienfuegos, secretario de la Defensa Nacional, y anunciaron que con prontitud convocarán a un periodo extraordinario de sesiones, tal vez en enero, apenas pasen las fiestas de temporada.
La premura legislativa busca dotar al Ejército y a la Marina de protección legal para continuar, incluso intensificar, las acciones armadas contra el crimen organizado, pero además contra todo aquello que provoque alteraciones a la seguridad interior. La mayor parte de lo hecho por esas corporaciones, a lo largo del decenio de horror inaugurado por Felipe Calderón Hinojosa en Apatzingán, Michoacán, ha carecido de legalidad, como lo ha confirmado el propio general Cienfuegos al abogar por un nuevo marco jurídico. Basta leer el discurso del titular de la Sedena para encontrar suficientes confesiones de parte respecto a la ilegalidad en que se han movido las fuerzas armadas mexicanas, impelidas por los ocupantes de Los Pinos, el citado Calderón y, en los cuatro años recientes, por Enrique Peña Nieto, continuador, con su propio estilo y preferencias, del menú de sangre y fuego heredado por el panista.
Pero, ¿por qué esta urgencia de los mandos militares (el general Cienfuegos y el secretario de Marina, almirante Vidal Francisco Soberón Sanz) por regularizar lo que ha sido tan aceptadamente irregular durante 10 años? ¿Por qué acerar la mano gubernamental ahora, cuando se ha entrado al tramo final del sexenio y podría suponerse que ya no hay verdadera necesidad de cambiar los términos de las operaciones militares? ¿Por qué se dio esta sincronizada operación política de chantaje (Semar y Sedena declaran; Los Pinos coincide; el Senado acelera el proceso legislativo) para blindar las futuras operaciones militares? ¿Qué tareas especiales habrán de realizar los militares de 2017 en adelante?
Un intento de respuesta podría considerar que las maniobras militares recientes, y las que se esperan, son el reconocimiento de la profunda crisis nacional. El país se encamina hacia peores formas de ingobernabilidad y hacia mayores turbulencias sociales y económicas. El poder civil está deslegitimado: las entidades federativas son un botín de los gobernadores y sus camarillas; el crimen organizado multiplica secuestros, extorsiones y asesinatos (ayer hubo protesta en Villahermosa, ante la indolencia del gobernador tabasqueño Arturo Núñez); el gobierno federal está hundido en la frivolidad (con la canciller haciendo guacamole, por ejemplo), en la corrupción y la fragilidad económica (Carstens pegando la nada graciosa huida) y en la parálisis frente a la sostenida amenaza desestabilizadora de Trump (Videgaray zopiloteando para ver cómo aprovechar la coyuntura para él y su grupo).
A ese cuadro crítico debe agregarse que Peña Nieto está frente a un proceso de sucesión presidencial no solamente adelantado, sino descontrolado, con evidencias claras de que el PRI y los intereses de la camarilla mexiquense pueden estar en grave riesgo. La preocupación central de las cúpulas políticas, económicas y militares está en el posicionamiento de Andrés Manuel López Obrador como único candidato realmente antisistema y probable beneficiario del muy previsible voto de castigo en 2018. También angustia a esas élites la probabilidad de que no prenda la precandidatura inflada de la opción B, Margarita Zavala, esposa de Calderón (quien abiertamente se sigue mostrando como promotor y guía de su cónyuge). A pesar de actos masivos como el de este fin de semana, en el que estrenaron el equívoco lema de #somosMaZ (al que en redes sociales se trocó en #somosMazDeLoMismo, #SomosMazCalderón y otras variantes), Zavala sigue mostrando un discurso lleno de lugares comunes, y las entrevistas con la prensa suelen mostrarla muy vulnerable ante preguntas sobre relección conyugal, la guerra contra el narcotráfico, el caso de la guardería ABC y otros puntos que le son insalvables.
Hay otro aspecto procesal que ha inquietado a los altos mandos militares. El nuevo sistema de juicios orales permite que la defensa de los acusados exija que toda actuación de una autoridad deba estar sustentada, incluso mediante la comparecencia personal de los involucrados. Es decir, soldados y marinos tendrían que acudir ante los tribunales para fundamentar y detallar las acciones que hubieran realizado, lo cual parece muy peligroso para los jefes de esas corporaciones.
Lo que viene se inició en su cocción política el mero día de la sepultada Revolución Mexicana. Este 20 de noviembre la nota política importante fue emitida no por el ocupante de Los Pinos, Enrique Peña Nieto, sino por el secretario de Marina, el almirante Vidal Francisco Soberón Sanz, quien ganó varias portadas de diarios de circulación nacional con un discurso que tuvo mayor relevancia que el pronunciado casi de manera burocrática por el citado Peña Nieto (el Astillero del 21 llevaba como encabezados: El discurso del almirante; Legalizar acciones militares; Congreso, listo para aprobar: https://goo.gl/BltUoH). Luego vino la inusual conferencia de prensa del general Cienfuegos, cuyos alcances y motivaciones aún son motivo de polémica, algunos suponiendo que fue una jugada política concertada con Los Pinos, y otros considerando que fue un peligroso desbordamiento del poder militar ante la debilidad e impericia del poder civil. Hasta llegar a la coincidencia de EPN con el general Cienfuegos y el anuncio, ayer, de un raudo procesamiento legislativo de las exigencias militares. ¡Hasta mañana!
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