Aguilar Talamantes, los chuchos y Jesús Ortega


Gerardo Becerra Chávez de Hita

Forjado dentro de los más oscuros círculos de la política, Rafael Aguilar Talamantes ha sido el mecenas de muchos de los que ahora se refugian bajo el halo protector de Jesús Ortega dentro del grupo autodenominado LOS CHUCHOS.

Rafael Aguilar Talamantes, el fundador del PST, se convirtió al paso del tiempo en sinónimo de transacción política inescrupulosa, de opositor al gusto de los gobernantes, de dirigente dispuesto a precio fijo al trabajo sucio, según la descripción que hizo el periodista Oscar Hinojosa en entrevista con ese personaje, publicada en Proceso, en agosto de 1988, cuando reconoció patrocinios oficiales para existir como partido.

“Echeverría dio instrucciones a Víctor Bravo Ahuja, secretario de Educación Pública, para que nos proporcionara 30,000 pesos mensuales. Con esa cantidad, más un auxilio financiero que logramos con Fausto Cantú Peña (director entonces de Inmecafé, preso posteriormente bajo cargos de peculado), el PST pudo sostener su actividad durante un largo periodo.”

Es este mismo Aguilar Talamantes, quien como dirigente del Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN), traicionaría a Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, reveló también en la entrevista con Hinojosa apoyos, aunque no monetarios, de José López Portillo:

“Nunca recibimos directamente de Echeverría ningún tipo de ayuda económica o material. Tampoco a través de Mario Moya Palencia, secretario de Gobernación, recibimos apoyo económico. Echeverría dispuso que la ayuda se proporcionara a través de la SEP, porque nos consideraba muchachos de corte estudiantil organizando un partido político. Tampoco recibimos ayuda material de JLP. A él le debemos haber sido leal y hemos cumplido su palabra de que la reforma política que le propusimos la echaría a caminar.”

Por eso no hay que extrañarse que Aguilar Talamantes es el mentor de los “Chuchos”, los creadores de Nueva Izquierda, la corriente perredista que, paulatina pero consistentemente, fue escalando posiciones hasta tomar el control del aparato burocrático partidista, asumir dirigencias y candidaturas.

La historia de los “Chuchos” no es, por ello, exitosa ante la base perredista, menos ante la ciudadanía, han hecho siempre victorias de todas sus derrotas. El caso más claro es el de Jesús Ortega, cuantas veces ha aspirado a presidir el PRD, como ahora ante Alejandro Encinas, ha sido derrotado, aunque ha obtenido siempre ganancias que los votos no le han dado.

Los “Chuchos” saben desde hace tiempo que el control de la estructura del PRD, en prácticamente todo el país, no garantiza en automático el triunfo de Ortega, y decidieron no ser ellos los que rompan con sus adversarios internos, los identificados con López Obrador, sino que sean éstos los que decidan en una acción extrema dejarles la franquicia, que es la que les importa a futuro.

Por eso la línea de comportamiento de los operadores “Chuchos”, cuyo cerebro no es Ortega, sino Zambrano es clara en el Congreso, más que hacer efectiva la fuerza constitucional que el electorado les dio por la fuerza de López Obrador, traducida por ejemplo en iniciativas que hagan distinto y distinguible el proyecto de izquierda con el de la derecha, han actuado como colas del PRI y recipiendarios de las migajas de Calderón.

Si ante la toma de posesión de Calderón sólo procedieron a un hipócrita montaje, porque sabían que no hacer nada era exhibirse de antemano, pronto procedieron a lo que saben hacer bien, reuniones a hurtadillas con funcionarios federales, abyección inclusive hasta en la censura a una de las suyas, Ruth Zavaleta quien hasta se toma de la mano de Margarita Zavala.

Por eso el operador de los Chuchos en el Senado, Carlos Navarrete, habla ya de establecer un “pacto político y social” con Calderón, y hasta ofreció “la disponibilidad del PRD” para discutirlo, en un alarde de patrimonialismo semejante al de Víctor Hugo Círigo esposo de Zavaleta, ambos Chuchos en la Asamblea Legislativa, cuando advierte que será ésta la que “diseñe” el presupuesto del gobierno local, “pésele a quien le pese”.

Cuauhtémoc Cárdenas se ha inscrito en la misma línea, no sólo de alianza con los Chuchos quienes oportunamente llegaron a proponer su jubilación y de lo que ahora él es amnésico, sino de validar la adulteración de la voluntad popular que él mismo alegó en 1988 y que ahora sólo acredita que se trató de un engaño a quienes por él votaron.

JABONAZO

¿Recuerdan Uds. un escándalo mayúsculo de malversación de fondos en el PFCRN de Aguilar Talamantes?, ¿Quien era su segundo de a bordo? en la siguiente entrega se los digo, anda muy cerca y quiere ser gobernador de Morelos.

Tomado originalmente en: http://www.elregional.com.mx/?c=136&a=2445

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