miércoles, 29 de octubre de 2008

Columna Asimetrias. Por Fausto Fernandez Ponte

Por Fausto Fernandez Ponte

A Gustavo Iruegas, entrañable amigo, cuya congruencia es su gran legado. Póstumamente.

I

La presencia, ayer, de Andrés Manuel López Obrador en un entorno de solemnidad y trascendencia en la Cámara de Diputados para instar respetuosamente a éstos a ponderar los peligros de la contrarreforma petrolera, nos confirma una realidad insoslayable:

1) En México se libra una lucha social de índole política que sin ser rigurosamente revolucionaria sí posee peculiaridades de reivindicación popular histórica no ajenas a las premisas de la filosofía de la liberación gradual, mediante un reformismo.

2) Empero, si bien las premisas se aproximan deontológicamente a la filosofía de la liberación, aun hállanse distantes de los silogismos de ésta. No puede afirmarse con contundencia que la lógica de la liberación preside ya esa lucha social.

3) Existe, a no dudarlo, una dinámica reivindicadora con atributos pre-revolucionarios conducentes a un clima de revolución social, realizado por varios estratos societales que definiríase con precisión como conscientes y/o de vanguardia.

4) Identificado y demostrado, pues, ese proceso --el de la lucha social de talla política--, descúbrese y verifícase la historicidad de la pugna social de liberación. La presencia del señor López Obrador en la sede parlamentaria es histórica.

5) Esa historicidad reside en que si bien un ciudadano tiene derecho a dar su opinión en la sede parlamentaria, esa garantía rara vez es reconocida por los legisladores. A don Andrés Manuel se le permitió porque posee representatividad social real.

6) Esa misma cualidad --la de la representatividad social-- nos habla del verismo moral de la investidura subrogada de "Presidente Legítimo" de México. El Poder Legislativo reconoce de hecho esa investidura, aunque a regañadientes.

II

Por inferencia válida --enunciado de la lógica del derecho, que ¡oh, manes de la aberacción!, en México no sirve a la justicia--, el reconocimiento implícito de la investidura es reconocimiento de que se libra hna lucha social de laya política.

Lo consignado párrafos atrás es una exégesis informada del sucedido descrito. El planteamiento central del señor López Obrador pudiere incidir a favor o contra del interés general en el desenlace legislativo de la contrarreforma petrolera.

Esa sofistera contrarreforma jurídico-mercantilista para ampliar el saqueo de los activos de la empresa pública Petróleos Mexicanos y para el rapiñar privado --faccioso y bandidesco-- de sus operaciones productivas tiene un enorme defecto conceptual.

Y ese defecto conceptual es de origen, lo cual le otorga el atributo de enormidad monstruosa precisamente porque los promotores de la contrarreforma tienen conciencia de ese error. Es una anomalía deliberada; es decir, así pensada y aviesa.

Por ello, ese defecto conceptual de origen es evidente para los millones de mexicanos que se oponen a la mal llamada "reforma" promovida por el Poder Legislativo y en vía --al parecer libre-- de su promulgación constitucional.

Por otra parte, tómese nota y reconózcase que otros millones de mexicanos parecen empeñados en otorgar anuencia --que deriva entre los implícito y lo explícito-- a la contrarreforma petrolera; su motivación es variopinta: ideológica o política.

También consígnese y reconózcáse que muchos millones de connacionales más --presumiríase que el grueso mayoritario-- son indiferentes por los motivos que fueren a lo que ocurre en ésta fase de la pugna política por el patrimonio de los mexicanos.

III

El meollo axial de ésta pugna política ha accedido a estadios que trascienden el debate informado y las manifestaciones populares de defensa del patrimonio petrolero. En esos estadios la pugna mutó de forma sin modificar su fundo.

La naturaleza de la pugna describe a dos bandos delimitados en los contextos histórico y actual y plantea una versión moderna de un proceso humano ancestral: la explotación --y su carácter opresivo/reprsivo-- de los más por los menos.

En México esa explotación exhibe modalidades que van desde las más elementales y grotescas hasta las màs refinadas, recursivas, y sofistas. La pobreza es secuela de la desigualdad, injusticia y lo inicuo del ejercicio del poder por una élite hamponil.

El Estado mexicano mismo ha sufrido una metamorfosis estructural y superestructural de tal hondura que su actuación raya en lo francamente antisocial. Privatizar al país mismo es antisocial. No es gratuita la descomposición prevaleciente.

Y la pugna social/popular-política por el petróleo (y la cultura devenida de ella) emblematiza como en un diorama, caleidoscópicamente, los afanes de millones de mexicanos por desasirse del yugo opresor.

Ésto nos traslada al defecto conceptual de origen, ya aludido, de la contrarreforma: Pemex es una empresa pública distinta de una privada (Exxon, Chevron, etcétera) y, a diferencia de ésta, su razón de ser no es la ganancia, sino el desarrollo de México.

ffponte@gmail.com

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