lunes, 12 de marzo de 2012

Desbandada del panismo plebeyo en el Estadio Azul

Toma de protesta de Vázquez Mota se retrasó más de dos horas
 
Sin buenos organizadores ni militancia real, no hay mercadotecnia que valga
Foto
Josefina y su familia
 
Arturo Cano
 
Periódico La Jornada
Lunes 12 de marzo de 2012, p. 5
El tumulto de lugares comunes del primer discurso de Josefina Vázquez Mota –desde este domingo abanderada oficial del Partido Acción Nacional a la Presidencia de la República– persigue al panismo plebeyo en desbandada del Estadio Azul.
Han sido tantas las horas de sol que la militancia (es un decir) abandona las gradas sin que parezca importarle que Josefina Vázquez Mota nació en su casa –en la popular colonia 20 de Noviembre de la capital–, porque no había dinero para hospital. Ni tampoco hay muchos interesados en que haya crecido en la colonia Petrolera, ni en que su educación, hasta la vocacional, haya tenido lugar en instituciones públicas.
Se alza la interrogante: ¿pretende la candidata del Partido Acción Nacional emular a Luis Donaldo Colosio? ¿O más bien la inspira el bolerito Ernesto Zedillo, quien en alguna prehistórica ocasión se declaró, como ella lo hizo esta tarde, orgullosamente politécnico?
A saber, pero tampoco es un asunto que preocupe, vistas las gradas vacías que acompañan la mayor parte de la pieza oratoria de la heredera azul de la cultura del esfuerzo.
Se puede estar de acuerdo o no con Josefina Vázquez Mota sobre la idea central que suelta en esta tarde de potente sol: el PAN ha cambiado el rostro de México en 12 años (unos dirán que es el mismo rostro teñido de sangre; otros, los aquí presentes, que es el preámbulo de la patria ordenada y generosa que soñaron los padres fundadores del panismo).
Pero hay rasgos, arruguitas del viejo México que resisten todo: el acarreo, por ejemplo.
Que nos den algo
Los alrededores del Estadio Azul se llenan desde temprano. En las filas a la espera de boleto –al final, muchos entrarán sin el cartoncito de Ticketmaster– son mayoría notable mujeres y niños. Natalie Cortés, una de ellas, de la colonia Miravalle, delegación Iztapalapa, DF, estira el cuello para tratar de ver el comienzo de la fila: ¿Qué? ¿Aquí no están dando nada?
El breve intercambio con Natalie deja dos frases. Una, que Josefina va a dar preferencia a las mujeres porque es mujer. La otra, que le vale que Enrique Peña Nieto sea guapo: Si no me lo voy a comer, lo que quiero es dinero.
Del Desarrollo Quetzalcóatl, también en Iztapalapa, vinieron siete camiones. Las señoras se arrebatan la palabra en gritadero de fiesta dominguera, aunque no les han dado boleto ni una agüita. Una de ellas, que parece la jefa, trae la lista. No es que sean beneficiarias de algún programa federal, no, porque apenas vinimos a ver si nos dan. Ninguna se declara panista.
Bertha Campos, septuagenaria de Puente de Ixtla, Morelos, en cambio, no tiene dudas: quiere una mujer en la Presidencia. Tienen (tuvieron) en Chile y en Argentina. ¿En México no hay? ¡Hasta sobra!
Como muchas encuestas, la muestra sin valor científico arroja que ocho de cada diez asistentes no son militantes ni adherentes del PAN y que al menos un tercio no supo ni a qué venía (las reglas dicen que este mitin no es un mitin, sino un evento interno partidista).
La excepción es la puerta 19, por donde entran los invitados especiales. Lentes oscuros, ropa de marca y palmadas en la espalda hacen el contraste con las otras entradas donde abundan los zapatos bajitos, las bolsas del mandado y una esperanza: Que nos den algo, algo, como dice la señora Isabel, quien salió de Jerécuaro a las seis de la mañana y apenas lleva en su haber una sombrilla.
El debate de los mismos errores
La llegada de Margarita Zavala (presentada aquí como nuestra consejera nacional) anuncia para algunos que la ceremonia está por comenzar. Pero no. La aspirante se demora y cuando arriba lo hace para un largo besamanos durante el cual terminan de cocinarse las cabezas (no es lo mismo, además, aguantar vara oyendo a la Diosa de la Cumbia, contratada ex profeso, que los discursos).
Ex gobernadores, ex secretarios y candidatos aprovechan la larga salutación para intercambiar guiños y chismes sobre los conflictos por los cargos. Flota sobre ellos la crítica del círculo rojo: que la panista ha desperdiciado el parque obtenido en la interna y no ha buscado distanciarse del Presidente, ni colocarse en posición de fuerza frente a sus adversarios. Lo mismo dijeron cuando estábamos en la interna, que estábamos perdiendo el tiempo y ya ve, no pasó nada, dice el ex secretario de Gobernación Diódoro Carrasco.
–¿Y con quién estarán las lealtades de Gabino Cué? –se le pregunta, aprovechando el viaje.
–Gabino no tiene problemas, sabe quiénes son sus aliados. Y hay dos senadurías y un montón de distritos.
Himno y ahí se ven
Las edades de Luis H. Álvarez, Ernesto Ruffo, Santiago Creel y la mayoría de las figuras panistas que acompañan a Vázquez Mota en la pasarela no están muy lejos de los mil 500 años del gabinete de López Obrador, pero energía no falta. El chihuahuense Álvarez brincotea con la candidata al ritmo del rap de Josefina, que repite sin parar sus siglas, su nombre y un mensaje: Está conmigo, está contigo también. Pero no están todos, claro, al menos no en las listas de candidatos.
Tanto, que el presidente del partido, Gustavo Madero, y la candidata deben dedicar largos minutos a frasear sobre los pleitos por los cargos y presumir, pese a los escándalos, que el PAN fue el único partido con una elección abierta y democrática.
El primer turno al micrófono es para la candidata panista a la jefatura de Gobierno del DF. Isabel Miranda de Wallace descubre en el PAN virtudes de las que en sus primeras declaraciones no parecía enterada: un partido abierto a la ciudadanía, que atajará el pretendido retorno del pasado antidemocrático.
Siguen la toma de protesta y el discurso de Gustavo Madero que, pese a su brevedad, sucede en medio de la silbatina del respetable. Los chiflidos se acompañan de la retirada, de modo que la candidata habla frente a un estadio donde sólo permanecen en sus lugares los invitados VIP, que son además los únicos que se saben todas las líneas del himno del PAN: “Los tiranos temblarán/ al oír nuestro pregón/ una patria generosa y una vida con honor… ¡Que el oprobio cese ya!”
El himno es, si se quiere, eco de la brega de eternidad que cita la descubridora de los valores panistas, Isabel Miranda, o prueba de cuánto ha cambiado el partido que hoy lleva de abanderada a un producto coherente y un fenómeno único de la mercadotecnia de la política de México, como dicen sus publicistas.
Las gradas dicen una cosa y la candidata otra
Sin buenos organizadores o sin militancia real, dice el estadio vacío, no hay mercadotecnia que valga. Las gradas dicen una cosa y la candidata, en su Twitter, una muy otra: Ustedes demuestran hoy que estamos listos para un #México para todos (que la fórmula sea de Cuauhtémoc Cárdenas ya es pecadillo que ni al IFE importa). La candidata dirá, para cerrar el día, que el estadio estaba lleno.

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