sábado, 22 de marzo de 2014

“Muchos propietarios hacen de sus medios un instrumento para chantajear, coaccionar, y obtener beneficios económicos”


rodriguez_1


Emeequis, el semanario que fundó y que dirige, define su trabajo como “periodismo indeleble”. Indeleble porque durante sus ocho años de vida sus crónicas y reportajes han buscado impactar, sacudir, y llamar a la reflexión. Sus trabajos han sido merecedores de numerosos premios, entre ellos el Premio Nacional de Periodismo en Crónica, el Premio de Periodismo Rey de España y el Premio Ortega y Gasset de Periodismo. Esta semana estará en Guatemala, disertando sobre técnicas de investigación en un taller organizado por el Centro Internacional para Periodistas (ICFJ).
¿Qué es el periodismo de investigación? ¿Es correcto hablar de “periodismo de investigación” como una categoría aparte o tener secciones especiales para este tipo de reportajes? ¿No se trata simplemente de un trabajo periodístico como debería ser siempre?
En efecto, cualquier buen periodista tiene que ser un buen investigador. Como premisa general, eso es muy válido y pertinente. Sin embargo, la dinámica de producción de la información hace muy difícil que los periodistas puedan hacer esto si tienen una sobrecarga de trabajo brutal y si las órdenes que reciben para su cobertura periodística es que simplemente estén atentos a los actos donde participan funcionarios públicos y grupos privados. Las unidades de investigación tienen que hacer lo mismo que deben hacer todos los periodistas pero sin una carga diaria de obligaciones que los abrumen. No es que (la investigación) sea una categoría periodística sino que es una manera diferente de organizar la división del trabajo periodístico para poder cumplir con la cuota diaria de información más hacer el trabajo que verdaderamente vale la pena, como los reportajes y las grandes crónicas.
¿Qué elementos hacen un buen periodismo de investigación?
El rigor, la disciplina, difundir información comprobada, y que tenga solidez, es decir, un periodismo con criterios éticos, para que los ciudadanos tengan una información equilibrada y tengan elementos para debatir públicamente temas de interés general y exigirles a los gobernantes que ejecuten políticas públicas en beneficio de la mayoría de la población. Tiene que ser, además, un periodismo interesado en explicarles a sus lectores, televidentes y escuchas qué es lo que ocurre en el entorno y por qué está ocurriendo.
¿Tenemos periodismo de calidad en América Latina?
Es muy desigual. En algunos países, como Argentina, Colombia, Perú, también en Chile, hay casos notorios de buen periodismo de investigación, en otros países no tanto. No conozco en profundidad los casos en Centroamérica pero sé que hay esfuerzos por hacer buen periodismo de investigación en Guatemala y El Salvador y Costa Rica. El mejor periodismo de investigación se hace en Brasil; allí brotan los periodistas de investigación y los medios de calidad. No creo que sea una característica nacional, sino que hay circunstancias que permiten que los medios de comunicación cumplan con el papel de ser un fiscalizador y un contrapoder y en esa medida desempeñar el papel para el cual están concebidos. A veces siento que hay mejores periodistas que medios.
¿Y a qué se debe eso?
A la concepción que tienen los propietarios de los medios de comunicación del papel de los mismos. Si el propietario de un medio de comunicación concibe que su radio, periódico o televisora solamente va a ser un instrumento para obtener ganancias, favores del gobierno o de los grupos políticos hay una gran falla porque se está dejando de tener en mente que antes que al gobierno, antes que a grupos fácticos de poder económico, la primera lealtad de los medios de comunicación debe estar con los ciudadanos. El buen periodismo de investigación por supuesto que va a resultar incómodo para el poder, por supuesto que va a provocar molestia en grupos de interés, pero también va a permitir que los medios de comunicación tengan una ganancia de credibilidad increíble y ese es el factor más importante en relación a la sociedad en que un medio de comunicación está obligado a servir. Por supuesto que a todos –a la sociedad, a los propios periodistas, a los dueños, incluso a los grupos privados– les conviene que el periodismo sea un gran negocio y creo que el gran periodismo lo es pero muchos propietarios de medios pierden de vista que los medios no son un negocio cualquiera y hacen de sus medios un instrumento para chantajear, coaccionar, y obtener beneficios económicos.
