domingo, 21 de diciembre de 2014

Un mal regalo de Navidad .- Álvaro Cueva

 

Me da mucha pena interrumpir esta bonita temporada de brindis y posadas pero hay algo que no le puedo dejar de decir.
¿Qué? Que me siento profundamente ofendido con la absolución de Raúl Salinas de Gortari, a quien durante décadas conocimos como “el hermano incómodo” del presidente que nos gobernó de 1988 a 1994.
¿Y por qué me siento ofendido? No, mejor pregúnteme por qué no me habría de sentir ofendido.
Me parece una desgracia que nuestro sistema judicial sea incapaz de expresar la más mínima coherencia a nivel macro.
Que a usted y a mí, cuando nos atrasamos un solo día en el abono de cualquiera de nuestros créditos, nos traten como a los peores delincuentes.
Que nos persigan, que nos falten al respeto, que nos amenacen y que en cambio, a estos personajes, acusados de cosas graves, no solo los dejen en libertad, que casi, casi, les pidan perdón.
Si usted estudia con cuidado el manejo que se le ha dado a esta nota en la mayoría de los medios tradicionales, se va a ir de espalda.
Salvo honrosas excepciones, casi todos los análisis han estado dedicados a hablar de nuestro sistema legal, no de Raúl Salinas.
Es más, ni siquiera dan antecedentes como para justificarlo, como para darle la razón.
¿Con qué cara quieren nuestras máximas autoridades que usted y
yo nos portemos “bien” si el mensaje que nos mandan es de premio al “sucio” y castigo al “limpio”?
¿Cómo quieren esos señores que los mexicanos obedezcamos las reglas y que cumplamos con nuestras responsabilidades cuando ellos mismos son los primeros en evidenciar que esto, o no funciona, o tiene los suficientes huecos como para permitir cualquier cosa?
Y cuando le digo cualquier cosa, es cualquier cosa. ¿O qué, a usted ya se le olvidó lo que pasó con Florence Cassez?
¿Ya se borraron de su mente las últimas noticias sobre personalidades como Elba Esther Gordillo y El Chapo Guzmán?
No, pero espérese, si esto le parece enfurecedor, ¿qué pasa si le recuerdo el momento histórico por el que estamos pasando?
¿Qué pasa si le refresco la memoria con la ene cantidad de casos de represión que hemos estado viendo en los últimos meses? ¿Ahí sí se vale ser rudo?
Según se ha publicado en varios lugares, don Raúl ya está en Europa muy contento con sus millones.
¿En dónde están las víctimas de tantas irregularidades que se han estado dando de septiembre a la fecha? ¿En dónde están sus ahorros? ¿En dónde están sus ilusiones?
La semana pasada, aquí mismo le decía que ya no creía ni en los políticos ni en las elecciones.
Bueno, con esto, ya ni siquiera puedo creer en las leyes. ¿Usted sí? Pues dígame cómo porque ya no le encuentro sentido a la búsqueda de la justicia.
A propósito de Raúl Salinas, de sus hermanos, de sus hijos, de sus sobrinos y, en general, de su familia, le voy a hacer una recomendación:
Corra a comprar el libro Los Salinas, de Alberto Tavira en el sello editorial Temas de hoy.
Es un estudio muy completo, muy dinámico, práctico e interesante que no solo lo va a ayudar a entender el caso de don Raúl, sino a apreciar a toda, absolutamente toda la dinastía Salinas.
Alberto Tavira está haciendo algo único: periodismo del corazón, pero de altos vuelos.
Se mete en la vida íntima de los políticos y a través de sus narraciones, 100 por ciento documentadas, nos hace entender el porqué de muchas cosas.
Y no solo eso, nos obliga a reflexionar sobre el futuro porque si usted pensaba que la dinastía Salinas terminaba con Raúl, Carlos, Enrique, Adriana y Sergio, está muy equivocado.
Esto apenas comienza y los hijos de estos señores van que vuelan para recuperar algo que tal vez nunca se perdió, algo que estaba por ahí, como congelado.
Y que ahora, con la liberación del “hermano incómodo” haga de cuenta que mueve las piezas de un ajedrez inmenso de poder, pasión, alianzas y venganzas.
Excelente trabajo del señor Tavira, ideal para leer y regalar en estas fiestas pero, sobre todo, ideal para devorar a la mayor brevedad posible.
Por favor, discúlpeme por interrumpir esta bonita temporada de brindis y posadas.
Yo no soy nadie para decirle a usted si Raúl Salinas era inocente o culpable de todo lo que se le acusó en los años 90.
Lo que sí le puedo decir es que esta noticia, hoy, me ofende, se me hace un insulto, un mal regalo de Navidad. ¿A usted no?
¡atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com

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