viernes, 2 de enero de 2009

¿Seremos capaces, los mexicanos, de convertir al 2009 en nuestro año catártico?

María Teresa Jardí



Amén de que considero sus reflexiones como la continuación de mi colaboración primera de este año titulada: "Pronósticos, propósitos y esperanzas...". Recordarán, quizá, que les compartí, a propósito de la Navidad, un mensaje de mi amigo Jesús Michel, acompañado por mi respuesta. Me respondió de nuevo y hoy, a manera de regalo de Año Nuevo, les comparto, en lo conducente; es muy larga su respuesta, unos párrafos, guardando en el tintero, los solamente amistosos, y otras reflexiones que ya habrá tiempo de compartirles también.
"... me llamó la atención eso del "menos peor", de la "única posibilidad"... Ya era así el 2000, esa idea de hacer salir al PRI de Los Pinos con alguien que no podía ser peor que las décadas de monopolio del poder y que, además, se suponía que no teniendo necesidad económica, se mantendría lejano de las tradicionales prácticas de enriquecimiento a todo lo que da. También fue así el principio del 2006, mucha gente buscaba al menos peor, antes de que las campañas tomaran un sesgo mediático, en el que los políticos de carne y hueso encarnarían a personajes históricos como si fueran la pantalla donde se proyectaban. De nuevo y peor, asoma la idea de elegir lo menos peor, como si no existiera la opción de no elegir cuando no hay a quién elegir y, sobre todo, cuando no estás de acuerdo con el juego, con sus reglas, recursos, jugadores, maneras de jugar.
"Fingen que no juegan cuando juegan, algo así escribe Laing en uno de sus "Nudos". Luego juegan a que no fingen que están fingiendo no jugar... y sucesivamente. Me expulsarán si revelo el juego o me sentiré expulsado. De ahí ese sesgo del 2006: si no vota, luego no se queje, pues votar acaba en extender un cheque en blanco y en un único derecho a quejarse... El hecho es que lo insoportable avanza, que no logramos, atenidos a los juegos de "ganar espacios", recuperar lo inesperado. ¿Qué más da ampliar el espacio o alternar chóferes si el problema es el viaje al despeñadero? Ese es el punto, la alternativa entre ganar el mundo, el mundo globalitario, y perder el alma, la capacidad de auto-moverse. Lo seguro es que ese viaje garantiza perder ambas cosas --ni la gran nación que se publicitaba ni preservaremos el alma--, y que a partir de ahí es donde habría que formular iniciativas que empiecen a irradiar y a circular gérmenes de transformación radical, en el plano de los procesos de subjetivación, y en el ámbito de la política y la economía, lo mismo que en el de la vida grupal o familiar.
"Cuenta Hanna Arendt que el juicio de Eichmann tuvo como requisito hacerlo pasar --a esa poderosa pieza minúscula de la maquinaria de exterminio-- por diagnósticos siquiátricos que lo declararían "normal". Luego se pregunta lo que nadie se preguntó: ¿qué significaba ser normal en el régimen nazi? Más bien, dice ella, para distinguir ahí entre bien y mal, verdad o mentira, se requería ser excepcional.
"De todos modos los focos de transformación están a la mano, casi siempre como la piedra angular que desechan los constructores del anti-mundo que fijan nuestra atención, percepción y afectos de modo pueril, y como si la inmensa gestión del miedo tuviera como contraparte una administración gubernamental tipo vigilancia de un preescolar a la hora del recreo... Sería mejor que revaloricemos nuestra capacidad de elegir y que nos abstengamos cuando no hay a quién irle, cuando una decisión resultará en considerarnos y tratarnos como alumnos de jardín de niños expuestos a los diagnósticos, profilaxis, curas que nos enferman. Otro ejemplo, esta vez mayor, es que en ese mismo viaje forzado nos dirigimos a lo que Camus previó: cuando todos seamos culpables, entonces será la democracia.
En el año que viene, abundarán las ocasiones para que surja la siempre posible toma brusca de conciencia colectiva y para que dejemos de avalar modelos de transpolítica y economía que han perdido toda finalidad humana... la vida siempre va más allá de las formas que tratan de fijarla y el espíritu siempre va más allá de los límites que la vida intenta ponerle. No puede evitar el ponerme a reflexionar cuando pensé que no poco de lo que leemos y vemos, de las elecciones que se nos muestran como aquellas que tenemos que hacer, nos inscriben y fijan en un movimiento de permanente inmadurez y de regresión trivializante. También hace poco pregunté por qué sólo a los 60 años puedo disponer del dinero de "mi Afore" que tiene un banco. Me dijeron que la "razón" es que si se hubiera dejado libertad, me los gastaría... Como me dio un ataque de risa, no pude profundizar en las razones del legislador. Y como cada que me acuerdo me vuelve a dar risa, con risas recibe un abrazo, Jesús."

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