sábado, 13 de diciembre de 2008

Responsos por Cecilia Loría


MIGUEL ÁNGEL GRANADOS CHAPA
Se supo siempre que era una mujer querida, respetada, apreciable, admirada. Pero la muerte de Cecilia Loría Saviñón hizo que todos esos sentimientos se expresaran de una manera singular. Hemos lamentado la necrofilia que mejora y hasta embellece a las personas a la hora de morir. No es el caso de esta feminista, militante de las mejores causas mexicanas y universales, que batalló largo tiempo contra un cáncer que en apariencia terminó venciéndola. Sólo en apariencia, porque su vida esplenderá en todo momento en que se luche por los valores de las personas, lucha que fue el credo y la práctica de esta activista memorable.
Su fallecimiento provocó un momento estelar en la literatura obitual, habitualmente convencional y aun triste. La costumbre de publicar esquelas de condolencia por la muerte de una persona es una rutina en que los firmantes buscan sólo hacerse presentes ante los deudos o mostrar una relación cercana con la persona finada, especialmente si se trata de alguien que ejerció poder, o si lo tienen sus familiares a los que se dirige el mensaje luctuoso. Esquelas mortuorias y textos periodísticos alcanzaron la altura de una elegía, como se apreciará en las líneas que siguen.
He querido que esta columna sea escrita esta vez por muchas manos, porque sólo desde los diversos miradores desde los que se apreció la vida de servicio de Cecilia Loría es posible comprender cabalmente su papel en la vida pública mexicana, la razón por la que puede llamársela encarnación de las virtudes que se reclaman a la sociedad civil.
Tuve noticia del tránsito de Cecilia Loria por una esquela firmada por un grupo de mujeres, sus amigas, cuya personalidad y presencia cuenta de distintos modos en los días mexicanos que corren. Alejandra Latapí, Ana Cecilia Terrazas, Ana María Olabuenaga, Carmen Beatriz López Portillo, Carolina Escalona, Claudia Fernández, Consuelo Sáizar, Débora Holtz, Fátima Fernández Christlieb, Gabriela Cano, Isabel Tardán, Jessica Kreimerman, Julia de la Fuente, Katia D'Artigues, Lorena Hernández, Marcela Hinojosa, Margarita Zavala, María Elena Pérez Jaén, Maricruz Montelongo, Miriam Morales, Patricia Vega, Patricia Reyes-Spíndola, Rossana Fuentes Beráin, Sandra Lorenzano, Sabina Berman y Teresa Incháustegui dijeron a su entrañable amiga "querida, ejemplo de inteligencia, bondad y bonhomía. Todas tenemos un ejemplo de tu cariño, tu testimonio, tu congruencia. A tu compañero Carlos, a tus hijos Jesús, Cucuy, Mauricio, Gabriel, Carlos, a tus padres, a tus hermanos, nuestro abrazo fraterno. Tengan la certeza de que la memoria de Ceci vivirá para siempre en nuestros corazones".
El Grupo de Educación Popular con mujeres, que ella contribuyó a fundar, le dijo: "compañera de toda vida, seguiremos contigo para siempre, luchando por un mundo más justo y digno para las mujeres. Acompañamos a Carlos y sus hijos e hija, Cecilia, Jesús, Carlos, Mauricio y Gabriel en estos momentos". El Partido de la Revolución Democrática, que en 1997 la postuló como candidata externa a una senaduría por el Distrito Federal, recordó que ella "dedicó su vida a la lucha por las grandes causas de las mujeres".
La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, que apenas el 25 de noviembre la distinguió con el reconocimiento Hermila Galindo 2008, la llamó "luchadora de toda la vida por los derechos de las mujeres" y recordó que "Cecilia sumó esfuerzos por la libertad de presos políticos y por la presentación con vida de los desaparecidos políticos y por el desarrollo de las organizaciones civiles". Y le ofreció: "En el dolor de tu ausencia, Cecilia, desde la CDHDF seguiremos luchando con alegría por este mundo de igualdad que soñaste para mujeres, hombres, niñas, niños".
El Foro Nacional de Mujeres y Políticas de Población le confió: "Querida Cecilia, nosotras hablaremos de ti en presente porque compartimos tu utopía, la energía y el compromiso de construir un mundo mejor para las mujeres. Compañera de sueños: extrañaremos el regalo de tu dulzura y lucidez, en esta permanente lucha por tejer los caminos de la transformación social y aquí seguiremos, hablando de ti en el presente de nuestro cariño". Sus amigas, compañeras, hermanas y alumnas de Milenio Feminista dedicaron un poema a "nuestra querida Ceci Loría: "El día que yo muera/ morirá mi figura/ mas la ausencia vertida/ quedará retenida (y mi alma victoriosa/ vibrará conmovida/ al vibrar cada cosa".
Los miembros de la Asociación Mexicana de Psicoterapia Analítica de Grupo la definieron como "una extraordinaria mujer, defensora de los derechos humanos y de los derechos de las mujeres, cuya pérdida lamentamos y cuya ausencia nos deja un gran vacío".
