miércoles, 9 de septiembre de 2009

Tribunales presionados

Miguel Ángel Velázquez

Nada peor para un juez que tener que elaborar un dictamen bajo amenaza. Y eso, el temor a recibir un daño en el patrimonio, en la carrera profesional, o como están las cosas, hasta en la vida, convierte la decisión libre, objetiva, la mayor parte de las veces, en un hecho injusto, en un fallo cuando menos sesgado; para sostenerlo se esgrimen argumentos descabellados o pueriles, que no convencen a nadie, pero que se dicen apegados a lo que marca la ley, o a lo que esa ley no dice.

A veces, sólo el temor al juicio de la historia, la fortaleza o la honestidad ideológica permiten evadir el aviso de un mal futuro para quien pretende romper la orden que se esconde bajo la máscara del llamado marco legal; pero en la mayoría de las ocasiones se pervierte la posibilidad de un juicio justo.

No sabemos, a ciencia cierta, qué es lo que pretendió el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación al declarar que en la entrevista que se le hizo a Demetrio Sodi en televisión abierta sí hubo proselitismo a su favor, pero que la propaganda no puede ser contabilizada como gasto de campaña porque no hay factura que lo compruebe. Nada más faltaba que ahora se dieran recibos por los actos que pudieran considerarse ilegales.

El tribunal electoral fue creado, como es obvio para la ley, con el fin de evitar que algún candidato use los medios masivos para desequilibrar el balance, o la equidad que debe guardarse en la contienda; eso es lo importante, porque, con o sin recibo de por medio, el hecho es que se transmitió hacia miles o millones de electores la propuesta política de un candidato sin que los otros, en la misma contienda pudieran gozar de ese beneficio, es decir, no se trata de saber cuánto costó la entrevista, sino cómo pudo haber impactado, en el caso a que nos referimos, en favor de Sodi de la Tijera, la transmisión de esa entrevista.

Es indudable que algunos o muchos electores pudieran haber cambiado el sentido de su voto a partir de aquel hecho, sobre todo si se toma en consideración la susceptibilidad del televidente en un momento de euforia o depresión que le causa el suceso deportivo. Eso, entonces, resulta ser lo más importante, y eso es lo que desestima el tribunal, que además, bajo el pretexto de sus atribuciones, sesionó de forma “extraordinaria” un día antes que el tribunal del DF para, como dicen algunos, “tirar línea” a quienes pudieran atentar contra el triunfo, en entredicho, del candidato oficial del PAN-gobierno.

El jueves pasado, en este espacio tratamos de explicar cómo Sodi se sentía del todo tranquilo porque sabía que siempre tendría el respaldo de los miembros del organismo federal, y que el gasto que realizó durante su campaña sería tomado como otra de las travesuras de los azules, que se niegan a perder, por las buenas, uno de sus bastiones.

Los magistrados del tribunal local han sentido, sin duda, la presión del federal, porque saben que su postura tiene que ver con una orden que viene desde las más altas esferas del poder, y que desacatarla podría traerles funestas consecuencias, y saben que ese “tirar línea” sólo es digno de las mafias políticas. Así pues, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, mejor conocido por su alias el Trife, ha dictado un fallo que hizo postergar, hasta ayer, el juicio que se supone ya se había tomado en la instancia local, y que a la luz de los hechos iba en contra de Sodi, pero lo cierto es que sin contabilizar la entrevista, los gastos que realizó Sodi, rebasan lo que la ley marca, según nos cuentan, así es que deberían estar tranquilos por la decisión de anular la elección en Miguel Hidalgo, y también Sodi, el asunto llegará al Trife, y allí, la orden de arriba se acatará sin discusión. De eso puede estar casi seguro.

De pasadita

Ahora resulta que la tan buscada participación, el acercamiento entre Felipe Calderón y Marcelo Ebrard, que se ha venido dando poco a poco, ya se convirtió en una verdadera molestia para la gente de Los Pinos. Tan es así que en la Secretaría de Relaciones Exteriores se busca a toda prisa, entre los pretextos de protocolo, impedir que el jefe de Gobierno de la ciudad de México participe en la inauguración de la reunión de los Alcaldes por la Paz que preside Tadatoshi Akiba, edil de Hiroshima.

Y como esto de la no invitación a Ebrard parece que camina, el gobierno capitalino entregará el próximo jueves 10 las llaves de la ciudad al funcionario japonés y lo declarará huésped distinguido. Ni modo, ahora Ebrard se convertirá en el invitado molesto de las citas oficiales. ¿Hasta dónde llegará este nuevo berrinche?

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