miércoles, 13 de junio de 2012

La soberbia de Televisa

El dueño de Televisa, Emilio Azcárraga Jean. Foto: Octavio Gómez
 
MÉXICO, D.F. (apro).- Las nuevas revelaciones del periódico británico The Guardian confirman lo que Proceso ha documentado e investigado desde 2005 a la fecha sobre la trama entre Enrique Peña Nieto y Televisa: la construcción de un proyecto político que se realizó a costa del erario público y de atropellar el elemental derecho de las audiencias para no ser engañada con publicidad disfrazada de información.
The Guardian retomó lo que se ventiló en uno de los cables divulgados por Wikileaks en 2011 y también agregó elementos para indicar que Televisa firmó contratos millonarios con el gobierno de Vicente Fox para inducir una percepción negativa en contra del entonces jefe de Gobierno capitalino, Andrés Manuel López Obrador.
El periódico británico le ha llamado “contabilidad creativa” a esta estrategia del consorcio televisivo y publicitario para encubrir los contratos y los montos reales de los convenios a través de empresas intermediarias. Proceso ha señalado que se presume una “doble contabilidad” que puede constituir un fraude a accionistas minoritarios.
La reacción de Televisa frente a estos nuevos elementos la pinta de cuerpo entero. Con Proceso fue una negativa visceral. Acusó a este reportero y a la revista de actuar “por consigna”, como si investigar los negocios del poder público con la televisora fuera un asunto confidencial. Con The Guardian pidió “disculpas públicas”, como si ellos hubieran hecho lo mismo con decenas de personajes empresariales, políticos y sociales a los que han linchado en pantalla cuando así conviene a sus intereses.
El “Plan de Acción” entre TVPromo-Radar, filiales de Televisa, y el gobierno de Peña Nieto no se modificó ni se canceló, a pesar de haberse ventilado desde octubre de 2005. Al contrario, en una demostración de soberbia, la empresa televisiva lo aplicó a otros gobernadores sin que ninguna autoridad lo frenara. Mucho menos el PRI, partido que cedió su condición de entidad de interés público para ponerse a las manos de los mercaderes de la pantalla. Pasaron de la lógica del “partido hegemónico” a la de políticos al servicio de la “televisión hegemónica”.
Peña Nieto se volvió un “modelo” a seguir. Le dieron la vuelta a la ley electoral, a la Ley Federal de Radio y Televisión y a la propia Constitución para convertir los programas informativos y los contenidos de entretenimiento y hasta de deportes en un escaparate de venta de percepciones a favor de los políticos que pagaron exorbitantes sumas.
Nadie los paró a tiempo. A pesar de que los políticos se quejan de los “abusos” y de la soberbia de Televisa, han acabado por ceder al poder del monopolio, temerosos de ver difundidos sus errores y sus expedientes negros en la pantalla.
La soberbia de Televisa fue alentada y consentida por gobernadores y por el propio gobierno federal. El primer mandatario Felipe Calderón, enredado en su ilegitimidad de origen y comprometido con los spots “cedidos” por Televisa en la campaña del 2006, ha gastado en casi seis años más de 50% de 19 mil millones de pesos dilapidados en gastos de comunicación social para favorecer al imperio mediático. Tan sólo hay que recordar las “teleseries” y los telemontajes de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) federal para tener una idea de lo invertido en el Canal 2 y las otras señales de Emilio Azcárraga Jean.
El resultado está a la vista. Al gobierno de Calderón no le sirvió para frenar la ambición de Televisa y caer en un descrédito generalizado. Su sexenio fue el que más prebendas y “gangas” otorgó a la televisora: desde la fibra óptica de la Comision Federal de Electricidad (CFE), la fallida licitación 21, los contratos a la telefónica Bestel (ISSSTE e IMSS), el freno a la posibilidad de una competencia real en televisión abierta, la autorización a una mayor concentración en empresas de televisión por cable y la inminente autorización para la fusión Televisa-Iusacell.
Los llamados Cuatro Fantásticos de Grupo Televisa se han enriquecido de una forma grosera en este periodo. El megayate TV de Emilio Azcárraga Jean, documentado por Proceso, es tan sólo un botón de muestra de lo que ellos consideran un lujo que vale la pena tenerlo, pero en secreto. Enfermos de soberbia, los principales cuatro ejecutivos de Televisa (Azcárraga Jean, Bernardo Gómez, Alfonso de Angoitia y José Bastón) no entienden lo que está sucediendo.
En las últimas semanas han reforzado las medidas represivas contra sus propios trabajadores. La paranoia es la otra cara de la soberbia. Creen que desde adentro existen “traidores” y no se dan cuenta que el maltrato a reporteros, productores, actores y publicistas es el camino empedrado para su propio infierno.
Creen que las marchas de los jóvenes del movimiento #YoSoy132 se pueden ocultar creando movimientos “alternos” como GeneraciónMx, un grupo sin representatividad alguna que tiene todas las características de los productos al estilo Televisa (Iniciativa México (Mx), por ejemplo). Creen que #YoSoy132 es un grupo manipulado o sobredimensionado para favorecer a López Obrador.
Frente a la crisis de opinión pública que viven, creen que con sacrificar a funcionarios menores (como el mismo caso de Alejandro Quintero, director de TV Promo) van a tapar el sol de su impudicia.
Creen que tienen aún el bono del rating cuando han perdido de forma acelerada el único bien intangible que no se compra: la credibilidad.
Piensan que todo es una crisis pasajera, administrable, resultado del ánimo electoral, de la disputa entre Peña Nieto y López Obrador. A la panista Josefina Vázquez Mota la utilizan para hacer negocios, no la consideran una interlocutora válida. Ahora buscan, desesperados, quedar bien con el “peligro para México”, el mismo político al que han “dado por muerto” decenas de veces y hoy asciende en las preferencias electorales.
La soberbia los vuelve a cegar.
Los expedientes de Proceso, The Guardian, Wikileaks y otros muchos grupos, como Televileaks, creado por su exsocio Simón Charaf, no constituyen un pasaje efímero. Anuncian el fin de una era de televisión hegemónica.
Los 19 días restantes pueden ser el éxito de la Primavera Mexicana y el Otoño de Televisa, como aparato de poder salvaje, sin contrapesos, soberbia y sin autocontención. Es demasiado tarde para el gatopardismo. Es el tiempo de la democratización de los medios masivos mexicanos.
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