sábado, 5 de marzo de 2011

WikiCalderón, el Presidente Ofuscado

Escrito por Jenaro Villamil el 04 marzo 2011 en Periodismo

El Presidente Felipe Calderón en su reciente encuentro con el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
Al primer mandatario mexicano le molestan las mantas que despliegan opositores en la Cámara de Diputados acusándolo de tener problemas con la bebida; le molesta que su homólogo Nicolás Sarkozy haga del caso de una ciudadana francesa un asunto de Estado;  y le molesta que un cable diplomático filtrado por Wikileaks reproduzca las opiniones del embajador norteamericano Carlos Pascual sobre la falta de coordinación en la lucha contra el crimen organizado.
Lo que más le molesta, en los tres casos, es que los medios ventilen y documenten esas mismas expresiones, como si la información se redujera a mera propaganda y los periodistas y los periódicos debieran callarse para no alterar el estado de ánimo oficial.
La molestia se ha trasladado a una respuesta desmedida, tanto a nivel de medios como diplomáticos, al grado que un mensaje incómodo se transforma en un pretexto para escalar los conflictos y, en lugar de resolver el fondo de lo expresado se pelea contra la percepción que se genera en ellos.
En otras palabras, se cree que con eliminar al mensajero se modifica el mensaje y, peor aún, se transforma la realidad.  Es un problema de estrategia de comunicación política que vuelve a aparecer con toda su crudeza en la reciente visita de Calderón a Estados Unidos.
Calderón se ha convertido en el único mandatario del mundo que hace de un cable de Wikileaks un asunto de Estado, al grado de ventilar públicamente en su entrevista con The Washington Post el “daño severo que causó en la relación con Estados Unidos” la divulgación de un comunicado que envió el embajador Carlos Pascual.
Ante The The Washington Post, Calderón admitió que la filtración de ese cable secreto provocó alboroto dentro de su propio equipo de seguridad nacional y tensó la relación de trabajo con el embajador Pascual. Se quejó de que el diplomático se atreviera a cuestionar la valentía del Ejército en el combate al crimen organizado.
“Por ejemplo –afirmó Calderón ante el Post- han perdido probablemente 300 soldados…y de repente alguien en la embajada estadounidense… dice que los soldados mexicanos no son suficientemente valientes”.
La queja es válida, pero la desmesura del primer mandatario mexicano radica en ventilar públicamente, durante una visita de Estado, lo que es un problema de percepciones distintas y no de eficacia.
El origen de esta molestia de Calderón es un párrafo del cable 10MEXICO83, del 29 de enero, enviado por Carlos Pascual al Pentágono y al Departamento de Estado. En ese cable, el diplomático afirma:
“Las instituciones de seguridad mexicanas están frecuentemente encerradas en una competencia de suma cero, en la que los éxitos de una dependencia son vistas como el fracaso de otra. Cada agencia guarda celosamente su información y no existen las operaciones conjuntas. La corrupción oficial está extendida, lo que lleva a que los grupos de funcionarios y jefes del sistema judicial limpios actúen con una mentalidad de compartimentación de información en medio de un cerco”.
Pascual no dice nada que no se haya ventilado públicamente en los medios mexicanos. Proceso, Reforma, La Jornada e, incluso, libros recientes sobre la fallida estrategia de combate a la lucha contra el narcotráfico han documentado una y otra vez la existencia de esta descoordinación. ¿Acaso alguien en sus cinco sentidos puede negar que existe corrupción en esta lucha? La película El Infierno, que tanto escozor generó en círculos oficiales, retrata de manera clara esta situación.
El problema parece ser la intolerancia del primer mandatario mexicano a las críticas. La reportera Mary Beth Sheridan, de The The Washington Post, citó la siguiente expresión de Calderón:
“Es una cuestión de la que quizá platicaré con el presidente Obama. Tenemos una expresión en México que dice: ¡No me ayudes, compadre!”.
La desafortunada expresión oficial provocó que The New York Times afirmara en otro despacho informativo que Calderón pediría la remoción de Pascual como embajador de Estados Unidos en México, ante la pérdida de confianza.
Este viernes 4 de marzo, Alejandro Poiré, secretario técnico del Consejo de Seguridad Nacional, rechazó que Calderón le haya reclamado a Obama las declaraciones de Pascual. “Me gustaría saber las fuentes de The New York Times”, afirmó Poiré.
No es necesario conocer las fuentes del rotativo norteamericano. El propio presidente mexicano se encargó en todos los foros en los que participó de hacer explícita su incomodidad con Pascual, a partir de los cables de Wikileaks.
Incluso, columnistas mexicanos especularon que la molestia real no se origina en el cable de Wikileaks sino en la relación sentimental que Carlos Pascual tiene con la hija del coordinador de los diputados federales del PRI, Francisco Rojas.
En otras palabras, a la mala estrategia de combate a la lucha contra el crimen organizado se suman los mensajes ambiguos, los reclamos desmesurados y el exceso de rijosidad en la comunicación política del gobierno de Calderón.
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