Amigas y amigos de Cecilia (Amalia Zavala Soto, Juan Pablo Anchondo Márquez, Laura Salinas Beristáin, María Guadalupe Morfín Otero, Mario Medina Galicia, Saúl Esparza Castillo y Teresita Gómez de León del Río), que ahora se desempeñan en un trabajo común por las mujeres y víctimas de trata en nuestro país, nos sentiremos acompañados por ellas en este camino". Ellas y ellos, que la conocieron de cerca, saben que "supo acercar, gracias a su gran capacidad inclusiva, a mujeres de muy diversos ámbitos, que tradicionalmente se veían con recelo; a feministas, mujeres de movimientos populares, indígenas y ciudadanos, supo hacerles ver que una parte de su lucha era común: la que cuestionaba la desigualdad de género, subyacente a la discriminación de las mujeres, sus hijos y sus familias. La recordaremos por su mirada dulce y su apoyo a las mejores causas sociales, con inteligencia y solidez".
Adela Micha, conductora de un programa noticioso en el Canal 4 de Televisa, escribió sobre "el trabajo incansable y cotidiano, el compromiso firme y decidido de una mujer, luchadora social, que por más de veinte años estuvo en el frente, dedicando todo su esfuerzo profesional, su inteligencia y generosidad a la defensa de los derechos de las mujeres, la de los grupos vulnerables...Yo tuve oportunidad de conocer de cerca su trabajo como feminista, pero también el de sicóloga y sicoanalista, al integrar grupos de apoyo a mujeres que sufren maltrato y violencia familiar. Varias veces escuché sus ideas, conocí sus planes, sus iniciativas, pero sobre todo su profundo saber acerca de las realidades de la mujer en el programa Mujeres Trabajando, al que la invité con frecuencia para que diera luces y sombras de la compleja problemática que significa ser mujer".
Clara Scherer la recuerda, "en especial, con esa sonrisa renovada cada amanecer, puesta en su lugar a las siete en punto de la mañana, disponiéndose a dar otro empujoncito para avanzar un pasito, ya sea desde el movimiento, desde el Consejo, o en el café con las amigas. Todo el día, sin descanso y sin enojo. Ella era pura alegría de vivir. Una vida buena. Una vida que ella había escogido. La que ella quería y a la que se abrazaba con todo su ser. Desde que la conocí, trabaja infatigable en favor de los derechos de las mujeres. No quería la felicidad para ella sola, la buscaba para todas y eso equivale a decir para todos. Corría de un lugar a otro, de una reunión a otra, de un hijo a otra hija, de un consuelo a un apoyo solidario, a una protesta, a la carta abierta, a las abajo firmantes".
Rosario Ibarra la evoca como "amiga y compañera de tantos años. Joven, siempre a mi lado, tanto que llegaron a creerla hija mía y tan cercana fue para mí que sus hijos me dicen abuelita. Cuando me enteré de su asesina enfermedad, no quise verla, porque el recuerdo del acabamiento de mi tía Virginia, pese a los años, aún me estremecía. Mi alma de niña absorbió con horror la palabra maligna; cáncer, y el recuerdo del deterioro de aquella hermosa mujer se plasmó en mi memoria con gran dolor.
"Me enteraba de la maravillosa forma en que reaccionaba su organismo al tratamiento para combatir el mal, y me alegraba por ella, por sus hijos y por mi otro entrañable amigo, Carlos, su esposo y compañero, siempre cercano y solidario. Una mañana nos encontramos. Era una reunión de mujeres y a recinto lleno, logramos vernos de lejos. ¡La Cecilia de siempre! Sonreía con los ojos y arriscaba su nariz en un gestecillo muy suyo que la hacía dueña de una simpatía que enraizaba en cuantos la conocimos. Correr una hacia a la otra fue todo uno. Cuando estuvimos cerca pedimos a unas compañeras cambiar lugares para poder estar juntas y platicar entre discurso y discurso. ¡Qué gozo enorme verla tan bien!...
"El aplauso que en aquella reunión le prodigaron fue atronador, porque lo ganó a pulso de solidaridad con todas las causas nobles que hizo suyas. Quedamos de vernos pronto, pero pronto, muy pronto me enteré, por otra amiga mutua, muy querida también, que el cruel asesino, el depredador de la humanidad, el cáncer, se había aposentando de nuevo en su cuerpo.
"No la volví a ver porque la quiero recordar como siempre fue.
"No la despedí en su funeral, porque mi alma está ahíta de tristeza y no quise ver el sufrimiento de su esposo y de sus hijos. No te volví a ver, Cecilia Loría, pero nadie mejor que tú sabría que ausencia no es olvido. Nunca te olvidaré, sólo te digo ¡adiós, querida amiga!".
En 2001, Cecilia Loría formó parte de la terna para elegir a la primera directora del Instituto Nacional de las Mujeres. No fue elegida. En cambio, se la designó presidenta del Instituto Nacional de Desarrollo Social, Indesol, cargo que desempeñó con toda solvencia durante cuatro años y medio. No vi que el instituto se doliera de su muerte, ni que lo hiciera la Sedesol. l

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