lunes, 1 de febrero de 2010

El circo de Salvador Cabañas


Ojo por ojo
Álvaro Cueva
2010-01-31•Acentos
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Recomendarvotar ahoraMaldito caso Salvador Cabañas. ¡Qué circo! ¡Qué injusto! ¡Qué distracción!

Y allá vamos todos como tarados a alimentar la nota, a rezar, a hacer negocios. ¡Bueno! ¿Qué nos pasa?

Salvador Cabañas es un futbolista del América que fue a un antro, se topó con un borracho, le salió lo macho y recibió un balazo.

¿Qué tiene eso de trascendental para la vida de nuestra nación? ¿Cuál es la diferencia respecto a lo que usted y yo vemos todos los días?

Ahora resulta que es muy escandaloso que la gente vaya a los antros, que haya personas borrachas en su interior, que los clientes vayan armados y que nadie respete los horarios que marca la ley.

¿Perdón pero en qué país viven los que han estado abriendo la boca en ese sentido?

Miles de mexicanos, de todas las generaciones, van y vienen a los antros que quieren, a la hora que se les pega la gana y consumen lo que pueden hasta perderse.

Y nunca nadie les deja de vender y nunca nadie deja de consumir.

Ir a un antro y pretender que la gente va a estar muy tranquila y decente tomando una copa sin molestar a nadie es absurdo. Eso no pasa.

Si a plena luz del día usted y yo vemos mexicanos en sus cinco sentidos insultándose, aventándose carros y molestándose, ¿a quién se le ocurre pensar que esto sería diferente en la noche, en los antros y con alcohol en la sangre?

¡Qué hipócritas! Los antros mexicanos están llenos de borrachos y de borrachas, de gente armada y de guaruras, y cuando uno va a ellos lo asume, más si es una persona pública.

¿Por qué? Porque si a una persona pública le gritan y le hacen de cosas en el súper, en la farmacia y en el gimnasio, mucho más en un bar, en una disco o en un “teibol”.

Yo he visto y hasta participado en las más increíbles discusiones entre gente impertinente y figuras públicas en toda clase de lugares.

Los baños, por alguna perversa razón, son ideales para este tipo de pleitos.

Cabañas lo debió haber sabido y lo debió haber vivido muchas veces antes de que le pasara lo que le pasó. ¿Para qué se expuso? ¿Para qué le contestó a El JJ?

Ahora resulta que Salvador Cabañas era un santo que se iba a convertir en el sucesor de Diego Armando Maradona, que toda la dinámica de antros del Distrito Federal está urgida de nuevas leyes y que aquí la justicia va a actuar rápido y bien.

¿A usted no le molesta esto? A mí, sí. Mucho. Es como lo que le pasó a Alejandra Guzmán con Valentina de Albornoz.

Si a cualquier mexicano de a pie le hubieran dado un balazo en un antro, no hubiera pasado nada. La nota ni siquiera hubiera alcanzado a salir en los tabloides sensacionalistas.

Pero como fue un jugador de futbol de un equipo particularmente rico, vinculado a diferentes instancias de poder, rápido cundió la alarma.

Allá van y allá vienen los reportes, la prensa y las autoridades se pulen en sus investigaciones, los servicios médicos son de primera, todo el mundo se molesta, las redes sociales se encienden, los dueños de los antros participan y se abren espacios para manifestaciones públicas multitudinarias.

Ah, pero no fuera la pobre indígena Jacinta porque ahí no hubiera pasado nada. No fueran los padres de los niños que murieron en la guardería ABC de Hermosillo porque ahí las autoridades se mueven a otro ritmo.

No fueran las muertas de Juárez o las víctimas del New’s Divine o del Lobohombo porque hasta las manifestaciones públicas multitudinarias hubieran sido atacadas por ridículas, por tener tintes políticos y por obstruir el tráfico.

Cualquier pleito de borrachos donde participe una “celebridad” vale más que la vida de decenas de personas comunes y corrientes. Qué vergüenza, ¿no?

Y mientras tanto, la PGR interviene en el caso de los matrimonios homosexuales y la reforma política se va al caño sin que a nadie parezca preocuparle esto.

¡Ojo! La PGR es la del Presidente, la de la guerra contra el crimen organizado. Esto significa que el Presidente ya no gobierna para todos, que entre ser narcotraficante y ser homosexual ya no hay mucha diferencia.

¡Aguas! Sin reforma política nos la vamos a pasar como nos la hemos pasado en los últimos 40 años otras dos generaciones. ¡No puede ser!

Ah, pero hay que hablar de Salvador Cabañas. Él sí era bueno, su caso sí es importante y hasta La Chiva de Big brother tiene algo lindo que aportar al respecto.

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