viernes, 12 de marzo de 2010

La lección más duradera de Liguori fue su irreverencia ante el poder: Jorge Saldaña



Alejandro Carrillo Castro, Jorge Saldaña, Fernando Díez de Urdanivia y Leonardo French, el miércoles, durante la presentación del libro Pancho Liguori: presencia de un poeta en el mundo del humorFoto José Carlo González
Arturo García Hernández

Presentaron libro sobre el fallecido poeta y humanista, publicado por Luzam


Díez de Urdanivia retrata un personaje de la bohemia y la vida cultural de la ciudad de México




Periódico La Jornada
Viernes 12 de marzo de 2010, p. 4
Poeta, humanista y humorista, Francisco Liguori (Orizaba, 1917-ciudad de México, 2003) fue un portavoz de su tiempo y heredero de tradiciones que se van olvidando; un personaje de la bohemia y la vida cultural de la urbe, en una época fecunda, cuando en cantinas, cafés y restaurantes “se cultivaban afectos y se consumaban hallazgos del ingenio”.

Es el retrato que ofrece el libro Pancho Liguori: presencia de un poeta en el mundo del humor, un “estudio histórico y antológico” realizado por Fernando Díez de Urdanivia para recordar la vida y obra de su amigo, con el sello de Luzam.

Publicado el año pasado, el libro fue presentado el miércoles en la Biblioteca Mexicana de la Fundación Miguel Alemán, con la participación, además del autor, de Jorge Saldaña y Leonardo French. Todos amigos de Liguori.

Como anfitrión en nombre de la fundación participó Alejandro Carrillo Castro.

Mezcla de crítica y pesimismo

En su intervención, Saldaña evocó su amistad con Liguori y compartió varias anécdotas de sus andanzas conjuntas: “Era previsible que Francisco Liguori y el que habla fuésemos amigos, ambos veracruzanos, viejos, con amores comunes: los versos, el buen vivir y por lógica natural las cantinas de prosapia en el maremágnum de la capital de aquellos años”.

Liguori fue colaborador del programa Sopa de letras que se transmitió durante 18 años por el Canal 13, cuando éste y el 7 aún pertenecían a la cadena estatal Imevisión.

Liguori “recitaba décimas, calaveras” y sus conocidas “inmoralejas”; “siempre fue caballeroso y amable, nunca tuvo ninguna diferencia ni discusión, aunque sí alguna reflexión sobre el poco sueldo asignado a los participantes de mis programas”.

Su humor, expuso Saldaña, “era una mezcla de crítica y pesimismo”; aunque se le reprochaba “la vida dulce y apacible” que llevaba gracias a que algunos de sus amigos encumbrados lo incluían en la nómina de sus respectivos presupuestos, para él, “el poder tenía la dimensión de la intrascendencia y por eso se burlaba de él.

“La lección más duradera que pudo dejar Pancho fue justamente esa irreverencia hacia el poderoso; sus dardos eran más filosos en cuanto más jerarquía tenía el político a quien se los lanzaba.”

Descubridor de rimas y ripios

Jorge Saldaña cerró su intervención con un epigrama para el poeta recordado:
Cómo decirte Pancho que persistes
En la mente de todos tus amigos
Los que fuimos etílicos testigos
De tus bromas, retruécanos y chistes.
Como parece que con paso lento
Llegas de vez en cuando a la cantina
Me soplas al oído alguna rima
Para acabar el epigrama incierto
Eres Pancho maestro continuado
Que desde el más allá con tu sapiencia
Arregla el verso mal acomodado
Descubres rimas, ripios y congruencias
Y me dejas apenas dibujado
El fantasma sonriente de tu ausencia.

Fernando Díez de Urdanivia y Leonardo French analizaron, elogiaron y leyeron varios de los epigramas más celebrados del poeta y humanista Francisco Liguori.

Pancho Liguori: presencia de un poeta en el mundo del humor está dividido en dos partes, y cada una en dos temas. La primera: Génesis y actualidad del epigrama y Epigramistas destacados; la segunda está dedicada específicamente a Liguori: Personaje impar y La obra de Liguori.

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