jueves, 29 de octubre de 2009

Astillero


La granja a la deriva
Traiciones fiscales
Narcos modélicos
Cardenal contra FC
Julio Hernández López


Es una crisis de gobierno. Una manifiesta y peligrosa incapacidad de organizar y proponer, de negociar y cumplir. A Calderón lo ha rebasado inocultablemente su incapacidad, y sus presuntos subordinados inmediatos lo exhiben aparatosamente, tanto en lo partidista como en lo gubernamental. Perdió las elecciones, pero también el control de su aparato directo de operación, naufragando hoy entre los apetitos priístas desatados en torno al fracaso de sus pretensiones hacendarias, distanciado incluso de sus mismos presuntos compañeros de partido que nomás no le entienden (el Espino en el zapato, Manuel, ha sintetizado las aspiraciones fiscales del momento: podrían aumentar la jodidez).
Allí están los legisladores panistas que por voz del senador Ricardo García Cervantes culpan al secretario de Hacienda de ocultarles información, lo que les llevaría a tomar decisiones equivocadas o arriesgadas. Inquietos blanquiazules de elite que se reunieron ayer con FC para tratar de ajustar criterios, mientras los priístas también viven sus pugnas internas a partir de la jugada traicionera que el felipismo ordenó hacer al hombre de paja que mantiene al frente del PAN, César Nava, quien pretendió culparlos de ser los autores de las decisiones que en realidad habían recibido como propuesta de Carstens, es decir, del propio Calderón, ahora desconfiable políticamente hasta para sus propios compañeros de partido (anoche, Agustín CC reconoció que la propuesta del IVA al 16 por ciento fue “del Ejecutivo”, lo cual coloca al nunca pinoleramente bien querido Chicharrín Nava en condición de mentiroso y tramposo, por razones propias u órdenes de su jefe empinador).
Felipe mal trovado (ayer en www.twitter.com/juliojornada algunos se preguntaban ¿felirium tremens o delirium trovans?) al que su propio subsecretario de fomento a los agronegocios, de la Sagarpa, le entona una versión empresarial de La granja que a los chidísimos Tigres del Norte les trataron de vetar en la ceremonia de Las lunas del Auditorio 2009. Chihuahuense pa’que vean que sabe de lo que habla, mormón y panista, el subsecretario Jeffrey Max Jones Jones se aventó sabrosos elogios del narco mexicano que su jefe Lipe dice combatir: “El narcotráfico es un sector que ha aprendido a identificar un mercado y crear la logística para surtir y crear la plataforma (...) la lógica, esa misma lógica es la que tenemos que aprender, a decidir el mercado y luego orientar el aparato productivo para poder surtir esos mercados”, dijo, según información de Formato 21. Jones Jones hablaba en un foro sobre política agroalimentaria y reconocía que los narcos han debido remar contra corriente, luchar contra el gobierno y dominar el mercado: “Lo han hecho sin subsidio; ése es el tema. Saben cómo usar... Cuando uno aprende la lógica del mercado, todo lo demás cae por inercia sola, y eso es lo que tenemos que aprender en el campo mexicano” y dejar de actuar con “una lógica productivista, temblando primero y luego produciendo”.
Desde Bolivia también llegaron reconocimientos a la única actividad en que hoy los mexicanos tienen medalla de oro reconocida mundialmente. El coronel Óscar Nina, director nacional de la Fuerza Especial de Lucha contra el Narcotráfico de ese país, explicó, según nota del diario La Razón (que allá no es propiedad ni pizarrón de Carlos Salinas), que “el movimiento del narcotráfico en el mundo (depende de) estas organizaciones mexicanas. Todos trabajan para ellos. Exportan (los cárteles mexicanos) cocaína a Europa, Estados Unidos, África y Asia”. Según el jefe de la lucha boliviana antidrogas, “lo que hay en nuestro país no son cárteles, sino organizaciones criminales, que son los sirvientes de los colombianos, que, a su vez, trabajan para los mexicanos. Ese es el nivel de una organización (...) Son complejas estructuras organizativas y eso impide llegar a los narcotraficantes. Finalmente, los cabecillas no están en el país. Los cabecillas están en México”. Pero el gobierno de Calderón dice ir ganando, aunque mundialmente parezca lo contrario.
Hasta la ultraderecha está enojada con el margallate calderónico. El jefe máximo del conservadurismo mexicano, Juan Sandoval (cardenal y virtual gobernador de Jalisco), ha calificado de “locura” la emisión de una cartilla nacional de salud que a juicio de ese arzobispo neocristero es una especie de incitación legalizada a la sexualidad temprana, una variante escolar de la corrupción de menores. Frente a los asistentes al Primer encuentro de las familias, realizado en Guadalajara el fin de semana recién pasado, el jefe Sandoval exigió que las autoridades, “empezando por el presidente, pierdan el fuero, para que sean castigados por los delitos que cometan”. Según su punto de vista, la mencionada cartilla se está preparando “de forma silenciosa y clandestina”, por lo cual, indignado, preguntó, con su peculiar sintaxis ultrajada: “esos señores, secretario de Salud, secretario de Educación, ¿quiénes son para darle derecho a los niños, si la naturaleza y la ley moral se los da? ¿Porque los nombraron secretarios?, ¿por eso creen que tienen derecho a violar derechos?” Y, ya que se habla del secretario agordillado de educación, recuérdese que dio a conocer a los ganadores del premio nacional de ciencias y artes aunque falte la “resolución definitiva” del lic FC.
Ya descompuesto, a la espera de lo que decida el PRI regente, Felipe lanzó ayer desde Puerto Vallarta, reunido con presidentes municipales de todo el país, un exaltado grito con la esperanza de que alguien le haga caso. Hizo un extraño “llamado al Congreso” para que “valore la delicada situación de las finanzas públicas” y se atrevió a lanzarse –ya desde la nada, sin la resonancia que en otro momento tendrían sus palabras, una especie de resignación foxista de fin de sexenio (“ya puedo decir cualquier tarugada, ya me voy”, había dicho Chente)– contra las empresas “que más ganan y que son las que tienen mayor obligación”, pues, oh, “rara vez pagan impuestos en el país”. ¡Salud! y ¡hasta mañana!
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