viernes, 26 de febrero de 2010

Astillero


De pleito en pleito
Tango yucateco
Jolopo-Cal y los medios
De gavioto a halcón
Julio Hernández López


Solitario y desconfiado hasta de sí mismo (esto, con razón), el licenciado FCH va por la República arrastrando la carga de envenenamientos que él mismo ha propiciado y celebrado. La realidad es distinta de lo que él quiere percibir y entonces arremete contra todo y todos. Allí va, entre peregrinaciones militares que montan amplísimo sitio en todos los lugares que tienen la desgracia social de ser víctimas de esos cercos ofensivos, valido de su aparato facturado de propaganda que le ayuda a construir las ilusiones que le gusta escuchar, rodeado del equipo político de mediocridades que con esas tallas permiten el realce mínimo de su jefe: es el Señor de Los Pinos, que ha entrado en una fase de enojos públicos que le muestran aún más descuadrado, derechista de mecha corta –según lo describen quienes bien le conocen– que pareciera estar a punto de declarar nuevas guerras contra todos aquellos que piensan diferente a él, lo critican o desobedecen.
La mañana calderónica de ayer comenzó con la gobernadora priísta yucateca que le devolvió descortesías al ocupante de Los Pinos que, como ha hecho en otras entidades dirigidas por contrincantes partidistas, pretendía llegar a un estado sin avisar a las autoridades locales no panistas, con una agenda de beneficios “sociales” que en realidad son promociones electorales de color blanco y azul a cuyos escaparates el presidente nacional del PAN (César Nava es nada más el velador), el antes mencionado lic. Felipe, nomás no quiere que se asomen personajes comicialmente adversos. Pero la marrullera mandataria peninsular tuvo a bien no recibir al visitante al pie de la escalerilla del avión oficial, pues adecuadamente se retrasó 10 minutos y sólo alcanzó a parlamentar con el visitante incómodo en el hangar, habiéndose brincado el protocolo de la recepción tradicional.
Más tarde, en un acto electoral, perdón, asistencial, de Oportunidades, los filtros militares trataron de impedir el ingreso de militantes priístas y miembros del gobierno estatal, lo que provocó el amago de Ivonne Ortega de no asistir a esa reunión, mientras sus seguidores rompían las barreras y entraban a un auditorio tan dividido (ah, el gran logro y sueño felipense: un país dividido en medio del cual él pueda seguir reinando) que el propio viajero de Los Pinos tuvo que tomar el micrófono para pedir respeto y advertir que, de no darse el ambiente hogareño que él deseaba, mejor se iría. El duelo de perversidades quedó aparentemente empatado, entre aplausos compartidos y enojos pospuestos. Pero la autoritaria gobernadora, que está haciendo mal papel en su estado pero buena grilla con Peña Nieto, puso la muestra a otros mandatarios respecto al trato que pueden dar al peregrino electoral que llega a los estados sin avisar a los palacios locales (en Michoacán sucedieron agravios similares: reuniones con panistas, encabezadas por la hermana Cocoa, pero las protestas de palabra de Leonel Godoy luego fueron convertidas en alfombras de recepción).
En la misma Mérida, reunido con empresarios, Calderón se permitió desahogar parte de los enojos que guarda con los medios de comunicación (el colmo: pelearse con entes cuya mayoría están alineados o son tolerantes con sus políticas). En una nueva versión del lopezportillista “no pago para que me peguen”, el escenógrafo que ha convertido a México en foro sangriento se quejó de la “expansión” que se da a mensajes emitidos por narcotraficantes. No pago para que publiquen a otros, es la tesis de Jolopo-Cal, quien dejó constancia de que compra primeras planas en millones de pesos: “... lo que no tenemos o lo que nos cuesta a cualquiera de ustedes o al gobierno pagar una primera plana de varios millones de pesos, eso sí aparece en primera plana y a todo color”. Filosofía comercial periodística: el que paga, manda; y, si manda, entonces que no se publiquen narcomantas (ni cartulinas, ni recados, ni recuentos de muertos: que Todo México sea Boletín Pagado). Pero los enojos no quedaron allí, pues aún tuvo cuerda para lanzarse contra quienes critican sus planes guerreros y exigió a los disidentes que presenten mejores propuestas (ah, también deploró que Brasil se haya llevado el Mundial y los Olímpicos cuando, según las estadísticas felipescas, allá la tasa de homicidios es más alta).
En otras latitudes, el gaviotismo volvió a mostrar su rostro de halcón. A las negras desgracias líquidas recientes, habitantes de Chalco y Valle de Chalco sumaron ayer golpes, gases lacrimógenos y demagogia de las autoridades del estado de México que así respondieron a la pretensión de esos pobladores de bloquear carreteras en protesta porque las “ayudas” oficiales prometidas no les han llegado.
Y el norte sigue hirviendo. En Reynosa el consulado gringo se declara en receso, lanzan un explosivo contra el palacio municipal y los mensajes de balaceras y amenazas surcan el espacio de las redes sociales que suplen a los medios locales, explicablemente amordazados (bajo amenazas cumplidas de muerte), y a otros, nacionales, silenciados por conveniencia o por “purismo” profesional que les lleva a negar el fuego cruzado que hay en Tamaulipas porque aún no llegaba ayer, por ejemplo, el boletín de la Sedena que informa de múltiples agresiones contra militares en la “frontera chica” de aquella entidad. Y en Ciudad Juárez, un grupo armado dispara contra una secundaria, sin que hubiera lesionados.
México disolviéndose, con padres de niños muertos en Hermosillo que aseguran que un peritaje adjudica intencionalidad al incendio de la guardería ABC (aquí se escribió al otro día de la tragedia: el beneficiado sería el candidato panista a gobernador que iba encaminado a una derrota sin escapatoria natural). Institucionalidad por los suelos, con un Gómez Mont que sigue creyendo que es secretario de Gobernación y al que ayer le soltaron metralla amiga de rumores de que al fin dejaba el cargo que ocupa porque él quiere, no porque su ex jefe desee mantenerlo allí. Uf. Esta vez no se dirá aquí “feliz fin de semana”, simplemente: hasta el próximo lunes.
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