martes, 23 de septiembre de 2008

Periodistas : Traido de Blogotitlán

Los periodistas Sanjuana Martínez, Martín Serrano y Miguel Ángel Granados Chapa son víctimas de la execrable censura como represalia del poder fáctico. A Sanjuana por descubrir a pederastas de sotana; a Serrano por incomodar con su Diario Tribuna al gobernador de Veracruz, Fidel Herrera; y a Granados Chapa por prologar un libro de denuncia.


por Fausto Fernández Ponte

A Andrés de la Garza, quien, liberado ya de las ataduras terrenales,
nos deja un legado aúreo: su insaciable curiosidad.

I

Los periodistas San Juana Martínez, Martín Serrano y Miguel Ángel Granados Chapa son víctimas de la execrable práctica de la censura en la siniestra --por perversa-- faz de la represalia vengativa/punitiva de la ley, la cultura y los fines del poder.

Esto último --la cultura de la punición censuradora como fines del poder-- acusa dramatismo en el caso de la revista Forum, castigada por la Presidencia de la República porque sus contenidos responden al interés de la sociedad y no del poder.

Empero, al colega Granados Chapa, contradictoriamente, menciónasele como recipiendario prospectivo de una presea muy preciada, la Belisario Domínguez, que otorga el Senado para mantener la tea de la libertad constitucional de expresión.

Don Miguel Ángel --prestigiadísimo periodista, por agudo e íntegro-- ha hecho del ensayo político de coyuntura una referencia de gran alcance, y es perseguido por haber prologado un libro de denuncia, de otro autor, de un político hidalguernse.

A doña San Juana los poderes del oscurantismo que son y están, fácticos por antonomasia y practicantes de la doble moral de la religión (católica) organizada como medio de control social, le impiden materialmente vender sus libros más recientes.

Al colega Serrano, director de Diario Tribuna, de Xalapa, Ver., se le persigue recursivamente desde los cenáculos del poder que emblematiza el gobernador del estado, Fidel Herrera Beltrán, notorio también por su pulsión patológica por la simulación.

Los libros de doña San Juana, cuya celebridad reside en un sólido trabajo de pesquisa periodística que jode paciencias y alebresta avisperos --éstos, los de los pederastas de sotana, fariseos y gazmoños enfermizos--, son retirados de librerías.

II

Y don Martín, apenas el 15 del mes que corre, fue encañonado por los sicarios del gobernador Herrera por haber desplegado una pancarta en una ventana de la oficina del periódico. La pancarta aludìa, respetuosamente, al mandatario.

Censurar la expresión pública --o privada incluso-- de sentires y pareceres es en México una de las definiciones de la incongruencia y la hipocresía del poder, en un espectro amplio de modalidades, guisas, estilos, convencionalismos y vertientes.

Más allá de los ámbitos del poder y las ínsulas baratarias de la política, la censura es también, diríase sin hipérbole, embozos y apaños, una práctica social muy extendida. Es manifestación cultural. Idiosincrásica.

En ese contexto --que trasciende lo coyuntural y por tanto lo efímero-- se censura a periodistas, pero, a la vez, se les reconocen trayectorias profesionales y personales, aportes y legados al desarrollo social y político.

También se les reconoce en pocos casos sus aportaciones epicenas y específicas a la conformación legataria de postulados morales y éticos en materia del fin esencial del periodismo, asaz desvirtuado por un alarmante grueso de periodistas.

Antes de proseguir, incúrrase aquí en algunas digresiones: la responsabilidad esencial del periodismo --la parte más dinamica de la difusión y ésta, a su vez, el componente más activo de la comunicación-- es la de educar con un objetivo estratégico.

Y esa meta estratégica es la de liberar al hombre de sí mismo --de sus prejuicios y supersticiones-- y de otros hombres, mediante el registro contextual de hechos y sucedidos, y exégesis informadas de éstos, para encender así las conciencias.

III

Esto nos lleva a otra digresión: el juego de espejos y cortinas de humo --la miga vera de la cultura de la simulación y la hipocresía institucional-- en el ejercicio abusivo del poder formal y fáctico para fines de control social.

Ese control social es expresión cultural, diríase estratégica, del poder --fueren cuales fueren las modalidades de éste-- y su racionalidad es la de la corrupción moral, ética y material e ideológica y política incluso y hasta metalegal.

Ello es distorión criminógena de los motivos filosóficos del poder. En ese contexto regístranse las expresiones de la cultura de la corrupción para acallar la tarea concientizadora de un periodismo entendido y ejercido como enser educante y liberador.

Por educadores y liberantes, los colegas Martínez, Serrano y Granados Chapa son sujetos de la perversión represiva del poder; ésta conforma el telón de fondo del reconocimiento --todavía prospectivo-- a don Miguel Ángel con la presea del Senado.

¿Contradictorio e incongruente? En apariencia. Pero la contradicción tiene dialéctica propia, siendo ésta lo molecular mismo de lo contradictorio o la negación de la negación y los opuestos, alimento enriquecido de las incongruencias.

El poder reprime --literalmente encañona a periodistas para intimidarlos y, así, acallarlos si la censura falla--, pero ciertas rías (también en contradicción silógica) expían culpas, en pos de una paz de una conciencia inexistente. Tartufismo.

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