martes, 31 de julio de 2012

Apoyos que debilitan y confunden


Guillermo Fabela Quiñones
Apuntes
En la mesa del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) está la última oportunidad para evitar que México se hunda en una debacle de consecuencias inenarrables. Hay abundancia de datos y pruebas que justificarían la anulación de la elección presidencial, a fin de nombrar un presidente interino, lo cual daría margen a que la nación pueda enfrentar la crisis política derivada del fraude electoral con el que la oligarquía quiere imponer a Enrique Peña Nieto. No hacer caso a la voluntad de las clases mayoritarias, que expresó en las urnas con votos legítimos, no manchados con millones de pesos de dudoso origen, daría margen a una ingobernabilidad que iría subiendo de tono.
La población acabaría cobrando conciencia de que el camino de las instituciones lo tienen clausurado quienes deberían ser los principales guardianes del orden institucional. La misma voracidad del grupo en el poder hará que la gente “beneficiada” con regalos y prebendas miserables, se dé cuenta del grave error cometido al aceptar las dádivas y facilitarle al PRI la comisión de un fraude hábilmente maquinado. Una vez conseguido su propósito, o sea llegar a Los Pinos, seguramente se olvidaría de atender los graves problemas sociales del país, ocupado como estaría el grupo salinista en el poder, en la consecución de los negocios que ha venido preparando con esmero y total falta de solidaridad con el país.
Por otro lado, su propia debilidad lo haría desatender los compromisos adquiridos con sectores populares, porque estaría demasiado presionado por los grupos oligárquicos que quieren lucrar con los bienes nacionales o que buscan más poder y privilegios, como la cúpula de la Iglesia Católica, la cual anunció ya su interés en negociar su apoyo a Peña Nieto, reconocerlo como presidente electo, seguramente a cambio de que el gobierno federal facilite a la elite clerical burlarse impunemente del orden constitucional. Las consecuencias de esta negociación espuria serían nefastas para el país, pues habría un poder fáctico más, al que sólo le interesa debilitar lo más posible el Estado laico.
Aquí radica buena parte de la debilidad de un régimen espurio, en que no tiene empacho en doblegarse a intereses antidemocráticos, ajenos al país, con tal de contar con los soportes que necesita por no tener el apoyo del pueblo. Así fue como la Revolución Mexicana dio un vuelco muy negativo, cuando Álvaro Obregón se prestó a obedecer indignamente los injustos e ilegítimos reclamos de una parte del gobierno estadounidense, enumerados en los Tratados de Bucareli, a cambio del apoyo que necesitaba para vencer a las fuerzas revolucionarias que respaldaban a don Adolfo de la Huerta. No se concretaron en la práctica, como se sabe, porque el Senado estadounidense finalmente no los firmó. Pero en los hechos quedó muy claro que el caudillo no tenía ningún empacho en lucrar con la soberanía nacional.
Por eso es muy preocupante el interés de la cúpula del Episcopado en negociar con Peña Nieto su apoyo. El resultado, no sería de otro modo, afectaría el de por sí devaluado Estado laico mexicano. No es gratuito el interés del Vaticano en este asunto, pues sabe que Peña Nieto estaría en disposición de cualquier cosa, con tal de que el clero lo apoye para llegar a Los Pinos. Tan sólo el hecho de que lo reconozca ya como el virtual ganador de las elecciones, es un respaldo firme que será seguramente bien correspondido por Peña Nieto.
Con tal actitud, la elite del Episcopado mexicano echa más leña al fuego en este momento, cuando lo que urge es que organizaciones que se supone ajenas a intereses políticos actúen con sensatez y de acuerdo a lo que señalan los hechos. El alto clero está pasando por alto que el “triunfo” de Peña Nieto está firmemente cuestionado, no sólo por los partidos del Movimiento Progresista, sino por millones de ciudadanos que no alcanzan a comprender cómo es posible una victoria en las urnas de un candidato producto de la mercadotecnia, seriamente cuestionado por su polémica trayectoria y su nula experiencia política real, que lo definen como un personaje que no tiene ideas ni voluntad propia.
La cúpula clerical, con su apoyo, está actuando como cómplice de un megafraude en el que fueron utilizados recursos de procedencia ilícita, como lo están demostrando las pruebas que están saliendo a la luz. Así, se habrá de convertir en corresponsable de lo que ocurra en el país si llegara a consumarse una imposición espuria, que seguramente habría de acarrear una terrible desestabilización, que no podrían achacar a López Obrador, no porque no quieran, sino porque hacerlo sería un tácito reconocimiento a su liderazgo, a su triunfo escatimado por la oligarquía.

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