Usted habla de la importancia de que los medios de comunicación no sucumban a los intereses comerciales. ¿Es posible establecer un balance entre periodismo y mercado?
Un medio puede intentar sustraerse a las presiones de los anunciantes haciendo un gran periodismo. Si hacemos un periodismo con los estándares de calidad, de rigor y de ética más altos que podamos todo el mundo saldrá beneficiado. Saldrán beneficiados los anunciantes porque sus productos tendrán mayor exposición y ellos tendrán mejores ventas. Saldrán fortalecidos los dueños de los periódicos porque obtendrán una situación económica más sólida, mejores ingresos y beneficios. Y saldrán beneficiados los periodistas porque habrá condiciones para hacer mejor periodismo y salarios dignos que nos permitan desarrollarnos con mayor honestidad. Incluso el gobierno y el estado se benefician porque una sociedad que tiene un buen periodismo de investigación será muchísimo más plural y democrática. Habrá uno o dos anunciantes que busquen que sus intereses sean favorecidos y es muy probable que se retiren, entonces hay que compensarlo buscando más anunciantes. Eso requiere fortaleza económica; no es una cuestión sencilla pero tampoco es imposible.
A su criterio, ¿qué medios destacan por la calidad de su trabajo de investigación?
La revista Semana y el periódico El Tiempo en Colombia, los periódicosLa Nación y Clarín en Argentina, la revista Caretas y una ONG de periodismo que se llama IDL Reporteros en Perú, (el medio digital) El Faro en El Salvador, (el diario) La Nación de Costa Rica, en Guatemala también hay buenos ejemplos. El hecho de que gracias a notas de investigación se haya podido llevar ante la justicia a expresidentes tanto en el caso de Guatemala como de Costa Rica me habla de un periodismo que pese a todas las circunstancias adversas en las que normalmente nos desempeñamos tiene muy claro cuál es su papel, lo cual es muy alentador. En México, por desgracia, salvo algunas excepciones, los grandes medios son meros voceros de la propaganda oficial y lejos de ser vigilantes del poder, de ser el contrapeso, de ser el que escrudiña el desempeño público en favor de la sociedad, tienen mucho miedo de perder sus privilegios, de perder dinero, de perder los grandes negocios, y la gran mayoría de los dueños son un instrumento del poder. Tienen la brújula totalmente extraviada.
Esos lastres que señala en los medios mexicanos, ¿son un legado histórico del priismo?
Sí, esa es una de las razones. En México ha habido diferentes etapas históricas y los medios no somos más que el reflejo de la sociedad. En la época de la revolución hubo una prensa brutal, encarnizadamente crítica del poder, que terminó con la dictadura. Luego tuvimos setenta años de gobierno del PRI, el cual no es un partido sino una gran maquinaria de poder. El PRI está incrustado en generaciones de mexicanos y los medios de comunicación son un reflejo de esa historia inmediata en la que compró, manipuló, y reprimió a los medios de comunicación. Los medios dominantes siguen permeados por esa enorme capa de oscuridad en la cual los propietarios se sienten cómodos. Y esa es una dificultad para hacer periodismo de investigación.
Usted afirma que los medios de comunicación son el reflejo del momento histórico que atraviesa la sociedad. Tomando en cuenta que la historia reciente de Centroamérica se ha visto profundamente marcada por las guerras civiles, ¿Qué papel deben desempeñar los medios de comunicación en un país que acaba de salir de un conflicto armado?
Las heridas que provocan las muertes, las desapariciones, los atropellos, las masacres y los genocidios, marcan la historia del país, y el periodismo está obligado a tratar de desentrañar quiénes son los responsables de las barbaries y de las atrocidades en contra de la población civil. Eso es más urgente que atender otros casos de investigación.
¿Qué opina sobre el boom de los medios digitales en América Latina? ¿Los medios digitales están demostrando que se puede hacer un buen trabajo con una redacción pequeña y relativamente barata?
