viernes, 10 de abril de 2009

La columna de Julio Hernández

Astillero
Crucifixiones

Los Mochis, un caso

México, sin Sábado de Gloria

Julio Hernández López


Los mexicanos viven martirios cotidianos. No sólo a causa de los problemas económicos o la crónica infuncionalidad del vigente sistema de gobierno. A partir de diciembre de 2006, apenas unos días después de que Felipe Calderón tomó el poder formal y declaró una desquiciada guerra” contra el narcotráfico, los habitantes de este país entraron en una espiral de violencia institucional, agravios a los derechos humanos y ofensas diarias al presunto “estado de derecho”. De golpe (ha sido, política y socialmente, un Golpe) los mexicanos vieron multiplicados los retenes en las carreteras y los operativos en zonas habitacionales, en una inocultable ruptura de los mecanismos de cierto control que sobre el actuar de los soldados se tenía en el esquema de mando “civil”. Felipe Calderón se entregó al poder verde olivo y entregó el país a prácticas que diariamente arrojan saldos de muertes que simplemente son adjudicadas al expediente del “crimen organizado”, sin que haya leyes y procedimientos que permitan investigar hechos y determinar responsabilidades.

Este viernes de Cuaresma es posible asomarse cuando menos a uno de los muchos casos de criminal abuso que contra la población realizan las fuerzas policiacas militarizadas. El pasado martes en Los Mochis, Sinaloa, el ejidatario Sergio Moreno Mora, de 38 años de edad, fue sacado de su domicilio por agentes de la Policía Federal Preventiva, quienes lo torturaron para que aceptara ser un asesino a sueldo de narcotraficantes. “Yo no era. ¿Por qué a mí? Se dieron vuelo golpeándome, me dieron con lo que quisieron, con las cachas de los rifles, me ahogaban con una bolsa en la cara y otras veces con agua de garrafón para que confesara que sí era un sicario, de apodo El Pelón”, narró el agredido a sus familiares, según nota de El Debate redactada por Rafael Inés Verdugo.

Llorando “de dolor e impotencia”, señaló que tras dejarlo “medio muerto”, y luego de robarle el dinero que llevaba y una esclava de oro, lo tiraron “como a un perro” en las cercanías de una gasolinera, “hasta donde llegó arrastrándose”. Los miembros de la PFP lo habían detenido porque lo había acusado Jesús Adrián Moreno Lerma, él sí un asesino a sueldo, involucrado en un enfrentamiento con soldados en Chihuahua, donde hubo 21 muertos, quien de esa manera pretendía engañar a los policías. Llevado a un hospital para ser atendido, Sergio fue recogido por sus familiares, que lo debieron tomar por los brazos y llevar “a rastras” a un automóvil. El propio agraviado denunció los hechos ante la Comisión de Derechos Humanos de Sinaloa y un agente del Ministerio Público Federal. Nadie espera gran cosa. Saben todos que reina la impunidad y que alguien hará como que hace algo para acabar no haciendo nada. Sergio es uno más de los diarios crucificados de este México sin Sábado de Gloria.

Astillas

Sumamente ofendidos porque el clon panista pretende restregarles con fines electorales inmediatistas el rol oscuro y corrupto que con profesialismo han escenificado durante décadas, los altos mandos del cártel del priísmo han decidido darse por ofendidos y ponerse moños de más alto costo en caso de que los vuelva a invitar a arreglos bajo la mesa el germanismo blanquiazul (con apellido Martínez o cualquier otro, pues el titiritero es sólo uno: chaparrito, pelón y de lentes). Primero fue el impoluto Beltrones quien se permitió decir que “supuestamente” Felipe Calderón había ganado las elecciones. Ahora, según la nota de Andrea Becerril en La Jornada de este jueves, han saltado al foro otro par de ejemplos de limpieza y honestidad, el hidalguense Jesús Murillo Karam y el también senador Carlos Lozano de la Torre, para recordarles a los ocupantes ilegales de Los Pinos que si tienen lo que ahora presumen es porque ellos, los bautismalmente institucionales priístas, se prestaron (aunque ahora los panistas no quieren pagar los réditos agiotistas de ese préstamo) para que el jaqueado Felipe tomara posesión y luego desarrollara su intento de gobierno. Las verdades electorales que están sacando las comadres enojadas constituyen confirmaciones de que Calderón no ganó las elecciones en 2006 y que el priísmo contribuyó a darle viabilidad a un proyecto ilegítimo mediante arreglos subterráneos que han dado al tricolor el carácter de virtual cogobernante, hasta ahora, y a personajes como Beltrones un poder equivalente a un vicepresidente. Desesperado porque sabe que hay una opinión colectiva altamente contraria a los abusos y novatadas que él y su equipo han hecho (aunque las encuestas de opinión bajo contrato digan lo que los interesados deseen) y que ese sentir se manifestará mediante votos en contra de los candidatos panistas, Calderón está haciendo cuanto le es posible para no perder San Lázaro. Entre otras cosas, está desplegando una campaña sucia contra el históricamente sucio PRI, aun al costo de romper alianzas con el tricolor que se siente encaminado a victorias electorales en julio próximo y en 2012... Andrés Tovilla plantea: “La clase política mexicana, de cualquier partido, es corrupta e insensible a las necesidades de la gente. No rinden cuentas y están implícitamente de acuerdo en pagar con nuestros recursos –tan necesarios en esta crisis económica– campañas costosísimas, que solamente llevan a ineptos a la Cámara de Diputados. No representan a nadie y por ello lo mejor es no votar. El Estado ha empantanado la transición democrática. Para forzar a que se mejore la oferta política, se haga una mejor selección de candidatos y exista congruencia de los partidos con su plataforma y principios, lo mejor es no votar en 2009”... Y, mientras llega a tiempo el dinero del Banco Mundial para que el Cordero de Sedeso trate de limpiar los pecados del panismo antes de los comicios, en auténticas Oportunidades de clientelismo electoral, ¡feliz fin de semana, con los partidos haciendo los últimos ajustes a sus listas de candidatos a diputados federales!

Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx

No hay comentarios:

Escándalos de Luis Mendoza Acevedo