Hay medios digitales que han sido experiencias interesantes. Pero hay de todo. Hay medios digitales muy malos, otros muy buenos, hay medios digitales enormes, otros muy chiquitos. Al final de todo, lo que cuenta es el buen periodismo y eso lo vamos a encontrar en medios impresos y en medios digitales.
¿Los medios digitales van a dejar a los medios impresos en la obsolescencia?
Van a convivir como medios complementarios. Creo que los medios digitales van a tener una mayor porción de las audiencias, sus ingresos publicitarios van a aumentar y quizás tengan un poco más de peso y de relevancia. Pero no creo en la extinción de los medios impresos sobre todo en sociedades como las nuestras que tardan muchos más años en tener las transformaciones que ocurren en países como Estados Unidos y Europa.
¿Qué impacto ha tenido Wikileaks en términos de redefinir el ejercicio del periodismo?
Wikileaks es una gran herramienta. Surge de la genialidad de Julian Assange, pero también surge porque hay ciudadanos que están inconformes con el estado de las cosas y porque hubo un vacío global en el que los ciudadanos no nos vieron como guías confiables que les garantizaran seguridad y anonimato para poder exponer la información que tenían y que merecía la prioridad. Hay que recordar que el presunto filtrador de Wikileaks había hecho el intento de hablar con The New York Times. Hubo una falla estructural porque no le hicieron caso y ahí es cuando le dieron la información a Wikileaks. Wikileaks ha demostrado que unos cuantos individuos dispersos por todo el mundo pueden llegar a transformar ciertas cosas incluso sin ser periodistas. ¿Sustituye Wikileaks al periodismo? No, una de las grandes críticas que se le ha hecho a Wikileaks es que no discriminó ni contextualizó sino que puso en bruto una gran cantidad de información. Creo que estamos viendo una dinámica del siglo XXI que está determinada por los nuevos paradigmas de los avances tecnológicos.
Usted afirma que Wikileaks demostró el poder que pueden tener unos cuantos individuos que se valen de las herramientas tecnológicas, incluso sin ser periodistas. Hoy en día se emplea mucho el término “periodismo ciudadano”. ¿Cuáles son sus alcances y limitaciones?
Yo no creo mucho en el periodismo ciudadano. Creo que el hecho de que un ciudadano ya no dependa de los medios para poder expresarse es una gran transformación. Pero hacer un videíto, estar en el lugar del acontecimiento, escribir en un blog o mandar un tweet no los hace periodistas. Son actores de la web pero no veo esta idea de periodismo ciudadano y no porque desdeñe a los ciudadanos. Al contrario, creo que todo el periodismo debe estar hecho en función de los intereses de los ciudadanos y tener empatía, comunicación con ellos y credibilidad.
¿El hecho de que mucha gente esté buscando esos espacios de expresión fuera de los medios tradicionales es sintomático de que los medios hemos ido perdiendo esa relación que deberíamos tener con la ciudadanía?
Por supuesto, dejamos de lado a los ciudadanos, los subestimamos, los ninguneamos, y además no atendemos a sus intereses. ¿Cómo no van a buscar un canal de expresión? Si a quienes estamos atendiendo son solamente a los poderosos, si los ciudadanos sólo son un pretexto, por supuesto que quieren ser tomados en cuenta y lo hacen participando y emitiendo opiniones. Eso enriquece, pero no hay debate posible en la red porque es un caos informativo. Por eso los periodistas estamos llamados a aportar información que aclare y que oriente dentro de ese caos informativo.
¿Cree que la tecnología ha democratizado el acceso a la información de manera que hoy en día tenemos lectores más sofisticados, con más capacidad de discernir y que le exigen más al periodista?
Avanza hacia eso pero no creo que hayamos llegado ni mucho menos. Latinoamérica es la región más desigual del mundo, incluso por encima de África, entonces todavía tenemos grandes porciones de la población que no tienen acceso a educación, mucho menos a infraestructura ni a internet. Los teléfonos sí pueden hacer una pequeña diferencia, incluso gente que no tiene una vivienda digna ni un nivel educativo satisfactorio, por razones de la lógica moderna tiene un teléfono inteligente. Y hay un grupo de la población, sobre todo los jóvenes, que es más sofisticado y tiene más acceso a la información. ¿Pero eso automáticamente los hace ciudadanos críticos, demandantes de la información, conscientes de su empoderamiento? No.

No hay comentarios:

Escándalos de Luis Mendoza Acevedo